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Respuesta a los profetas del "fin de ciclo" latinoamericano

Los aciertos históricos de los gobiernos progresistas son innegables

Fuentes: Rebelión

Los aportes de Atilio Boron y de Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, al debate sobre la coyuntura política latinoamericana.

Del 29 al 30 de septiembre tuvo lugar en Quito el Encuentro Latinoamericano Progresista (ELAP 2015). Bajo un sol ecuatorial ardiente y a 2800 metros de altura, rodeados de volcanes -uno de ellos el Cotopaxi activo desde hace algunos meses- los debates se desarrollan en una atmósfera serena y afable. Entre los líderes, funcionarios y académicos convocados quisiera destacar estas dos presentaciones (Atilio Boron y García Linera) por la manera directa con la que respondieron a un tema que se ha puesto de moda últimamente: El supuesto «fin de ciclo» de los gobiernos progresistas de América Latina. Que este tema haya sido el punto de partida de las presentaciones de dos de los más lúcidos intelectuales de los procesos progresistas de la región, subraya su importancia crucial hoy en día.

Atilio Boron hizo notar que los presagios de fin de ciclo son planteados desde una «posición de saber» (analistas que supuestamente saben qué es el socialismo). Estos auto-proclamados expertos le hicieron recordar las palabras de Fidel: «Entre los muchos errores que hemos cometido, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o de cómo se construye el socialismo». Citó también a Salvador Allende, quien ante las críticas advirtió que el proceso chileno era una transición hacia el socialismo. De las reflexiones de ambos líderes, Boron saca la conclusión de que los pronosticadores del «fin de ciclo» cometen un error garrafal al acusar a los gobiernos progresistas de «modernización capitalista». Señaló que modernización capitalista es lo que hace Rajoy en España, Cameron en Inglaterra o la troika en Grecia. En América Latina los gobiernos progresistas han disminuido la pobreza y la desigualdad social. El capitalismo no se moderniza con reformas sociales como las realizadas por los gobiernos progresistas sino achicando el Estado, reduciendo el gasto público y privatizando. Recordó que existe una crisis económica profunda, calificada por algunos economistas como «la peor de la historia», es una crisis financiera, ambiental, energética, del agua, y esta crisis también afecta a la región latinoamericana. Advirtió que «no se puede subestimar los avances en la conciencia política de América Latina» representados por la movilización de los pueblos originarios, los jóvenes, las mujeres. Remarcó que este cambio en la conciencia, no tiene punto de comparación con lo que sucedía en los años 90; es impresionante y no puede ser subestimado o negado. Alertó de que hay autores que se ensañan contra los gobiernos progresistas, que si bien cometieron errores, en algunos casos caen en desviaciones de tecnocratismo y burocracia, falta de planificación o errores políticos tácticos también han logrado muchos aciertos históricos como nacionalización de grandes empresas de recursos naturales, legislación social de avanzada y política exterior de defensa de la soberanía nacional. Agregó que hubo cambios positivos que son irreversibles y que si llegan a ganar elecciones gobiernos restauradores del neoliberalismo, estos deberán confrontar las demandas de un pueblo más conciente de sus derechos.

García Linera inició su presentación diciendo que si hace un balance de los últimos quince años de transformaciones, destacaría tantos los logros de los gobiernos progresistas como también las dificultades y las complejidades, propias de países en movimiento, en transición. Su respuesta a los agoreros del fin de ciclo es que están equivocados, que los gobiernos progresistas no están llegando a su fin sino todo lo contrario: tienen un futuro por delante, como pueblos en lucha que van transformando sus sociedades y elevando su nivel de conciencia.

Ambos conferencistas se refirieron a las críticas al «modelo extractivista». Boron dijo que es una «irresponsabilidad gigantesca» exigirle a los gobiernos progresistas que no toquen los recursos naturales. Se preguntó de qué otra manera se puede alimentar a la población de países con gran crecimiento demográfico, como Ecuador y Bolivia. García Linera se refirió a la «tensión entre la generación de bienestar económico y la protección de la Madre Tierra». Explicó que el extractivismo en Bolivia lleva casi 450 años, desde la explotación minera en Potosí (iniciada en 1570). Agregó que junto a esa herencia hay que resaltar la pobreza de la región, una de las más desiguales del planeta. Estos dos componentes, la condición extractivista y la extrema pobreza, no dejan otra salida que producir para reducir la pobreza pero hacerlo con respeto hacia los pueblos originarios y escuchando la sabiduría indígena de dialogar con la Naturaleza: «a la Naturaleza no se la mata porque es matarse a sí mismo». Señaló su acuerdo con las palabras de Fidel: «Si solo nos dedicamos a producir hemos abandonado el futuro; solo habrá futuro ecológico…»

Volviendo a los críticos, distinguió dos tipos de ambientalistas: los ambientalistas revolucionarios y los ambientalistas coloniales, que les piden a los países del Sur que congelen sus condiciones de vida (colonial), mientras los países del Norte siguen con la «orgía consumista». En muchos casos estas organizaciones son generosamente financiadas desde esos mismos países centrales (EE.UU. y Europa). Aseveró que el gobierno de Bolivia no caerá en la trampa de acabar en pocos años con el extractivismo que lleva 450 años pues hace falta un puente, un periodo de transición para poder satisfacer las necesidades de la gente a medida que se vaya creando la nueva sociedad del conocimiento y de la cultura. Se refirió a la necesidad del salir del extractivismo sin congelar la producción ni regresar a la edad de piedra sino utilizando temporalmente el extractivismo para crear las condiciones que permitan el salto a la economía del conocimiento.

García Linera fustigó a «esa izquierda de cafetín, perfumada y bien remunerada, que se siente incómoda ante el estruendo de la batalla pero que sin embargo denuncia a los gobiernos progresistas por no haber instaurado inmediatamente y por decreto el Buen Vivir». Concluyó que estos «radicales de la palabra y timoratos de espíritu» que han devenido «profetas del fracaso de los gobiernos progresistas» son en los hechos «mediocres fariseos de la ofensiva reaccionaria», puesto que al ser incapaces de movilizar a las masas solo sirven como colaboradores de la restauración neoliberal.

Las dos presentaciones se realizaron ante salas colmadas. En ambos casos, el sostenido entusiasmo del público alcanzaba picos cuando los conferencistas se referían a la necesidad de corregir las tendencias burocráticas y a ampliar la participación del pueblo al igual que cuando fustigaban a los «profetas del fin de ciclo de los gobiernos progresistas».

El debate sigue abierto…

Esperamos que de este debate surjan nuevas propuestas transformadoras que engloben las visiones de los trabajadores, de los movimientos sociales -pueblos originarios, defensores del medio ambiente, mujeres- y todos los sectores que persiguen una sociedad más justa y participativa en cada país de la Patria Grande que sigue en la lucha por la soberanía nacional y contra la injerencia imperialista.

Véase la ponencia de Álvaro García Linera, académico y activista, actual vicepresidente de Bolivia: http://www.rebelion.org/admin/editorArea.php?ID=203923

La ponencia de Atilio Boron, académico y activista argentino, será publicada en los próximos días.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.