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Kirchner, es hora de la resignación patriótica

Fuentes: Rebelión

El poder atrae, hasta es un afrodisíaco. Pero el presidencialismo argentino, tan próximo a la monarquía, debe ser limitado. K desea imponer una monarquía cuasi hereditaria. No es bueno. K vendió su alma al diablo al aliarse con el lobby israeli [1] y por tanto a entrar en relaciones carnales con el Imperio. Eso es […]

El poder atrae, hasta es un afrodisíaco. Pero el presidencialismo argentino, tan próximo a la monarquía, debe ser limitado. K desea imponer una monarquía cuasi hereditaria. No es bueno. K vendió su alma al diablo al aliarse con el lobby israeli [1] y por tanto a entrar en relaciones carnales con el Imperio. Eso es malo y es contradictorio. No se puede amar a Bush y a la Alternativa Bolivariana, única salida original y patriótica de los pueblos Sudamericanos.

K es mejor que Menem, lo cual no es demasiado mérito. K hizo cosas buenas como aumentar las retenciones al petróleo, regalado a Repsol por el traidor a la patria Menem. K ayudó a los jubilados, cosa buena. K sepultó con Chávez y el Mercosur el proyecto ALCA en Mar del plata, cosa buena también.

Pero:

K se alió al lobby israelí [1], vaya a saber si con intenciones electoralistas o solo por obediencia debida. Pero dar poder al lobby es entrar con relaciones carnales con los EE UU e Israel, contradicción que raya con la esquizofrenia, con la prédica de la Unión Sudamericana.

K nombró a Bielsa como Canciller, que con su habitual soberbia no se asesoró y cuando podría haber negociado la relocalización de Botnia aguas abajo, se contentó con controles de efluentes. Eso ocurrió en la primera gran manifestación en Gualeguaychú. Botnia estaba recién comenzando la construcción y fácilmente lo podría haber conseguido. La pastera Botnia está separando a dos pueblos hermanos Argentina y Uruguay.

K no se atrevió a modificar las leyes neoliberales que polarizan la población, ricos y pobres, no se atrevió a imponer una justicia redistributiva. No se atrevió a modificar la flexibilización laboral. Así la redistribución se hizo por la violencia, que por la vulnerabilidad de la clase media y baja por no tener ni guardias privados ni autos blindados, son los más afectados.

K mejoró la recaudación, aunque en realidad fue cosa de Dios por las buenas cosechas de soja y el precio del petróleo.

K nunca aclaró qué pasó con los fondos de Santa Cruz, nada bueno.

K es un líder autoritario que grita y maltrata a sus funcionarios, nada bueno según la sicología social.

K no se acerca al ALBA, única salida honorable e inteligente para los pueblos Latinoamericanos, sigue con la idea de la competencia entre países, primero liberal y ahora neoliberal que es peor aún.

K quiere convencernos que no hay otra alternativa, después de él el diluvio. Nada bueno.

K usa fondos del Estado para promover la elección (por razones misteriosas) de Cristina Kirchner, aunque él no se baja de la reelección. Nada bueno, es -como dijimos-, una idea próxima a la de querer imponer una monarquía cuasi-hereditaria.

Una persona con carisma (recordemos que presidente en Argentina es casi un rey), honrada, honorable y capaz, equilibrada psíquicamente, que sepa elegir un buen equipo puede bien reemplazarlo. ¡Y no me digan que entre 38 millones de argentinos no hay ninguno con esas características! Pasó lo de siempre: el «¡Que se vayan todos!», terminó en que se quedan todos, porque los que se tenían que ir conservaron el poder, pero eso es una trampa perversa.

El camino está claro: Unión Sudamericana; ALBA (no Mercosur, espantosa copia de la UE, basada en la competencia entre hermanos); Banco del Sur pero, no con la propuesta de K y Lula sino con la de Correa. La primera propuesta es una simple copia de lo que queremos escapar o sea del FMI y del BM; la segunda es inteligente y revolucionaria.

Hay tiempo y tenemos esperanzas. Argentina es muy importante para la Unión Suramericana, que entre todos debemos construir para salir de la locura que ha impuesto el Imperio decadente.

[1] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=50760

Guillermo F. Parodi es escritor, profesor universitario, miembro del Observatorio Internacional de la Deuda y de los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala (www.tlaxcala.es), la red de traductores por la diversidad lingüística.