Recomiendo:
0

Jécar Neghme, un nombre que fragmenta la memoria

Fuentes: Rebelión

Jécar Neghme, un nombre que fragmenta la memoria en dos, de un lado las sombras, del otro lado la luz. Sales de tu casa, vas inventando sueños, concretando ideas, pensando en tus cosas y repentinamente sientes que te arde el pecho y la pierna y la cabeza y el cuerpo entero se te transforma en […]

Jécar Neghme, un nombre que fragmenta la memoria en dos, de un lado las sombras, del otro lado la luz.

Sales de tu casa, vas inventando sueños, concretando ideas, pensando en tus cosas y repentinamente sientes que te arde el pecho y la pierna y la cabeza y el cuerpo entero se te transforma en una inmensa ola de fuego y la sangre insiste en apagar las quemaduras de la pólvora sobre tu cuerpo y todo es inútil. La muerte te toma de la mano y te salva de ese dolor intenso, ya no estás. Sólo queda tu recuerdo revoloteando en el aire.

Caminas por las calles de santiago dibujando proyectos sobre la calzada, vas hundiendo el pincel de tus ideas sobre la tela dura del concreto y de pronto desde una alcantarilla pública media docena de ratas te muerden el cuello…

Te dejan caer una docena de balas sobre tu cuerpo indefenso. Te arrojan en el pozo de los deseos y su único deseo es verte muerto, es hundirte, te odian con bronca parida de lobo animal-militar-policial.

Destacado Dirigente contra la Dictadura Sanguinaria de Augusto Pinochet. Jecar Neghme Cristi. Vocero del MIR político de esos años, Conocido líder estudiantil en el Pedagógico, lugar desde es cual encabezó la UNED (Unión Nacional de Estudiantes Democráticos) dirigente público del legendario MDP (Movimiento Democrático Popular)

Fue torturado y relegado por obra gracia de la Dictadura militar.

Además, fue hijo de otra hoja perenne de la historia de Chile, Jecar Neghme Cornejo, dirigente socialista asesinado en Octubre del 73 por orden de Pinochet.

Un chasquido corta el aire en dos y troza la sangre en miles de gotas que van cayendo como hojas de un árbol muerto.

Y siente latir el corazón de su padre, vuelve 27 años atrás y siente latir el corazón de su padre cuando éste le cobijó sobre su pecho socialista, sobre ese pecho reventado por el disparo militar.

Y ve los ojos de su padre como se hunden en los suyos y se hacen uno, hacen una noche oscura sellada por el color negro, no de la noche sino de la muerte.

«Te heredo la vida, te heredo mis sueños, te heredo ese profundo respeto a la humanidad.

Te heredo mi puesto, ese que se sitúa al lado de los humildes.

Pero quizás también te heredo la muerte, muerte que no es obligatoria, sino opcional Jécar.»

Y Jecar no lo piensa dos veces, toma el lugar que su padre dejó tempranamente.

Eligió la opción más heroica, más hermosa, más noble, más sacrificada de todas.

Y La muerte cruza el tiempo buscando a ese niño austral…

Jécar muere acribillado la noche del 4 de septiembre de 1989, mientras caminaba el camino de la libertad. Allá en la Calle Bulnes en Santiago.

Murió a la edad de 28 años, no pudo vivir hasta los 32 como su padre.

Reía en forma constante, disfrutaba de la vida a pesar de vivir en una sala de torturas llamada Chile, era alegre, pero también le crujía el corazón ante las injusticias y la pobreza, era, ante todo, un rebelde.

Se necesitaban cojones para ser Dirigente Público en esos días, y mucho más de un movimiento de izquierda tan temido y odiado al mismo tiempo, como era el MIR.

Sin embargo, bravo como pocos, asumió la tarea y la tarea lo consumió también. Sacrificó a su compañera, a su hijo, entre la clandestinidad, el trabajo y la militancia.

No asesinaban a cualquiera aquella noche, asesinaban a uno de los mejores hijos del Pueblo. La «Brigada Azul» comandada por oficiales del ejército, diplomados en cobardía, no pudieron actuar de otro modo. Ocultos, numerosos, alevosos, repugnantes de conciencia, nulo de valores, impotentes de neuronas, ultimaban al último dirigente en lo que se conoce como el último crimen político selectivo realizado por agentes de la Dictadura.

El flaco, el turco, el compañero, fue asesinado por los mismos de siempre, la misma mano sucia apretó el gatillo.

Y pasó el tiempo y los Jécar pasaron sobre el tiempo y ahora están a la izquierda del pueblo.

Y son agua, para los sedientos, son compañía para aquellos que se sienten solos y olvidados o son tratados de locos, inconformistas.

Definitivamente se encargaron de eliminar a los más destacados dirigentes y compañeros.

Es por eso que mataron a Jécar y no a otros.

Esos mismos que lucharon junto a él, pero no por el pueblo, sino por ambiciones personales.

Esos mismos que encontraron una muerte más horrible, la de aniquilar sus propios sueños.

Aquellos que ríen y se pasean impunes por entre lo supuestos gobiernos democráticos…

Esos mismos que están muertos de adentro y se pasean allá, al otro lado, al lado de los mismos que asesinaron a miles de gotas, y entre ellas a nuestro querido Jécar Neghme.

¿Cuántas maneras hay de matar a un Ser Humano?

Sólo una, Olvidándolo!!