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Fuentes: Rebelión

Arriba, la élite, la que algunos llaman la oligarquía financiera, intenta debilitar a la clase media para convertirla en los nuevos parias de la tierra. En occidente,la clase media y los nuevos ricos son ahora el punto de mira de esta especie de clan selecto. Habiendo sangrado hasta la extenuación a la población de medio mundo […]

Arriba, la élite, la que algunos llaman la oligarquía financiera, intenta debilitar a la clase media para convertirla en los nuevos parias de la tierra. En occidente,la clase media y los nuevos ricos son ahora el punto de mira de esta especie de clan selecto. Habiendo sangrado hasta la extenuación a la población de medio mundo para conseguir que pocos puedan mantenerse en pie, y presuponiendo que como entonces pudieron ahora también podrán, quieren exprimir a aquellos de quienes puedan sacar, pero sin desanteder a la mayoría de la población enferma y famélica, que muere cual legión por falta de recursos tan elementales como agua, pan o antibióticos. Mientras, el esbirro de esa élite nos atruena con mentiras, ofendiendo a la razón y poniendo en marcha todo un dispositivo de medios para hacer creer que este abuso no es el principio sino que es el fin que nos llevará a la salida del túnel, de la opresión de la crisis que nosotros hemos provocado.

Ante esta situación tenemos que ser compasivos; olvidar del pasado todo lo que nos impida unirnos y avanzar contra este tsunami. Hay que olvidar traiciones de los otros y las de nosotros mismos, hacer añicos a los  recuerdos que nos lastiman y nos paralizan, porque ahora como antes, es necesario crear una legión entre todos nosotros que somos o seremos los afectados, la nueva clase esclava. Ellos son pocos y están en pie de guerra. Son pocos, pero están unidos. También sufrieron engaños entre ellos, traiciones, espionajes, y a pesar de ello ahora se unen para esperar vencer, vencernos a todos nosotros.Creen que el mundo es suyo y que va al ritmo que ellos marcan, a su favor, siempre a su favor. Para ellos, cambiar las dimensiones es fácil, disponen de una base sólida que les permite conseguir los cambios que les favorezcan. Creen que de la nada pueden sacar una brillante teoría de economía financiera que hoy justifica su todopoderoso descaro y egoísmo. Han ideado un maquiavélico ser que hurga y manipula las conciencias.

Ni mucho menos nosotros somos los causantes, responsables o creadores de esta crisis. En ningún momento  hemos despilfarrado. Nosotros no hemos vivido como dioses, ni reyes., no hemos hecho mal uso del dinero que hemos ganado con nuestro trabajo, no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades ni hemos abusado de los fondos o los ahorros de nadie como muchos tribunos pregonan desde sus púlpitos. Está claro que eso es una falacia sutil que nos sume en el supremo engaño y nos predispone a los unos contra los otros. Cual salvadores de pacotilla, osan arengar a la población para que nos odiemos los unos a los otros. Pero nosotros sabemos la verdad, no entendemos de economía, pero sabemos qué pasó, por qué pasó y quien se benecifió y se sigue beneficiando. Los mismos que en el pasado se reunían para idear medidas contra el tercer mundo, ahora se reúnen para idear medidas contra el primer mundo. Que realicemos o no movilizaciones, no impide que se sepa la verdad: que el esfuerzo que se nos pide no es necesario, no va a salvar la Amazonia, no va a frenar el cambio climático no va a ser el redentor de la pobreza del mundo.

Tenemos la razón y tenemos las calles para salir a gritarla y hacer uso de nuestros derechos que el tirano ahora nos quiere usurpar, caiga quien caiga. Tenemos himnos, eslóganes, música, y el mundo para pregonarlos y gritar y luchar para que este planeta no se convierta en siervo de nadie, que sepan que estamos todos a una para liberarlo. Soplemos todos juntos para que corran vientos favorables que impidan a la clase potente fraguar un mundo injusto y desequilibrado que el hombre y la mujer deben frenar por todos los medios. Hay que dar un nuevo sentido a la palabra libertad. La libertad no ha de identificarse con el sometimiento a los valores del neoliberalismo que solo favorecen a muy pocos, la libertad auténtica se forja desde la igualdad de posibilidades de todos los miembros de una sociedad, desde la solidaridad.

La ley no es patrimonio de un grupúsculo del que nos excluyen, que se burla y engaña a la mayoría en nombre de El Estado. La ley cuando oprime y frena las libertades es injusta, está por definición fuera de todo el concepto del Estado de Derecho. Es sangrante ver como utilizan ideas y valores que han salido de los ciudadanos cuando han reivindicado la justicia y la igualdad, y les dan la vuelta, para sacar provecho de ellos. En un cínico ejercicio de sofisma esa élite avasalladora quiere hacer asimilar al mundo entero que las medidas que ellos toman contra el bienestar, la vida de los ciudadanos del mundo, es la ley, eso que debe ser consensuado por todos en beneficio de todos. El productor de ese pernicioso embuste, nos trata como a niños, cree que las razones que nos da con argumentos infantiles nos va a hacer perdonar sus excesos en detrimento de nuestros derechos que intentan que cada vez sean menos y más irrisorios. No hay que consentirles más abusos. Nuestro deber es nuevamente conseguir del mundo que no sea de un solo señor cual latifundio en propiedad y con derecho de pernada.

Basta ya de tutela odiosa, basta ya de mentiras y falacias; somos hombres y mujeres en pleno uso de nuestras facultades, con inteligencia suficiente para conseguir acoplarnos al mundo que hay, sin traumatismos, respetándolo y respetándonos. Tenemos una cultura, una educación que hemos heredado; tenemos una historia, un presente y un futuro que nos sirve de guía y nos debe alentar a todos a conseguir la igualdad. A conseguir vivir de lo que tenemos, de nuestro trabajo, cada uno de nosotros debe reivindicar la ley universal que sea amable con todos los habitantes y con todos los hábitats. Y ha de ser labor de todos nosotros, cada uno tiene que colaborar en lo que pueda, en lo que sepa. Sin exclusión por sexo, raza, capacidades…Conseguir entre todos que no haya más derechos sin deberes, pero tampoco ningún derecho sin deber.

Los débiles del mundo, nuestros predecesores nos piden que reaccionemos, Agrupémonos pues no solo para salvarnos sino también para salvar a todos aquellos que les dejaron sin fuerzas, sin infraestructuras y sin estrategias de defensa en la lucha desigual e injusta que se llevó contra ellos. El final en la unión contra el neoliberalismo es incierto, mucho más que la certidumbre aplastante de que la inmovilización sumirá al género humano poco a poco en la pobreza y que no tendrá ya ni fuerzas ni aliados para salvarse. Porque lo que ahora se planea está dirigo a la población mundial: es una trama internacional.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.