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La liquidez en el fútbol

Fuentes: Rebelión

El fútbol ha cambiado mucho en los últimos años. Volver a atrás en temas como la sentencia Bosman no tiene sentido en un modelo futbolístico que depende en gran medida de regenerar una y otra vez ingresos  para poder seguir creciendo y alimentando a los dueños del negocio.  Estos últimos, viven parapetados y ocultos tras agencias de colocación que ejercen funciones públicas por delegación.  La falta de control de este tejido federativo ha llevado a que antes de rendir cuentas públicamente ante  las instituciones se pretenda dar marcha a la rueda electoral para así parapetarse ante los posibles debates que pudieran surgir. ¿Cuáles son estos debates o incoherencias del modelo actual del fútbol? Entre Bauhman, Valdano, Maus y Vicente del Bosque encontraremos un término medio para seguir hablando de realidad y de los dones que nos trae el esférico a diario.  

                Decía Zygmunt Bauman en lo relativo al amor que  “Lo que antes era un proyecto para “toda la vida” hoy se ha convertido en un atributo del momento”. Así expresaba dentro de su obra “el amor liquido” como el presente era voluble y variaba sin apenas adoptar formas estables en el tiempo. Este tipo de análisis se puede transformar sin miedo en el sentimiento que desde el territorio vizcaíno se tiende a tener hacia la federación vasca en los últimos años. Los presidentes apenas duran. Sobre todo cuando osan  poner en valor al fútbol vasco como referente y son vilipendiados o trasladados a otras dependencias cuando tratan de impulsar una visión conjunta del mismo. Así las selecciones vascas, las ligas amparadas en el marco vasco de competición y el modelo subvencional sufren una y otra vez las iras del poder territorial. El marco de un deporte, un pueblo y una ordenación se convierte casi al instante en agua de borrajas.

                Hace no tanto, el fútbol de las oportunidades prometía más igualdad para modalidades pequeñas, deporte femenino y escolar pero se ha quedado en un modelo donde la testosterona y las agallas se imponen por la vía de los hechos a los debates verdaderos.   La reprimenda al control asambleario y su reducción solo es un método para imponer un modelo al fútbol vasco donde este tenga poco o nada que decir. Así las bravuconadas  y el carácter solo pueden traer más desigualdad y menos justicia a un modelo anclado en tiempos pretéritos donde se aplasta a los pequeños sin remedio.

                El fútbol es un ejemplo nítido de lo que hoy en día es la sociedad de consumo. En ella la cultura y las filosofías de “andar por casa” suenan obsoletas a la par que hermosas en función de quién esté en ese momento en posesión de la makila. Se convierte en producto aquello que se identifica con el éxito y aquí el balón pequeño tiene escaso recorrido por desgracia. Además, si convertimos lugares que son de todos en “la cena de Nochevieja de cada año”, estaremos ante un modelo donde prima el reparto y no existe el control real. Ante esto, ¿tendrán las instituciones públicas que revelarse y reivindicar igualdad y transparencia? El miedo es un factor determinante a la hora de taparse los ojos ante la implementación de este tipo de modelos. Eso sí, no podemos olvidar que hoy uno tiene la makila y el control y otro mañana se hace con ella y sigue en el mismo lugar sentado con las mismas capacidades. Apostar a corto plazo puede salir caro a medio y largo plazo.  

                Decía Vicente del Bosque que “El éxito sin honor es el mayor de los fracasos”. No le faltaba razón. A pesar de esto, está claro que cuando se crea una red asistencialista alrededor de una  sociedad de consumo necesitada, las posibilidades de que alguien alce la voz son escasas. El miedo es libre. La capacidad de llegar a acuerdos con los que son diferentes también lo es. En cualquier caso, lo que hoy parece inevitable puede convertirse en perpetuo y con el tiempo en incontrolable. Si alzar la voz implica quedarse fuera, es importante perder el miedo, ya que el bien común debe estar siempre por encima de las pretensiones individuales de cada persona.  

                Es momento de volver a decir alto y claro que lo cambios son necesarios y que estaremos con todos aquellos que nos acompañen en este debate. Habrá quienes prefieran mantenerse en su estatus pero no lo estarán haciendo por el fútbol, lo estarán haciendo por mantener la justicia futbolera embotada.  A corto plazo les puede ir bien pero a medio plazo estarán enfilando la rampa de salida pues nuestro movimiento ha venido para quedarse.

Ibon Cabo Itoiz, Presidente del comité vasco de fútbol sala


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