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Nataly Espinoza Salomón, presidenta de los estudiantes de la UC de Valparaíso

«La política está secuestrada»

Fuentes: Punto Final

La presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Valparaíso, Nataly Espinoza Salomón (25), dice que el movimiento por la educación nos hace un país más politizado. Añade que los debates entre los estudiantes demuestran que existe entre los jóvenes una necesidad creciente de participación política y destaca que este movimiento enfatiza […]

La presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Valparaíso, Nataly Espinoza Salomón (25), dice que el movimiento por la educación nos hace un país más politizado. Añade que los debates entre los estudiantes demuestran que existe entre los jóvenes una necesidad creciente de participación política y destaca que este movimiento enfatiza lo colectivo, actuando con la convicción de que sólo en conjunto se pueden conseguir los cambios sociales. «Somos la generación que no teme a la confrontación y que no tiene pelos en la lengua para decir que las cosas están mal, y que los poderosos se llenan los bolsillos con las decisiones que toman en su propio beneficio con plata de todos los chilenos».

Nataly Espinoza es egresada de la carrera de ingeniería civil informática y milita en el colectivo político Izquierda Autónoma, que se ha arraigado en diversos espacios universitarios de Valparaíso, Santiago, Iquique y Valdivia.

¿Ha sido difícil ser presidenta de una federación de estudiantes?

«Yo estudié una carrera en la que el 10 por ciento somos mujeres y es difícil superar el prejuicio machista, presente en todos los lugares en que predominan los hombres. Mi convicción, sin embargo, es que estamos sometidos a un sistema que oprime por igual a mujeres y a hombres».

¿Qué es la política para ti?

«Veo la política en función de su utilidad para gobernar el país de una manera que represente realmente a la mayoría. La política chilena ha estado secuestrada durante mucho tiempo por un pequeño grupo de personas de la Concertación y la derecha, coludidos con el gran empresariado en un proyecto político casi idéntico. Este grupito ha terminado tomando las decisiones entre cuatro paredes y sin real representatividad. La gran mayoría de las personas hemos estado fuera de ese espacio y nos sentimos ajenos a esa ‘clase política'».

¿Cómo concibes la relación entre política y poder?

«En la dictadura se produjo un divorcio entre lo político y lo social, que fue alejando a los políticos de la sociedad. Hacer política sin tomar en cuenta lo social es errado; porque lo social debe tener una vinculación con el poder, que es un medio para hacer los cambios que se necesitan en defensa de los derechos de los más desvalidos que son los más afectados por el sistema económico-social que impera en nuestro país. A esa disputa por el poder debemos entrar todos los afectados, para asumir una conducción colectiva en la que los dirigentes actúen en conjunto con la sociedad».

¿Por qué no te presentaste a la reelección?

«Porque creo que hay otros buenos dirigentes que pueden dar continuidad a este proyecto de largo aliento que venimos trabajando desde que la Izquierda llegó a la Federación de Estudiantes de la UCV, hace ya tres años».

Política y democracia

¿Tienes pensado seguir actuando en política?

«La política es una parte natural de mi vida y pretendo contribuir en el futuro desde otros espacios sociales al proyecto colectivo en el que creo. Una de las cosas buenas que han ocurrido con este movimiento por la educación es precisamente la convicción de que sólo en conjunto podremos conseguir los cambios que queremos forjar en la sociedad.

Hemos aprendido que las profesiones no deben ser vistas desde una perspectiva personalista. Yo no vengo a la universidad a estudiar para conseguir un título y salir a ganar plata. Estudié para contribuir a un proyecto de país desde mi profesión, desde mi ser político y social».

Los estudiantes tienen una forma diferente de concebir la democracia, que pone énfasis en las asambleas y los colectivos. ¿Es posible conciliar esa clase de democracia con la eficiencia, a la hora de tomar decisiones o negociar con otros?

«Hoy Chile tiene toda una maquinaria social que funciona en pos de este modelo económico, pero que no sirve para el desarrollo humano. No permite, por ejemplo, que la educación o la salud aporten a la concreción de un proyecto país.

Para quienes están sentados en un sillón parlamentario o en el gobierno la democracia es ir a una elección cada cuatro años. Para nosotros, tiene que haber participación constante y real de la ciudadanía en los distintos espacios y proyectos políticos de Estado que se van gestando.

Nuestra movilización no sólo cuestiona el sistema educacional, sino también el sistema político y expresa otras demandas de la población. Un 90 por ciento de Chile dijo no a HidroAysén y sin embargo, salió Ena Von Baer, entonces vocera de gobierno, diciendo: ‘Ustedes nos eligieron, ahora déjennos hacer la pega. Nosotros terminaremos definiendo qué se hace o no se hace’.

Claramente cuestionamos este sistema político forjado por Pinochet, que no representa una alternativa real para la mayoría de los chilenos y chilenas. Las demandas de la Izquierda el pueblo no las siente de Izquierda, porque desde 1990 en adelante el PC y otras organizaciones no supieron responder a las demandas del período y se quedaron estancados en los discursos o en la estética de algunos íconos. La derecha terminó robándose esos íconos y así vemos cómo utilizó la imagen de Violeta Parra y Los Jaivas para conmemorar el Bicentenario».

¿Qué le falta a esa Izquierda para interpretar a la mayoría?

«Ante la falta de alternativa de una Izquierda fraccionada, los jóvenes llevamos la batuta. Desde el PC hacia la Izquierda no hay un proyecto que represente realmente a la mayoría».

¿Cómo te imaginas este nuevo proyecto de la Izquierda?

«El nuevo proyecto de la Izquierda debe construir tejido social, compartir ideas y prácticas comunes. Nos hace falta conversar y construir una estrategia para incidir en las decisiones. Llevamos cuarenta y tantas marchas, con más del 80 por ciento de la ciudadanía apoyando nuestras demandas, con las familias completas participando, y a pesar de eso, todavía no hemos podido incidir en lo político».

¿Hace falta un instrumento propio de la Izquierda?

«Dentro de las mismas organizaciones estudiantiles hay diferencias. En la Confech están representados el PC, los autónomos, otros grupos de Izquierda y hasta la Concertación. Hemos sabido converger en ciertas demandas, pero no existe una estrategia política común y no se constituirá un partido de los estudiantes. No creo posible constituir desde el movimiento estudiantil una sola organización política que canalice el apoyo que el movimiento social ha tenido. La tarea pendiente para el futuro es hacer converger ciertas ideas y demandas de cambio social profundo en una alternativa real para Chile».

Un conflicto abierto

¿Qué esperan conseguir con el nuevo presupuesto de la nación?

«La derecha no ha variado su propuesta entre abril y noviembre, y eso se refleja en el proyecto de presupuesto presentado, que abre glosas de recursos para las universidades privadas dirigidas por los mismos políticos que votan en el Congreso: Joaquín Lavín, Larroulet y ex ministros de Educación de la Concertación.

Hoy las políticas de gobierno se hacen para beneficiar a quienes toman las decisiones y no a la mayoría. Aunque ahora podemos incidir en la discusión del presupuesto para bloquear este acuerdo entre la Concertación y la derecha, que le haría un gran daño a Chile. Tenemos que dejar abierto este conflicto, para que el próximo año podamos levantarnos otra vez con una estrategia más madura.

No estamos con el todo o nada, porque eso hace reventar la movilización. Es necesario avanzan unos metros, para seguir el próximo año, desde los espacios conquistados, levantando nuestras demandas con la misma fuerza para incidir en las decisiones».

¿Cómo ves en el futuro esta relación con la ciudadanía?

«Se ha dicho que estamos desgastados y que hemos bajado algunos puntos en las encuestas. Nosotros no nos movemos por lo que dicen las encuestas, como hacen en el gobierno. Tampoco vamos en bajada, porque hemos puesto el tema de la educación como el primer punto de la agenda y estamos poniendo en jaque al sistema social y político. Hemos logrado que la ciudanía converse no solamente de la crisis del matrimonio Tohá-Rossi o de la ‘farandulandia’ de la Concertación; sino que discuta propuestas políticas reales. Hoy la gente está pendiente de saber qué pasa con el presupuesto de la nación y conversa en la sobremesa sobre educación.

Esta mayor conciencia ha permitido rescatar la política de ese espacio de elite en el que sólo los ‘iluminados’ podían influir. La gente está sintiendo que es necesario sacar del Congreso y del gobierno las decisiones que representan a la mayoría. Esa es una de las cosas buenas que hemos logrado y que seguirá fortaleciendo el movimiento el próximo año».

Elecciones que vienen

2012 estará marcado por las elecciones municipales. ¿Cuál será el papel de las fuerzas sociales que se han movido en torno al movimiento por la educación?

«Hoy somos un país más politizado y cada vez resulta más difícil engañar a la gente con la canastita de Navidad, como hace la UDI. Chile está cambiando y las discusiones que se han abierto con el movimiento estudiantil a propósito de las elecciones de las distintas federaciones, demuestran que existe una necesidad creciente de participación política. Ahora, es necesario tener propuestas claras y cercanas a los electores. El próximo año tengo la esperanza que se levanten muchas candidaturas independientes y desaparezca la Concertación. Los únicos que podremos hacer los cambios somos nosotros mismos, levantando una alternativa distinta para la ciudadanía. Podemos hacer alianzas, pero para constituir un partido político alternativo todavía faltan elementos y estamos inmaduros. En todo Chile la gente está esperando una alternativa; porque se dio cuenta que aquellos que estuvieron en el poder y los que están ahora no representan una solución a sus problemas. Esa conciencia es algo que hemos podido posicionar a través de este movimiento».

¿Serías candidata a un cargo de elección popular?

«Siempre estoy dispuesta a contribuir a un proyecto político que se levante desde abajo y hacia la Izquierda. Somos la generación que no teme a la confrontación y no tiene pelos en la lengua para decir que las cosas están mal, y que los poderosos se llenan los bolsillos con las decisiones que toman en su propio beneficio con plata de todos los chilenos.

Los políticos tradicionales actúan movidos por el miedo a la disputa de sus espacios de poder. La derecha saca a sus matones a la calle; le tememos a esos matones, pero nuestras convicciones nos fortalecen, pensando que la política no es mala. Los espacios que conquistemos nos permitirán forjar los cambios que hemos esperado desde hace tiempo. Es necesario organizarnos en la federación de estudiantes, en los colegios, en las regiones, con asambleas populares, y en los sindicatos, para disputar poder».

Política y sindicalismo secuestrados

¿Este cuestionamiento a los políticos podrá extenderse también a la cúpula sindical?

«Nuestro cuestionamiento no es a todos los políticos o sindicalistas. Es a los grupitos que se reparten los puestos entre ellos y que han tenido secuestrada a la política y al movimiento sindical. También sucede en las universidades y por eso, estamos pidiendo mayor participación dentro de los centros de estudio. De los más de mil profesores de la UCV, sólo 400 toman las decisiones y terminan replicando una democracia falsa. Eso mismo se puede extrapolar a Chile. La consigna es transformar los espacios en los que estamos insertos, para que en conjunto creemos una nueva sociedad y un país más igualitario».

El gobierno y los grandes medios tienden a identificar al movimiento estudiantil con encapuchados, desórdenes o enfrentamientos.

«Los medios de comunicación le hacen la pega al gobierno, tratando de asociar la protesta social con la delincuencia. Yo puedo estar o no de acuerdo con ciertas formas de violencia; pero hay que ir más allá de lo aparente y buscar el fondo de las cosas. Los jóvenes se cansan de casi ocho meses de marchas pacíficas que no logran resultado, y de la incapacidad del gobierno para escuchar nuestra voz.

Nuestra radicalidad pasa por la amplitud de nuestras demandas y por el apoyo que encuentran en la población, más que por lanzar una molotov. Este es un modelo mezquino, que termina beneficiando sólo a cuatro mil familias que tienen secuestrado a Chile. Tenemos que hablarle a la mayoría que trabaja en el retail, en el call center o en la caja del supermercado. Este es el espacio social de la mayoría de los estudiantes de las universidades privadas que están endeudados con altos intereses y que van a salir con una enorme mochila al mundo laboral. Los estudiantes de las universidades privadas han aportado masividad porque la deuda no sólo es de los estudiantes, es de sus familias.

Hemos cuestionado las formas de democracia en Chile, hemos propuesto ideas nuevas y hemos politizado espacios. No se pueden hacer todos los cambios en ocho meses; pero, sin duda, marcamos la pauta de esta coyuntura y abrimos camino al porvenir».

Publicado en «Punto Final», edición Nº 747, 25 de noviembre, 2011

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