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La Solidaridad

Fuentes: Rebelión

El Amor, que ha estructurado todo lo bello, procreó a sus tres hijas predilectas: Libertad, Igualdad y Fraternidad, y las donó al hombre para que intentara ser feliz. La Libertad, que según Esquilo es atributo exclusivo de Zeus, es un don demasiado escaso, hermoso y perfecto para que pudiera encajar en la apretada agenda de […]

El Amor, que ha estructurado todo lo bello, procreó a sus tres hijas predilectas: Libertad, Igualdad y Fraternidad, y las donó al hombre para que intentara ser feliz.

La Libertad, que según Esquilo es atributo exclusivo de Zeus, es un don demasiado escaso, hermoso y perfecto para que pudiera encajar en la apretada agenda de los hombres, tan ocupados en sobrevivir; vino Jesús a enseñarla con su prédica, pero no lo entendimos e incluso lo crucificamos. ¿Cómo lo íbamos a entender si nos pedía amar incluso a nuestros enemigos? Tuvo que la guillotina imponerla por la fuerza, para que nuestras repúblicas le dieran cabida en las páginas de sus endebles constituciones.

La Igualdad, dulce quimera nacida para eliminar las desigualdades con las que las Parcas nos dotaron al nacer, encontró escollos aún mayores a los que enfrentó la Libertad, pues los poderosos oprimen al humilde buscando evadirla y para evitar que las estructuras sociales se derrumben bajo el reinante peso de tanta injusticia que cometen; sin lugar a dudas, nos falta mucho para ser seres humanos.

La Fraternidad es la única hija del Amor que sentó lazos de unión entre los hombres, pero lo hizo sólo como una obligación social forzada, para guardar las apariencias en las ceremonias religiosas y en los actos de beneficencia, y nada más. Para nuestra buena suerte, la Fraternidad engendró a la Solidaridad, la que complementó las fortalezas con que el Amor nos dotó desde el origen del tiempo. El Príncipe del célebre cuento de Oscar Wilde fue feliz mientras habitó en el palacio de la Despreocupación, donde la Pena era impedida de entrar y un alto muro lo separaba del mundo real. Pero cuando desde lo elevado de su pedestal contempló las miserias que lo rodeaban, sintió deseos de llorar y repartió sus inmensas riquezas entre los pobres con la ayuda de su nueva amiga, una retrasada golondrina que se había enamorado de un junco infiel; esta solidaridad transformó a ambos en la cosa más valiosa de la ciudad.

Pero sólo el amor perfecciona al mundo tornándolo bello, pues la solidaridad es una unidad de autodefensa que nos permite subsistir, y aun las especies primitivas la practican. Las células se aglutinan en organismos complejos, especializados en cumplir tareas específicas, y si alguno de ellos llega a fallar el organismo perece por la falta de solidaridad de sus miembros. Si lo primitivo es solidario, ¿cómo no lo van a ser los organismos superiores? Cardúmenes, manadas y jaurías son formas con las que los animales se organizan con la finalidad de sobrevivir, de otra manera serían exterminados por sus depredadores, y estos últimos también se organizan para cazar a los primeros y así sobrevivir. ¿Y acaso, las sociedades humanas no son formas de organización creadas por el hombre para vivir mejor?

Sin embargo, todavía nos falta mucho de humano para ser seres humanos, porque las sociedades modernas no han superado aún la etapa darwinista de la supervivencia del más fuerte, sobre cuyas bases se forjaron. Por eso, la Solidaridad tiene que dar paso a una nueva forma de organización social en la que el respeto a la naturaleza, a lo pluricultural, a la equidad social y de género, sean las normativas del comportamiento humano. Reconocer y practicar que ninguna cultura, por avanzada que sea, es superior a otra, conlleva saber diferenciar cultura de civilización.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.