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La Payita: Valor y lealtad de mujer

Fuentes: Punto Final

Pocas veces en la historia de Chile una mujer ha sido tan injuriada como Miria Contreras Bell, la Payita. La saña contra ella solo es comparable a la que emplearon Casimiro Marcó del Pont, el capitán San Bruno y sus sicarios, contra las mujeres que lucharon por la independencia de Chile. Le asesinaron a un […]

Pocas veces en la historia de Chile una mujer ha sido tan injuriada como Miria Contreras Bell, la Payita. La saña contra ella solo es comparable a la que emplearon Casimiro Marcó del Pont, el capitán San Bruno y sus sicarios, contra las mujeres que lucharon por la independencia de Chile.

Le asesinaron a un hijo; fue perseguida de modo implacable y hasta se puso precio a su cabeza; se usaron todos los medios de comunicación para denigrarla y alguien cometió la felonía de usarla como grotesco personaje de una novela. Pero nada, ni nadie, logró humillarla ni quitarle nobleza y dignidad.

Miria Contreras Bell nació en 1928 en Taltal, hija de José Angel Contreras, abogado, radical y masón. Estudió interna en el colegio de las Monjas Alemanas, del barrio Bellavista en Santiago. Terminó la enseñanza media y entró a trabajar por la mala situación de su casa y peor salud de sus padres. Conoció al ingeniero Enrique Ropert Gallet y se casó a los veintidós años. Cuando el matrimonio decidió comprar casa, eligió una en la calle Jorge Isaacs, casi esquina de Guardia Vieja, contigua a la de Salvador Allende, en la comuna de Providencia. Buenos vecinos, unieron por los patios las casas abriendo una puerta medianera.

Todo el mundo la llamaba Payita. Comenzó a trabajar con Salvador Allende en 1964. Elegido presidente, fue su secretaria privada y la consejera más cercana. Su figura se acrecentó en la Unidad Popular al manejar en el palacio de La Moneda los vínculos con los partidos de Izquierda, incluido el MIR. Además, estuvo a cargo de la pauta y agenda presidencial y de coordinar las reuniones de importancia que el mandatario sostenía. Ella coordinó el Comité Internacional de Solidaridad Artística con Chile -presidido por Mario Pedrosa, con Carlo Levi, José María Moreno Galván-, el apoyo de artistas del mundo para fundar el Museo de la Solidaridad.

Conviene recordar lo sucedido a la familia del presidente Salvador Allende tras su muerte: su hija Beatriz salió rumbo a La Habana en las primeras horas del jueves 13 de septiembre de 1973 junto a su marido, el diplomático cubano Luis Fernández Oña, y Maya, la hija de ambos, nacida en septiembre de 1971. En Cuba tuvo a su otro hijo, Alejandro Salvador; antes de suicidarse, dejó a ambos niños al cuidado de la Payita y su hermana, Mitzi Contreras Bell.

Hortensia Bussi con sus hijas Isabel y Carmen Paz y sus nietos Marcia, Carmencita, Gonzalo y Andrés, más decenas de exiliados chilenos y el embajador mexicano Gonzalo Martínez Corbalá, partieron en el avión que aterrizó el 16 de septiembre de 1973 en el aeropuerto de Ciudad de México. Esperaban a la viuda de Allende y a su familia el presidente Luis Echeverría y su gabinete. Poco después, el presidente de México, acompañado por Hortensia Bussi, ofreció una conferencia de prensa. Fue impresionante la solidaridad que le brindó el pueblo mexicano a la familia Allende.

 

EL ACTA DE LA INDEPENDENCIA

Antes del golpe, la Payita y Allende, cuando él ya era presidente y ella estaba separada de su marido, compartían los fines de semana en la parcela de El Cañaveral. En La Moneda, como su secretaria, ella lo acompañó en todo momento, aun en el bombardeo de La Moneda el martes 11 de septiembre de 1973. Llegó el momento decisivo y Allende ordenó a las mujeres abandonar el palacio. Poco después que Marta Silva, secretaria de Daniel Vergara, subsecretario del Interior, la Payita salió por Morandé 80. Por encargo del presidente Allende llevaba en el bolsillo de su chaqueta el Acta de Declaración de la Independencia de Chile , de enero de 1818 , para salvarla del incendio. En el primer piso, antes de llegar a la calle, un soldado le arrebató el pergamino y lo destruyó, pese a los gritos de ella diciéndole que ese documento histórico era sagrado.

Una vez en la calle, cuando todo el grupo fue obligado a tenderse en el pavimento con los pies hacia la cuneta, y mientras helicópteros pasaban disparando, un soldado la hizo ponerse bajo una cornisa para que se resguardara de las balas. Incluso le dijo que se tapara la cara con las manos. Gracias a ese soldado, que la separó del grupo, fue vista por el hermano del secretario del presidente Allende, Osvaldo Puccio: el mayor de Sanidad del Ejército y dentista del personal de La Moneda, Jaime Puccio, quién había llegado temprano a La Moneda. Por petición de Allende, Puccio había ido a su casa a vestirse con el uniforme que tenía -el de gala- y regresó a La Moneda en momentos en que los compañeros de Allende salían por Morandé 80. Cuando Jaime Puccio vio a Miria Contreras, tendida en el suelo y a un soldado encañonándola, le dijo que se hiciera la muerta y de inmediato ordenó al soldado llamar a la ambulancia que estaba en la esquina, diciendo: «Esa mujer está herida». Los camilleros la tomaron de pies y manos y la echaron en la parte de atrás de la ambulancia que partió rumbo a la Posta Central. Cuando los médicos se acercaron para atenderla, ella les dio su nombre y les dijo que venía de La Moneda y que debía salir de allí. Pero el doctor Alvaro Reyes y una enfermera se lo impidieron y decidieron protegerla. 

Miria anduvo días peregrinando de casa en casa, sin poder comunicarse con sus hermanas ni con sus hijos Isabel y Max, militantes del MIR y, peor aún, ignorando la suerte corrida por su hijo Enrique. A él y a nueve miembros del GAP que partieron con ella del Cañaveral a La Moneda, los tomaron prisioneros en la Intendencia y fueron inútiles los esfuerzos para que los liberaran.

 

SU HIJO ENRIQUE

Enrique tenía veinte años, era estudiante de economía en la Universidad de Chile y fue detenido en la esquina de Morandé y Moneda por Fuerzas Especiales de Carabineros -cuyo cuartel se encontraba en la Intendencia-. El grupo de prisioneros fue conducido en un bus de Carabineros a la Sexta Comisaría y desde allí, al cuartel de Investigaciones. El 20 de septiembre, el cuerpo de Enrique Ropert Contreras apareció bajo el puente Bulnes del río Mapocho, acribillado a balazos. El 3 de octubre su tía Mitzi encontró su cadáver en la morgue.

La Payita no pudo asistir al entierro de su hijo, como tampoco su ex marido, Enrique Ropert Gallet (1913-2013), que estaba preso. Este ingeniero civil, militante del Partido Socialista y consecuente hombre de Izquierda, abandonó la empresa privada para ayudar al gobierno de Allende. Durante el gobierno de la UP trató de formar la Empresa Nacional de la Construcción en el Ministerio de Obras Públicas, lugar donde fue detenido el 20 de septiembre de 1973, trasladado al Estadio Nacional y luego a la Cárcel Pública. En julio de 1974 fue expulsado a Francia.

Miguel Orellana Benado, doctor en filosofía en Oxford, licenciado en ciencias y consultor en educación de organismos chilenos y extranjeros, profesor de la Universidad de Chile, testimonia: «Pocos días después del golpe de Estado, mientras discutíamos con unos amigos si quedarnos en Chile o irnos a Israel, apareció mi mamá en la puerta de mi habitación. Estaba muy seria. Me dijo lo que nunca antes me había dicho: que mis amigos tenían que irse de inmediato. Y que después, pasara a saludar. Nunca había ocurrido algo semejante. No hice preguntas. Les dije a mis amigos que se fueran, y pasé a saludar. En un sillón en el salón del fondo estaba sentada Miria Contreras Bell, la Payita, secretaria personal del presidente derrocado, la mujer más buscada del país. Ella venía a pedir refugio».

 

SOÑANDO CON LA PAYITA

Después del golpe, visité a Mario Carreño(1) y a su mujer, Ida González. A ella yo la conocía desde que estábamos en el liceo, donde ya había demostrado sus dotes de pintora. Los esposos habían sido víctimas de Matías Vial, designado decano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile por la Junta Militar, quien llegaba en su moto, todo vestido de cuero negro, y orinaba la puerta y muros de su casa, profiriendo groserías contra ellos y contra Cuba.

En el patio de esa casa pude ver numerosos cuadros del artista inspirados en los mascarones de Pablo Neruda. Idita trajo una jarra de refresco y Mario me contó: «Soñé antes del 11 de septiembre que Payita, mi comadre, madrina de una de mis hijas, llegaba de madrugada con un delantal blanco… algo terrible. Pero no imaginé que mi sueño se iba a repetir en la realidad. Una noche golpearon. Abrí la puerta y ahí estaba la Payita con delantal blanco…».

En esos días, Mariana, una de las hijas de los Carreño, había obtenido el primer premio en el concurso infantil de pintura convocado por El Mercurio . Cuando la entrevistaron, dedicó su premio a su madrina. Felizmente no le preguntaron quién era… Se trataba de Miria Contreras, la Payita.

Fugada de la Posta Central, la Payita llegó hasta la casa de sus compadres y comenzó su ocultamiento en diversos lugares. El embajador de Suecia, Harald Edelstam, la rescató y llevó a la embajada de Cuba. Allí permaneció asilada durante meses hasta que logró salir del país en junio de 1974. Exiliada en Cuba trabajó en Havanatur , la empresa estatal de turismo, y fue su representante en París y Miami.

El 15 de diciembre de 1975 se conmemoró el Año Internacional de la Mujer y en México se celebró la conferencia principal que terminó convirtiéndose en congreso, con participación de María Esther Zuno de Echeverría . Tuvo como sede la Secretaría de Relaciones Exteriores. Asistió Delia Vergara, directora de la revista Paula , quien me contó lo ocurrido, testimoniando la intromisión obscena de Alicia Romo, delegada oficial de la Junta Militar. Cuando Hortensia Bussi terminó su intervención, la Romo se atrevió a proclamar a voces que Tencha no era viuda ni era esposa de Allende, pues éste tenía como querida a Miria Contreras, la Payita. Laura Allende, cuya presencia de mujer bella y muy frágil por la enfermedad que la invadía resultaba conmovedora, con voz firme impuso silencio e intervino diciendo que nadie tenía derecho a injuriar a sus hermanas, Tencha y Miria, y exigió respeto por sus deudos…

Han pasado cuarenta años y la emérita Alicia Romo descansa sin contratiempo luego de haber sido dueña de la primera universidad privada de Chile y haber lucrado hasta el hartazgo, no solo con la educación sino también con negocios inmobiliarios.

 

SU ROL EN LA LUCHA DE RESISTENCIA

Mientras la Payita permaneció oculta en la embajada de Cuba -a cargo de Suecia cuando ya todos los diplomáticos cubanos se habían ido-, escribió una carta a Tati Allende donde le contaba lo sucedido en La Moneda el día del golpe como lo vivido con posterioridad (documento reproducido por The Clinic , 4 de septiembre, 2003, distribuido por Isabel Ropert). Se trata al mismo tiempo de una carta personal y de un escrito histórico, testimonio de lo visto por un testigo privilegiado. Una crónica despojada de adjetivos, vívida en la relación de los sucesos, que expresa su pensamiento sobre Tencha Bussi: «Tu madre tiene locos a la Junta y fascistas en general con sus giras mundiales en busca de solidaridad. No hay día que no salga una foto y un artículo respecto a ella. Para qué te cuento lo que le inventan, pero la verdad es que los saca de quicio. Vayan para ella nuestros más sinceros agradecimientos y felicitaciones por su trabajo, lo mismo para ustedes todos».  

Durante su permanencia en el extranjero, la Payita desempeñó un papel fundamental en el contacto y amparo a chilenos exiliados. Pendiente del Museo de la Solidaridad se preocupó por acrecentar su patrimonio y fue determinante en la creación de los Museos de la Resistencia, junto a los organizadores-fundadores Mario Pedrosa, Miguel Rojas-Mix, Pedro Miras, los artistas plásticos exiliados y Carmen Waugh. Todas esas obras se fueron exponiendo desde 1977 en numerosas ciudades de Francia, España, Suecia bajo el nombre del Museo de la Solidaridad «Salvador Allende». También se preocupó de reunir las arpilleras, cuadros y otras obras de Violeta Parra para trasladarlas a La Habana, donde se cuidarían hasta que fuera posible retornarlas a Chile. Cuando estuvo en Belgrado la acompañamos a una reunión con los artistas yugoslavos que aportaron sus obras al Museo de la Solidaridad.

Tuve el privilegio de compartir varias jornadas con el pintor cubano Wifredo Lam(2) y entrevistarlo en La Habana, en 1981. Lo acompañaba como asistente y secretaria la fotógrafa chilena Adela Gallo, quien fue destacada dirigente de las mujeres durante el periodo de la Ley Maldita. Lam era amigo de Miria Contreras; durante la Unidad Popular donó una obra suya al Museo de la Solidaridad y ahora colaboraba con ella en París para el Museo de la Resistencia.

Perseveró en su silencio durante veintisiete años. Lo rompió una sola vez, en marzo de 2000, cuando presentó una querella criminal contra Augusto Pinochet por su responsabilidad en la muerte de su hijo Enrique Ropert Contreras. Sus otros hijos son Max, combatiente internacionalista, médico de profesión, trabaja en el Hospital San José, e Isabel, la dueña de El Cañaveral. La Payita falleció el 23 de noviembre de 2005, a las 12.30 horas. Sus restos fueron velados en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, cuando tenía su sede en calle Herrera. Ningún empeño en silenciarla puede resultar, porque está viva en la memoria del pueblo que admira su valor, su lealtad, su señorío, su entrega absoluta a una causa.

Notas

(1) Mario Carreño nació en La Habana , el 24 de mayo de 1913 . Se radicó en Chile en 1958. Al año siguiente, con Nemesio Antúnez y otros artistas fundó la Escuela de Arte de la Universidad Católica. Obtuvo la ciudadanía chilena en 1969. Premio Nacional de Arte de Chile , 1982. Murió en Santiago el 20 de diciembre de 1999 .

(2) Wifredo Lam nació en Sagua la Grande, Las Villas, Cuba, en 1902; hijo de madre africana y padre chino. En 1924 viajó a España para estudiar en la Academia de San Fernando, de Madrid. Murió en París en 1982.

 

 

Publicado en «Punto Final», edición Nº 806, 13 de junio, 2014

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