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Entrevista a Nydia González (I)

La pedagogía de la revolución

Fuentes: Insurgente

…lo que hace crecer el mundo no es el descubrir cómo está hecho,sino el esfuerzo de cada uno por descubrirlo.(José Martí)   No puede haber cambio sin sueño, de la misma manera que no haysueño sin esperanza.(Paulo Freire) En un mundo como el nuestro, donde parece ser que nos han condenado al fin de la […]

lo que hace crecer el mundo no es el descubrir cómo está hecho,
sino el esfuerzo de cada uno por descubrirlo.
(José Martí)

 

No puede haber cambio sin sueño, de la misma manera que no hay
sueño sin esperanza.
(Paulo Freire)

En un mundo como el nuestro, donde parece ser que nos han condenado al fin de la historia, a repetir sucesivamente el presente que nos ha tocado vivir como modelo de avance y de progreso, donde todo se compra y se vende, la educación no puede estar a salvo de convertirse también en valiosa mercancía.

Aún detrás de los pocos discursos seudosolcialdemócratas que todavía no dicen con rotundidad que la educación es un servicio rentable más y, por lo tanto, debe colocarse en la arena del libre mercado, aún detrás de discursos como el de Zapatero que dice a boca llena que la educación es uno de sus temas prioritarios, se cuela sin remedio la racionalidad cínica del que pretende un sistema educativo público, de calidad y progresista, conviviendo con un aporte presupuestario claramente insuficiente y que hace de la calidad casi un imposible, con significativas concesiones a lo más reaccionario de la Iglesia Católica y con un sistema privado muy subvencionado (con fondos públicos) que marca las diferencias de «clase».

En definitiva, la educación pública está viviendo momentos de difícil equilibrio entre la privatización pura y dura y una racionalidad cínica que diciendo defenderla, la está condenando de forma más lenta. Y resulta también muy difícil rescatar que dentro de esta dinámica sea posible un mundo mejor, una educación que avance hacia un mundo mejor…

Pero entrevistar a Nydia González en La Habana disipa nubarrones y renueva la esperanza al concretar, en este mundo y en este tiempo, proyectos que vinculan la educación con procesos revolucionarios de cambio.

Y es que Nydia consolida sueños con la misma fuerza que construye realidades. Por algo sigue siendo un referente incansable en la Educación Popular, que apela a la vocación liberadora de la tarea de enseñar y a la necesidad de la construcción colectiva del conocimiento.

En la sede de la Asociación de Pedagogos de Cuba que ella preside, nos recibe Nydia toda fuerza y ternura a partes iguales. Y con la sencillez de quien aprende a cada paso, detiene su tiempo y el nuestro facilitando la charla y esta entrevista.

inSurGente.- Nos decías al empezar que la Asociación de Pedagogos de Cuba, dieciséis años de historia, cuenta con 18.000 afiliados repartidos en todas las provincias de Cuba. Pero lo que más nos sorprende es el perfil variado de sus miembros que no se limita a maestros o estudiantes de magisterio sino médicos, artistas, representantes del poder popular… ¿Qué ofrece la Asociación para todos ellos? ¿Qué buscan en la Asociación?

Nydia González.- Nuestra membresía es fundamentalmente de educadores en el más amplio sentido de la palabra, incluyendo aquellas personas que tienen influencia educativa aunque su profesión no sea propiamente la de educador.

Nosotros asociamos a esas personas y les ofrecemos un espacio que les permita intercambiar experiencias, intercambiar ideas, aprender, investigar, capacitarse aún más. En definitiva, un espacio de encuentro, de libertad de expresión de criterios, de búsqueda de nuevas verdades educativas.

Trabajamos por el reconocimiento de los educadores de este siglo porque, muchas veces, se habla de grandes educadores en los siglos pasados y no nos damos cuenta que éstos que están trabajando hoy son los que están haciendo la historia de la educación para el próximo siglo.

Estamos buscando aquellas personas que tienen aportes importantes a la teoría y que hoy por hoy son maestros en las aulas y que se pierden en la cotidianidad, no se destaca su quehacer. Es importante estimular a esas personas a que sigan en una búsqueda y en una creatividad que no siempre abunda porque el trabajo del maestro es tan grande que muchas veces la cotidianidad lo absorbe y lo hace caer en una rutina que es muy grave. Lo que buscamos es que el maestro que entre en la asociación se dé cuenta de que el trabajo tiene que tener un matiz de creatividad diaria, de cambio, de investigación y de cuestionamiento permanente.

iSG.- ¿Relacionas la tarea de educar con la de buscar e investigar?

N. G.- ¿Qué maestro no tiene todos los días mil cuestiones que le preocupan? Esas preocupaciones pueden conducir a un proceso de investigación si no las mitigamos conformándonos con la primera respuesta que surge. Despertar la intención de indagar de forma sistemática supone despertar en el maestro el amor por su tarea, en el sentido de no subestimar el trabajo cotidiano. Porque la tarea diaria es linda.

La capacidad de disfrutar es insustituible en educación. El maestro tiene que disfrutar y esto no siempre ocurre, no ocurre cuando se transforma la búsqueda en obligación, en cotidianidad y se hace rutina la tarea del maestro.

Por eso nosotros tratamos de concientizar sobre la necesidad de un estado de insatisfacción permanente, en busca de algo mejor. Porque cuando estás muy contenta con lo que haces, dejas de buscar otras cosas… Yo creo que hay que cuestionárselo todo, hay que estar indagándolo todo, buscando el porqué de todo y el maestro tiene que sentir ese espíritu inquisitivo que tiene el niño y que la escuela mata cuando le da soluciones y tesis absolutamente terminadas.

iSG.- La visión que planteas choca con la herencia tradicional que sigue siendo hegemónica en educación en tanto que siguen transmitiéndose contenidos de forma unidireccional y parcelando la realidad… herencia tradicional de la que siguen echando mano los educadores.

N. G.- Sí y por eso nosotros pensamos que el maestro tiene mucho que desaprender. Tiene más que desaprender que aprender. Tiene que empezar a borrar toda la visión del maestro autoritario que él tuvo, a borrar toda la certeza absoluta que le decían que tenían los libros, para no limitarse a consumirlos y pasar a valorarlos críticamente, cuestionando lo que dicen.

Hay que desaprender también la posición elitista que como educadores a veces ocupamos y el criterio erróneo de que la humildad y el desconocimiento pueden rebajar nuestra autoridad. Es imprescindible trabajar de forma sistemática para borrar esos prejuicios aprendidos porque chocan con la humildad que necesita un maestro, con la posibilidad de que el maestro se sienta aprendiz dentro de un grupo de niños que tienen tanta libertad y tanta apertura al pensar, que pueden cuestionar todo.

Yo siempre le digo a los maestros: Ojalá que en esta clase que les he preparado con tanto cariño ustedes puedan desaprender algo. Aprender no quiero que aprendan mucho, ya eso tendrán otras ocasiones de hacerlo,… ojalá que desaprendan algo.

iSG.- Entonces también el concepto de investigación que manejáis se aleja de una concepción clásica, elitista.

N.G.- Dirigimos nuestros mayores esfuerzos a proporcionar instrumentos que faciliten la investigación de la cotidianidad del maestro. Los maestros y sus aulas son los investigadores y los laboratorios que pueden darnos visión de necesidades y aportes importantes. Y en ese proceso de investigación utilizamos como claves aquellos principios de la educación popular que son, pudiéramos decir, inobjetables: la reflexión sobre la práctica como punto de partida, la construcción de un saber a partir de esa práctica cuestionándola y la profundización teórica a partir de literaturas diversas, incluso que se contradigan para potenciar el desarrollo de la capacidad de selección. La evaluación del proceso constituye la fase siguiente que permite dar comienzo a una nueva secuencia de mejora.

No es nada nuevo lo que hacemos. Aplicamos una lógica dialéctica, la dialéctica que el propio conocimiento exige y que Lenin explicó hace tantísimos años, pero que al hacerla mecanicista, al eliminarle las contradicciones, al aliviar todo el camino conseguimos volver inútil.

Esto no quiere decir que desdeñemos investigaciones de otra índole. Por ejemplo, ahora estamos desarrollando una investigación sobre la historia de la educación en Cuba después del triunfo de la Revolución. En el 59 nosotros asumimos una educación en bancarrota en todos los sentidos y se empezó a construir una revolución educativa que no ha parado, porque las revoluciones, si son verdaderas, son un proceso sin fin de cambios, cada vez más violentos, más rápidos y más fuertes.

iSG.- ¿Cómo trabajáis el tema de la formación? ¿Con qué instrumentos?

N. G.- Tenemos talleres, cursos de diplomados, de postgrado, de muchas temáticas, desde el estudio de la obra pedagógica de Martí al trabajo en las comunidades desde la educación popular.

Pero nosotros queremos ir más allá, buscamos la forma de que la educación no se quede sólo ahí, en los recursos clásicos. Ponemos en marcha nuestro principio de reflexión sobre la práctica. Así mañana mismo, tenemos el debate sobre una película que recién se estrena en Cuba ¡Viva Cuba!. La vamos a poner aquí para todos los educadores, los vecinos, los maestros, para los niños, todo el que quiera venir.

Y entonces ese debate ¿qué le proporciona al maestro? Además del aprendizaje del contenido que se desprende del propio tema de la película, le da una manera en que pueden ellos aprovechar los videos educativos que hoy tiene la enseñanza. Así que buscamos al que mejor de nosotros hace eso, y esa persona es la que dinamiza la sesión. Y el que viene no sólo ve el tema en que está participando, sino que está copiando la metodología que se está usando. Así usamos muchas técnicas participativas.

En eso trabajamos mucho.

iSG.- En ese sentido, vuestros trabajos sobre técnicas participativas de educación popular han tenido una gran repercusión tanto en el contexto latinoamericano como entre aquellos docentes implicados en la tarea de retomar el sentido participativo de la educación ¿cómo planteáis ahora mismo la cuestión participación y educación, participación y democracia?

N. G.- Seguimos planteándonos como tarea fundamental el buscar nuevas formas, nuevas técnicas, nuevas herramientas para provocar participación. No se genera participación porque lo dicten las leyes y las resoluciones, que muy a menudo producen cansancio y resistencia entre el profesorado. Si yo no sé cómo se hace o si no quiero hacerlo o si pervierto su sentido pues, sencillamente, no hay participación.

Con esa intención de estimular la utilización de técnicas participativas nacieron nuestros libros (ya van por el tercer tomo) que recogen los trabajos seleccionados entre los presentados al Concurso Nacional de Técnicas Participativas que anualmente convoca la Asociación de Pedagogos de Cuba. Recopilamos así experiencias, unas mejores, otras no tan buenas, pero todas útiles. Primero porque surgen del esfuerzo por hacer participar y segundo porque constituyen un punto de partida para ser recreadas y convertidas en técnicas superiores.

Por otra parte, este trabajo estimula al profesor pero, además, potencia el valor de la solidaridad, del compartir, el valor revolucionario de no crear para tener sino crear para donar. Estos libros no tienen derechos de autor porque lo que queremos es que los copien, que los usen, que los hagan suyos.

Pero esta herencia metodológica de la Educación Popular implica la necesidad de que estas herramientas se inserten dentro de una pedagogía humanista, crítica, democrática que desde el punto de vista político eche su suerte con los pobres de la tierra y desde lo pedagógico facilite el movimiento y expresión de originalidad de cada persona. Implica, por lo tanto, la necesidad de reflexionar sobre qué es participar, con qué intención se generan mecanismos de participación y cuál es la tendencia del resultado de participar. Porque de tanto usar la palabra participar, en ocasiones, se pervierte su sentido. Brandao (Carlos R. Brandao, antropólogo y profesor de la Universidad de Campinas de Brasil) dice que lo mismo le sirve a Ernesto Cardenal que a Pinochet, porque la participación la usa hasta el capitalismo, ese capitalismo depredador que a través de la Educación Popular y participativa insistimos desde aquí en denunciar.

Es imprescindible entender que la participación tiene un componente ideológico vital, que está ligada al poder y que mientras el docente no interprete el poder con la vocación democrática de compartirlo seguirá siendo autoritario aunque le dé la palabra a todos y cada uno de los niños

iSG.- Igual que cuando hablábamos de investigación decías que vuestro concepto cotidiano y no elitista no era nuevo ¿qué tiene de nuevo este concepto de participación?

N. G.- Yo pienso que no tiene nada de nuevo. Está más que escrito por los grandes educadores, está muy trabajado por los que más nos inspiran a nosotros como pedagogos, por ejemplo, Paulo Freire. Freire para nosotros es un maestro. Pero antes que Freire, Martí. Martí tiene una cantidad de coincidencias,… pero qué digo: Freire tiene una cantidad de coincidencias con el pensamiento martiano increíble. Hace poco hemos editado un libro, «El oro nuevo. José Martí en la Educación Popular» en el que hacemos una comparación entre lo que dice Freire y lo que dice Martí, poniendo de manifiesto de una manera inapelable la sintonía entre ambos en cuanto a su visión pedagógica, comunicativa y participativa. A Freire una vez le preguntaron si él se había inspirado en Martí y él dijo que todo el que lee a Martí se queda inspirado y que llega de alguna manera a interiorizarlo. Yo creo que es así.

Todos los pedagogos cubanos tenemos mucho de los conceptos pedagógicos de Martí,

aunque hay veces que se nos olvidan. Incluso, podemos llegar a decir que no hay un cubano que no interprete, que no comprenda el pensamiento martiano. Pero una cosa es entender a Martí y otra cosa es hacer lo que Martí dijo. Son dos momentos diferentes. Porque no siempre tenemos la capacidad de ver las insuficiencias o las incoherencias entre nuestro actuar y ese pensar. Y ahí es donde estriba el que puedan haber prácticas que no sean coherentes con el pensamiento que todos estamos defendiendo: el pensamiento de Martí, el pensamiento de Freire, el pensamiento leninista, esa dialéctica de Marx que uno ha convertido en metafísica al enseñarla.

Yo no creo que estemos haciendo nada nuevo ni descubriendo nada nuevo. Estamos tratando de concebir que somos incoherentes con eso que pensamos y queremos, y de descubrir que esas incoherencias no son vitalicias sino que podemos ir resolviéndolas día a día y que esas propuestas de solución son lo que consideramos desarrollo y aprendizaje.

Yo me siento aprendiendo constantemente cuando al analizar entiendo que hay algo que he hecho en lo cual no he sido del todo coherente.

Os puedo poner un ejemplo sobre esto. Una vez le dije a mis alumnos: yo voy a tener mucho cuidado en no imponerles ningún criterio, voy a tratar de ser muy democrática, pero de todas formas ustedes van a estar al tanto y me van a decir si soy incoherente, sabiendo que estoy haciendo un esfuerzo por romper mi incoherencia. Cuando terminé, yo estaba loca de contenta porque pensé que lo había hecho muy bien y que no me había salido de nada en ningún momento, ni imponiendo ningún criterio, ni siendo absoluta, ni impidiendo que ellos manifestaran sus criterios y discreparan, no ,no… yo estaba feliz y les dije: …bueno, ¿en algún momento tuve alguna incoherencia? y me dijeron ¡sí maestra!, digo ¿cómo?, dijeron ¡sí!, con los ojos, porque con los ojos usted cuando estaba tratando de exponer algo, nos hacía ver que eso era lo que quería usted que nosotros supiéramos. Entonces me quedé así, muy mosca muerta. Eso nos puede pasar.

Tenemos que estar conscientes de que somos incoherentes y que estamos luchando por dejar de serlo y es en esa lucha en la que podemos aprender.

Esto es de una importancia enorme y es donde yo veo uno de los trabajos más importante de nuestra asociación. Poder ayudar al maestro en un espacio voluntario, no oficial, pero que a su vez coincide totalmente con la línea política de la Revolución y de la educación revolucionaria.