Recomiendo:
0

“Haced esto en memoria de mi”

Jueves santo de una semana profana

Fuentes: Rebelión

«La memoria del pasado puede hacer que surjan intuiciones peligrosas, y la sociedad establecida parece tener miedo del contenido subversivo de los recuerdos» Marcuse Lo sabemos, es la contrahistoria del Cristo campesino y pobre, secuestrado del pesebre, llevado al Palacio y coronado Sacerdote-Rey. Botín de guerra llamado Semana Santa, para aureolar de misterio sagrado -y […]

«La memoria del pasado puede hacer que surjan intuiciones peligrosas, y la sociedad establecida parece tener miedo del contenido subversivo de los recuerdos»

Marcuse

Lo sabemos, es la contrahistoria del Cristo campesino y pobre, secuestrado del pesebre, llevado al Palacio y coronado Sacerdote-Rey. Botín de guerra llamado Semana Santa, para aureolar de misterio sagrado -y como tal incuestionable- una historia viva y peligrosa de recordar. Es lo que siempre hicieron los poderosos de todos los imperios con la memoria popular, transfigurarla rescribiéndola para adulterar el evangelio y legitimar la dominación.

La tarea de revivir la potencia liberadora del evangelio, ha sido fruto de una praxis que devino en teología, como reflexión por parte de miles de organizaciones de base cristianas y no cristianas que, en Latinoamérica, accedieron al reencuentro, con aquello que -por silenciado- no fue escuchado del mensaje de Jesús. En la llamada «ultima cena» encontramos una de esas claves.

El contexto de la cena se sitúa en las ultimas horas de Jesús en la clandestinidad. Eran horas de tensión política y el grupo estaba viviendo sus horas mas decisivas. El movimiento de Jesús necesita una vez más afirmarse en la piedra angular sobre la que se sostiene lo revolucionario. La cena como simbolo privilegiado del Reino de dios y lugar de encuentro, en una intimidad comunitaria que se organiza en la corporeidad plena y la sensorialidad material de los cuerpos que comparten la vida en la donación que es re-encuentro con el otro: Resurrección.

Entonces, aquello silenciado, no es otra cosa que lo anterior al punto de partida con el que razonamos de manera colonial, es decir, el derecho de los mas fuertes, puntal iniciatico y encubridor de toda forma de opresión.

En esa anterioridad vital y originaria, se encuentra lo fontal de la vida. Es la gratuidad, pisoteada bajo la instrumentalidad de la razón calculadora y mercantil. Anterioridad a la que el evangelio nos invita a arrojarnos como movimiento de atravesamiento hacia lo trascendente, es decir, el otro negado, el pobre y oprimido, el que no tiene vivienda, y todo aquel a quien se le niega, el derecho a la vida plena. Movimiento hacia el mas allá de la opresión que como esperanza anticipatoria, hace saltar en pedazos la homogeneidad viscosa de un presente, inserto en la espuria narración de la historia de los vencedores que amordaza el clamor de los nadies, sepultando la memoria histórica de los vencidos.

Les dijo Jesús a sus discípulos en clave política, «Haced esto en memoria de mi». De esto se trata !!, memorear en la praxis, que es lo opuesto al recuerdo. Un hacer colectivo, que como memoria, se hace presente y actualiza en el compartir con los excluidos el alimento para la vida. La vida como alimento, como aliento vital que amplifica los cuerpos y la potencia revolucionaria de lo comunitario que da frutos de esperanza para ponernos de pie. Es el «tiempo-ahora» donde el pasado como una estaca irrumpe en el presente como kairós. Tiempo mesiánico cuya potencia se encuentra en el pan que se comparte y reparte.

La memoria del evangelio es memoria de las victimas y como tal, una amenaza para los victimarios a los que debemos identificar, denunciar y derrotar.

Celebremos en memoria !!.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.