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En defensa del catastrofismo

La miseria de la economia de izquierda

Fuentes: Rebelión

U n artículo reciente de Claudio Katz (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=57310) alega que la posición ‘catastrofista’ del Partido Obrero lo lleva a «desecha(r) por completo la posibilidad de obtener mejoras sustanciales bajo el capitalismo… (porque) estima que estos logros son incompatibles con el carácter catastrófico de la época actual y, por eso (el PO), presenta al derrumbe del […]

U n artículo reciente de Claudio Katz (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=57310) alega que la posición ‘catastrofista’ del Partido Obrero lo lleva a «desecha(r) por completo la posibilidad de obtener mejoras sustanciales bajo el capitalismo… (porque) estima que estos logros son incompatibles con el carácter catastrófico de la época actual y, por eso (el PO), presenta al derrumbe del capitalismo como el dato dominante del siglo XXI e identifica cualquier desequilibrio con la implosión del sistema… (lo) que le impide mensurar la dimensión de cada crisis». Curiosamente, el texto en cuestión lleva de título «La crisis del reformismo» (1).

Katz naturalmente miente. Por un lado, porque el PO es el autor de la iniciativa parlamentaria de reducción de la jornada laboral en el subte sin afectar el salario (una de las pocas mejoras reales que haya obtenido la clase obrera en algún par de décadas, y esto en el punto más alto de la real catástrofe de 2002). Lo mismo se puede decir de la lucha de los desocupados y de la conquista de los subsidios al desempleo y a otra infinita cantidad de reivindicaciones y conquistas. Pero, por otro lado, el mismo economista se equivoca fiero cuando acusa al PO de interpretar ‘catastróficamente’ cualquier ‘desequilibrio’ del sistema, ocultando a sus lectores que el PO previó o pronosticó la catástrofe de 2001, que se manifestó en una completa paralización de la sociedad capitalista y en un levantamiento popular, cuando el resto ni preveía este desenlace o lo sumo intuía un futuro «desequilibrio». Suponemos que cuando Katz habla de «cualquier desequilibrio» del capitalismo, o sea de incidentes de ruta en lugar de la crisis de un régimen social, lo hace porque antes completó su trabajo de ajustar sus cuentas con el marxismo.

La expresión ‘negligé’, «cualquier desequilibrio» delata a una defensor ideológico del capitalismo. Al menos desde el punto de vista marxista, los llamados ‘desequilibrios’ son manifestaciones de contradicciones insuperables del capitalismo, que obligadamente se desarrollan en una forma tendencial. Lo contrario es un lugar común, porque el ‘desequilibrio’ es una forma de existencia del ‘equilibrio’, lo cual explica «por qué el capitalismo se mantiene en pie…». Al economista sólo le importa esto: que al cabo de crisis, catástrofes, guerras y revoluciones… «el capitalismo se mantiene en pie». No es casual que quien ha reemplazado la labor de la crítica por la justificación de los hechos consumados, haya sido solicitado alguna vez como ‘ministro de Economía’ y de trotamundos económico de cualquier agrupamiento que busque justificar su propia declinación.

Siempre a guisa de introducción, es necesario señalar que el economista de marras y también una cohorte que le hace eco ofreció como salida a la catástrofe de 2001-02, no con un ‘capitalismo que seguiría en pie’ sino con los «clubes de canje», que fueron presentados como un sistema que abolía el cambio desigual y la moneda. El economista era incapaz de reconocer una catástrofe del capital, en términos teóricos, pero ofrecía, como seguidista de los hechos consumados que no alcanzaba a entender un retroceso social sin precedentes en la historia, un esquema que, mucho antes que a él, se le había ocurrido a Proudhon; Katz recuperaba como una conquista a «la filosofía de la miseria». El profesor del gradualismo y de las ‘pequeñas conquistas’ nos invitaba a coexistir con la catástrofe, o sea con la pérdida definitiva de cualquier conquista.

Es de algún interés hacer notar que la crítica de Katz repite, de un modo casi literal, una sentencia de Eduard Bernstein, el conocido dirigente socialista alemán de fines del siglo XIX: «Me opongo a la caracterización de que nos encontramos frente a un colapso de la sociedad burguesa y a que determinemos nuestra política en función de la perspectiva de tal catástrofe próxima». Se trata de una coincidencia que amerita una reflexión y brinda la oportunidad de examinar algunos problemas claves. Eduard Bernstein fue el fundador del llamado «revisionismo» y el teórico del reformismo. Planteó la necesidad de abandonar la perspectiva de la revolución proletaria por «propuestas positivas de reforma» del capitalismo. Bernstein cuestionaba, al igual que Katz, la tesis central de Marx sobre la tendencia histórica irreversible al derrumbe del capital (2).