Lejos de ser una justa deportiva el Mundial de Fútbol es un negocio, una guerra de marcas con un flujo de capitales exorbitante a costillas de fanáticos a nivel global. Marcas y corporaciones, parte de la economía de guerra de los Estados Unidos y el gobierno sionista de Israel, están detrás de un deporte secuestrado por el capitalismo como muchas otras actividades humanas. Es la pasión convertida en capital.
Solo hay que ver los uniformes de los jugadores de todos los equipos, casi no se les distingue la nacionalidad salvo por los colores, pero si una marquesina interminable de marcas patrocinadoras y por supuesto el sello de la impresentable Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA). Jugadores que cambiaron el amor a la camiseta y al deporte mismo por el amor al dinero, muchos hasta se sobajaron de tal manera que se cambiaron la nacionalidad para integrarse al negocio de las selecciones «nacionales». Se perdió la pasión y acabaron con el fútbol; dejar la vida en la cancha perdió su relevancia para darle paso a un mal teatro de jugadores que funcionan como marionetas, que no arriesgan, no crean, no improvisan, no sangran, no comparten con la afición, no les duele nada salvo el bolsillo si llegan a lastimarse y primero esta el contrato millonario que los mantiene en la gayola como espectadores de su propio juego.
El circo de la FIFA viene a México a festejar el capitalismo voraz, a explotar el fanatismo y rendirle homenaje a la ignorancia a nivel global. Viene a crear una cortina de humo para que un sicópata sionista al frente del Estado de Israel, un descerebrado al frente de la Casa Blanca y su invertebrado secretario de Estado continúen cometiendo actos terroristas y de lesa humanidad contra los pueblos libres del mundo comenzando por los heroicos pueblos de Cuba y Palestina.
Pero el circo no se monta solo, tiene cómplices como el gobierno mexicano que le vende al pueblo una supuesta «derrama económica» que sigue siendo todo un enigma a dónde va a parar. Una vez oficializado México como una de las sedes mundialistas, el aparato gubernamental echó mano de su ingeniería para preparar la casa. ¡A maquillar la miseria de la Ciudad de México y el resto de las sedes nacionales! con obras en infraestructura «bonitas» como ciclovías, jardineras, puentes, remozamiento del mobiliario urbano no necesario, «murales», turistificación de barrios y colonias populares por encima de necesidades reales y urgentes como el suministro de agua potable, bacheo, alcantarillado y un largo etcétera. La Ciudad de México coloreada de morado y con un logosímbolo salido de las entrañas mismas de la banalidad representada por un ajolote pintado hasta la náusea, violando normas oficiales mexicanas sobre seguridad. Un color morado despojado de su sentido político y social como símbolo internacional feminista en un país feminicida y mandado hacer por el capricho y la simulación de quienes solo atinan respondiendo a los cuestionamientos coléricamente «¡por qué les molesta tanto el color morado!»
La imagen, el discurso, la guerra cultural, el colonialismo interno con todo lo que el aparato de estado tiene a su alcance. El ajolote, el simpático ser vivo ancestral hoy en extinción, vive en «reservas» en Xochimilco Patrimonio Mundial de la Humanidad que se cae a pedazos porque el gobierno cómplice del Circo y maestro de la simulación, sigue saqueando el agua de los pueblos y pretende seguir haciéndolo pese a los heroicos defensores de la tierra, la vida y el agua en San Gregorio Atlapulco que son perseguidos mientras que en su propio pueblo reciben su dosis de maquillaje con «murales» realizados a través de programas comunitarios que utilizan a los artistas urbanos, con graves esquemas de explotación laboral y censura, para rotular diseños prefabricados por tecnócratas seudoartistas, seudoarquitectos y seudocuradores detrás de escritorios.
Impensable que, durante el desarrollo de la Copa Mundial, anden por ahí una bola de revoltosos «conservadores» (así le dice la Cuatroté en México a todo aquel que no se alinee a sus mandatos): zapatistas, anarquistas, feministas, defensores de la tierra, comunistas, indígenas, maestros, campesinos, madres buscadoras, obreros, estudiantes, artistas, transportistas, intelectuales y todo aquel que si quiera tenga la osadía de proponer salir a la calle a protestar en esas fechas, para buscar foro internacional. Así que en el mejor de los casos el gobierno comienza a «negociar», claro que nada estructural eso es impensable, solo migajas para que el Circo les funcione. Ante los ojos del mundo en México «no pasa nada», somos una «democracia perfecta», sin imposiciones ni arrebatos del poder punitivo, legisladores «eruditos» y un poder judicial «elegido» por el pueblo que imparte finalmente la tan esperada «justicia» en un país «sin corrupción», y que va a minimizar la existencia de desaparecidos, feminicidios y crímenes.
¡El balón vuelve a casa! vocifera el capitalismo depredador y argumenta que es el mundial más grande de la historia motivo por el cual hay tres países sede: México, Estados Unidos y Canadá (dicen los especialistas que porque tienen las mejores infraestructuras) pero ¿no será casualidad que la pelota estará en los países que forman el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC)? y que la mayor cantidad de sedes están en Estados Unidos, solamente tres en México y dos en Canadá. Como sea, todos haciendo negocio con el Circo, unos se beneficiarán mas otros menos. Pero no podemos olvidar que el Circo es solo un artefacto coordinado por una de las organizaciones mas corruptas del mundo, la FIFA, el negocio redondo. La FIFA, más allá de un balón, pone reglas, negocia, cobra, mueve exorbitantes sumas de dinero, toma decisiones políticas, toda una ficha señalada en reiteradas ocasiones por sobornos, fraudes y lavado de dinero, el largo brazo del capitalismo y el crimen organizado metido en el balón de fútbol. Con ese historial, de cuánto es la tajada económica para los involucrados o con cuanto o a cambio de qué, tuvieron que entrarle para convertirse en sedes mundialistas.
Y cuarenta y ocho selecciones de fútbol brincarán a las distintas canchas a presumir a sus mejores actores corriendo detrás de una esfera y las oligarquías, en particular la mexicana, serán los únicos espectadores que disfrutarán en vivo y a todo color cada partido, porque el pueblo mexicano no esta del todo invitado al Circo, las entradas oscilan entre 50 mil y más de un millón de pesos mexicanos. Así que no veremos trabajadores asalariados ni estudiantes de universidad pública ni trabajadoras domésticas ni obreros ni jornaleros gritando ¡México! a todo pulmón y apoyando a la selección nacional ni llorando porque se fallaron los penaltis, los veremos regurgitando comida chatarra, cerveza trasnacional y haciendo alarde del patrioterismo con camisetas piratas de la selección en los antros, cantinas y bares y en el peor de los casos, en las plazas públicas o afuera de los estadios frente a las pantallas rodeados por la fuerza pública para que no hagan desmanes. Pero eso sí, con una ciudad pintada de morado con florecitas, ajolotes y diseños de bordados indígenas resultado del despojo oficial a las culturas de los pueblos originarios.
Y habrá que estar atentos, no solamente el mundo va a «festejar» un mundial mientras hay un genocidio contra el pueblo palestino y un grupúsculo de fanáticos fascistas amenazan la paz en el planeta, lo que ya es una vergüenza para quienes se están prestando para el Circo. También, el gobierno de Estados Unidos tiene la perversa costumbre de utilizar la doctrina del shock como cortina de humo para perpetrar crímenes y actos terroristas contra el pueblo que le estorba, utiliza fechas conmemorativas, religiosas y coyunturas para hacer despliegue de toda su canallada y la Copa Mundial de Fútbol no sería la excepción. El hombrecito de la Casa Blanca tiene al pueblo de Cuba en la mira y amenazado con una intervención armada para curarse de todas las estupideces y guerras fallidas que viene cometiendo, y como todos los cobardes quiere golpear a los más pequeños, pero Cuba ni es pequeña ni sobrevive, resiste y no esta sola. Así que estemos alertas y de consumarse la amenaza, habrá que sacar la tarjeta roja, organizarse y actuar para boicotearles el Circo en sus propias canchas y defender a Cuba en todos los frentes.
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