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Gabriel Boric y el «socialismo con rostro humano»

Fuentes: Politika

Se ha iniciado una «cacería de brujas» contra el compañero Gabriel Boric por sostener que «Los derechos humanos deben ser respetados universalmente y su violación debe ser condenada sin matices, independiente de quienes sean las víctimas y los victimarios». El duopolio dedica generoso espacio en sus órganos de prensa para ahondar las diferencias en el […]

Se ha iniciado una «cacería de brujas» contra el compañero Gabriel Boric por sostener que «Los derechos humanos deben ser respetados universalmente y su violación debe ser condenada sin matices, independiente de quienes sean las víctimas y los victimarios».

El duopolio dedica generoso espacio en sus órganos de prensa para ahondar las diferencias en el seno del Frente Amplio.

Los nostálgicos del stalinismo y otras burocracias cívico-militares que gobiernan en nombre de un presunto «socialismo», acusan a Boric de «llevar agua al molino de la derecha».

Solo conozco a Gabriel por su trayectoria de lucha, su cultura, su ética, sus planteamientos ideológicos y políticos y, por consiguiente, merece todo mi respeto y apoyo.

Los derechos humanos no son una entelequia de unos cuantos juristas especializados en derecho internacional. La barbarie nazi sometió a millones de seres humanos a los crímenes más atroces. La derrota militar del hitlerismo dio por resultado una correlación de fuerzas favorable al progreso de la humanidad. No en vano se inmolaron tantas vidas en la segunda guerra mundial. A partir de 1945, las Naciones Unidas han elaborado numerosos instrumentos internacionales de derechos humanos cuya aplicación los pueblos deben exigir universal e íntegramente.

En último análisis, la lucha del Frente Amplio (FA) por construir una sociedad más justa y solidaria, sin las aberrantes desigualdades del presente, sin la destrucción de la naturaleza y la salud de nuestros compatriotas, armoniza con el pleno imperio de los derechos humanos. Dependerá de nuestros esfuerzos, de la amplitud del Programa del FA, dotar a esa sociedad del respaldo popular que le permita derrotar al uno por ciento de los multimillonarios chilenos y sus aliados, si intentaran el camino del golpe de Estado o de la invasión extranjera.

Es probable que en el FA y algunos sectores de la ex Nueva Mayoría haya algunos nostálgicos, herederos de los que se jactaban de su incondicionalidad con la burocracia staliniana. En una época no lejana, la consecuencia revolucionaria se medía por la falta de espíritu crítico y era pecado preguntarse si en la URSS y las «democracias populares» de Europa oriental se respetaban los derechos humanos.

Ahora corresponde que los nostálgicos -que se oponen a que «los derechos humanos deben ser respetados universalmente y su violación debe ser condenada sin matices, independiente de quienes sean las víctimas y los victimarios»- no rehúyan el debate democrático, franco y abierto que propicia Boric en el seno del pueblo y de las bases del FA.

Por mi parte, contribuyo al referido debate – y espero que pueda también hacerlo en el esperado Congreso Constituyente del FA – recordando esta vez una notable experiencia histórica, estrechamente vinculada a la defensa de un derecho humano fundamental: el derecho a la libre determinación de los pueblos.

«La Primavera de Praga» -el intento de construir «el socialismo con rostro humano»- ha sido reivindicada por la historia. Checoslovaquia, país que alcanzó un elevado desarrollo industrial y cultural antes de la 2ª guerra mundial, con un proletariado muy numeroso y un gran partido comunista, intentó con éxito iniciar el camino hacia la construcción del socialismo de Marx y Engels. La burocracia soviética neostaliniana y sus incondicionales aliados del Pacto de Varsovia ocuparon militarmente a un pueblo hermano y aplastaron la revolución socialista (septiembre-octubre de 1968).

En virtud del derecho a la libre determinación de los pueblos -derecho humano reivindicado constantemente por los pueblos latinoamericanos invadidos por el imperialismo de los EEUU- el compañero Salvador Allende protestó públicamente contra la invasión de Checoslovaquia. Lamentablemente, Fidel Castro, el gran líder de la Revolución Cubana, apoyó la intervención militar del Pacto de Varsovia contra la Primavera de Praga. A la luz de los acontecimientos históricos posteriores, sabemos que la economía y la independencia de Cuba dependían totalmente del apoyo soviético. ¿Éramos «agentes del imperialismo» los que, no obstante nuestra admiración por Fidel, respaldamos a Salvador Allende y reiteramos nuestra adhesión al principio de la libre determinación de los pueblos?

Huelga decir que compartimos la indignación y la inquietud de muchos compañeros ante el ascenso del fascismo, la xenofobia y el antisemitismo en Europa en general y, en particular, en todos los países que integraban el Pacto de Varsovia. Lamentamos que los poderosos partidos comunistas que combatían esas lacras hayan desaparecido (PC italiano, PC checo) o estén reducidos a su mínima expresión (PC francés). El retroceso del socialismo en Europa tiene una estrecha relación con el aplastamiento de la «Primavera de Praga» y la violación brutal del derecho a la libre determinación de los pueblos checo y eslovaco.

El FA solo podrá ganar la confianza de la mayoría de los chilenos si defiende firmemente la aplicación universal del conjunto de los derechos humanos, en especial el derecho a la libre determinación de los pueblos.

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