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La escandalosa enajenación de la matriz energética del país

La «reestatización» de Endesa profundiza la privatización de la energía eléctrica

Fuentes: El Siglo

Es tan escaso, frágil y huidizo el control que tiene Chile sobre su energía eléctrica, que inadvertida e inopinadamente, alrededor del 50% de la misma acaba de ser estatizada, sin que ningún neoliberal haya podido enarbolar alguno de sus consabidos anatemas contra el Estado empresario o abandonar el repliegue en un prudente silencio. En efecto, […]

Es tan escaso, frágil y huidizo el control que tiene Chile sobre su energía eléctrica, que inadvertida e inopinadamente, alrededor del 50% de la misma acaba de ser estatizada, sin que ningún neoliberal haya podido enarbolar alguno de sus consabidos anatemas contra el Estado empresario o abandonar el repliegue en un prudente silencio.

En efecto, mediante un hecho esencial, el 23 de febrero pasado, Enel SpA, compañía pública italiana, segunda en importancia entre las eléctricas de Europa, se limitó a informarle a Guillermo Larraín, Superintendente de Valores y Seguros de Chile, -ni siquiera a la Comisión Nacional de Energía, o a la Superintendencia de Electricidad y Combustibles, nominales organismos supervisores y o reguladores- que había asumido el 92% del control accionario de Endesa España, propietaria del 60,62% de Enersis, matriz del mayor conglomerado energético de Sudamérica, a su vez propietaria del 60% de Endesa Chile, responsable de la generación del 60% de la electricidad del país.

Y lo hizo en estos términos tan escuetos como categóricos, e inabarcables para cualquier autoridad reguladora del país:

«1. Tal como se informó mediante Hecho Relevante de fecha 11 de octubre de 2007, las sociedades ACCIONA, S.A., y ENEL ENERGY EUROPE S.r.L, con fecha 26 de marzo de 2007, formalizaron un acuerdo para la gestión compartida de ENDESA, S.A. Cabe recordar que ENDESA, S.A., a través de su sociedad filial española Endesa Latinoamérica, S.A. (antes denominada Endesa Internacional, S.A.), controla el 60,62% del capital social de Enersis S.A., la que a su vez detenta el 59,98% del capital accionario de Endesa Chile.

2. Con fecha 20 de febrero de 2009, las sociedades ACCIONA, S.A., y ENEL S.p.A. anunciaron haber alcanzado un acuerdo mediante el cual ACCIONA, S.A. directa e indirectamente transferirá a ENEL ENERGY EUROPE S.r.L. el 25,01% de la propiedad de ENDESA, S.A. La transferencia se condiciona a su aprobación por las autoridades de competencia y a las autorizaciones exigidas legalmente, entre otras. De esta forma, ENEL ENERGY EUROPE S.r.L., controlada en un 100% por ENEL S.p.A., será titular del 92,06% del capital social de ENDESA, S.A. De conformidad al acuerdo indicado en el numeral precedente, ENEL se ha comprometido a pagar a ACCIONA un importe total de Euros 11.107.440.979″.
De esta manera, en una operación de más de once mil millones de euros, o si se prefiere, 14 mil 300 millones de dólares, que fueron a parar en las faltriqueras de Acciona, una audaz compañía multinacional española, dedicada inicialmente al negocio inmobiliario, la matriz energética chilena, que alguna vez fue chilena, dio un nuevo paso hacia la globalización, y dos hacia la autonomía respecto de los intereses estratégicos del país.

Se consumó así el capítulo más reciente, pero indudablemente no el último, de una historia que comenzó en diciembre de 1943, cuando se creó la Empresa Nacional de Electricidad S.A., como filial de la Corporación de Fomento de la Producción, CORFO, con el objetivo de desarrollar el Plan de Electrificación del país, que incluía la generación, el transporte, la producción y distribución de energía eléctrica; historia cuyos principales jalones han sido la fraudulenta privatización, dispuesta en 1987 por Hernán Büchi y perpetrada por José Yuraszeck, entre otros, en 1987, y la posterior venta a ENDESA España, en lo que se conoció como Negocio del Siglo, y que en rigor fue la estafa del siglo, operada por Yuraszceck y un grupo de controladores, en 1997, que terminó con la mayor multa en la historia de Chile…y con la enajenación de las decisiones sobre el desarrollo energético del país. El ente estatal que controla ENDESA El Ente Nazionale per l’ Energie Electrica, Enel SpA, es la mayor empresa eléctrica de Italia y la segunda de Europa por capacidad instalada. Luego de la adquisición de ENDESA España, produce, distribuye y vende electricidad y gas en 22 países de Europa, Norteamérica y América latina, con una potencia de unos 83.000 MWS, y una cartera de más de 52 millones de clientes. Es también el segundo operador de gas natural en Italia, con cerca de 2,6 millones de clientes y una cuota de mercado del 10% acerca de en términos de volumen. De hecho, administra un parque energético altamente diferenciado, con generación hidroeléctrica, termoeléctrica, nuclear, geotérmica, eólica y fotovoltaica. En 2007 Enel tuvo ventas por 43,7 mil millones de euro, un margen operativo bruto de unos 10 mil millones de euros y una utilidad neta de 4 mil millones de euros.

Con 85 mil empleados, es una compañía pública en la que el Ministerio de Economía de Italia detenta directamente el 21,1% del capital accionario, e indirectamente otro 10,1%, a través de la Caja de Depósitos y Préstamos.
El saldo, equivalente al 68,8% del total, está distribuido en 1,4 millones de accionistas, entre los cuales aparecen accionistas institucionales, como fondos de inversión internacional, compañías de seguros, fondos mutuos y cajas de previsión, y más de un millón de accionistas individuales.

En 2008, la autoridad italiana de la competencia condenó a nueve sociedades de distribución de gas y de electricidad, entre las que estaba Enel, a 1,2 millón de euros de multas, por publicidad falsa sobre sus tarifas.
En Chile, Enel está presente desde 2005, con las centrales hidroeléctricas de pasada Pilmaiquén y Pullinque, sin perjuicio de la asociación con ENAP en la Empresa Nacional de Geotermia y Geotérmica del Norte, donde la estatal italiana posee el 51% del capital accionario, sociedades que tienen en carpeta o están desarrollando los proyectos de geotermia Apalecheta y La Torta, en la Segunda Región; Calabozo en la Séptima, y Chillán en la Octava, con una inversión de unos 50 millones de dólares.

En 2007 adquirió el 24,9% de ENDESA España, y en virtud de una Operación Pública de Adquisición, en conjunto con la compañía inmobiliaria española Acciona, que detentaba el 25% accionario, se transformó en pacto controlador.
Dicho pacto tuvo más agraz que dulce, con fuertes disputas y visiones encontradas que entrabaron no sólo la gestión sino el horizonte estratégico de la compañía. Esa es precisamente la situación que quedó zanjada con la compra del paquete accionario de Acciona, si bien al costo de un fenomenal endeudamiento. Según versiones de prensa, habría sido el propio Presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, el que personalmente medió en la millonaria operación entre el Administrador Delegado de Enel, Fulvio Conti, y el Presidente de Acciona, José Manuel Entrecanales, grupo empresarial que tiene como Consejero para Latinoamérica a Osvaldo Puccio, ex Ministro Secretario General de Gobierno en el período de Lagos, y ex embajador en España hasta 2008.

Del núcleo ejecutivo de Enel conviene retener los nombres de Andrea Bentan, encargado de la zona ibérica y América Latina; Carlo Tamburi, director general de operaciones internacionales; Gianfilippo Mancini, encargado de generación y mercado, y Francesco Starace, encargado del área de energías renovables.

Esto porque, aunque crean que Chile es un país habitado por indios emplumados, son los que van a tomar decisiones estratégicas sobre el desarrollo energético del país, sin que tengan que rendirle cuentas a nadie.
De hecho, el debut de su toma de control de ENDESA Chile fue la renuncia de Raimundo Valenzuela, representante de las AFP en el directorio, para patentar su descontento por las condiciones en que la filial chilena adquiera un paquete accionario de las filiales peruanas Edegel, Eléctrica de Piura y Eldenor, en más de US$ 400 millones, sin considerar la desvalorización resultante de la crisis económica internacional.

La dócil prensa de mercado criolla se limitó a informar sobre el cambio de control de ENDESA por el ente italiano, en general haciendo pudoroso caso omiso de su condición de empresa pública. A lo más, encomió el hecho de que probablemente ENDESA en manos de Enel, jugará un rol más activo en el proyecto Hidroaysén, hoy frenado por la regulación ambiental y la presión de grupos ecologistas.

El botín mayor de la electricidad chilena

La joya de la corona, o si se prefiere, el botín mayor hoy en manos de Enel, es Enersis, matriz del mayor holding eléctrico latinoamericano, cuyas cifras no dejan de ser impresionantes. Actualmente posee participación directa e indirecta en el negocio de generación, transmisión y distribución de la energía eléctrica, y áreas relacionadas, en Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú. Las compañías generadoras del Grupo Enersis suman una capacidad instalada de más de 13.700 MW, y a través de sus empresas distribuidoras suministra electricidad a cerca de 12 millones de clientes, unos 45 millones de habitantes.

Al 31 de diciembre de 2008, acreditó ingresos antes de impuestos de $6.650.287 millones, un resultado operacional de $1.978.797 millones y ganancias netas por $570.883 millones, con incrementos del 35,3%, 44,6% y 178,3%, respectivamente, en relación al ejercicio 2007. En Chile, el resultado operacional sumó $550.712 millones, 51% superior respecto al cierre de 2007. La producción de 19.807 GWh representó un crecimiento de 5,5% respecto del año anterior.

La filial ENDESA Chile tuvo ingresos de explotación consolidados por $2.491.588 millones en 2008, 33% más que a diciembre de 2007; ingresos operacionales por $893.360 millones, y un resultado consolidado de $442.592 millones; En distribución, la filial Chilectra anotó un resultado operacional de $171.064 millones, 27,3% superior al año anterior.

Endesa Chile y sus filiales Pehuenche, Pangue, San Isidro, Celta y Canela, operan 25 centrales generadoras en el país, 15 hidroeléctricas, 9 térmicas a carbón, petróleo o gas natural, y una central eólica, totalizando una capacidad instalada de aproximadamente 4.779 MW, un 37% de la capacidad del sistema.

Durante 2007, la generación del grupo alcanzó los 18.773 GWh, 73% hidroeléctrica, 34% del total generado en el país. En los hechos, ENDESA Chile retiene el 55% de participación en el Sistema Interconectado Central, que abastece al 90% de la población chilena, y el 36% en el Sistema Interconectado del Norte Grande, que abastece desde Taltal a Arica. Monopolio vertical En distribución, Enersis controla Chilectra, la mayor de Chile, con presencia en 33 comunas de la Región Metropolitana y una zona de concesión de 2.118 km2 su zona de concesión, incluyendo las áreas comprendidas por sus filiales, Empresa Eléctrica Colina Ltda. y Luz Andes Ltda. En 2007 entregó servicioa 1.483.240 clientes, un 3,2% más que el año 2006, y vendió 12.923 GWh a clientes finales, lo que representó un aumento de 4,4% respecto a 2006.

El pasado 1 de abril, la Superintendencia de Electricidad y Combustibles, SEC, sancionó a Chilectra con una multa de 700 Unidades Tributarias Anuales, equivalentes a medio millón de dólares, por alzas injustificadas en la facturación, originada en reclamos de centenares de vecinos de Renca y Huechuraba. A la fecha, dicha Superintendencia investiga más de dos mil reclamos, por situaciones ocurridas en las comunas de Huechuraba, Renca, La Pintana , Macul, San Joaquín, Cerro Navia, Estación Central y Quilicura, tales como deficiente medición del consumo; sobrefacturación y conexiones cruzadas en que a un domicilio se le cobra el consumo del vecino.

En el negocio de transmisión, Enersis controla la Compañía de Interconexión Energética S.A., propietaria de la red eléctrica que conecta Argentina y Brasil, que permite el intercambio de electricidad entre ambos países y que comprende dos líneas de transmisión con una capacidad instalada total de 2.100 MW, las que cubren una distancia de unos 500 kilómetros desde Rincón Santa María, en Argentina, hasta Itá, en el estado de Santa Catarina en Brasil, y es propietaria de Transmisora Eléctrica de Quillota, un sistema de transmisión en 220 kV que conecta las centrales San Isidro y Nehuenco con la subestación San Isidro de Transelec, en el Sistema Interconectado Central.
Además posee participación mayoritaria en ElectroGas, propietaria del gasoducto de 121 kms., que une las regiones Metropolitana y Quinta; Gasoducto Atacama, dueña del gasoducto de 941 kms., que une Salta, en Argentina, y Mejillones; Compañía Americana de Multiservicios Ltda., CAM, orientada a soluciones eléctricas y negocios relacionados, como medición y certificación, comercialización y logística y obras eléctricas; Synapsis empresa de servicios profesionales en Tecnologías de la Información; Inmobiliaria Manso de Velasco, que administra un total de 23.972 m² de edificios de oficinas y locales comerciales; Ingendesa, consultora de ingeniería que realiza estudios de factibilidad, desarrollos de ingeniería, asesorías y auditorías técnicas y ambientales, e inspecciones de materiales y de fabricación de equipos, tanto en Chile como en el extranjero, y Túnel El Melón, infraestructura vial concesionada hasta julio de 2016, que une las provincias de Petorca y Quillota.

Sin embargo, no hay que marearse con el oropel de estas cifras. Por de pronto, el origen de este conglomerado empresarial es abiertamente fraudulento. Enseguida, las utilidades, o bien se marchan hacia el país del grupo controlador, o se reintegran a la economía nacional bajo la engañosa fachada de inversión extranjera directa.

Tercero, el impetuoso incremento en la rentabilidad de las compañías eléctricas es un efecto retardado de la huelga de inversiones que mantuvieron durante casi diez años, para forzar el alza de tarifas al consumidor, lo que finalmente consiguieron con la promulgación de la denominada Ley Corta II, en 2005, aunque al costo de conducir al sistema eléctrico chileno hasta el límite de su capacidad, situación que jamás ocurrió mientras ENDESA Chile era una compañía estatal, cuya misión apuntaba al desarrollo integral de la energía eléctrica requerida por el crecimiento económico del país. Precisamente, la fraudulenta privatización de la electricidad en Chile condujo tanto al ilícito e ilegítimo enriquecimiento de los privatizadores, hoy integrantes de la elite empresarial del país, como al penoso espectáculo de que la soberanía energética chilena se transe al mejor postor en bolsas de valores del extranjero.
Por último, las enormes ganancias de las transnacionales que controlan la electricidad del país, las están pagando los usuarios con la sostenida alza de tarifas de la energía eléctrica.

ENDESA, la más fraudulenta de las privatizaciones

El proceso de privatización de la economía chilena registra tres etapas, las dos primeras de las cuales fueron perpetradas durante la dictadura. La primera se extiende entre 1973 y 1982, y consistió básicamente en la devolución y/o privatización de 350 empresas que habían sido requisadas, intervenidas o adquiridas por el Estado durante el gobierno de la Unidad Popular, cuyos activos se vendieron en unos mil millones de dólares.
La segunda etapa se extiende principalmente entre 1985 y 1989, y presenta a su turno dos ramificaciones. La primera consistió en la reprivatización de empresas que habían retornado a manos del Estado como consecuencia de la crisis de 1983-83, las que conformaban la denominada «área rara».

La siguiente, perpetrada bajo la conducción de Hernán Büchi Buc, comprendió la enajenación de los denominados «monopolios naturales» de propiedad pública y las empresas creadas por la Corporación de Fomento de la Producción. Entre ellas, las empresas del sector eléctrico, como Endesa y Chilectra, la Compañía de Aceros del Pacífico, la industria Azucarera Nacional, la Línea Aérea Nacional, la Compañía de Teléfonos de Chile, la Empresa Nacional de Telecomunicaciones, Télex Chile y Laboratorio Chile.

En esta etapa se enajenaron 32 empresas con una pérdida para el patrimonio país que la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados estableció entre dos y tres mil millones de dólares, dependiendo del criterio de valoración.
De todo el proceso, la privatización más escandalosa, tanto por el monto como por el método, fue la de la Empresa Nacional de Electricidad.

El relato de la periodista María Olivia Monckeberg a la Comisión Investigadora, ahorra mayores comentarios:
«José Yuraszeck, funcionario público a fines de los 70, trabajó para Odeplan y fue ascendiendo hasta ser ejecutivo, pero en los 90 se transforma en zar de la electricidad, gracias a la privatización de Chilectra y de Endesa. Desde la gerencia de Chilectra, emprendió el proceso privatizador que dio origen a Chilmetro, Chilquinta y Chilgener. Luego, se concentró en la privatización de Chilmetro, rebautizada como Enersis. Yuraszeck fue uno de los maestros en la creación de sociedades de papel, diseñadas para lograr el control de las empresas que se privatizaban, a través del denominado capitalismo popular.

En julio de 1987 se constituyeron dos sociedades mellizas: Chispitas 1 y Chispitas 2. La formaron 19 ejecutivos de Chilectra, encabezadas por el gerente, José Yuraszeck. Luego establecían estos controles en que iba uno
controlando al otro para tener el manejo total. Con el control de las Chispitas, los ejecutivos llamaron a los trabajadores a aportar el 20 por ciento de la compañía. Se le conoció como Plan Chispazos. Mil quinientos trabajadores llegaron a sentirse capitalistas populares. Los ejecutivos aportaron sólo el 2 por ciento de las acciones, las mismas que constituyeron la garantía para obtener préstamos privilegiados en el Banco del Estado por un valor diez veces mayor.

Las Chispitas, a su vez, pasaron a ser socias de otras dos sociedades de papel: Luz y Fuerza y Los Almendros, las principales de Enersis. La privatización culminó en 1987 y asumió como presidente de la empresa el ministro del Trabajo y Previsión y de Minería, José Piñera Echeñique.

Desde Enersis, Yuraszeck y Piñera tomaron el control de Endesa, la segunda empresa pública del país. El proceso fue uno de los más largos. La administración de Endesa opuso resistencia. Allí aparecen dos personas de
confianza de Yuraszeck que jugaron un rol estratégico: Ernesto Silva y el numerario del Opus Dei Francisco Javier Silva Johnson. En diciembre de 1989, lograron su objetivo cuando terminaba el gobierno del general Pinochet: la privatizada Chilmetro, ya denominada Enersis, tomó el control sólo con el 12 por ciento de las acciones de Endesa. Eso fue posible con el apoyo de las AFP. Los fondos de previsión fueron claves en la toma de control por parte de Yuraszeck y el ex ministro Piñera. Al momento de la privatización, Endesa tenía el 60% de la generación eléctrica del país y casi la totalidad de las mercedes de agua, cuestión que aparece hoy tan delicada. Con la privatización de Endesa, la generación de electricidad y la distribución en la Región Metropolitana quedaron en las mismas manos. Un informe de la Contraloría, conocido en 1991 y al que no se le dio mucha publicidad, señaló que la privatización de Endesa le costó al país 1.000 millones de dólares en pérdidas».

A mayor abundamiento, este es parte del testimonio de René Abeliuk, primer Vicepresidente de CORFO después de la dictadura, ante la misma comisión:

«La privatización de ENDESA es el peor caso en lo que se refiere a pérdida estatal, ya que, salvo un paquete accionario que pudimos vender, todo el resto fue entregado sin reembolso alguno, porque se pagó con los dividendos y desahucios, es decir, con dinero que prestó el propio Estado. «Endesa, fue el más patético de todos los casos por su alto valor. En primer lugar, fue descompuesta en una serie de distribuidoras, incluso de diferentes generadoras. (…) Pilmaiquén es otro caso patético de privatización. A pesar de que se le hizo toda una renovación y su tasación fluctuaba en alrededor de 50 millones de dólares, fue privatizada en 14. No obstante, como se usaban los bonos de la deuda externa, quedó sólo el 50 por ciento, de modo que por Pilmaiquén se pagó 7 millones de dólares. Pero aún sacándole Pullinque, Colbún y otras empresas en el norte, ENDESA tenía cosas absolutamente irremplazables que no estaban reflejadas en el valor libro. Desde luego, era la única de transmisión que había en el centro sur. (…) Además, tenía estudios de cincuenta años -cosa que nadie tiene en Chile- acerca del comportamiento de los ríos chilenos y de una cantidad de reservas de agua».

Otro antecedente de la pérdida para el país de la fraudulenta privatización de la electricidad, es el siguiente párrafo del resumen ejecutivo del informe de la misma Comisión Investigadora, suscrito por la mayoría absoluta de sus integrantes:

«En 1990 la CORFO se entregó en crisis al nuevo Gobierno. Se le debía US$ 800 millones, la Institución debía cerca de US$ 1.000 millones y tenía más de US$1.000 millones en cauciones. Gran parte de su deuda externa provenía de la privatización de ENDESA, ya que asumió una deuda externa de US$500 millones y una deuda con ENDESA por la compra de EDELNOR por US$150 millones».

El proceso de privatizaciones ha sido altamente lesivo para el interés nacional y los derechos económicos de las mayorías. Se trató de decisiones que comprometían cuantiosos recursos públicos, las que no obstante fueron adoptadas en estricto secreto, en operaciones de dudosa transparencia cuando no de abierta ilegalidad. Los funcionarios públicos que adoptaron las decisiones de vender el patrimonio público fueron los que se beneficiaron después en tanto compradores privados. Integrados en los directorios de los nuevos grupos económicos surgidos al alero de las privatizaciones, estos funcionarios que se repartieron el patrimonio público, hoy forman parte de la elite empresarial y de los denominados poderes fácticos, desde donde ejercen una influencia incontestada en las decisiones de política económica.

En el caso de ENDESA, con ínfimo porcentaje accionario, en virtud de créditos del Banco del Estado y el lobby de hombres clave de la dictadura, como el inefable José Piñera Echenique, diseñaron una refinada ingeniería financiera que les permitió apoderarse del control de la segunda empresa en importancia y proyección estratégica del país, virtualmente sin poner un peso. Sobre la base de garantías constituidas por los mismos paquetes accionarios, el Banco del Estado, a la sazón presidido por Alvaro Bardón, les prestó 65 millones de dólares para adquirir el 20% de Chilectra. Así comenzó Enersis, que luego se convirtió en un holding que controlaría Endesa, Chilectra, Sinapsys, Inmobiliaria Manso de Velasco y Aguas Cordillera, entre otras empresas

Auge y caída del zar de la electricidad

Pero lo peor para el interés nacional, si cabe, todavía estaba por venir, episodio que posteriormente fue conocido como el Negocio del Siglo, vale decir, la fraudulenta venta de Enersis a ENDESA España.

Para entenderlo, es preciso retroceder a la fraudulenta privatización de la electricidad chilena. Yuraszecky un puñado de ejecutivos de su confianza, construyeron el holding Enersis sobre la base de sociedades de inversión, las Chispas, que tenían dos tipos de acciones, 75 millones de tipo A y 250 mil de tipo B, que quedaron en poder de Yuraszeck y su equipo. Las acciones B no entregaban dividendos, pero sí algo más importante, el control.
En el proceso de privatización de las compañías eléctricas, la participación máxima de un solo accionista estaba limitada al 32% del capital de la empresa, y en todas ellas las AFP ocupaban una posición relevante, que en el caso de Enersis alcanzaba al 29,2% del capital de la compañía. Para alcanzar el control total de las decisiones de la empresa privatizada se requería modificar los estatutos y eliminar esa cláusula, para lo cual se requería el respaldo de los dos tercios de las acciones emitidas, o negociar directamente con los administradores fiduciarios a espaldas de la masa de accionistas minoritarios.

Bueno, eso es exactamente lo que ocurrió con la toma de control de Enersis por ENDESA España, en agosto de 1997, en una operación tanto o más turbia que la propia privatización de ENDESA Chile.

En esa oportunidad, un exultante José Yuraszeck anunció la «alianza estratégica» del principal holding eléctrico de Latinoamérica con ENDESA España, en virtud de la cual ésta ofrecía una Operación Pública de Adquisición de Acciones, hasta por un 20% más alto que su valor comercial, en la cual se comprometía a invertir hasta mil millones de dólares.

En el Acta de la sesión extraordinaria Nº 10/97 del directorio de Enersis S.A., celebrada el 30 de julio de 1997, aparece que «el gerente general manifestó que esta alianza se podría materializar en una nueva sociedad cuyo nombre sería ENDESIS y en la que la participación accionaria estaría divida en un 55% para ENDESA España y un 45% para ENERSIS, manteniendo la política de invitar como accionistas, en el campo de la generación, a Endesa Chile y/o sus filiales y, en el campo de la distribución, a Chilectra y/o Río Maipo. A fin de abordar los nuevos proyectos, esta Sociedad procuraría contar con un capital del orden de los 1.000 millones de dólares a fin de apoyar el financiamiento de la expansión internacional».

Hasta ahí, todo coser y cantar, porque aparentemente ganaban todos con la valorización de la empresa, especialmente los accionistas minoritarios y las AFP.

Sin embargo, el escándalo estalló a los pocos días, no bien tomó estado público la letra chica del Negocio del Siglo, es decir, la cláusula secreta que establecía el traspaso del control de Enersis a ENDESA España en virtud del traspaso de las 250 mil acciones de tipo B, equivalentes al 0,06% accionario, en poder de Yuraszeck y sus seis «gestores clave», Marcos Zylberberg, Arsenio Molina, Marcelo Brito, Luis Fernando Mackenna y Eduardo Jesús Gardella, por la módica suma de 500 millones de dólares.

Para decirlo en chileno, quedó la zorra.

No bien la mayoría de los miembros del directorio supo de las cláusulas del acuerdo secreto, desautorizó a José Yurasezck y al poco tiempo lo forzó expulsó así como a sus ejecutivos de confianza, y exigió una reformulación de los términos del acuerdo con Endesa-España, que igual terminó convirtiéndose en accionista mayoritario de Enersis, aunque sin alcanzar control pleno.

Es así como en clave de sainete, el 23 de octubre de 1997, mismo día en que llegó a hacerse cargo de la compañía Rodolfo Martín Villa en nombre de ENDESA España, un emocionado José Yuraszceck se despedía del personal de Enersis, que lo aclamaba ondeando pañuelos, mientras empezaban a acumularse las primeras querellas, de parte de los accionistas minoritarios.

Un personaje infaltable en este tipo de tramas es el hermano de José Piñera Echenique, de nombre Sebastián, quien anda obsesionado por ostentar entre sus títulos la presidencia de la República. Según la revista Qué Pasa, el empresario y entonces senador, «que había encabezado la lucha contra Yurasezck y el acuerdo con Endesa-España, negoció directamente con los españoles y ganó él solo entre tres y cuatro millones de dólares».

En rigor, Yurasezck y los otros ejecutivos no quedaron en la ruina, pues percibieron 376,2 millones de dólares, de los cuales al ex gerente general le correspondieron 84 millones.

Para abreviar el cuento, si bien la jueza Eleonora Domínguez encausó a los ocho ex controladores de Enersis por el delito de transacción ficticia, tipificado en el artículo 53 de la Ley del Mercado de Valores, esa resolución fue impugnada por la Corte de Apelaciones. Distinto fue el caso de la millonaria multa impuesta por la Superintendencia de Valores y Seguros, por alrededor de 55 millones de dólares, la más alta en la historia del país, en noviembre de 1997.

El 16 de julio de 2002, en un efímero triunfo para Yuraszeck, el Quinto Juzgado Civil de Santiago dejó sin efecto esa multa, pero el 8 de julio de 2004, la Segunda Sala de la Corte de Apelaciones revocó el fallo y mantuvo a firme la multa. El 7 de julio de 2005, la Corte Suprema zanjó el asunto con el rechazo del recurso de casación entablado por la defensa de los ex controladores de Enersis, los cuales, en agosto del mismo año, terminaron pagando una suma de algo más de 60 millones de dólares.

Huelga de inversiones

Sin embargo, la enajenación de Enersis a ENDESA España perpetrada por el grupo de Yuraszeck fue apenas el inicio del tercer capítulo de esta torva historia.

El enorme apagón eléctrico producido el día 23 de septiembre de 2002 en seis regiones, y que afectó a seis millones de personas, fue el primera evidencia de la huelga de inversiones impulsada por las transnacionales que en alto grado de concentración, se apoderaron del sector de la energía eléctrica chilena, a partir del proceso de privatización impulsado por Büchi, Yuraszceck y Piñera.

En efecto, de monopolio natural en poder del Estado, la matriz energética chilena pasó a ser controlada por un monopolio privado en la transmisión y un oligopolio de carácter transnacional en la generación, constituido, a ese año, por Endesa España y su filial Enersis, la francesa Suez Lyonnaise des Eaux SA, asociada con el Grupo Matte en Colbún y la norteamericana AES en Gener.

La huelga de inversiones de las transnacionales eléctricas obedeció a la baja de los precios de nudo, en cerca de 45%, en el gobierno de Eduardo Frei. Durante el período de Lagos los precios de nudo fueron aumentados drásticamente, pero los consorcios transnacionales no se dieron por satisfechos. Al momento del apagón, las únicas obras en construcción eran la ampliación de Nehuenco, por parte de Colbún para cumplir contratos con Codelco en la división El Teniente, y el proyecto hidroeléctrico Ralco, que llevaba adelante Endesa España. A esa fecha, Enersis atravesaba por un momento muy delicado, pues, producto de las crisis argentina y brasileña, y la baja en el precio de nudo en Chile, había perdido más del 60% de su valor bursátil. En el mercado bursátil chileno, Enersis valía unos US$ 750 millones, suma muy inferior a lo US$ 1.240 millones que pagó en 1997 por el sólo control de las sociedades Chispas.

En mayo de 2004, representantes de Endesa e Iberdrola fueron aún más explícitos, y condicionaron su decisión de inversiones a que las autoridades chilenas hagan cambios además al marco regulatorio y pongan término a lo que ellos denominaron «argentinización» del sistema eléctrico, con medidas reguladoras que calificaron de «arbitrarias y discriminatorias».

A principios de 2005, la estructura oligopólica de la generación eléctrica en Chile se repartía entre ENDESA España, con una cuota de mercado de 35,3%, AES Gener con un 34,3% y el consorcio franco-belga Suez Tractebel con un 30,4%.

Pero así como tanto va el cántaro al agua, que al final se rompe, y tal como no hay tiempo que no se acabe ni tiento que no se corte, la prolongada huelga de inversiones de las transnacionales eléctricas que operan en el país obtuvo finalmente su objetivo, con la promulgación de la denominada Ley Corta II, en mayo de 2005, durante el gobierno de Lagos, que, en esencia, les garantizó un 10% de rentabilidad sobre los activos, un alza de hasta 12% en el precio de nudo y una mayor autonomía en el Centro de Despacho de Carga, el corazón operativo del Sistema Interconectado Central. El Consejero Delegado de ENDESA España, Rafael Miranda, lo expresó crudamente: «la Ley Corta II eliminó la incertidumbre de precios a largo plazo viabilizando inversiones que se encontraban dormidas a la espera de señales».

Naturalmente, todo lo que empezaron a ganar las transnacionales eléctricas desde entonces, como demuestran las cifras de 2008 mencionadas más arriba, lo empezaron a pagar los usuarios, con incrementos de tarifas que superan el 50% en los últimos tres años. Ese es el paraíso neoliberal donde condujo la privatización de la electricidad perpetrada durante la dictadura. Ese es el panorama que encuentra Enel Spa, al iniciarse el cuarto capítulo de una historia para llorar, que sin duda continuará. Empiezan a prefigurarse condiciones que permitan que dicho capítulo sea la lucha para la recuperación del control sobre el desarrollo de la matriz energética chilena, es decir, la reestatización de ENDESA, pero esta vez en serio.