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Entrevista a Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista

«Golpear todos juntos y al mismo tiempo»

Fuentes: Pluma y Pincel

Tal vez en el nivel opinión pública, el nombre de Guillermo Teillier como reemplazante de Gladys Marín en la presidencia del partido Comunista, haya resultado una sorpresa. Pero no en el interior del partido, donde, bajo la chapa de «Sebastián», era toda una leyenda. Dos datos bastan para corroborarlo. En 1976, cuando la DINA y […]


Tal vez en el nivel opinión pública, el nombre de Guillermo Teillier como reemplazante de Gladys Marín en la presidencia del partido Comunista, haya resultado una sorpresa. Pero no en el interior del partido, donde, bajo la chapa de «Sebastián», era toda una leyenda. Dos datos bastan para corroborarlo.

En 1976, cuando la DINA y el Comando Conjunto rivalizaban en la persecusión del partido, quedó en libertad después de dos años de presidio y de haber sido sometido a bárbaras torturas.

En esas dramáticas condiciones, aceptó la responsabilidad de integrar un reducido equipo de dirección del diezmado partido en la clandestinidad, junto a Nicasio Farías y Criffé Cid.

Luego del ingreso clandestino de Gladys Marín, en 1978, integró con ella el denominado Equipo de Dirección Interior, que tuvo un papel preponderante en el impulso de la política de rebelión popular de masas.

En calidad de tal, recibió el encargo de conducir la política militar del partido, en ese crucial período, producto de la cual, entre otros desarrollos, surgió el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

Por esa trayectoria, fue elegido por unanimidad como Secretario General en el último Congreso, oportunidad en que a Gladys Marín se la colocó en la Presidencia; de modo que su relevo, una vez declarada su cruel enfermedad, fue una cuestión apenas natural.

A pesar de la potencia del liderazgo de Gladys, o tal vez por lo mismo, acaso uno de los mayores méritos de la presidencia de Guillermo Teillier consista en haber proporcionado continuidad de dirección en esas difíciles circunstancias. En los anales del partido se lo recordará también como uno de los arquitectos del proceso de unidad de las fuerzas que se definen contra el sistema neoliberal, cuyo primer paso fue el Podemos, y el segundo, la denominada Mesa de Unidad y Convergencia, tema sobre el que conversó con Pluma y Pincel.

Unidad en la diversidad

-¿Qué elementos caracterizan el proceso de la Mesa de Unidad actualmente en curso?

«Esta es una alianza de diversos actores políticos y sociales que se plantea transformarse en una alternativa al sistema neoliberal. Por tanto, espera proponerle al pueblo de Chile una plataforma con objetivos que permitan instalar un nuevo sistema de gobierno y establecer la democracia participativa, sin exclusiones. También, recuperar nuestra soberanía y atacar de de raíz aquellos problemas económicos, sociales, culturales, ecológicos y étnicos que agobian a la gran mayoría de chilenos. Pensamos que hay una diversidad de personas y capas sociales, cuyos derechos están absolutamente vulnerados por el sistema neoliberal».

-¿Cuál es su origen, y por qué ahora?

«Se origina a partir de una conclusión del último Congreso del Partido Comunista, donde constatamos una izquierda dividida, atomizada, enfrascada en discusiones que no tenían ninguna trascendencia para sociedad. Pensamos que eso no podía continuar, y que era necesario un nuevo sujeto político-social que logre la unidad del pueblo, capaz de encabezar la lucha por sus problemas, de movilizar mayorías, asentada en los planteamientos, programas, proyecciones y movilizaciones de los trabajadores chilenos. Nos parece que los trabajadores siguen siendo la fuerza fundamental para cualquier transformación de carácter democrático o revolucionario en el país».

-¿Cuáles son sus límites y proyecciones?

«El único límite es la disposición de lucha por cambiar el sistema neoliberal. En ese sentido, concurren fuerzas de muchas vertientes, y no oponemos un muro a nadie. Incluso, esperamos ganar terreno en sectores de la Concertación que en algún momento apoyaron al Gobierno de Salvador Allende, o en nuevas generaciones que ven en la Concertación la proyección del modelo neoliberal. Hay una base popular que puede encontrar en esta nueva alianza la concreción de esperanzas que han sido traicionadas por la Concertación. Eso ya se está viendo, porque están llegando personalidades y grupos que hasta hace muy poco eran de la Concertación. Algunos de ellos fueron candidatos a concejales, salieron electos, se han mantenido en esta alianza y son entusiastas promotores y constructores de este proceso de unidad».

Alianza política y social

-¿Cuál es su análisis de las fuerzas políticas y sociales que lo componen?. La teoría de la construcción de bloques amplios establece la incorporación de representaciones de capas medias. Por otra parte, la deserción del partido Socialista hacia el neoliberalismo deja un campo muy acotado para las políticas de alianzas. Se advierte, también una marcada asimetría en el tamaño e influencias de las fuerzas que lo integran.

«Esta es una alianza política y social. Evidentemente, somos el partido con mayor presencia de masas y estructura nacional. Pero lo que abrió paso a este sorprendente casi diez por ciento en las elecciones de octubre, fue precisamente la unidad entre comunistas, humanistas y otras fuerzas. El solo hecho de la unidad de fuerzas distintas para pararse frente al sistema neoliberal crea un ambiente nuevo, que atrae fundamentalmente a sectores independientes y sectores sociales de base, que esperamos sean el componente mayoritario de esta alianza. En conjunto, somos tan grandes como el partido socialista o el PPD, pero con mucho mayor proyección. Lo importante es que tengamos claras la plataforma y las propuestas, y que seamos capaces de proyectarlas hacia el futuro no sólo en momentos electorales. Otra cosa que caracteriza a esta alianza es la diversidad de sectores sociales y pensamientos políticos. Aquí hay desde sindicatos, juntas de vecinos y barras de clubes deportivos, hasta sectores de pequeños empresarios y profesionales. Hay personas como Carlos Tomic, uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano, y otros como él, de pensamiento cristiano, así como también evangélicos y protestantes. Están los dirigentes estudiantiles de las principales universidades del país. Hay fuerzas políticas emergentes, como la Surda e incluso sectores que se desprendieron de nuestro partido, pero que vienen a esta alianza. Lo más importante es el hecho de que todas estas fuerzas acordaron un programa, una lista parlamentaria y un candidato a la presidencia. En elecciones pasadas, este espectro llevaba por lo menos tres candidatos, aunque insisto en que nuestra proyección es mayor que la suma de los votos».

Fortalezas y debilidades

-¿Cuál es su análisis de fortalezas y debilidades?.

«Entre las fortalezas, el hecho de que a pesar de las diferencias, desconfianzas y prejuicios, nos estamos entendiendo cada día mejor y hemos llegado a conclusiones unitarias. La debilidad es potencial y podría estar en el hecho que este proceso se limitara a un movimiento electoral y no logre transformarse en un movimiento de masas, capaz de hacer un análisis profundo de la realidad chilena, y de establecer una políticas de acuerdo a esa realidad. Pensamos que hay condiciones para crear un movimiento de esas características. Si se afianza en sus objetivos políticos, puede tener éxito en lograr transformaciones profundas. En este momento el objetivo es terminar con la exclusión, concordado con la Central Unitaria de Trabajadores, que llamó a conformar un amplio movimiento patriótico contra la exclusión. Estamos de acuerdo con la CUT en este punto. Se han sumando estudiantes universitarios y secundarios, agrupaciones de derechos humanos, la Federación de Trabajadores del Cobre. Se está dando una relación con otras fuerzas que no participan de esta alianza, pero que entienden que si no terminamos con la exclusión, es imposible encontrar solución a sus graves problemas. Estamos conversando con todos, incluso con sectores empresariales, porque nos parece que los cambios no se van a producir sólo por la vía electoral. La campaña electoral es un momento que nos permite salir a la calle con otras ideas y confrontarnos con el sistema. Pero en lo fundamental, nuestros objetivos se van a ir plasmando en la medida que haya movilización y se despliegue la lucha. Hay temas fundamentales como la recuperación del cobre, que a mi juicio todavía no logramos proyectar en toda su dimensión, pero que incorporaremos entre los contenidos centrales de nuestra campaña».

Análisis comparativo

-¿Qué elementos o factores lo igualan o diferencian de procesos históricos de acumulación de fuerzas, tales como el Frente Popular y el FRAP/Unidad Popular?

«Ambos procesos se dieron en el contexto de ascenso de la lucha social, de la lucha de los trabajadores por reivindicaciones justas. En el contexto internacional, se luchaba contra el fascismo y se abría paso, en muchos países, la posibilidad de alianzas para obtener el gobierno, y se luchaba contra el colonialismo. Hubo grandes luchas de liberación nacional y triunfó la Revolución Cubana. En suma, el socialismo aparecía como una construcción exitosa, que se oponía con éxito al imperialismo, y su existencia provocaba un efecto multiplicador. Eran momentos propicios para la unidad. En el Frente Popular, estaban comunistas, radicales y un sector socialista. Fue una alianza que se propuso industrializar el país y avanzar en temas tan importantes como la educación y la salud. Terminó con la famosa «ley maldita» de González Videla, y hubo que recomponer todo el movimiento. En el FRAP y la Unidad Popular, la unidad se dió en torno a dos partidos marxistas, dos partidos de la clase obrera y los trabajadores. Ambos se planteaban como vanguardia, y se hablaba de las vanguardias compartidas o pluripartidistas, un tema que surge desde Chile, y que también se plantea la inédita fórmula de llegar a la revolución mediante el camino institucional. Sabemos como terminó. Esta alianza que estamos construyendo se inicia en un momento de reactivación de las luchas sociales en América Latina, con la emergencia de procesos como el de Venezuela, Uruguay, Brasil, e incluso Argentina, Cada proceso tiene un matiz diferente, pero el conjunto refleja una lucha continental de los pueblos contra del sistema neoliberal y el imperialismo. Sin embargo, enfrenta dificultades mayores, porque ya no existe el eje comunista-socialista. Además, la organización de los trabajadores chilenos ha estado dividida en su cúpula, entre las posiciones de los que creían en el gobierno de la Concertación, y las transformaciones que éste pudiera hacer dentro del sistema neoliberal, y las de ellos que nunca lo creímos. Sin embargo, esto ha cambiado. Hoy la CUT tiene una plataforma muy similar a la nuestra. Se integran nuevos sectores, como los humanistas y los sectores cristianos que en algún momento estuvieron en la Unidad Popular. Sobretodo, nuestro arco de alianzas se amplía hacia los movimientos sociales, lo que le atribuye un sello particular. Tenemos que remontar el temor que dejó la dictadura y la decepción de mucha gente. La Unidad Popular podría haber avanzado, si sectores socialistas no hubieran pasado del límite. Uruguay es un ejemplo. Allí se mantuvo el Frente Amplio, y fue capaz de llegar al gobierno sin dejar de lado los principios y los ideales socialistas. Aquí en Chile fue diferente. Se rompió la alianza de carácter popular. Pero eso se está recomponiendo. Tenemos que bregar con la exclusión. Antes, sabíamos que si el partido Comunista presentaba candidatos a parlamentarios, iba a elegir parlamentarios. Hoy sabemos que lo más probable es que no elijamos parlamentarios. Es decir, estamos luchando con muchas desventajas».

-¿Qué elementos o factores lo igualan o diferencian de procesos como PAIS, Izquierda Unida y MIDA, que son construcciones posteriores al fin de la dictadura?

«El PAIS, Izquierda Unida y el MIDA fueron construcciones de este tiempo, que se encontraron con las mismas dificultades que tenemos hoy. Pero faltaron dos cosas. Una inserción profunda en el movimiento social, que sí tenemos hoy. Y segundo, una construcción por la base, que también es algo nuevo. Ya tenemos más de cien organizaciones de base comunales y sectoriales del PODEMOS, y eso sigue creciendo. Tanto el PAIS como la Izquierda Unida y el MIDA tuvieron programas bastantes desarrollados, pero no fueron capaces de sostener la lucha tras esos objetivos. Vamos a ver qué pasa después del proceso electoral, donde podemos crecer, pero también retroceder. Los procesos no son lineales, pero si hay convicción sobre los objetivos, es evidente que se puede pasar adelante. Nuestra propia experiencia lo demuestra. Cuando nuestra candadata fue Gladys, llegamos al 3%. Muchos dijeron, se acabó el partido comunista, es mejor que se vayan y se dediquen a otra cosa. Hoy está claro que nuestra persistencia muestra que no estábamos equivocados».

Lucha social y electoral

¿Cómo se articula este proceso de convergencia con otras expresiones de lucha social?. Dicho de otra manera ¿es un proceso que busca espacios de inclusión dentro del actual sistema, o apunta a cambiarlo, y cómo?.

«Terminar con el sistema electoral binominal y la exclusión es un problema de lucha de masas, anterior y superior a la lucha electoral. Supongamos que mantenemos o superamos el 10% electoral. En tal caso, se planteará una crisis de representación. Por más que la derecha y Concertación se nieguen a cambiar el sistema binominal, es insostenible que un conglomerado del 10% no tenga parlamentarios. El mecanismo parlamentario perderá cada vez más prestigio y legitimidad. Bastaría con la mitad de los cerca de dos millones de jóvenes no inscritos en el registro electoral para terminar con la exclusión. Aquellos que hoy no votan por desconfianza en el sistema político, podrían cambiar la situación. No va a ser un proceso corto, pero tenemos que disponernos a dar la lucha y acumular fuerzas contra la exclusión. Hay que combinar la lucha electoral con la movilización de masas para interpelar globalmente al sistema. No hay otra opción. Si somos capaces de mantener o aumentar la votación, se potenciará el proceso de unidad en el movimiento social, lo que a su vez potenciará la lucha social hasta un nivel desconocido en el país. En la medida en que se develen los problemas de fondo, la crisis de representación puede desembocar en una crisis política. Un modelo que crece, pero que no es capaz de generar trabajo, es insostenible. Un modelo que desnacionaliza nuestras riquezas básicas, como el cobre, y que no es capaz de proporcionar una matriz energética sustentable, es inviable. Si a eso unimos la crisis de representación, llegamos a una crisis política de insospechadas proyecciones».

Una aclaración necesaria

-A pesar de sucesivas aclaraciones del PC, en la prensa siguen apareciendo versiones sobre un eventual pacto electoral o pactos de exclusión con partidos de la Concertación. ¿Podría aclarar este punto? ¿qué posición tiene su partido respecto de la segunda vuelta?.

«En esto hemos sido claros y transparentes. Reclamamos contra la exclusión cuando estábamos velando a Gladys en la sede del ex-Congreso. El presidente de la Cámara de Diputados, Gabriel Ascencio, dijo, tuvo que morirse Gladys para regresar al Parlamento, cuando tenía votos de sobra para haber sido parlamentaria. Eso tiene que terminar. Creemos que hay condiciones políticas para terminar con la exclusión. Ese millón de personas en las calles, en el funeral de Gladys, lo ratiifica. Hay una situación de injusticia que debe terminar. Fuimos al Parlamento con ocasión del homenaje a Gladys, pero en parte alguna propusimos un pacto electoral. Exijimos al Gobierno y el Parlamento el fin del sistema electoral binominal, y planteamos la incongruencia de que nos pidan certificados de conducta a quienes tenemos una irreprochable conducta democrática, a quienes jamás hemos apoyado algún golpe de Estado, asonada o terrorismo de Estado, y que luchamos como el que más por recuperar la democracia, a cuenta de sacrificios innenarrables. En ese homenaje, los jefes de bancadas de la Concertación dijeron que es hora de terminar con la exclusión y el sistema binominal. Eso está escrito en los anales de la Cámara de Diputados y el Senado. Entonces, presentamos una indicación muy simple al proyecto de reformas constitucionales, que dice: «las elecciones se regirán por un sistema electoral proporcional»; como segundo punto, que se terminen las «prohibiciones a los dirigentes gremiales, sindicales para ser candidatos a parlamentarios», y tercero, «una Cámara de Diputados de 150 miembros, y un Senado de 50 miembros». Varios parlamentarios de la Concertación se comprometieron a apoyar esta indicación, así como también lo hizo el Ministro del Interior, José Miguel Insulza. El presidente de la Cámara planteó, en nuestra presencia, que le parecía muy difícil que pasara la indicación, porque la derecha iba a votar contra, y aunque ganara la votación, no daría el quorum para incluirla,. y que en esas circunstancias, a él le parecía que debía haber un pacto de la Concertación con los comunistas y el pacto de la izquierda. Contestamos que en dos oportunidades habíamos hecho ese planteamiento y la Concertación se negó a escucharnos, debido a la posición de la democracia cristiana. Pero como la propuesta partió de un diputado demócratacristiano, la prensa interpretó que ahora es factible un pacto. Nosotros aclaramos que si efectivamente la Concertación piensa que ese es el modo de aportar al término del sistema electoral binominal, que haga una propuesta pública y transparente al pueblo de Chile, no a nosotros, y que en ese caso, vamos a decidir, en conjunto con nuestros aliados. Dijimos, además, que tenía que ser un pacto por omisión, no vinculante con la elección presidencial, porque tenemos el acuerdo no votar por ningún candidato a la presidencia que pretenda administrar el sistema neoliberal. Hemos recibido todo tipo de ofertazos y ofertones, pero no vamos a pronunciarnos mientras no exista una propuesta pública de la Concertación en su conjunto, porque pactos con uno u otro partido no sirven. Creo que ha habido malas interpretaciones, que buscan presentarnos como si estuviésemos desesperados por pactar con la Concertación, o que ya tendríamos un pacto muy avanzado. Incluso se ha inventado que hemos estado en reuniones y seminarios. Eso no es así. Estamos trabajando en nuestra propia lista parlamentaria. La Concertación no está condiciones de hacer un pacto con la izquierda. Son cálculos electoralistas, y no veo intención de terminar con el sistema binominal, Están muy cómodos ahí, tanto la derecha cómo la Concertación. Pero pongámonos en el caso hipotético que hagan una propuesta digna de considerarse y que permita a la izquierda extraparlamentaria elegir, digamos, cuatro parlamentarios. Entonces, le preguntaría a todos aquellos que niegan una posibilidad así a ultranza, si no sería necesario, al menos discutirlo. Me pregunto qué será mejor, si un movimiento como el nuestro, que tiene la lucha como cuestión principal, pero que puede sacar una muy buena votación y no tener parlamentarios; o un movimiento que, con sus mismos objetivos, plataforma y decisión de cambiar el sistema neoliberal, tenga cuatro parlamentarios. Creo que tendría que estudiarse entre todos. Si todos decimos no, no hay problema. Pero no veo por qué no podríamos al menos discutir si aprovechamos la coyuntura, que no va a cambiar nuestros principios, ni nuestra plataforma, pero nos puede ayudar a avanzar en la construcción de fuerza. Cuando tenemos un 5% electoral y estamos desunidos, es un escenario. Pero con un 10% electoral de una alianza amplia, es otra la posibilidad de incidir en la situación nacional. Entonces, hay que hacer política a tono con las fuerzas que vayamos construyendo, porque de lo contrario siempre estaremos detrás de la situación. No, ahora tenemos otro nivel de pelea; ya hemos creado una situación política distinta en el país. Si hubiera pacto y sacáramos cuatro parlamentarios de esta alianza ¿acaso nos vamos a transformar en neoliberales? ¿acaso esos diputados no servirían para defender los derechos de los trabajadores, incluso al riesgo de que los echen de la Cámara, como le ocurrió a Recabarren?. No digo que estamos propiciando un pacto. En eso la Concertación tiene la palabra. Quiero decir que lo revolucionario es luchar en todos los terrenos y aprovechar todos los espacios. En vísperas de la revolución rusa, cuando ya había una crisis revolucionaria, se discutió si participar o no en la Duma. Lenin dijo que había que estar en la Duma y al mismo tiempo preparar la revolución. El problema es cómo qué fuerzas se llega a una coyuntura y con qué convicción se enfrenta».

Crisis de reproducción

-La teoría política establece las dificultades para cambiar un sistema político y económico que se percibe exitoso. En su opinión ¿es el caso de Chile, o por el contrario, cree que están emergiendo señales que apuntan a la percepción de una crisis de reproducción del sistema?

«El sistema tiene todavía una enorme reserva. Se acaba de aprobar una ley con votos de la derecha y la democraciacristiana, es decir, se pueden dar otras correlaciones de fuerza, no tiene por qué permanecer la Concertación. Si desaparece la Concertación, para dónde se va ir un sector y para dónde otro.

Una cosa es que existan problemas económicos, o problemas de fondo que puedan desembocar en una crisis de mediano e incluso corto plazo. Pero nunca un sistema va a caer por su propio peso. Es decir, estamos obligados a actuar en su interior, no podemos salirnos de las fronteras para luchar contra el sistema. Estamos viviendo dentro del sistema. El problema es cómo lo golpeamos desde adentro, todos juntos y al mismo tiempo. Cómo aprovechamos cada debilidad, cada brecha. Creo que nos falta avanzar en esa convicción. Todavía creemos que estos conglomerados son tan sólidos y que la economía va creciendo. Nos convence lo mediático y no somos capaces de ver la realidad. Se están acumulando problemas muy sentidos por la gente, e incluso la institucionalidad empieza a resquebrajarse, porque están haciendo un cambio constitucional. Van a eliminar lo senadores designados y terminar con la inamovilidad de los Comandantes en Jefe. Necesitan blanquearse».

-En resumen todas las reformas, menos el sistema binominal…

«En efecto, todas menos el sistema binominal. Creo que todavía nos falta profundidad de análisis. Y claro, estamos en un proceso de maduración. Hay que estudiar la realidad y ver cómo contribuimos de mejor manera para echar abajo este sistema».

Contexto internacional

-¿Cómo lee el contexto de reactivación de la lucha social en latinoamérica, y qué proyecciones se pueden desprender para las luchas en Chile? ¿Cómo impulsar procesos de integración, en ese contexto?.

«Ese es otro elemento que debemos tener en cuenta. Creo que todavía no hemos entrado a discutir con otras fuerzas, tenemos necesidad de buscar aliados antineoliberales, que posiblemente estén muy lejos de nuestro pensamiento. En Uruguay, ganó el Frente Amplio porque logró hacer una alianza con sectores de la burguesía, sectores industriales que están agobiados por el sistema neoliberal, que ya no daba para más. Cuántos pequeños y medianos empresarios en este país están en la misma situación. ¿Acaso tenemos que cerrarles la puerta en sus narices y decirles que son burgueses y que vienen de no sé dónde?. ¿o tenemos que hacer una alianza lo más amplia posible contra el imperialismo?. La respuesta es evidente. Una de las características que más me gusta de esta Mesa de Unidad, es su diversidad, porque da la posibilidad de discutir. Tenemos que discutir aún más a fondo cada una de nuestras posiciones, pero que se va produciendo un proceso de maduración interesante, en que vamos decantando conclusiones. Creo que nos falta, pero ya estamos en eso. Este proceso también lo estamos haciendo en la base, lo que nos va a dar la medida justa de lo que realmente piensa el pueblo. Nuestra plataforma se está discutiendo en centenares de asambleas de base. Ahí nos damos cuenta la alianza antineoliberal es muy amplia, y que no debemos temer a eso, porque hoy en día la tendencia va en sentido contrario del sistema neoliberal. Es decir, no es que esté agotado el sistema neoliberal, pero ya se está revirtiendo la tendencia. Ya nadie cree en patrañas como el fin de la historia y el término de las organizaciones y de las luchas. Entonces tenemos que avanzar con esta nueva tendencia, sin temor.

Eso se nota hasta en la elección de la OEA, que es como la Secretaría Ejecutiva del Departamento de Estado para imponer su política en América Latina. Pero a pesar de que Insulza no era un candidato antineoliberal, los países que están intentando una integración latinoamericana, lograron pararse frente a Estados Unidos y echarle abajo a su principal candidato, que era Flores, el salvadoreño. Su llegada a la secretaría de la OEA, era el momento que esperaba EE.UU. para justificar su intervención en Colombia y Venezuela. Eso EE.UU. lo tiene decidido, pero se le empieza a desarmar el paquete. Espero que Insulza se comporte con algún grado de independencia y dignidad, y no acepte de buenas a primeras lo que digan los norteamericanos. En cuanto a la integración, me parece extraordinariamente importante el acuerdo de integración económica y ayuda mutua que firmaron Venezuela y Cuba, y que se está transformando en un ejemplo para los países latinoamericanos. A partir de sus ventajas comparativas, cada país colabora con el otro en lo que realmente es fuerte. Los venezolanos están ayudando a Cuba a resolver su problema energético, y los cubanos están ayudando a los venezolanos a resolver sus problemas de salud y educación, en un complemento ideal. Materia prima de aquí, industria o tecnologías de allá. Eso es lo que tiene que hacer Latinoamérica en su conjunto. Brasil y otros países están mirando eso. Entonces, creo que corren nuevos tiempos, que incluso empiezan a hacer dudar a muchos panegiristas del sistema neoliberal».

Continuidad de conducción

-En lo personal ¿que ha representado para usted heredar la conducción del partido después de Gladys Marín?

«No hablaría de heredar la conducción, porque no es el término exacto. Junto con Gladys como presidenta, yo fui elegido secretario general, es decir, una conducción compartida, y que fue pensada así ateniéndonos al gran liderazgo que representaba Gladys, y el cargo de presidenta le facilitaría ejercer ese liderazgo ante el pueblo de Chile. Creo que no nos equivocamos al vislumbrar ese liderazgo. Incluso es innecesario decirlo, porque los hechos los demuestran. Me correspondió reemplazarla cuando empezó su enfermedad, y fue un ejercicio difícil, complejo. La echábamos de menos, pero tuvimos que aprender a arreglárnoslas. Pienso que logramos darle conducción al partido; nunca quedó acéfalo de conducción. Es un mérito compartido de la Comisión Política y el Comité Central del partido, ayudaron mucho. El conjunto del partido actuó con gran madurez y disposición a reemplazar la pérdida del liderazgo de Gladys. Aunque el liderazgo de Gladys es irremplazable, pienso que vamos en buen camino. No me gusta hablar de diferencia de estilos porque eso tendría que decirlo alguien que mire de afuera. Gladys era una persona muy carismática, de gran personalidad. No creo tener ese liderazgo, en eso Gladys es irreemplazable. Pero me siento con la gran responsabilidad de conducir el partido, aunque sea por una circunstancia dolorosa, y espero hacerlo lo mejor posible».

Recuerdos de la clandestinidad

¿Qué recuerdos tiene de la etapa de lucha clandestina contra la dictadura, que compartió junto a Gladys?.

«Efectivamente, ella dirigía el equipo de dirección interior, y durante ese tiempo desempeñé varios cargos. El más relevante fue haber sido encargado militar del partido. Y por eso teníamos que trabajar muy estrechamente para no equivocarnos políticamente. Cuando empezaron las protestas, vislumbramos que era posible echar abajo a la dictadura mediante la movilización popular y la aplicación de la política de rebelión popular, aunque evidentemente también nos dábamos cuenta que simultáneo al avance de la lucha del pueblo, se iban configurando fuerzas contrarias a una salida de esta naturaleza. Desde muy temprano, el año 1983, se vislumbraba de que fuerzas que habían estado con el gobierno de la Unidad Popular, ya no estaban dispuestas a transitar por el camino de lucha y confrontación de masas. El partido socialista estaba divido entre los que querían continuar una alianza con los comunistas, y aquellos que miraban al centro político. También influyeron la crisis del socialismo y las maniobras norteamericanas para evitar la desestabilización del régimen militar, chilenoe impedir, sobretodo, una salida de carácter popular. Sabíamos de las andanzas de cierta gente que decía, hay que armar una mesa unitaria, pero sin los comunistas. Los demócratacristianos siempre se negaron a que nosotros tuviéramos representación en las alianzas que lograron construirse, en las que estábamos como por el lado. De ahí ya empezó el tema de la exclusión. El año 1984 teníamos claro que era muy difícil derribar a la dictadura sin una unidad más amplia, pero no la vislumbrábamos sobretodo por la negativa de la DC. Entonces tomamos la decisión de echar abajo la dictadura luchando con todo lo que teníamos, empeñando todo nuestro esfuerzo, incluso a riesgo incluso de que la salida no fuera la que queríamos. Aún sabiéndolo, decidimos luchar con todo, porque veíamos que era ya necesario terminar con el sufrimiento del pueblo de Chile, y eso pasaba por terminar con la dictadura. Se dió está segunda posibilidad, que ya habíamos vislumbrado, y que incluso habíamos discutido como partido, no sólo en el equipo de dirección, sino en el nivel de Comité Central. Muchos compañeros pensaban que era posible alcanzar la unidad más amplia, y que nosotros, con la política de rebelión popular, la estábamos impidiendo. La historia ha demostrado que no era así, porque mucho antes de que planteáramos la política de la rebelión, ya se habían terminado las relaciones con el partido socialista y con la DC. En la práctica, ya estábamos excluidos, por imposición del imperialismo».

Condiciones para avanzar

-Voviendo a la caracterización del actual momento ¿cree que una coalición popular fuerte, una Concertación dividida, una derecha cuestionada, un sistema político institucional deslegitimado y una crisis económica prolongada, serían condiciones que configurarían una crisis a nivel de sistema?.

«Esas serían condiciones ideales, pero no creo que se den juntas y de una sola vez. Pero es innegable que hay elementos que prefiguran una crisis. Ahora que el precio del cobre está alto, quieren privatizar el 20% de Codelco. Con el precio del año pasado, tuvo más de tres mil millones de dólares en utilidades. Si el 20% de Codelco hubiera estado en manos privadas, se habrían llevado 600 millones de dólares. Con el cobre se está cometiendo un crimen contra el futuro de la sociedad chilena. Y si esas cosas no empiezan a cambiar, el sistema puede entrar en crisis. Lo mismo ocurre con la energía. Este país ya depende, casi en un 80%, de energía proveniente del exterior, en circunstancias de que todos los hogares chilenos podrían recibir energía eléctrica muy barata. Podríamos reemplazar el petróleo o el gas por carbón e hidroelectricidad producida por pequeñas centrales de pasada. Pero Chile se da el lujo de cerrar las minas de carbón, dejando cesante a la población de zonas enteras, y de construir megacentrales hidroeléctricas, que contaminan el ambiente y generan problemas a los pueblos originarios. Chile tiene el 45% de las reservas de litio. El litio no sólo se usa para pilas, sino que es un elemento con el cual se puede producir energía nuclear limpia, no radioactiva. Y qué ocurre. Que Chile acaba de entregarle la explotación del litio a una empresa norteamericana. Le estamos entregando energía a las transnacionales, mientras tenemos una crisis energética en el país. Podríamos poner muchos otros ejemplos. Pero si no se solucionan estos problemas de fondo, que son los objetivos que nosotros estamos planteando, Chile va a entrar en una crisis que va ser incontrolable. Va a haber crisis de representación, crisis política y crisis económica. Para eso nos estamos preparando. Eso es lo que hay que tener claro. A futuro las cosas no pueden seguir como están. Nosotros podemos contribuir a cambiar la situación. Pero lo primero es creernos el cuento. Pienso que la experiencia adquirida bajo la dictadura nos va a servir mucho para enfrentar cualquier crisis de este tipo, y aprovecharla para darle dirección a las luchas. Creo que estamos en buenas condiciones para eso. Tenemos la capacidad, tanto teórica como práctica, sobretodo la experiencia. Creo que todavía falta un par de cosas, como la madurez y la convicción. Hay algunos que piensan que el sistema es imbatible y que tiene mucho tiempo por delante. Yo pienso que el sistema puede entrar en una crisis, pero si no empezamos a producir el cambio en nosotros mismos, va ser muy difícil provocar los cambios en la sociedad. O sea, tenemos que convencernos de que es posible, conociendo la realidad, aplicando lo que sabemos».

-La teoría política establece que las crisis son producto de condiciones objetivas y la interacción concreta de las fuerzas políticas. La lógica interna del capitalismo genera polarización social, pero si no se transforma en fuerza política, puede prolongarse por mucho tiempo. ¿Cree que esta coalición pueda transformarse en ese elemento dinamizador de la crisis?

«Efectivamente, eso es así. Por eso pienso que nos falta disponernos a aprovechar cada brecha, cada pequeña debilidad, cada pequeña crisis. Eso no es insertarse en el sistema, sino aprovechar las brechas que el propio sistema nos brinda. Esa capacidad tenemos que imponerla en la práctica. Hay veces en que tenemos reuniones que pueden durar toda una noche, y al día siguiente volvemos a discutir las mismas cosas. Eso sucede cuando no estamos haciendo nada en la práctica. Esto se construye discutiendo teóricamente, pero sobretodo haciendo las cosas en la práctica».