«A veces me inclino a pensar que mucha de nuestra gente está usando esa palabra “revolución” con descuido, sin considerar cuidadosamente lo que significa realmente esa palabra y cuáles son sus características históricas[1].» -Malcolm X
En Esmeraldas hay dos estaciones: húmeda y seca. Es el equivalente inexacto a invierno y verano. En ese invierno de por acá (o por allá), según donde esté, cuando la intensidad del brillo del sol parece no tener límites, se suele decir es “es sol de agua”. La paradoja climática lo vale, porque más tarde llueve con parecida magnitud física. Así de paradójico es el Gobierno de D. Noboa. ¿Ganó? con el 56,13 % de los votos. (¿Ganó?, valgan las dudas). Esa votación sólida se está convirtiendo en un asqueante y espeso salivazo, en seis meses. Cónchale, qué fantástico desperdicio de esa generosidad electoral de la gente ecuatoriana. No es ineptitud, a pesar de las evidencias, es mucho más que eso, es apropiarse sin reparos de los bienes públicos a la ganga. ¿Quiénes? La plutocracia gobernante. Y angurrienta. La estructura gobernante es muy parecida, tanto que parece copia de alta fidelidad, a una plantación.
La pregunta es por esa nube de malos augurios que está por allá. Este jazzman renuncia a la analogía ‘es como’ y quizás no es ‘una’ son varias nubes densas y con parecidos funestos presagios. Es el desafiante pesimismo político para la muchedumbre zurda. Pregunta al corazón de la rabia: ¿cómo se derrumbó Ecuador en poquísimo tiempo? Las ruinas no solo son metáforas didácticas. Es la economía estatal y poblacional arruinada. Es la tranquilidad social desaparecida, en no pocas ciudades. Y dándole más vueltas a estas desdichas. Muchas familias deben gastar en la seguridad física de sus miembros: contratar transporte (y guardaespaldas), rígido horario de encierro domiciliario, escape súbito -por las extorsiones- a otras ciudades, venta desesperada de bienes para huir y no regresar. (Solo queda encomendarse al santo de devoción, porque no hay otra). Tiempos mínimos para abrirse a las ventas abarroterías y almacenes. Y son decenas que cierran de manera definitiva, venden por entregas a clientela fija o en días alternados. Ninguna o casi ninguna oferta de empleo en el sector público o en el privado. ¿Y el sistema de salud público? Pregunte a la señora Vicepresidenta (lleve protector auditivo, por los gritos). ¿Y las carreteras? ¿Y la industria petrolera? ¿Y la inversión pública o privada? Son preguntas que tienen su filón académico o mejor, se explican por la dureza hostil de la calle. Sociología de barrio dentro para resumir el chorro de dificultades: “la fregantina va para largo”. ¿Qué diablos está ocurriendo en Ecuador para que la vida de las mayorías sea un calvario incesante? No, no y no es un país de carencias naturales, o azotado por climas hostiles. No. Hay más, por estos días servidores públicos, mujeres y hombres, de esta administración mangoneada por esta plutocracia prefieren el silencio de los sepulcros. (De los vivos). El despido es amenaza constante.
La derecha oligárquica aprovecha, y muy bien, para obtener desmedidas ganancias económicas y políticas, tremendos beneficios en esta vorágine social del Ecuador. La pequeña derecha sentimental y caminante solo sirve, aparte del apoyo electoral, para defender esos privilegios ajenos. ¡Qué afrenta! De los descalabros económicos culpa, con los coros habituales, a la izquierda o más exactamente al correísmo. Hay quienes buscamos algún análisis satisfactorio en la cultura de las esquinas barriales, ahí donde las explicaciones de un partido de fútbol producen mayor volumen de convencimiento y es proverbial el cool de las conversaciones. ¿Qué te dicen por fuera de los manuales académicos? Resumen: ‘descalabro sentimental de las masas populares’. ‘Inversión semántica de lo que significa gestión política de lo público’. ‘Ingenuidad increíble para halagar electoramente a esta gente de las ciudadelas exclusivas (y excluyentes)’. Esta es mía: apoliticismo de noche mala y prolongada. O quizás es sublime destrucción política de la materialización de los anteriores triunfos ciudadanos. Este jazzman es de aquellos que creen que no hay mal que dure tantos años ni mentira que resista el tonelaje de verdades históricas de las izquierdas. Tal vez.
A pesar de los despistes colectivos motivados por la agenciosa coprofilia mediática, la recuperación política debería comenzar por ciudadanizar a la ciudadanía. No es muy fácil, porque las aventajadas, aunque envejecidas potencias, las que sean y como sean, se han unido en santa alianza para impedir que la gente de barriadas y comunidades tenga prolongados respiros económicos. (Parafraseando el comienzo de aquel librito imprescindible). Está en nuestros izquierdismos, light o cimarrón, re-politizar la política con nuestros asaltos a los cielos imposibles para que se entienda su esencia conceptual: los ascensos graduales a mejores condiciones económicas, por los medios necesarios; eso fue y es politicismo práctico y cotidiano. Re-politizar las narrativas es entender y enfrentar todas las formas de opresión, aun si son sutiles, para los gustos revolucionarios. Por ejemplo, el racismo. Pero cuando, a pesar de la abundancia de razones, faltan las palabras precisas, entonces hay que formular preguntas disparatadas, pero correctas para este ambiente impolítico[2], perturbado por una excepcionalidad emocional. Otra vez, esta izquierda nuestra de cada día es derrotada en los combates cognitivos. O sea en la actividad mental decisoria de amplios segmentos del electorado ecuatoriano. Y americano también, no olvidemos. Además habrá que incluir una cuota de intensa irreflexión para prolongar esta obstinada y bien diseñada polarización favorable al conservadurismo político. No sé quién grafiteó, en alguna ciudad americana: no son las respuestas sino las preguntas que causan revoluciones. O al menos, como está la situación favorable a cualquier contrarrevolución, ayudan en los procesos espartaquistas. La contrarrevolución “no confía ni un tantico así, nada, en las teorías revolucionarias”, vea usted, le dieron la vuelta al mandato preventivo che-guevarista. Y eso que las desvalorizan o se burlan con chistes idiotas.
Y la preguntas, ¿cuáles serían? Esas que se aproximen al núcleo caliente y motivador de conversas, discusiones esquineras, en bares, universidades, sindicatos y hasta en las familiares. De esas preguntas se originarán conversatorios radicales y de colores rebeldes, por ejemplo: ¿cómo se entiende la democracia en Ecuador? ¿Cómo así se acepta unas ganancias económicas desmedidas de pocos y una mala vida para muchos? ¿Por qué, diablos, no hablar de política cuando las desgracias de la ciudadanía son políticas? ¿Acaso política es desecho sociológico de plantación bananera o para celebrar los eructos de satisfacción de la plutocracia ecuatoriana? Izquierdas menos académicas y más de barrio adentro. Menos para las disquisiciones intelectuales y más para el cimarronismo en resistencia. Menos elegancia verbal y más constancia radical. Y será hasta la victoria siempre. Sin dudas, por favor.
Nota sobre el
título: Frase icónica de la juventud parisina de 1968, fue escrita en Censier,
estación del metro.
[1] Habla Malcolm X. Discursos, entrevistas y declaraciones, Editorial Pathfinder, Nueva York, 1993, p. 32.
[2] Este jazzman no se refiere a la descortesía o a lo inoportuno de alguna actuación, quizás sí, pero más que todo es a la negación tenas y difundida de cualquier gestión política para el avance social. Es frecuente escuchar frases como: “esto no es político” mientras se discute, el tema de la violencia en Ecuador. O “yo no soy político” para denunciar el pésimo sistema de salud de nuestro país. Y así por el estilo.
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