Recomiendo:
0

La doble apuesta de la Surda: lucha social y participación electoral

Fuentes: Rebelión

Giorgio Boccardo Bosoni, presidente de la FECH Federación de Estudiantes de Chile y militante de la SURDA, es uno de los representantes estudiantiles convocado por el ministro de Transporte René Cortázar a una mesa de trabajo sobre el Transantiago. El acuerdo surgió bajo la presión de la movilización callejera desarrollada por la convocatoria de los […]


Giorgio Boccardo Bosoni, presidente de la FECH Federación de Estudiantes de Chile y militante de la SURDA, es uno de los representantes estudiantiles convocado por el ministro de Transporte René Cortázar a una mesa de trabajo sobre el Transantiago. El acuerdo surgió bajo la presión de la movilización callejera desarrollada por la convocatoria de los estudiantes secundarios y la FECH, el pasado 4 de abril, bajo la consigna de intervención de las empresas para generar un rediseño profundo del plan. Las pantallas de la televisión, atenta a la violencia callejera más que a sus causas, nuevamente mostraron la ira de los jóvenes pero también que sólo así se abrieron las puertas del ministerio a este sector de la ciudadanía.

Antes de otra gran protesta, la del 29 de junio, el gobierno y el alcalde de Estación Central habían acusado a la Surda de dirigir las manifestaciones violentas. Un día antes de la protesta estudiantil, conversamos con el sociólogo penquista Martín Sanzana, uno de los ocho miembros de la nueva conducción nacional de ese movimiento, surgida de su reciente congreso. Ex dirigente de la Federación de Estudiantes de Concepción (1999), Sanzana se desempeña en el «Instituto de Estudios Estratégicos para el Desarrollo Humano», de Concepción y también cursa un magíster en Desarrollo Urbano en la UC. Tiene pareja y una hijita de cuatro años.

¿Formó parte la Surda de la Coordinadora que llamó a la protesta del 29 de junio?

No, nosotros estamos armando una protesta de un cariz más social, con los estudiantes secundarios y universitarios. Tratamos también de construir con sectores sindicales. Es legítimo protestar, pero hay sectores políticos que se aprovechan cuando no hay una conducción clara. La acusación del alcalde Hasbún es una anécdota sin mayor relevancia. Nosotros no estamos por ningún camino guerrillero. Nos querellamos contra el alcalde, como una forma de responder y de mostrar lo que sí queremos ser, una alternativa que pasa por lo público, lo legal, lo social, y la movilización; creemos que hay que usar todos los caminos legitimados en Chile: la movilización, la organización, la protesta, el voto, la negociación y el diálogo. Son los instrumentos de lucha de hoy.

¿Qué plantean frente al Transantiago?

Vemos en el Transantiago una reforma hecha desde arriba, iluminista, sin considerar a la gente y sus necesidades, y con una fórmula muy empresarial y financiera, que el ministro Cortazar no hará más que profundizar. Tampoco se toca el fondo de la cuestión, es decir, el fracaso de hacer de Santiago una ciudad más habitable y equitativa para las mayorías. En todo caso, al igual que las luchas de los trabajadores, lo principal hoy, cuando el gobierno está más a la derecha y ha abandonado cualquier atisbo ciudadano, es ir más allá de las luchas sectoriales y comenzar a levantar con más fuerza la determinación de abrir un camino de disputa del poder en la sociedad, incluida por supuesto la disputa por el gobierno, pero en el largo plazo, la disputa directa a los poderes fácticos, que controlan el poder económico, mediático, cultural, religioso y militar de nuestro país. Hay que impugnar directamente al ejercicio del poder por la elite, así sea en el tema del Transantiago como en la Ley de Educación, la LOCE.

¿Cuál es su diagnóstico de la situación política actual?

El país vive el fracaso del gobierno de la Bachelet que eligió la gente, y eso es irreversible. También se está viviendo el fracaso de la izquierda dentro de la Concertación, incapaz de gobernar y de imponer un mínimo sello ciudadano, social.

¿Hay izquierda en la Concertación?

La hay. Pero se demostró que no tiene capacidad para constituirse como una fuerza allí, está desilusionada y confundida. Es gente con la cual hay que trabajar para construir un proyecto más amplio. Pero el fracaso de Bachelet también es el fracaso de la izquierda en general. Tampoco afuera de la concertación hay una tremenda alternativa que convoque a la gente desencantada con el gobierno o con la política.

Pero entonces, ¿qué queda por delante?

Yo no creo que exista un Chile totalmente desarticulado, totalmente alienado y apático. Es más, hay un Chile que todavía no tiene expresión política clara pero hay suficiente energía, gente, y conciencia, suficiente masa crítica como para expresar políticamente algo mejor de lo que ha logrado construir la izquierda. Eso para nosotros tiene que ver con la superación de la izquierda actual. Es lograr interpretar, organizar un montón de gente que hace muchas cosas, que tiene iniciativa. La lucha de los secundarios es muy clara y muchas otras luchas son una base social que puede ser el piso -no el techo- de un nuevo proyecto político en los próximos años. Eso hay que articularlo, construirlo, conducirlo, y esa es una primera tarea. Pero es un pedazo de país enorme que no logra constituirse políticamente, no logra encontrar un camino y no tiene conocimiento de sí mismo. Está subordinado al conocimiento que construyen los de arriba sobre esas luchas. La otra tarea es llegar a los que no están organizados.

¿Y cuál es la propuesta de la Surda?

La Surda es un intento de una generación de los 90 y del 2000 por construir un proyecto revolucionario en Chile, por superar el peso de varias derrotas históricas, y ese esfuerzo y ese proyecto están absolutamente vigentes. Hoy nosotros estamos abiertos a construir nuevos caminos y estrategias, pero el proyecto que se forjó de lucha y de transformación radical de esta sociedad chilena desigual, injusta y capitalista, sigue vigente.

Hoy queremos abrir canales de diálogo y confluencia con sectores de la izquierda tradicional como con otros sectores más políticos que han participado de algún gobierno de la Concertación, que antes no estábamos dispuestos a conversar. Existe la posibilidad de dar una direccionalidad al proceso, que haga avanzar el poder de los de abajo, y eso no está dada por una forma, una pertenencia o un logo sino por encontrar la política correcta y en ese sentido la izquierda no puede hacer planes sin considerar la coyuntura actual. Nosotros la discusión que tenemos es que hoy vivimos un punto de inflexión que la izquierda y los luchadores sociales no pueden desaprovechar, ni por una búsqueda de réditos muy inmediatos ni por un estrategismo de cerrarse los ojos a lo que está pasando. Estar demasiado expectante respecto del cambio del sistema binominal, y sólo mirar a la clase política no nos va a llevar muy lejos. Pero por el contrario, tampoco sólo mirar la lucha social en abstracto, e ignorar las condiciones políticas también es un riesgo. Nosotros creemos que lo más difícil de construir una dirección política es lograr articular estas dimensiones. De aquí al 2009 es necesario construir aceleradamente una convergencia política y levantar una candidatura presidencial alternativa que exprese esta alianza de clases, sectores, grupos.

En el Congreso concluimos que hay que tratar de construir una alternativa de transformación social desde la izquierda, adecuada a un Chile con una especificidad y diferencias respecto de otros países de América Latina. Con todo lo valioso que tienen las experiencias de lucha en países vecinos, creemos que estas no se pueden ‘cortar y pegar’. Hay algunas luchas que dan sectores tradicionales y otras nuevas. Por ejemplo la lucha ambiental hoy es super central para enfrentar el proyecto de la clase dominante…el tema mapuche también es una lucha «de la democracia»; el tema de la educación, ya no es sólo el acceso a la educación como era en los 60 o antes, es más bien por transformarla en oportunidad y no en un campo de reproducción de las desigualdades. Hoy no es sólo el problema de los sin casa, sino la calidad de casas, las deudas, la segregación urbana. Igual siguen existiendo las viejas luchas pero no es posible quedarse sólo en las viejas banderas de lucha de la izquierda.

¿En cuáles de esas luchas está la Surda presente?

La Surda lucha en distintos frentes y claramente estamos en los campos de la educación, el ambiente, así como en trabajadores y profesionales jóvenes y con alguna presencia en el mundo sindical de la mano de profesionales jóvenes. En la salud pública estamos en la dirigencia de FENPRUS, en los médicos de atención primaria y de la CONFUSAM. Hay muchos dirigentes estudiantiles, como el presidente de la FECh, tenemos la Universidad del Biobio como federación, y presencia en otras federaciones.

¿Van a transformarse en un partido?

Llegamos a la conclusión que sí hay que construir un partido político y participar en las elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales. La participación electoral en sí misma no requiere un partido, hay distintas fórmulas, se puede participar como independiente en algún pacto. En realidad el partido viene a solucionar un tema de identidad política. Hay que trabajar con sectores políticos, articularse y generar alianzas. Hoy con lo que se ve más cercano es la Nueva Izquierda, estamos abiertos a trabajar con ellos en este tema. Pero no creemos que ningún partido de izquierda pueda hoy pretender hegemonismo sobre otros partidos o grupos sociales o políticos, y por tanto el problema es cómo construir un abanico en el cual todos puedan entrar, una convergencia en la cual puede entrar gente desencantada de la Concertación, así como gente anclada en lo social o en lo cultural. Para construir esa alternativa se necesita a todos esos sectores.

El tema es como meterse en un juego que es tremendamente absorbente, cooptador y limitado. Para la mayoría de la gente eso no se ve como una alternativa de transformación. Crear un partido político cuando todo el mundo está escapando de los partidos políticos no es algo inviable, pero requiere asegurar cierta capacidad de levantar una imagen novedosa, de levantar caras, ideas y formas de hacer las cosas distintas. Decidimos participar en la lucha política formal pero no queremos quedarnos ahí.

Se pensó en un momento que la Nueva Izquierda y ustedes se fusionaban.

Nosotros no vamos a perder nuestra identidad como Surda por ahora, hoy no tiene sentido. Estamos pensando en trabajar con otros sectores para construir referentes más amplios. Y si es necesario construir un partido lo vamos a hacer. Pero tampoco estamos viendo la construcción del partido para que toda la diversidad social y de la izquierda se meta atrás de ese partido o de ese referente. El problema es construir una coalición política y social que pueda contener una diversidad que va desde los luchadores sociales hasta gente más política conviviendo bajo un proyecto. Dentro de ese movimiento puede haber partidos y gente que milita en distintas partes.

¿Ustedes adscriben a la tesis de que la Clase obrera no es importante?

La clase obrera tradicional no tiene la importancia de antes. Pero hay nuevas formas de proletarización, Por ejemplo, hay un sector de los médicos que está siendo proletarizado. Antiguamente los médicos eran parte de una aristocracia. Hoy si no tienen el capital y los contactos para entrar en forma ganadora al mundo de las ISAPRES y las clínicas…tienen que trabajar en el sector público en malas condiciones o en el sector privado como mano de obra cada vez más barata. También en el sector de los profesores ocurrre algo similar. Ya no tienen status ciertas carreras. La clase obrera tradicional ha perdido incidencia pero hay nuevas formas de proletarización que siguen siendo estratégicas en la reproducción del capital y en la acumulación y en ese sentido es estratégico trabajar con ellas.

¿Que pasó con la Surda, que perdió perfil?

Yo creo que la Surda no está ajena al ciclo histórico del país, y en ese sentido vivió ese ciclo en conjunto al resto de la izquierda. La Surda tuvo un período de mayor fuerza entre el 97 y el 2002 y luego las condiciones fueron cambiando y creo que nos demoramos en darnos cuenta de eso.

El declive de la izquierda es algo generalizado

¿Se define como de izquierda la Surda?

La misma palabra Surda dice relación con la izquierda. Pero nosotros siempre hemos creído, por un tema en cierta medida generacional, que no bastaba con sumarse a la izquierda que había emergido de los 80 sino que había que construir una cierta ruptura con esa izquierda.

¿Lo lograron?

En algunos planos sí, y en otros no. Seguimos creyendo que hay que hacerlo…pero nuestras raíces están en la izquierda. No da lo mismo desde donde uno va a construir. Somos izquierdos con la izquierda.

Ustedes hace un tiempo consideraron incluso participar dentro de algún pacto con un sector de la Concertación

Nosotros siempre hemos defendido que hay que trabajar con gente de la Cncertación que es de izquierda y que impulsan políticas de izquierda, como Aguiló, o Navarro dentro del PS, y muchos que no tienen cargos ni diputaciones pero que a veces trabajando en el Estado son bastante críticos y no tienen un referente político al cual adscribir. Hay funcionarios y gente que está con la concertación porque no hay otra alternativa. Es necesario entenderse con ellos políticamente, y hacerlo en forma abierta. Hay gente que nos ha cuestionado harto por eso pero al final, uno después ve que igual otros acuerdan, en forma poco clara, por abajo, poco transparente.

El punto aquí es construir una opción que sea creíble y viable para la gente, que pueda hacer avanzar la correlación de fuerza, que defina con más claridad un proyecto que hoy no está definido. Un proyecto que le dé esperanza de nuevo a la gente. Lo que pasó con Bachelet es terrible. Se veía venir, pero ello significa la frustración de mucha esperanza.

¿Ya no está la esperanza intacta?

La nuestra sí. Me refiero a la gente que votó por Bachelet.

¿No votaste por Bachelet?

Nosotros no votamos. Yo no estoy inscrito, la mayoría de nosotros no lo está. Pero obviamente nosotros creíamos que entre Piñera y Bachelet, una Bachelet levantada como una alternativa popular y progresista, había que optar por Bachelet. Ahora el tema es cómo impedir que ese descontento se vaya a opciones populistas de la derecha o de sectores más reaccionarios de la Concertación sino que se canalicen hacia algo progresista y de construcción, algo que va a ser de mediano y largo plazo…La lucha por reconstruir una opción de izquierda de las mayorías sigue siendo de largo plazo pero esta crisis del sistema político y de la concertación puede abrir un primer paso más claro de esa lucha.

¿Hay mejores condiciones para la construcción ahora que en tiempo de Lagos?

Sólo si se logra armar un camino y un proyecto. Pero nos encuentra más mal parados al conjunto de la izquierda, que lo que había al inicio del gobierno de Lagos. La crisis de la Concertación es irreversible. Aunque incluso pueda seguir ganando el gobierno, el nivel de frustración que ha generado en sus bases sociales y también en sus miembros honestos, es bastante notorio, y Lagos yo creo que está bastante quemado ya, por suerte, para volver a atraer a la izquierda.

¿Cuál es el perfil de la nueva directiva?

Nosotros tenemos una Conducción Nacional de 8 personas, una mesa plana, tenemos función pero no tenemos cargo, probablemente yo sea ahí el más viejo…. La mayoría son jóvenes, estudiantes y profesionales. Ellos son Giorgio Boccardo, Víctor Orellana, Alejandra Bottinelli, Luis Reinoso, Cristian Jamett, Claudio Venegas, Leonardo Ponce, M. Sanzana.

¿Una sola mujer en la dirección?

Una sola mujer, así salió. La anterior era paritaria. No hay discriminación ni positiva ni negativa.

Ante los recientes anuncios del ministro Alvaro Rojas junto al gerente de la transnacional Monsanto ampliando los cultivos transgénicos hasta la séptima región, ¿cuál es la opinión de la Surda?

Estamos en contra de los transgénicos, sobre todo porque significan un fortalecimiento de las trasnacionales, por su práctica de patentar la vida, por el comercio monopólico, por su ataque descontrolado e irresponsable a la biodiversidad. En fin, por razones ecológicas, económicas y políticas. Hasta ahora eso estaba parado. La decisión del gobierno es una señal más de las opciones que está tomando la clase política. Y eso también lo vemos en otros conflictos, con temas como la celulosa y las centrales hidroeléctricas. Los sectores campesinos y las comunidades mapuche están fuera de los sectores de punta del modelo, más bien están aislados o lo padecen. En la octava región, los efectos de la planta de Celulosa Itata en el ambiente y en la vitivinicultura ha desencadenado una crisis tremenda.

Por un lado, hay que resistir, pero también hay que construir una alternativa. El no tener una alternativa de desarrollo viable para esa gente y esas comunidades hace más fácil la cooptación por parte de esos grandes capitales aliados con personeros del Estado muchas veces, que llegan con muchas promesas, generando muchas expectativas. Al cabo dos o tres años el resultado es una desestructuración, una crisis social; se destruyen los antiguos lazos, se termina migrando hacia las ciudades, los pueblos mueren, muere una cultura campesina tradicional. Los 18 de septiembre los presidentes van a tomar chicha en cacho, pero la cultura tradicional de Chile está muriendo. Aquí hay un desafío grande para los que quieren transformar este país, no basta con resistir sino que hay que construir una alternativa viable, ese es el desafío.

¿Cuál es la posición de la Surda en el tema mapuche, considerando por una parte el aumento de la represión en los últimos tiempos, y a la vez tomando en cuenta la desconfianza de este pueblo frente a los políticos chilenos y a la izquierda en particular?

La lucha mapuche es una lucha que atañe a los chilenos pero también en última instancia es una lucha que es de ese pueblo y no es la izquierda la que la va a resolver. Hay que construir una alianza con ellos basada en la cooperación, en un diálogo entre sociedades y sobre el tipo de país que queremos construir. Pero la liberación la tienen que hacer los mapuche, yo creo que eso ellos lo tienen super claro y nosotros también. Ellos son una nación distinta a la sociedad chilena y en ese sentido tienen derecho a la autonomía y a la autodeterminación. Otra cosa distinta es que nosotros como país, como chilenos, tenemos que luchar por una sociedad que sea multicultural, y que independientemente de la autonomía que puedan tener, sea una sociedad abierta en la cual distintas nacionalidades, sobre todo los pueblos originarios que viven acá, puedan vivir en forma digna, con respeto y con derechos. Hay dos problemas: cómo construir una sociedad chilena más incluyente, abierta, más dialogante, y cómo los mapuches construyen su propio proyecto, lo cual es su derecho. Y ojalá que se pueda converger en ello. En cuanto a los últimos hechos represivos, aquí se cierra un ciclo con la detención de Huenchunao, pero hay mucha gente joven, y esa lucha va a seguir y los mapuche seguirán buscando nuevos caminos. Al contrario de lo que dijo Harboe de que aquí se termina la historia, aquí sigue la historia, encontrará nuevos cauces, entre los cuales algunos sectores también van a explorar la representación institucional, para no seguir siendo representados por sectores de la Concertación y a veces hasta de la derecha.

¿Por fuera del «Juntos Podemos»?

Nosotros no nos sumamos al Juntos Podemos antes, tampoco lo haremos ahora, pero sí creo que también hay que trabajar con ellos. Son un sector importante. El punto es que hay un 50% y hay un 5%. Nosotros apostamos a ese 50% de los chilenos que se está descomponiendo políticamente, más que al 5%. Pero ese 5% tiene algunas ventajas, tiene gente más formada, tiene más conciencia política, más organización, no es algo que se pueda desechar. Sin embargo la disputa es hacia sectores de masas mayoritarios, la ciudadanía, la sociedad civil; más que dentro de la izquierda, es hacia arriba, con los que dominan. A veces hay que aliarse con algunos sectores que son parte de la clase política, y a veces no.