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Gratitud en tiempos de genocidio

Fuentes: Rebelión

El Héroe Nacional José Martí Pérez en su conocida carta al Libertador Máximo Gómez Báez del 13 de Septiembre de 1892, al proponerle la jefatura militar de la guerra necesaria, le afirmó: “Yo ofrezco a Vd., sin temor de negativa, este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración que brindarle que el placer de su sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”. Considero que nuestros actuales dirigentes y gobernantes están ante el mismo reto martiano, y en momentos tan difíciles como los que vivimos, me interesa compartir mis razones de gratitud.

Crisis humanitaria

Por crisis humanitaria en la literatura especializada, en las definiciones de los organismos internacionales, y en las realidades que estallan en el mundo que vivimos, se entiende una situación de emergencia generalizada que afecta a toda una comunidad, o grupo de personas en una región o país. Se caracteriza por la explosión e inter relación de altos niveles de mortalidad, hambruna, malnutrición, contagio de enfermedades o epidemias y emergencias sanitarias. Esta situación de contingencia masiva, impone la necesidad de realizar una ayuda humanitaria de urgencia y excepcional magnitud, con el empleo de una fuerte asignación de recursos y servicios. Si tal ayuda no se suministran con suficiencia, eficacia y diligencia, la crisis humanitaria puede desembocar en una catástrofe humanitaria, en un desastre social.

Las causas -en primera y última instancia- de las crisis humanitarias, están en las deudas históricas acumuladas por la explotación colonial capitalista de los pueblos del Sur-Global. Hoy a ese pasado de robo, imposiciones criminales y subdesarrollo, suma una más agresiva polarización de la riqueza, de la depredación y de la explotación despiadada de los recursos naturales y de los humanos.

La coincidencia de tales crisis humanitarias, con circunstancias de ingobernabilidad, guerras y conflictos internos, ha puesto en términos de ejecución por la Organización de las Naciones Unidas, y otros grupos regionales, las llamadas intervenciones militares humanitarias. La paradoja está en que quienes dominan las decisiones sobre tales “intervenciones”, son las mismas potencias imperialistas causantes de las situaciones que pretenden “resolver”.

Sin excepción, las intervenciones humanitarias que se han realizado hasta el presente bajo bandera de la ONU, o por iniciativa de organizaciones regionales, siempre han favorecido a las fuerzas, organizaciones y elementos proimperialistas. El ejemplo más cercano lo tenemos en nuestra vecina y querida Haití.

El objetivo genocida de la administración Trump con su último golpe de bloqueo petrolero busca precipitar en Cuba una crisis humanitaria, camino de provocar explosiones sociales, ingobernabilidad y caos, al punto que se “justifique” una intervención humanitaria.

Cuba frente al genocidio

Hoy Cuba vive un existir realmente crítico. Pero no sufrimos los deterioros y las turbulencias que caracterizan las crisis humanitarias. Las fortalezas personológicas y colectivas acumuladas por el etnos cubano, la psicología de resistencia y resiliencia, la cultura humanista, la cubanidad, la conciencia política, la cubanía, acumuladas, recreadas y desarrolladas por la Revolución en la nación socialista, las fortalezas del sistema político, los sistemas de salud, educación, cultura. atención y seguridad social, la base-técnico material existente, junto con las rectificaciones, las medidas acertadas y las innovaciones en curso, condicionan, un hacer que resiste y vence todos los días el propósito genocida de los desvergonzados fascistas que gobiernan el país del Norte.

Nuestro país no solo es atacado con la maldad del bloqueo y el cerco petrolero. Con fondos de las agencias del Departamento de Estado y de la CIA estadounidenses, se alimenta a la mafia contrarrevolucionaria con base principal en Miami, se contratan mercenarios, terroristas, y saboteadores, y se paga a delincuentes, oportunistas y apátridas, para que actúen y desestabilicen en la profundidad del territorio nacional. Los servicios de la OTAN en embajadas acreditadas en La Habana, cumplen también similares misiones de desestabilización y subversión política.

La agresión cognitiva es parte de tal preparación para el caos. Los mercenarios de la subversión ideológica, moral y política hacen su labor de ablandamiento. Siembran sentimientos dudas y rechazos dentro de la población, hacen llamados “a la cordura”, a “aflojar” “a negociar” en bien de las familias, ¡“del pueblo”! No ha faltado -recién lo he criticado en las redes- la mofa y la jarana mal intencionada, irrespetuosa frente al patriotismo.

Las “culpas” a la izquierda

Tenemos compañeros que consideran que lo revolucionario es colocar a los dirigentes por encima de todo cuestionamiento o crítica. Y hay camaradas en crítica perenne a casi todo lo que proponen y hacen los directivos y responsables del Partido y el Gobierno. Hallar la justa medida aun nos resulta tarea pendiente.

Si hay una realidad que no se puede obviar: Nuestros liderazgos son sujetos del constante ataque enemigo. Darles crédito a los adversarios, a sus lógicas mendaces, a las operaciones de desprestigio, es trabajo contrarrevolucionario. Más en el hoy de tensiones prácticamente sobrehumanas que resistimos.

Trabajo contrarrevolucionario es también la labor servil alrededor de los cuadros, el esquematizar el debate y la crítica de ideas y concepciones, repetirnos en el error de ponerle etiquetas a unos u otros camaradas que no coinciden con determinadas decisiones, procederes o estilos de dirección.

He leído y escuchado en estos días, de amigos en el exterior y también de camaradas de militancia y Partido, la afirmación de que estamos “pagando la culpa” del error de no priorizar las inversiones en las plantas eléctricas”, “de no acelerar el cambio de matriz, energética”, o “la culpa de nuestra insuficiencia para lograr soberanía alimentaria”…

No coincido con el asumir y/o achacar culpas por la crisis económica, menos por el actual horizonte de crisis humanitaria. Más, les he manifestado a compañeros y amigos que formulan este tipo de apreciaciones -y algunos que estimo se han disgustado-, que en esencia tienden a repetir el error más clásico de la perspectiva de ultraizquierda: El de unirse por los extremos a quienes nos adversan. Y es que con tales “culpas”, frente a este asunto de la crisis humanitaria que se nos trata de crear, terminan por alinearse junto a la propaganda contrarrevolucionaria y la guerra cognitiva que se nos hace.

Considero que los errores, las debilidades y las insuficiencias de los cuadros en trabajo honesto, no acumulan “culpas”, ni es justo el juicio de culpas. El juicio entre revolucionarios siempre tendrá que ser el de responsabilidades, incluso, si lo son judiciales. De responsabilidades históricas -las más dolorosas para un revolucionario- por los errores estratégicos y operativos que se han cometido.

Sostengo que las “culpas” las tiene en maldad los agentes del imperio, que atentos a cada insuficiencia, a cada mala o cuestionable decisión, en el estímulo a la burocracia inepta, al clientelismo, al regodeo con las mieles del poder, en aliento a las ilegalidades y la corrupción, laboran por promocionar y profundizar cada error, cada excrecencia, y utilizarlas a los fines de sabotear, paralizar, entorpecer, desacreditar, dividir.

La gratitud

El librarnos de la crisis humanitaria hasta el hoy, a pesar de las fuerzas oscuras y terribles que nos empujan hacia el caos del desamor, el deterioro de la vida y la no sobrevivencia, no es asunto de milagro. Es un logro ya histórico de nuestro pueblo, y un mérito también -reconozcámoslo- de los actuales dirigentes. El buscar e implementar las alternativas mínimas y viables de sobrevivencia para todas y todos, ha sido y es un trabajo a reconocer en nuestro Partido y Gobierno.

Agradecer a los hombres y mujeres de la dirección, resulta en mi criterio un elemental ejercicio de conciencia y justicia histórica. Me permito agradecerles a todas y todos los que, con su esfuerzo decente y digno, lideran la resistencia inmensa de los cubanos y cubanas. Y me refiero a los muy certeros, y también a los que tendremos que renovar. Honrar honra. Gracias compañeros, hermanos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.