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Como la empresa más grande del planeta blanquea dinero

La banca secreta del Citi Bank en Chile y America latina

Fuentes: La Nación Domingo

Forbes acaba de coronar a Citigroup Inc. como la empresa más grande del planeta. Pero la prestigiosa revista de negocios omitió referirse a la reputación de su Private Bank, la repartición donde se origina gran parte de las millonarias utilidades y la mayoría de los escándalos en que se ha visto envuelta esa entidad bancaria. […]

Forbes acaba de coronar a Citigroup Inc. como la empresa más grande del planeta. Pero la prestigiosa revista de negocios omitió referirse a la reputación de su Private Bank, la repartición donde se origina gran parte de las millonarias utilidades y la mayoría de los escándalos en que se ha visto envuelta esa entidad bancaria. La Citigroup Private Bank también está en Chile. Su discreta presencia data de mediados de los ochenta, pero su historia local recién comienza a escribirse.

Cuando escuchó el nombre de don Fabio Domínguez, la amable sonrisa de la recepcionista se transmutó primero en una gran interrogante, después en cara de sorpresa y, finalmente, en franca incomodidad. Y todo en sólo fracciones de segundo. No supo qué decir, salvo ehhh… y se levantó presurosa para hablar con la secretaria sentada a su izquierda: «Preguntan por don Fabio», musitó, y la otra la tranquilizó con un lacónico «yo les atiendo».

Tomamos asiento en el sofá de cuero café frente a su escritorio, como indicó con la mano, mientras hacía las preguntas de rigor y anotaba:

-¿Quién le busca? ¿Tienen cita? ¿De dónde vienen?… ¡¿Y son periodistas?!, entre que exclamó y preguntó asombrada, levantando la vista justo cuando escuchó la última respuesta e inquirió: «¿Quién les dio el dato?». Cualquier otra secretaria habría preguntado, naturalmente, por el tema que nos había llevado hasta allí. Ella, al parecer, ya lo sabía.

De acuerdo con la información que maneja La Nación Domingo (LND), Fabio Domínguez sería la máxima autoridad de esa oficina, pese a que su nombre y cargo no aparecen en las páginas institucionales del ciberespacio, ni en la punto cl ni en la punto com. Se entiende: en la discreción está el negocio.

Hasta nuestra sorpresiva visita, el jueves 7 de abril, todos allí suponían que nadie ajeno al negocio sabía que el brasileño Fabio Domínguez era ubicable en ese lugar. El profesional, egresado de la Universidad Santa Cecilia de Brasil e integrado al Citigroup como ejecutivo de la Private Bank en su país natal, desde 2003 viene repartiendo su vida entre Nueva York, Miami y Santiago para garantizar a sus clientes ese «servicio personalizado y confidencial» que promociona la famosa Citigroup Private Bank. La habitual presencia de Domínguez en Chile fue confirmada por una de las funcionarias, que deslizó un casi involuntario «estuvo acá la semana pasada».

¿Por qué tanto secreto? En la página institucional norteamericana se menciona a Chile entre los 30 países donde opera la Private Bank corporativa, aunque la información para contactarse se limita a un número de teléfono que corresponde al aparato que atiende la recepcionista de la amplia sonrisa. Nada más.

Pero LND pudo comprobar que las oficinas del Citigroup Private Bank en Chile ocupan todo el sexto piso del edificio del Pacífico, en Av. Andrés Bello 2687, justo al lado del edificio de la Industria y a sólo 200 metros del World Trade Center criollo. Es decir, en el corazón mismo del llamado «Sanhattan» (fusión entre Santiago y Manhattan), hasta donde han emigrado en la última década los dueños de las empresas más importantes del país, como los grupos Angelini, Luksic, Claro, Penta y Piñera.

Inmediatamente arriba de las oficinas del Citigroup Private Bank, en el piso 7, funciona la gerencia local del Citibank N.A., registrado ante la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras, bajo el código 033, como sucursal de banco extranjero. Desde el primero al quinto piso se ubican las oficinas públicas del banco. Por eso, y por la identificación institucional a su entrada, el edificio de 24 pisos es conocido como la casa matriz del Citibank en Chile.

Claro que la discreta sucursal del Citigroup Private Bank no siempre ha estado en el mismo lugar. Cuando los dueños del PIB nacional tenían oficinas en el centro de Santiago, a comienzos de los noventa, ésta funcionaba en el departamento 14 de la calle Nueva York 33.

Confidencial

En las actuales instalaciones trabajan alrededor de 30 personas. Fabio Domínguez no es el único que acumula millas de manera envidiable. El mismo beneficio recibe Maureen Ruggiero, identificada en el informe complementario del Senado norteamericano sobre las platas de Pinochet, dado a conocer el pasado 15 de marzo, como «la banquera privada de Marco Pinochet».

Dos fuentes independientes entre sí, pero ambas vinculadas a la institución bancaria, que solicitaron mantener su nombre en reserva, dicen que Ruggiero también atendía acá, hasta hace pocos meses, a otros familiares de Augusto Pinochet Ugarte.

Estas instalaciones no están registradas ante la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF) como sucursal de nada, sino sólo como «algo así como una oficina de correos, destinada al despacho y envío de correspondencia interna», según definió a este medio un personero relacionado con ese organismo fiscalizador.

Maureen Ruggiero, además de ejecutiva de cuentas del Citigroup Private Bank y «banquera personal de Marco Pinochet», es una de las fundadoras de la filial chilena de Habitat para Humanidad, un ministerio religioso que comenzó sus primeras gestiones en Chile en 1998 y obtuvo su personalidad jurídica en 2001. Desde entonces, Ruggiero es la presidenta de la junta directiva de esa institución dedicada a facilitar la construcción de viviendas para los más pobres en Latinoamérica.

Autoridades del Citibank N.A. indicaron a LND el jueves pasado, con ocasión de una conferencia de prensa para anunciar un aporte del banco de 200 mil dólares a Habitat para la Humanidad, que Ruggiero no estaba en Chile. Sin embargo, antecedentes registrados en Policía Internacional señalan que Ruggiero ingresó al país, la última vez, el 11 de marzo (cuatro días antes que su nombre apareciera en el informe complementario del Senado norteamericano), y no registra salida, al menos con su identidad o bajo los dos RUT que obtuvo en Chile; el primero en calidad de extranjera, y el segundo como residente.

El vicepresidente y gerente de la División Banca Empresas del Citibank, Richard Kouyoumdjian, confirmó durante la conferencia de prensa la calidad de funcionaria del Citibank en Chile de Ruggiero, al señalar que «ella tiene oficina en el sexto».

En el Hotel Radisson existe registro de su alojamiento entre el 11 y el 18 de marzo. Después se le pierde la pista, hasta que alguien la ve la primera semana de abril.

Absoluta normalidad

El informe del Senado de EE.UU. deja claro que la relación entre el Citigroup y la familia Pinochet se inició hace 24 años y, a la fecha, todavía no termina por completo. En efecto, el documento consigna que la última cuenta relacionada a los Pinochet en esa entidad bancaria fue abierta el año pasado y que otra «todavía está en proceso de ser cerrada». Añade que varias cuentas abiertas a nombre de María Verónica Pinochet y una a nombre de Meritor Investments -una de las tres entidades ‘offshore’ que el Citigroup habría creado para la familia en paraísos fiscales-, recién se cerraron el 2004.

Aparentemente, muchos de estos movimientos se habrían realizado en el sexto piso del edificio del Pacífico, donde Maureen mantiene una oficina privada, teléfono propio y dos asistentes a su servicio.

De hecho, según pudo comprobar este medio, al menos seis operaciones bancarias realizadas por Marco Pinochet en Nueva York o Miami, entre 2003 y 2004, ocurrieron mientras el aludido se encontraba en Chile.

De acuerdo a la documentación recabada en la investigación del comité parlamentario, la relación de Ruggiero con las cuentas de la familia Pinochet data, al menos, de 15 años. Así se desprende de un memorando fechado el 13 de abril de 1990, firmado por Emilie O’Neil, una de las dos ejecutivas de cuenta (la otra es Rosemary Fernández) a cargo de Maureen Ruggiero en Estados Unidos.

Próxima a cumplir 46 años en junio, Ruggiero lleva más de una década de idas y venidas desde el país del norte. En fuentes de información de acceso público en Chile, en 1996 la ‘Gringa’ -como le llaman algunos en la oficina santiaguina- inició actividades ante el SII con RUT de extranjera y declaró puntualmente sus impuestos hasta el 2002. Desde entonces, el organismo fiscalizador ha presentado reparos a sus declaraciones, que ella aún no resuelve.

Al servicio del poder

Según ejecutivos del mercado financiero local, para operar en la Citigroup Private Bank hay que contar con un patrimonio mínimo de US$ 10 millones y depósitos e inversiones de entre 2 y 3 millones de dólares. Su página institucional en Estados Unidos destaca que sus 120 oficinas en más de 30 países están «al servicio de las 25 mil familias más exitosas, prósperas e influyentes del mundo». Según nuestras fuentes vinculadas al Citibank en Chile, en el sexto piso del edificio del Pacífico se atendería con igual confidencialidad a centenares de otros clientes de lo más granado de la sociedad chilena.

Una fuente relacionada a la investigación de las platas de Pinochet en Chile dijo a LND que, de acuerdo a la revisión en curso, ninguno de los movimientos de divisas supuestamente efectuados desde esta oficina, a través de las cuentas hasta ahora revisadas, aparecen declarados por el Citibank ante el Banco Central, como lo estipula la ley respectiva.

En tanto, un alto personero judicial dice que oficinas de este tipo se han detectado en otros bancos de la plaza, en los cuales también se movieron dineros de la familia del ex dictador. «De hecho, esto ha dificultado mucho seguirle la pista a los fondos», comenta, a tiempo que advierte un vacío legal al respecto.

Averiguaciones realizadas por este medio dan cuenta que gran parte de los clientes de la oficina chilena de la Citigroup Private Bank mantendría cuentas sólo a su nombre, de sus empresas legalmente constituidas en Chile y de sus familiares. Pero otros estarían operando también con cuentas relacionadas a nombre de empresas ‘offshore’, con acciones al portador o que existen sólo en el papel en paraísos fiscales. Algunos, incluso, mantendrían cuentas codificadas, es decir identificadas sólo por letras y números, muy similares a las detectadas a la familia Pinochet en EE.UU. Una práctica que hace tiempo vienen prohibiendo todos los manuales y acuerdos internacionales para la prevención del lavado de dinero.

Diversas fuentes relacionadas con la prevención y control de este delito en Chile, que si bien no sabían de la existencia de esta oficina en particular, sí conocen este tipo de operaciones, coinciden en señalar que, en términos generales, una buena parte de estos fondos puede estar relacionada con, al menos, algún delito tributario. Se estima que en Chile la evasión de impuestos alcanza a mil 500 millones de dólares anuales, lo mismo que exporta en igual período todo el sector silvicultor-agropecuario nacional.

Personas que conocen del funcionamiento de estas oficinas sostienen que, pese a que en el sexto piso de aquel edificio no funcionan cajas, algunos clientes entran con documentos y salen con dólares en efectivo, porque contarían con líneas de crédito especiales para operar de esa manera. Otros, según las mismas versiones, depositarían allí dólares contantes y sonantes en sus cuentas o instrumentos de inversión radicados en Estados Unidos.

Algo que, de ser cierto, sería totalmente ilegal según las respuestas que nos enviara por mail el asesor de prensa del superintendente de Bancos e Instituciones Financieras, Enrique Marshall, en respuesta a un cuestionario:

«Sólo los bancos fiscalizados por la SBIF pueden ejercer la captación de depósitos en nuestro país», comienza aclarando, para luego agregar que «no existe una prohibición para que las personas abran cuentas y efectúen depósitos e inversiones en bancos o instituciones financieras ubicadas fuera del país, debiendo cumplir con las disposiciones tributarias, cambiarias y otras que resulten aplicables» (el destacado es nuestro).

Sobre si ese organismo tenía o no antecedentes del funcionamiento de la oficina del Citigroup Private Bank en Chile, no hubo respuesta. Pero, en el mismo documento, la SBIF precisó que «los bancos que operan en el país, incluidos los extranjeros, pueden recibir y cumplir órdenes para efectuar pagos y transferencias desde y hacia el exterior. Todo esto se ve facilitado hoy con el desarrollo de la electrónica e internet».

Empero, la respuesta del organismo no aclara si se debe o no dejar registro de estas operaciones a disposición de la autoridad fiscalizadora local, o si esos encargos permiten la entrega física del dinero en Chile a un tercero.

En la sede nacional del Citibank N.A. parecen entender que no están obligados a informar a la SBIF sobre los movimientos de la oficina del sexto piso. Es más, al promover el exclusivo servicio que otorga la banca privada institucional en Estados Unidos, en la página web de la sucursal chilena hay una notoria advertencia en la que se lee: «Estimado cliente, usted está saliendo del ámbito Citibank N.A. Agencia en Chile. Los productos, sistemas y servicios ofrecidos a continuación son de exclusiva responsabilidad de quien los ofrece, no cabiéndole a Citibank N.A. Agencia en Chile intervención alguna en la entrega, operatividad y calidad de los mismos, o en la ulterior atención que ellos demanden». Bajo esta nota, el cibernauta debe presionar «aceptar» para ir directamente a una página en Estados Unidos donde se explican las bondades del sistema.

Así, pareciera que todo lo relacionado a la Citigroup Private Bank funciona exclusivamente en suelo norteamericano, normado por las legislaciones vigentes en ese país. Pero ante la comisión senatorial que investigó las platas de Pinochet, la empresa señaló otra cosa. En el informe se lee que el Citigroup presentó toda la documentación solicitada relacionada con Estados Unidos, «pero citando leyes de secreto bancario, entregó información muy limitada sobre las cuentas y las transacciones (de la familia Pinochet) realizadas en Argentina, las Bahamas, Chile, Suiza y Reino Unido».

¿En qué quedamos, entonces?

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Prácticas cuestionadas

A fines de marzo, Forbes ubicó al Citigroup Inc. en el primer lugar del ranking de las dos mil empresas más grandes del planeta. La misma publicación reconoce que si el ordenamiento se hubiera realizado de acuerdo sólo a las ventas, ese lugar le hubiese correspondido a la cadena Wal-Mart, y si se hubiera considerado el valor accionario en la bolsa, la lista la encabezaría Exxon Mobil.

¿Qué es lo que hace mejor al Citigroup?

«Wal-Mart -que ni siquiera figura entre las top ten de Forbes- se embolsa apenas cuatro centavos por cada dólar que vende», se explica en la revista. Citigroup, en cambio, vende menos de la mitad que la cadena internacional de retail, pero registra una ganancia 67 por ciento superior, se precisa a continuación.

La receta es tan antigua como conocida: a mayor riesgo, mayor rentabilidad. «La banca privada es una de las inversiones más rentables para un banco. Las comisiones que las instituciones de primer orden, tamaño y prestigio cobran a los clientes de la banca privada oscila entre un 1,5 y un 2,5% sobre los activos», señala Juan Manuel Maza, consultor financiero de renombre en Wall Street. Y, según Forbes, el Citigroup administra activos por casi 1,5 billones de dólares.

Estimaciones realizadas por el senador norteamericano Carl Levin, quien encabezó la comisión que descubrió las platas de Pinochet en ese país, indican que durante la década pasada llegaron a las bóvedas de bancos de ese país entre 3 y 5,5 billones de dólares fruto de diversos delitos graves. Eso, sin considerar entre ellos la evasión tributaria en que se estaría incurriendo en los respectivos países de origen.

El informe complementario del Senado norteamericano sobre las cuentas de Pinochet hace una severa crítica al accionar del Citibank en estas materias a nivel mundial: «En los últimos diez años, a pesar de tener excelentes políticas y métodos contra lavado de dinero en el papel, el Citibank Banca Privada ha experimentado repetidas críticas por la débil práctica de la diligencia debida, la relajada aplicación de sus controles de AML, y por no cerrar las cuentas de figuras públicas extranjeras que aparecen depositando los ingresos de la corrupción extranjera en cuentas bancarias privadas».

El 18 de marzo recién pasado, la Reserva Federal estadounidense ordenó al Citigroup que se abstuviera de participar en cualquier operación por el control y fusión de otras entidades financieras, mientras no mejore «sus prácticas y controles internos». En los estados federados, el año pasado la entidad financiera pagó 2.600 millones de dólares por demandas resultantes de la quiebra de WorldCom y se vio obligada a hacer provisiones por otros 5 mil millones ante potenciales sentencias similares en acciones judiciales pendientes por su participación en la quiebra de Enron y otros escándalos.

Una figura parecida por la que el grupo estaba siendo investigado en Alemania, después de que el 2 de agosto del año pasado, algunos de sus operadores vendieran bonos gubernamentales por 12.400 millones de euros, haciendo bajar notablemente su precio. En medio del caos provocado en la bolsa, la misma empresa compró 3.700 millones de euros de los mismos instrumentos a precios tan inferiores al inicial que, sumando y restando, se embolsó utilidades por 13 millones de euros en menos de dos minutos. Hace unos días, el Citigroup accedió a pagar US$ 20 millones de multa para concluir con la investigación.

Donde no le perdonaron la vida al Citigroup fue en Japón. El último septiembre, la máxima autoridad financiera del imperio le canceló la totalidad de las licencias a ese grupo bancario, tras descubrir una serie de irregularidades en la banca privada de ese banco que operaba en la nación nipona. «El banco no impidió el lavado de dinero y ofreció préstamos a clientes implicados en actividades condenables», señaló parte de la resolución.

Mientras, en Italia, la empresa aún está bajo investigación de haber manipulado a su favor el precio de las acciones de Parmalat antes de su quiebra, en diciembre de 2003, y no se descarta que la Fiscalía presente cargos en su contra.

En América Latina, el Citigroup llamó la atención en el 2002 por operaciones irregulares en Argentina y por una millonaria demanda contra un fondo en el que Citigroup es el inversor principal, que se tramita en Brasil.

A fines de 1999, el grupo también se vio envuelto en el escándalo de corrupción por el manejo de dinero de dudosa procedencia de Raúl Salinas de Gortari, hermano de Carlos, ex Presidente mexicano. Tiempo después se le acusó de lavar dinero para el Cartel del Señor de los Cielos, Amado Carrillo. La vicepresidenta de la Banca Privada del Citigroup azteca de ese momento, Amy Elliot, declaró ante el Senado norteamericano que ella sólo se limitó a cumplir con las normas internas de la empresa. Sin embargo, el Citigroup dijo todo lo contrario: que ella se había sobrepasado en su actuar y la despidió. Igual como en Japón desvinculó a tres ejecutivos, uno de los cuales demandó a la empresa afirmando exactamente lo mismo que Elliot: que todas las prácticas cuestionadas por las autoridades niponas eran parte de la habitualidad aceptada al interior de la Citigroup Private Bank.

Y las acusaciones suman y siguen. El Citibank de Nueva York es parte de una investigación iniciada el recién pasado 12 de abril en Venezuela, relacionada al pago de millonarias comisiones irregulares que involucran a altos ejecutivos del conglomerado petrolero estatal PDVSA. En tanto, el miércoles de esta semana (20), la Fiscalía Anticorrupción de Guatemala acusó al Citibank y a otras tres entidades bancarias locales de participar en la red de lavado de dinero del desfalco del Estado Mayor Presidencial, estimado en 40 millones de dólares, ocurrido bajo la Presidencia de Alfonso Portillo, entre el 2000 y el 2004.

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