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La salud pública está hace tiempo sin camas para pacientes críticos

Fuentes: Rebelión

La precariedad de nuestro sistema sanitario público camina a un deterioro aún más profundo que el actual.

Leonardo Recabal Pincheira

Menor de 2 meses falleció por enfermedad respiratoria, al no contar de forma oportuna con una cama para paciente crítico (UTI, UCI) hace algunos días. Las autoridades de salud dicen que se iba a morir igual. Luego otro caso. Las urgencias pediátricas y camas críticas pediátricas colapsadas.

Para la mayoría de la gente y sobre todo para quienes desde años conocemos de cerca la realidad de la salud pública en Chile no debiera sorprendernos. Tenemos mala memoria. Todos los inviernos los hospitales, los consultorios, los SAPU colapsan…¿Quién sufre las consecuencias?… los sectores más desposeídos, precarizados y explotados. Los datos lo confirman, la mortalidad infantil es mucho mayor en los sectores más pobres. Es decir, quienes deben morir esperando una atención oportuna, una cirugía, un medicamento especial, son los hijos e hijas de la clase trabajadora, no los hij@s de quienes hoy nos gobiernan ni los hij@s de los dueños del país.

La precariedad de nuestro sistema sanitario público camina a un deterioro aún más profundo que el actual. A las interminables listas de espera (donde muere la clase trabajadora), la falta de camas de hospitalización, el colapso de los servicios de urgencia, la falta de ciertos exámenes y medicamentos, se le debe sumar el importante deterioro de la salud mental que hoy vive la población y que se evidencia, por ejemplo, en el aumento sostenido de la tasa de suicidios en los últimos años. Las y los trabajadores de la salud no somos indiferentes a esta crisis, también sufrimos las consecuencias de ella y debemos muchas veces hacer lo más posible por la salud de la gente contando pocos recursos y mala infraestructura.

Este es el resultado de un sistema sanitario público que por décadas ha sido desmantelado progresiva e intencionadamente, mediante una baja inversión, mala gestión y precariedad laboral para sus trabajadores y trabajadoras. Por otro lado, existe una salud privada que crece, se enriquece y lucra cada día más. Nos quieren hacer creer que el problema son las ISAPRES, cuando las clínicas y centros privados de salud siguen multiplicándose. Cada año el sistema público (hospitales) pierde camas de hospitalización y el sistema privado (clínicas) crece en camas nuevas. El sistema de salud público se hunde, mientras el sistema privado sigue acumulando ganancias. Ese es el plan para la salud en Chile: achicar, desprestigiar, desfinanciar lo público para seguir “engordando” a los empresarios de la salud.

Hoy, además asistimos a un periodo del año (otoño-invierno) donde se exponen con mayor evidencia las precarias condiciones de vida en que vive gran parte de las familias del país. Empleo precario, inestable e informal, bajos sueldos (ya no alcanza para ir al médico particular), malas condiciones de vivienda (hacinamiento, mediaguas), alza en los precios de alimentos que genera mala nutrición, contaminación medioambiental, estrés y preocupación constante por la vida futura, etc.

Una salud entregada al capitalismo más brutal donde el que tiene dinero vive y el que no, se va a la tumba, debe ser transformada radicalmente. No podemos seguir aceptando el negocio de la salud y a los mercaderes de la muerte, mientras cada día los sectores populares y la clase trabajadora sufre y muere esperando una atención oportuna que sabemos nunca llegará. Desde la rabia de tanta injusticia, en la población, el sindicato o donde estemos, a seguir construyendo organización y lucha contra el gobierno empresarial y la patronal explotadora.

*El autor es trabajador de la Salud Pública, dirigente de la FENATS, región del Biobío y miembro de la Asociación Intersindical de Trabajadores y Trabajadoras Clasistas (AIT)