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Entrevista al historiador Mario Amorós

«La razón de fondo es el profundo malestar frente al modelo neoliberal»

Fuentes: Rebelión

Doctor en historia por la Universidad de Barcelona y periodista, tenaz estudioso de la historia chilena y de los movimientos obreros y populares del país hermano, Mario Amorós ha sido profesor invitado en la Universidad de Chile. Entre sus numerosos libros, destacan las biografías de Allende (2013), Miguel Enríquez. Un nombre en las estrellas (2014) […]

Doctor en historia por la Universidad de Barcelona y periodista, tenaz estudioso de la historia chilena y de los movimientos obreros y populares del país hermano, Mario Amorós ha sido profesor invitado en la Universidad de Chile. Entre sus numerosos libros, destacan las biografías de Allende (2013), Miguel Enríquez. Un nombre en las estrellas (2014) y Neruda. El príncipe de los poetas (2015). Rapa Nui. Una herida en el océano es la penúltima de sus publicaciones. En Ediciones B ha publicado también en septiembre su muy leído y elogiado Pinochet. Biografía militar y política. Centramos nuestra conversación en la actual situación política en Chile.

Buenos días. ¿Qué está pasando en Chile? ¿Qué ha despertado la lucha e indignación popular? Parece como si de pronto una inmensa e incontrolable olla anti-neoliberal hubiera estallado.

Estamos presenciando el mayor movimiento político y social de rebelión y protesta contra el modelo neoliberal en Chile. A casi treinta años del fin de la dictadura y casi medio siglo del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, hasta hace diez días Chile aparecía ante el mundo como el ejemplo de desarrollo y modernización para América Latina, el «oasis» (según la reciente definición del presidente Sebastián Piñera) de una región sacudida en los últimos años por la inestabilidad política.

De manera sorpresiva, un alza no demasiado elevada en el precio del viaje del metro de Santiago de Chile desencadenó la semana pasada una ola de indignación ciudadana que sacó a miles de personas a las calles. La pésima gestión del gobierno de la derecha chilena avivó una protesta que ha derivado en enormes movilizaciones populares desde Arica a Magallanes.

Desde mi punto de vista, la razón de fondo es el profundo malestar, acumulado durante años y que había asomado ya en las movilizaciones estudiantiles (2006, 2011) o por ejemplo en el movimiento de rechazo a un sistema de pensiones privatizado (No+AFP), frente al modelo neoliberal, impuesto de manera extrema (como un «tratamiento de shock» como sabemos), desde abril de 1975 por la dictadura de Pinochet y mantenido y asumido por todos los gobiernos desde 1990, aunque es cierto que en su último mandato (2014-2018) la presidenta Michelle Bachelet intentó reformas estructurales que no terminaron de cuajar.

Por tanto, muchos contemplan hoy, atónitos, cómo en el país «modélico» de América Latina se producen masivas movilizaciones de la clase media y de las clases populares. Y entre los más atónitos se encuentra Mario Vargas Llosa, quien en una entrevista publicada el martes en El Mercurio confesó su profunda perplejidad.

 

Ha hablado de ello pero insisto un poco más. ¿Cuál ha sido la reacción del gobierno de la derecha chilena? ¿Hay que creerse el propósito de enmienda que el presidente Piñera ha realizado estos últimos días? ¿Hay que aceptar sus «disculpas»?

La derecha chilena ha mostrado a lo largo de estos días que han «conmovido a Chile y al mundo» su adn autoritario. Se trata de una derecha refundada en la lucha sediciosa y contrarrevolucionaria contra el gobierno de la Unidad Popular, de una derecha que contribuyó a preparar las condiciones del golpe de Estado de 11 de septiembre y de una derecha que apoyó a la dictadura militar y la represión y exterminio de la izquierda. De la derecha que puso en marcha el modelo neoliberal, que lo desarrolló en la dictadura y que profita de sus beneficios.

Con la decisión inédita de declarar el estado de emergencia y el toque de queda (no se decretaban en Chile desde 1987 por razones políticas) y de entregar el control del país a las Fuerzas Armadas, que han salido a las calles con armamento pesado, con un discurso «de guerra» el presidente Sebastián Piñera y la derecha han mostrado su verdadero rostro. A partir del martes pasado, ante la violenta represión de las protestas y el impacto internacional de las movilizaciones, Piñera y su equipo han pedido «perdón». Además, el presidente anunció el martes un paquete de medidas sociales que, junto con la anulación de la subida del precio del metro, pretendían satisfacer las demandas sociales. Pero se tratan solo de parches al modelo, de corregir mínimamente sus aristas más duras (pensiones irrisorias, salarios muy bajos…). No son la solución

 

¿Y qué papel está jugando el Ejército chileno? ¿Cuántos muertos, cuántos heridos, cuántos detenidos?

A diario se actualizan los balances de personas detenidas (más de dos mil a día de hoy), heridas y fallecidas (al menos 18). Es evidente que la responsabilidad de la muerte de algunas personas recae sobre las Fuerzas Armadas. Organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos han censurado la decisión del gobierno de Piñera de sacar los militares a las calles. En breve, llegará una misión del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que dirige Michelle Bachelet, para investigar en terreno lo sucedido. Destaco también el papel riguroso desempeñado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos, que sigue de cerca las múltiples denuncias de torturas, violencia y abusos de los uniformados.

 

¿Y cuál es el papel de la izquierda en estas movilizaciones? Más en concreto, ¿qué piensan, qué han dicho, qué hacen el P.C. de Chile y el Frente Anplio? ¿Y el Partido Socialista?

Desde el primer momento, el Partido Comunista de Chile ha dado su apoyo a las movilizaciones y ha participado, desde las plataformas sociales y políticas unitarias, en ellas. Igualmente, el Frente Amplio. Incluso el Partido Socialista tuvo la acertada decisión de, como el PC y el Frente Amplio, rechazar concurrir a La Moneda el miércoles para una reunión que solo era parte de la estrategia de supervivencia política del presidente Piñera. Creo que tenemos que destacar también la masiva participación en la huelga general convocada por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) para el pasado miércoles y jueves, que se expresó en manifestaciones con centenares de miles de personas.

 

La destacamos. La lucha ciudadana popular ha despertado una solidaridad internacional casi sin precedentes. Recuerda la admiración que sentíamos por el Chile allendista. ¿Ve algún hilo en enlace con aquel Chile socialista?

En diversas ciudades de América y Europa se suceden las concentraciones de apoyo a la rebelión ciudadana en Chile. Las luchas sociales y políticas de la izquierda y del pueblo nunca parten de cero, son la continuación de ese hilo rojo, brillante e indestructible como el diamante, que, en el caso de Chile, nos conduce a la Unidad Popular, el FRAP, el Frente Popular, la Federación Obrera o la Sociedad de la Igualdad de Arcos y Bilbao.

 

¿Qué futuro ve a todas estas movilizaciones?

La esperanza es que de estas movilizaciones surja un amplio y unitario movimiento social y político que sea capaz de articular un programa de cambio para la superación del modelo neoliberal y la aprobación de una nueva Constitución. Desde luego, no será sencillo: a lo largo de dos siglos de Historia republicana, las elites chilenas han demostrado, cuando ha sido «necesario», que saben defender sus privilegios de clase (vale la pena escuchar el mensaje de whatsapp enviado a una amiga por la «primera dama», Cecilia Morel: https://www.youtube.com/watch?v=CnfK5pQ2aKU ).

El modelo neoliberal, además, está firmemente anclado en la sociedad chilena y en la mentalidad de una buena parte de la población. Pero, como señaló en una ocasión Armando López Salinas: «el mañana no está escrito». Jamás lo estuvo y el pueblo chileno nos lo demuestra estos días con su conciencia y valor.

 

Me sumo a su esperanza y le agradezco mucho que recuerdes las palabras del compañero Armando López Salinas: ¡el mañana no está escrito!