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La pandemia y situación política

Fuentes: Rebelión

Ha quedado muy claro que los últimos seis meses, en cuanto a la pandemia del Covid-19, ha sido una crónica de una muerte anunciada, es decir de un desastre sanitario que se incubo, maduro y ha comenzado a dar muestras de sus brutales efectos.

El gobierno de Piñera una vez más ha demostrado su profunda incompetencia, tanto en el ámbito administrativo (planificación, dirección y gestión) como en el político, con lo que se ha convertido en una amenaza real para el pueblo trabajador.  

En el ámbito administrativo, fracasó en prepararse para evitar el colapso del sistema de salud; fracasó en contener la pandemia; manipuló las estadísticas de forma evidente; ocultó fallecimientos; ha cambiado la forma estadística a su antojo, etc. y la lista es larga.

En lo político no ha logrado se forma clara implementar una política sanitaria coherente. Las divisiones internas son evidentes, al punto de dejar al Ministro de Salud sólo, por su inefable personalidad, ante la crisis, mientras los otros ministros toman palco. Este zigzagueo permanente de la línea política, no les ayudó a encontrar un apoyo incondicional entre su sector político. Es público el apoyo condicional de una dividida RN y una debilitada UDI, que no han logrado ni logrará ser un puente adecuado para establecer acuerdos políticos con una oposición condescendiente y timorata.

A Piñera le está pasando la cuenta una vez más, su característica de gobierno de reacción, por lo que su tendencia de llegar siempre tarde y mal a las coyunturas, se ha repetido (y se seguirá repitiendo) con los consiguientes efectos socio-políticos en la población.

Se pretendió instalar la idea en contexto de pandemia de un gobierno proactivo y anticipatorio, pero este influjo de un segundo aire, tuvo que lidiar con la indecisión manifiesta de una administración gastada, con la deslegitimación popular y la nula credibilidad ciudadana que arrastraba desde Octubre, lo que determinó que su margen de acción se limitó a dar muestras de una anticipación que nunca tuvo y una capacidad de gestión que le ha sido desconocida, que en vez de elevarlo a un lugar de dirección, lo hunde cada día más. Ejemplo de lo señalado es el caso de las cajas de ayuda, protocolo incluido.

Pero; ¿Cómo se entiende que esta crisis sanitaria, no haya provocado aún un estallido social?

La situación política y la lucha de clases.

La burguesía está preocupada, pero atenta a cualquier acción de la clase trabajadora que coloque en jaque su gestión política y ha recurrido a cualquier instrumento (gubernamental o no) para mantener el control social. Asustada por la crisis profunda que sufre el régimen, como lo hemos señalado en los documentos anteriores, no ha podido aunar criterios mínimos entre sus sectores debido a los intereses contrastantes.

Mientras ve como las instituciones del régimen se revuelcan en su propia descomposición, ha recurrido, sin ninguna confianza, a lo que tiene a mano; un gobierno incompetente, pero con una capacidad de mentir por sobre lo normal, que le ha permitido cumplir con sus objetivos básicos, a saber;

a.- Que, tanto la crisis económica como la sanitaria la paguen los trabajadores, por medio de la cesantía, suspensión laboral y pobreza.

b.- Que proteja el capital en sus manos, es decir las AFP. Fuente de dividendos que le surten grandes ganancias. Al mismo, tiempo le ha transferido gran parte del capital del estado a los grandes grupos económicos, léase bancos, supermercados y clínicas, otorgándole la liquidez necesaria para el momento.

 c.- Que se mantenga el control social, no obstante, pequeños brotes de ira ciudadana. Esta es la reedición de la vieja política de la zanahoria y el garrote, que se complementa con la entrega de cajas de alimentos a la población.

Para ello, han apoyado al gobierno que ha recurrido a;

a.- La desinformación descarada de los medios de comunicación, especialmente los canales de televisión, la prensa y los periódicos. Dando la nota, quizá más alta, el canal 13 de Lucksic.

b.- La condescendencia de la oposición burguesa y pequeño burguesa.

c.- Criminalización constante de la protesta social.

Esto ha determinado que el gobierno, que por ahora cuenta con el apoyo condicional de la gran burguesía (ya que ésta, no dudaría en dejarlo caer si la situación política se volviera a colocar compleja), se siga sintiendo débil e incapaz de emprender políticas a largo plazo (hasta el término de su periodo), por lo que sus movimientos son focalizados, puntuales y timoratos, no obstante, lo rimbombante de sus comunicados.

Esta característica de gobierno de reacción está instalada desde el primer día y es producto de la coyuntura política en que llega al poder. Cualquier gobierno con un 20% de apoyo, en su interior se siente inseguro y zigzagueante. Si, ha esto, le sumamos la oposición popular y el estallido social, este gobierno pisa un cristal demasiado delgado. El sentimiento de deslegitimación política se plasma y profundiza en los sucesivos errores comunicacionales; en la lejanía del pueblo que gobierna; en la prepotencia y arrogancia con cual expresa las políticas aplicadas; etc., lo que sólo ayuda a acumular presión social.

Mientras la oposición burguesa y pequeño burguesa, consciente de estar sentado en una olla a presión, observa y se reconoce incompetente, sus “patrones” le han dado su apoyo a Piñera vía Juan Sutil, presidente de la CPC[i], por lo que les han atado sus manos. Exceptuando algún político que se expresa de forma independiente, la mayoría abrumadora, siente que debe obedecer a sus financistas (Lucksic, Angelini, Said, etc.).

Sin embargo, esta actitud timorata de la oposición no está dispuesta a un apoyo abierto y explícito al gobierno. Saben que Piñera se hunde día a día y quieren reservarse como alternativa, lo cual la burguesía ha aceptado. No obstante, esta ha querido quemar los últimos tiros para convencer a estos “seudo díscolos”, es decir recurrir al inefable Ricardo Lagos, como último recurso y ejemplo de la búsqueda de la unidad nacional.

El llamado al Acuerdo Nacional un síntoma más de la debilidad política del gobierno.

Este llamado hecho por el gobierno a un “gran acuerdo nacional”, sólo demostró una vez más su debilidad y el estrecho margen de acción que tiene. Esta situación lo ha limitado a querer administrar una crisis que se le viene cada día peor, ya que sus proyectos los había abandonado en octubre.

Sólo luego del fiasco de esta pretensión grandilocuente, que terminó transformándose en una comisión de hacienda, se sintió en la necesidad de ceder a la presión de RN para poder estar en el comité político que toma las decisiones. Mario Desbordes, presidente de RN, sabe que no podrá influir mayormente en las decisiones, pero, por lo menos, tendrá información de primera mano. Es esto lo que significó el cambio de gabinete del viernes 5 de junio, una muestra más de la debilidad de Piñera, del bonapartismo frustrado o de la derrota del gerencismo empresarial.

Mientras la UDI toma palco incómodo y ve como su incompetente ministra de la mujer, Macarena Santelices sale del gobierno y es reemplazada por su correligionaria Mónica Zalaquett, busca la forma de evitar seguir debilitando su posición en el gobierno. La UDI ha visto como mes a mes se debilita su posición en el gobierno; con un Piñera pretendiendo fortalecer su acción bonapartista entre los partidos de la derecha carentes de iniciativas y condenados al seguidismo de una administración que da profundas muestras de descomposición; con casi nula influencia en los rumbos del gobierno, aunque se especule que con Claudio Alvarado pueda cambiar la situación. Estos no se hacen ilusiones ya que Piñera pretende ocupar las redes de Alvarado para llevar a cabo su diseño político que realiza con Larroulet y Chadwick; y, por último, la fuerte carga política que está acumulando y que sabe que tendrá que pagar en las elecciones que se avecinan. Todo esto cohíben a la UDI de extender abiertamente sus pretensiones políticas, ya que sabe que Piñera los usa para presentarse con un cariz más negociador y empático, ante la arremetida insensible y arrogante de los discípulos de Guzmán.

Este accionar pragmático de Piñera se refleja claramente en la mantención de Mañalich como ministro, cuando ha dado muestras de su incapacidad manifiesta. La pregunta es ¿por qué lo mantiene? No es por su afán autoritario ni menos su capacidad de estadista. Piñera sabe que en el momento que remueva de su cargo a Mañalich, todos los dardos irán directamente a él. Hasta el momento ha sabido ganarse el odio de amplios sectores de la población que, al salir a diario a enfrentar los costos políticos de una estrategia fracasada, a invisibilizado a Piñera. Extrañamente lo ha desconectado del fracaso y sólo él, es visto de forma simplista como el responsable.

Sin duda, el inefable ministro es un cadáver político, que cuan Franco Nero Piñera arrastra por el desierto en un ataúd cargado de fracasos, pero que aún le sirve, ya que todos las críticas y golpes los sigue recibiendo eficientemente, aunque el desgaste se le note y más de alguna vez haya puesto su renuncia en el escritorio, sigue haciendo el trabajo de sacar de escena a un debilitado presidente.

En el diseño pragmático de Piñera lo está guardando para cuando la situación se haga más compleja o explote. Porque de alguna forma esto va a “explotar”. Lo pretende como su moneda de cambio a utilizar ante la presión de las masas. Pero otra vez se equivocará Piñera, porque si la explosión social se produce será cuando el factor sanitario pase a un segundo plano y la crisis política sea por la situación social, que aúne las crisis sanitaria, la falta de empleo y alimentos y la carencia de políticas de parte del gobierno.

La pequeña burguesía y su inacción.

Por su parte, la pequeña burguesía que es una clase social zigzagueante por naturaleza, se encuentra a la expectativa; entre la política autoconservadora de la burguesía que la ha desplazado de la atención política y el letargo explosivo de la clase trabajadora.

Como dijimos, en el documento anterior, la “salvación” económica que el gobierno implemento vía los bancos comerciales, o llegó a un mínimo porcentaje o simplemente nunca les llegó. Tampoco da muestra de acelerar el ejecutivo, la anunciada segunda solución o la variación de la primera que iba a ser una ayuda económica más directa. Como sea, esta clase social caracterizada por su individualismo, su arribismo y sus casi permanentes pretensiones empresariales, ve como hoy comparte la incertidumbre de los trabajadores. Y al igual que aquellos, claman por un salvataje estatal, que el gobierno ha derivado hacia la burguesía financiera.

Por su parte, la pequeña burguesía “ideológica”, es segmento de la clase trabajadora que gracias a sus altos salarios se obnubila con pretensiones desclasadas, especialmente los que pertenecen al sector de profesiones liberales o derechamente burócratas fiscales de alto vuelo, goza hasta ahora de una situación más estable, pero ha vuelto a ocupar su histórico sitial de colchón social que pretende contener al sector mayoritario que quiere evitar la proletarización.

La dependencia del estado, le permite respirar con mayor tranquilidad, léase estabilidad laboral, pero el gobierno desea por todos los medios evitar que este sector haga causa común con los trabajadores, le recuerda insistentemente que puede precarizar su situación, aunque no directamente. Para preocuparlos indirectamente utiliza a los profesionales a honorarios, para mantener viva la imagen de la inestabilidad social. Por otro lado, la pandemia le ha servido al gobierno, para presionar a los empleados públicos y tratar de aislarlos de las masas, como ataque velado a la organización más grande del país.

Ambos segmentos de esta clase en silencio mastican la rabia ante un gobierno ajeno e insensible a sus necesidades, uno por trabar su desarrollo profesional con la casta inepta de funcionarios políticos que ubican por cuoteo y la otro segmento vive temeroso de ser expuesto a un virus que potencialmente puede ser mortal en un empleo mal pagado.

Ambos sectores viven aterrados por la perspectiva de caer a un estado de incertidumbre y una potencial pobreza, de la que más de alguno viene escapando, tras los años de universidad o esfuerzo empresarial, se mantiene en una inacción expectante.

Es esta misma inacción de clase, la que provoca la indecisión política de sus representantes. Tanto el Frente Amplio (FA) como el PC, se dirimen entre una oposición expectante y una oposición timorata.

El FA insiste en avocarse en la parte más administrativa que política del trabajo parlamentario, lo que se manifiesta en preocuparse de los sueldos, puestos políticos y/o componendas varias, olvidándose del problema del poder, subsumido en una cristalización de su accionar de oposición. Situación que está en la esencia de su proyecto político, que es el mostrarse como un mejor administrador del modelo económico empresarial vigente, apelando a que los recursos alcanzan no sólo para el sector empresarial, sino para las necesidades básicas de la población.

Mientras el PC, esclavizado por su vinculación al sistema político vigente y al modelo keynesiano al cual le sigue rindiendo pleitesía, se centra en fortalecer el rol empresarial del estado, evitando por todos los medios cualquier lineamiento de carácter socialista, ya que lo condenaría a una exclusión política que recibiría con un sentimiento culposo. Los años de segregación política lo condenaron a fortalecer la costra burocrática histórica que se niega a abandonar sus prebendas socio-económicas que la participación en el sistema político le ha otorgado. Costra burocrática que ha levantado un programa político muy lejano a las necesidades de los trabajadores, más se acercan a las pretensiones de la pequeña burguesía empresarial e ideológica, que busca utilizar al estado como proveedor de capital para empresas locales o comunales.

Los trabajadores y la situación política pre revolucionaria.

La clase trabajadora no es homogénea en su condición económica ni social, por lo tanto, menos podría ser en su acción política. Su amplitud cobija desde una “pequeña burguesía ideológica” y/o “aristocracia” obrera hasta un sector marginal y lumpen, cuya característica es la extremada inestabilidad económica, carencia de trabajo contratado, dependencia de la beneficencia y/o estado y, ante su desmedro económico, recurre a un accionar delincuencial. Entre ambos extremos se encuentra toda una gama de trabajadores contratados, eventuales, independientes y a honorarios, que responderán, de acuerdo, a sus intereses cortoplacistas a una coyuntura política dada.

Esta heterogeneidad socio-económica se expresa en su conducta política de acuerdo a nivel de conciencia y educación clasista. Es este nivel de educación de clase, la que los últimos 40 años ha sido modificado por el neoliberalismo individualista y empresarial. Tuvieron que pasar 25 a 30 años de lucha contra la corriente que las grandes organizaciones de trabajadores estatales y docentes, para que el proceso tuviera una reversión. Esto debido a que al mismo tiempo que padres y abuelos enfrentaban año a año al neoliberalismo, de forma indirecta se fue gestando en sus familias una construcción de conciencia social, lenta pero constante, expresado en los diversos movimientos filo políticos tales como; estudiantiles, animalistas, auto gestionadores, ecologistas, etc. y otros menos políticos como las tribus urbanas donde jóvenes canalizaban su constante búsqueda de identidad.

Estas características propias de los primeros 20 años del siglo XXI, nos permiten entender como en una situación de descomposición profunda del régimen político democrático burgués con tintes bonapartistas y una crisis prerrevolucionaria, la situación se encuentra congelada.

Ante la pandemia resurgió el individualismo instintivo de sobrevivencia. No importó la inoperancia de las políticas de gobierno, que indicaban que se iba a un desastre anunciado, los que pudieron se quedaron en casa, acaparando mercaderías y culpando a los demás del avance del Covid-19. Los otros obligados a trabajar fueron tierra abonada para que se extendiera el virus.

Esto determinó un reflujo del movimiento social, que había alcanzado niveles gigantescos con la marcha del 8 de Marzo. Reflujo que tomó la forma de encapsulamiento de grupos sociales o sectores de trabajadores en sus barrios, olvidando la condición de los demás o rindiéndose a una eventual incapacidad de acción. Es en este momento en que el gobierno logró sus mejores números de apoyo un 15%. Sin embargo, este apoyo es efímero. Sus políticas mal publicitadas, a destiempo y/o pobremente ejecutadas, demuestran que su accionar continúa siendo reactivo. No logra tomar la iniciativa. Todo proyecto que pretende levantar, se le cae. Situación que comienza a abrir la perspectiva a sectores políticos que buscan construir salidas colectivas; exigen canastas para todos, “tomas” de terrenos porque no pueden seguir pagando los arriendos, enfrentamientos con las fuerzas represivas, etc. 

Mientras tanto, el gobierno no logra tomar la iniciativa y es porque la burguesía no ha podido dotarse de un proyecto político de mediano plazo que le permita seguir explotando a los trabajadores de la forma que lo ha hecho durante el neoliberalismo. Esto porque entiende que la oposición popular al modelo es transversal, pero con una debilidad importante, aún no tiene un programa alternativo.

Es decir, la burguesía no puede, seguir imponiendo el modelo neoliberal a ultranza (y tendrá que ceder a modificarlo) y los trabajadores no quieren arriesgarse a imponer uno distinto que les es desconocido.

Pero, cabe preguntarse ¿los trabajadores tienen un proyecto distinto? La respuesta es no. Tienen el históricos que es el socialista, pero no existe el nivel de conciencia generalizado, aportado por una educación clasista, aprendida en décadas de lucha social y sindical para llevarlo a cabo, donde se aprende la solidaridad y fraternidad de clase. Hoy esta conciencia revolucionaria, se gesta lenta pero inexorablemente en la lucha y la solidaridad, mediante el actuar consciente de militantes de base de grupos socialistas revolucionarios.

Entonces, ¿Qué es lo que estamos viviendo? y ¿Hasta dónde puede llegar esta crisis?

Como hemos señalado es una crisis del régimen democrático burgués con tintes bonapartista, que es la traducción política del dominio absoluto de la burguesía financiera exportadora del sistema político, que entró en crisis por las movilizaciones sociales. Y llegará hasta los límites de una revolución democrática conducida por una pequeña burguesía timorata y negociadora, siempre y cuando el movimiento de masas lo empuje con fuerza y decisión.

Es aquí donde la pequeña burguesía se siente cohibida. Como en Octubre del año pasado, donde el accionar G. Boric, es ejemplificador, este corrió para sentarse a la mesa del acuerdo nacional que pretendía salvar el régimen y el gobierno de Piñera. Por su parte, el FA se descomponía por las contradicciones de clase y el PC para evitar su quiebre definitivo entre la burocracia y la base, no firma. Pero ambos no tuvieron la decisión de oponerse con fuerza a este acuerdo, por el peligro de su desafección del sistema político.

Hacia una política revolucionaria.

Pero, ¿es posible que las masas empujen esta crisis a una salida socialista revolucionaria? La respuesta a esta pregunta siempre debe ser abierta. Siempre cabe la posibilidad, cuando la movilización de masas es clasista y existe un PARTIDO REVOLUCIONARIO.

Los movimientos sociales por sí solos, nunca contienen un sólo proyecto político, es una amalgama de contradicciones de clases que se mantienen unido debido al enemigo de turno, no al proyecto. En términos político al programa. En cambio, el partido revolucionario férreamente unido y militante, debe su accionar a una jerarquización de principios basados en las necesidades históricas de las clases social a la cual representa.

Es esta, una de las causas del por qué hoy la situación política, ante tamaña crisis, se mantiene congelada. Las diversas expresiones del movimiento social eran transversales y se mantenían unidas en post de un enemigo en común, el neoliberalismo, expresado en el gobierno de Piñera.

Dicho movimiento ante la pandemia, como hemos señalado se desgranó y tendió a atrincherarse en sus principios individualistas. Mientras tanto, el sector más combativo se ha volcado a la solidaridad de clase. Trastocó la calle por la olla común. Pero, lo que no se dio cuenta, es que su acción política en la ofensiva de Octubre, estaba cargada de incitativa y empuje, en la actualidad había cedido el paso a una política defensiva y auto gestionante. Línea de acción conocida y cómoda porque muchos de ellos, había nacido a la vida política en dichas condiciones.

Sin duda, este reflujo político organizativo de la izquierda socialista revolucionaria, determina un adecuamiento al nivel de conciencia y afectación de las masas, pero a la vez se convierte en un refugio socio político ante el tamaño desafío que es el enfrentar a un gobierno en tiempos de pandemia.

Este reflujo debe ser temporal y servir para aquilatar el sentimiento revolucionario de las masas. Ahondar la crisis que representa el abismo entre; Piñera y el pueblo; la oposición al gobierno y al modelo, pero a la vez debe ser un momento fundamental para construir el programa y la organización política revolucionaria. Este entretejido de organizaciones solidarias debe ser una escuela política para quienes quieren resolver el problema de fondo, no para quienes quieran una cristalización de la pobreza mediante la caridad.

Hoy se necesita empleo y el emplazamiento debe ser directo a los gobiernos locales, que deben ser democratizados con representación de los diversos barrios y sindicatos de fábricas que existan, en el contexto de la ¡Renuncia de Piñera! como factor fundamental de la revolución democrática.

Por un emplazamiento al gobierno de Piñera para que dimita y asuma uno que esté dispuesto a nacionalizar los capitales de las AFP.

Plan de obras públicas en base a los capitales de las AFP y a un impuesto a las grandes fortunas

Implementar una ley que obligue a los grupos económicos a reingresar al país sus inversiones en el extranjero.

Imponer un impuesto permanente a las grandes fortunas.

Extracción de 1 millón y medio de la cuenta de cada trabajador desde las AFP a cargo de las utilidades de las empresas.

Por un ingreso mínimo nacional permanente mientras dure la crisis económica

Escala móvil de salario y empleo



1/ Confederación de la Producción y el Comercio.