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Las caras lindas o la narración visual de Darwin Minda

Fuentes: Rebelión

La narración visual de Darwin Minda es de Casa Adentro y Casa Afuera1, dos conceptos claves, en las comunidades negras para comunicar ciencias y saberes. El primero fortalece la memoria colectiva (e histórica) y la segunda es el renglón de la interculturalidad. El diálogo de miradas causado por las fotografías, las nuestras desde las geografías […]

La narración visual de Darwin Minda es de Casa Adentro y Casa Afuera1, dos conceptos claves, en las comunidades negras para comunicar ciencias y saberes. El primero fortalece la memoria colectiva (e histórica) y la segunda es el renglón de la interculturalidad. El diálogo de miradas causado por las fotografías, las nuestras desde las geografías culturales e históricas y aquellas de quienes desde sus orillas vitales e identitarias se aproximan con el peligro de la curiosidad prevenida por el racismo, con el interés del desconocimiento más acá de la piel o con las lecturas distorsionadas por sucesivas etapas de mala educación. Ahí están las fotos Casa afuera invitando al diálogo por la representación, desde ella ‘saber más’ sobre esa conocida (la afroecuatorianidad) por los disparates escritos y tenidos por su historia en cientos de textos y miles de habladurías. Estas palabras de las imágenes narran la verdad, no confunden, no ocultan, no disfrazan, sueltan sus idiomas; las fotografías contienen eso que en habla lingala se filosofa: monoko na ngai2.

«Rostros de la afroecuatorianidad, es una propuesta que nace desde el sentir de la comunidad y del diario caminar en busca de historias personales y comunitarias. Es una búsqueda de vivencias para luego retratarlas en imágenes que puedan ser contadas y sentidas con tan solo observarlas», explica D. Minda. O devolverse Casa Adentro para narrar el breve instante de un rostro pensativo. La mirada buscando por dentro la razón de unos desvelos, cualquiera que estos sean, divinos o humanos. Están los rostros alegres, el objetivo de la cámara los alcanza en el momento preciso de la risa o el alborozo festivo de cuerpo entero, es la gente de Ambuquí. O en La Carolina, mujer con el cigarro, para conseguir tranquilidad o mandar mensajes en el viento a quien deba recibirlo. El tabaco llama, convoca o castiga. Así somos y esa es nuestra tabla periódica de mitos. O verdades narradas con la metáfora detenida, en su dinámica. No son personajes, por favor, son personas dentro de la cotidianidad comunitaria. En La Carolina están los Arce, los Minda, los Pavón, los De La Cruz y así los apellidos cuentan circunstancias personales; no son rostros o figuras anónimas del paisaje retratado en un tiempo de fisgoneo instantáneo por alguien «que le gusta la fotografía». El artista indaga memorias e historias.

Darwin Minda vuelve a la memoria colectiva que está en saberes, organización social comunitaria, vivencias familiares e individuales, andares y caminares, el ritmo y la poesía de los jóvenes artistas, la cooperación biofísica con el entorno natural y las fotografías de micro eventos. Eso también es Historia, la nuestra. Aquella que producimos por resistencia comunitaria o porque siglos después los negreros solo se han mimetizado. Un rostro negro, de mujer u hombre, apenas debería ser eso: la cara de una persona. Por ahora, el discurso estético demanda esta resistencia desde las imágenes. La fotografía de alguien es el rostro de todos, sea mujer u hombre. Por ahora es así. No solo la sangre extendida nos hace parientes, también la Historia de las superaciones de inmensos infortunios colectivo o personales, que parecían infinitos, pero aquí estamos en la mujer de mirada fija que interroga al lente, en el breve click sucedido en la parroquia Lita. La oralidad en imágenes no detiene el flow de la palabra suelta. Se complementan. Y muy bien.

Y Darwin Minda llega a La Concepción, un territorio ancestral. Otra vez el artista no otorga independencia técnica al artefacto, más bien sirve ajustado a la narrativa del ojo. De la comunidad de ojos, Casa Adentro y Casa Afuera. Los rostros de mujeres y hombres precisados en punto de privilegio de la comparación con aquellos de los Ancestros combatientes. «La voz de los ancestros enseña que cada uno de los espacios territoriales que ocupan nuestras comunidades y caseríos, representa una herencia ganada por nuestros y nuestras mayores, por los que nos antecedieron y por eso, son territorios ancestrales. Además los espacios territoriales donde actualmente están asentadas las comunidades, son algo más que solo tierras, o terrenos como nos enseña el Estado»3. Estas son palabras mayores del maestro Juan García y la profesora de la UASB Catherine Walsh. Desde ese territorio Martina Carrillo caminó, las millas que hicieron falta, hasta Quito a reclamar la libertad de su gente y la propia. La asesinaron a latigazos. ¿Hoy los rostros de las fotografías de Darwin Minda son los que la prócer afrodescendiente quería? Algo persigue el artista con cada click. Es otro tiempo y desde estos espacios de compromiso, ¿halla aquello que busca? ¿O solo es una narrativa estética de las caras lindas de mi gente negra4? Una respuesta sería que intenta avanzar más allá del ‘renacer cultural’. Imágenes y palabras concluyen el idioma de ese renacimiento. Digo y escribo, por ahora.

Para otra realidad, aunque parecida, Santiago Arboleda escribió: «Este renacer o despertar cultural, produjo un tipo de pensamiento que tendió a la expansión y al fortalecimiento de las redes artísticas, […] entre finales de los ’70 y ’80, con una serie de encuentros artístico-culturales que cuestionaron la estética femenina y masculina…»5 El artista que elige la estética de la resistencia debe defenderla desde la cognitividad crítica de sus comunidades afroecuatorianas rurales o urbanas, según se relacione más directamente con alguna de ellas.

Se entiende por ‘cognitividad crítica’ al proceso de cimarronismo cultural, al cuestionamiento gnoseológico (principios y metodologías del conocimiento de las comunidades negras americanas), al pensar sembrando/sembrar pensado de J. García y C. Walsh. «En los espacios casa adentro donde todos y todas se pertenecen a la raíz ancestral de origen, hablen con sus propias voces, usen las palabras que son comunes a todos y todas, para que ninguna voz se quede afuera, para que toda palabra sea sembrada, eche raíces y vuelva a ser semilla«6. Vale para la narrativa visual de Darwin Minda o para decir que en Mascarilla ‘las caras son negras y las máscaras también’. Lección fanoniana7 aprendida. O en pleno aprendizaje. O más que negro es negritud (color, conciencia y cultura8), hago una interpretación del arte fotográfico de D. Minda. Ese trinomio está en el pensamiento, en el ojo y en el disparador de la cámara y es quitarles nuestras imágenes al racismo, dejarlo sin discursos miméticos, desacreditar sus contenidos más expresivos (color de piel, forma de nariz, vestimenta o definiciones consumistas de la belleza) y a la vez proponer otras lecturas interpretativas desde nuestras comunidades afroecuatorianas con sus imágenes no modeladas y sí modélicas.

El pensamiento crítico del Abuelo Zenón refiere: «La raíz, aunque sea fea y dura, aunque este hundida en una tierra dura y llena de piedras, es la que teje y alimenta el delicado vestido de la flor y alimenta sus promesas de frutos y semillas9«. Nuestra formulación estética viene de ahí, de la palabra, ella es la que crea, cría y si se daña descría. O mejor, Darwin Minda cumple con desaprender para aprender y a la vez reaprender su narrativa visual. Nuestra narrativa, al fin y al cabo.

Notas:

1 En los espacios casa adentro donde todos y todas se pertenece a la raíz ancestral de origen, hablen con sus propias voces, usen las palabras que son comunes a todos y todas, para que ninguna voz se quede afuera, para que toda palabra sea sembrada, eche raíces y vuelva a ser semilla. Tomado del libro Pensar sembrando/Sembrar pensando, de Juan García y Catherine Walsh, Quito: Universidad Andina Simón Bolívar y Ediciones Abya Yala, 2017, p. 29.

2 Hablo con idioma propio.

3 Óp. Cit., pp. 63.64.

4 Las caras lindas de mi gente negra, / son un desfile de melaza en flor, / que cuando pasa frente a mí se alegra, / de su negrura todo el corazon,… etc. Las caras lindas, del compositor puertorriqueño Catalino Curet Alonso (1926-2003).

5 Le han florecido nuevas estrellas al Cielo, Santiago Arboleda Quiñónez, Colombia, Cali: Edición Poemia, 2016, p. 156.

6 Óp. Cit., p. 29.

7 Referencia al título Piel negra, máscaras blancas de Frantz Fanon.

8 Dicho por el Maulana Ron Karenga, profesor universitario y fundador de la fiesta navideña afroamericana llamada Kwanzaa del 26 de diciembre al 6 de enero.

9 Óp. Cit., p. 28.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.