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El significado biográfico de exilio desde la perspectiva de los hijos e hijas de exiliados chilenos

Los hijos del destierro

Fuentes: Politika

Leonor Quinteros (1) es la autora de uno de los más bellos libros que nadie ha querido publicar en Chile. La niña que era (6 años) cuenta el horror de la dictadura, de su padre en prisión, su exilio de adolescente, el regreso a su país de origen, a Iquique. Ese libro lleva por título […]

Leonor Quinteros (1) es la autora de uno de los más bellos libros que nadie ha querido publicar en Chile. La niña que era (6 años) cuenta el horror de la dictadura, de su padre en prisión, su exilio de adolescente, el regreso a su país de origen, a Iquique. Ese libro lleva por título «Un exilio para mí», y lleva más de 20 mil descargas en el sitio del diario POLITIKA. Ahora Leonor nos ofrece un análisis sociológico del exilio, y nos explica cómo reaccionaron los niños y los jóvenes, las familias, ante realidades que les eran perfectamente desconocidas.

La conducción de vida de la mayoría de las personas se caracteriza principalmente por rutinas diarias, que le conceden al diario vivir estabilidad y permanencia. Cuando los seres humanos son puesto bajo presión frente a catástrofes naturales, sociales, económicas o políticas, deben dejar el ambiente que les es familiar para internarse en contextos sociales desconocidos. Se quiebran las rutinas y se debe hacer esfuerzos por adaptarse a nuevos modelos de gestión de la vida familiar. Un ejemplo de aquello es el destino de las familias chilenas, que tuvieron que dejar el país forzadamente tras el golpe de estado en Chile. Las dificultades que trae consigo llevar una vida en un país desconocido y extraño se han detallado en varios relatos autobiográficos y estudios académicos. Sin embargo, la mirada se centra principalmente en los individuos, en su mayoría hombres. El destino de los demás miembros de la familia no han sido considerados con mayor profundidad. En el siguiente estudio se ofrecen los resultados de una investigación sobre las familias exiliadas en Alemania (tanto en la República Democrática Alemana como en la Alemania Federal), con especial énfasis en la compleja situación biográfica de los hijos e hijas de los chilenos y chilenas exiliadas (2).

Gestión de vida durante el exilio en Alemania

Tras el golpe de estado el 11 de septiembre de 1973 del general Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende, comienza para muchos chilenos una dolorosa partida al exilio. Se estima que desde 1973 a 1989 tuvieron que dejar por fuerza mayor el país alrededor de 1.600.000 personas. Más de la mitad de los exiliados tenían entre 25 y 35 años y estaban casados (Norambuena 2000). Muchas familias se fueron juntos al exilio, lo que lleva a Gaillard (1992) a definir el exilio chileno como un «exilio familiar».

Los entrevistados que vivieron el golpe de estado a temprana edad recuerdan el evento como un episodio traumático. Muchos pasaron por la experiencia de traición, abandono e incluso robo de bienes familiares de parte de otros miembros de la familia y vecinos. Fue también el inicio de una larga separación con los abuelos, amigos de infancia y otros miembros de la familia que previo al golpe eran cercanos.

Comienza un largo viaje para estas jóvenes familias, sin saber qué podría pasar en un futuro lejano y cercano. Se fueron llevando lo que podían cargar, y dependieron en gran medida de la ayuda de los grupos de solidaridad por Chile en Alemania, del Estado alemán, y de organismos internacionales como la ACNUR. Los modelos de vida conocidos y familiares ya no existen en Alemania. Con dificultad logran los jóvenes padres y madres desarrollar una vida familiar estable. Muchos adultos sufren las consecuencias psicológicas del desarraigo, y concentran toda su energía en la idea de un pronto regreso; cuestión que también influye en el desgano y apatía en aprender el idioma alemán. De esta «falta de habla» de los padres exiliados, resulta también una «pérdida de orientación» en el extranjero (Schimpf-Herken 1992).

De a poco se van integrando las madres y padres chilenos exiliados en Alemania. Estudian, trabajan o se dedican a las labores del hogar. Muchas madres exiliadas deben enfrentar una doble carga: Dado a la impronta cultural de roles de género se hacen cargo de las labores del hogar y trabajan remuneradamente en diferentes lugares. Sin el apoyo de las redes y familia extendida chilena, muchas mujeres sufren depresión y estrés (Rebolledo 2003; Maurin 2005: 350-353). Debido a la fuerte orientación psicológica y social hacia el regreso a Chile, había una tercera actividad que demandó trabajo y dedicación: la continuación de las actividades políticas en el exilio. Se organizan toda clase de eventos sociales y políticos tanto dentro y fuera de Alemania, para continuar la lucha contra la dictadura en Chile. Sobre todo los hombres dedican gran parte de su tiempo a estos eventos; muchos de los entrevistados confiesan haber visto muy poco a sus papás en la vida familiar cotidiana.

Debido a todas las actividades de los padres y de las madres, los hijos e hijas se educan y desarrollan en Alemania con bastante libertad e independencia. Aprovechan todas las ofertas que ofrece el Estado alemán: Asisten regularmente a colegios, guarderías, eventos infantiles y excursiones. Muchos pasan largas horas junto con otros niños y otras familias. Martin lo explica de la siguiente manera:

«Apenas veía a mis viejos por sus actividades políticas, prácticamente sólo los fines de semana, mis padres descansaron en el Estado».

Las competencias y habilidades sociales de los hijos e hijas se transformaron en un factor de gran importancia dentro de la familia. Se convirtieron en protectores y lobistas para sus padres y hermanos menores. Les explican y aclaran a los padres los códigos culturales alemanes, los acompañan hacer trámites, al supermercado, al médico, son traductores de sus padres en los colegios, con los vecinos alemanes, con las autoridades. Traducen textos políticos y se hacen parte de las actividades e ideas políticas de sus padres.

De este modo los hijos e hijas de los exiliados chilenos ejercen un rol central y activo en la gestión de vida de las familias exiliadas. Se integran muy bien y rápidamente en Alemania (Espina/Sanhueza 2014), y obtienen pronto una autonomía relativa en la vida cotidiana alemana. Su rápida adaptación los convierte en creadores de su propia autonomía. De ahí que no es extraño corroborar que efectivamente, el tiempo en el exilio es evaluado positivamente por los entrevistados. Años más tarde, ya en Chile, recuerdan sin excepción con nostalgia y mucho cariño su infancia en Alemania.

La relación con la familia extendida chilena

Uno de los objetivos afectivos más importantes durante el exilio fue el mantener un vínculo con la familia extendida chilena, a pesar de la distancia. Antes del golpe de estado, la familia cumplía un rol social y cultural relevante en el desarrollo de la vida cotidiana (Rebolledo:2005). Muchas decisiones y procesos de vida familiar se realizan y se acuerdan en conjunto con la familia extendida. Para mantener el amor y el espíritu de la «gran familia chilena», se realizan una serie de actividades cotidianas durante el exilio: Cartas, postales paquetes con productos chilenos, envío de casetes con la voz de los abuelos, primos y amigos entre otros. Es así como los hijos e hijas desarrollan un imaginario panegírico social y cultural sobre Chile y su familia.

Sin embargo, estos actos simbólicos no suplen la pérdida de la convivencia diaria con la familia extendida. Como los otros miembros de la familia no viven en el exilio, sino que en Chile, se les hace necesario a los hijos e hijas el crear una familia «de repuesto» durante el exilio. Los entrevistados hablan de tíos, tías, y sobre todo, abuelas y abuelos que no son parientes sanguíneos directos, pero que en la práctica cotidiana asumen tareas familiares, apoyando así la estadía durante el exilio de toda la familia chilena. Cualquiera puede ser potencialmente un «familiar de repuesto»; sólo debe existir un vínculo, cercanía y sobre todo, vida cotidiana. Vecinos alemanes, amigos y amigas de los padres exiliados, también otros chilenos o latinoamericanos. Marco afirma al respecto:

«Yo pienso que todos los que vivieron con nosotros en Alemania y que estaban para nosotros, eran nuestra familia. Todos.»

Los límites entre familia y otras comunidades se desvanecen de este modo, así como la gestión de vida familiar y no-familiar. La principal razón por establecer una «familia de repuesto» es la necesidad afectiva, pero también se transforma en una importante fuente de confianza y conocimiento sobre costumbres alemanas y/o latinoamericanas.

Los entrevistados afirman haber tomado la iniciativa. Están convencidos que fueron protagonistas en la creación de estos nuevos lazos familiares. Tanja lo explica de la siguiente manera:

«No estoy segura si realmente extrañé a mis abuelos en Chile, o que me hicieron falta. Nunca sentí que los echaba de menos, porque en barrio donde vivía había mucha gente viejita (…) yo tomé la iniciativa, me refiero a adoptar a una abuela y un abuelo. Yo adopté… así lo digo, ¿me entiendes? Nunca fuimos niños débiles en el exilio.»

Expresiones similares realizan otros entrevistados. El acto de adoptar se relaciona normalmente con una actividad que realizan personas adultas; sin embargo, los hijos e hijas del exilio califican esta actividad como una capacidad de producción propia, y de la cual se sienten orgullosos.

Se puede distinguir con claridad que los hijos e hijas tuvieron un rol central para la gestión de vida familiar en el exilio. La capacidad de adaptación e integración en la sociedad alemana fueron imprescindibles para una vida cotidiana estable y una transformación exitosa en la gestión de vida durante el exilio. Sin embargo, tal éxito no se observa al regresar a Chile, como se expondrá a continuación.

La experiencia del regreso a Chile

En 1983 se le permite oficialmente el regreso a un grupo de exiliados, y una vez finalizada la dictadura militar regresa en 1989 una gran parte de los exiliados a Chile. Muchas esperanzas se truncan al volver a un Chile prácticamente desconocido y cambiado, y la reintegración se ve dificultada por problemas económicos y sociales. (Pinto 2013; Maureira 2014). La ética matrimonial «juntos en el exilio» pierde sentido en Chile y muchos padres y madres exiliadas se separan en suelo chileno. Los conflictos familiares, las dificultades económicas aumentan; pero a pesar de todo aquello, aún así el regreso significó para la mayoría de los padres y madres un alivio, pues terminaban años de desarraigo, nostalgia y lejanía con la familia y seres queridos.

Sin embargo, el regreso se desarrolla de una manera diferente en las biografías de los hijos e hijas de exiliados chilenos. Comienza el exilio de los hijos e hijas, al abandonar Alemania, el lugar donde se habían educado y formado sus primeras amistades y vínculos significativos.

Muchas veces contra la voluntad de los adolescentes, niños y niñas, se abandonan amigos y las familias «de repuesto» de un día a otro. El quiebre radical que sufrieran los padres al partir al destierro se repite nuevamente, esta vez, sobre todo para los hijos e hijas de los exiliados. Hasta el día de hoy, la mayoría de los entrevistados recuerda el regreso a Chile como una experiencia difícil y dolorosa. Describen el regreso sobre todo como una experiencia de pérdida: Se pierde el contexto social familiar, se pierden vínculos con seres queridos; grupos de amigos, tan importante en la adolescencia; y deben hacer esfuerzos por cambiar o erradicar competencias y habilidades aprendidas, puesto que en Chile, éstas pierden sentido cultural y social. Los hijos e hijas regresan o «llegan» a Chile con un nivel de español deficiente o nulo, no conocen los códigos culturales chilenos. Muchos nacieron en Alemania y nunca tuvieron un contacto significativo con Chile, su cultura y gente. La autonomía que vivían en Alemania se pierde: Ahora, en edad adolescente o pre-adolescente dependen de la ayuda de terceros para adaptarse a Chile, y sólo cuentan con sus padres; pues el resto de las personas sólo las conocen por cartas o fotografías. Necesitan el apoyo de sus padres, que están viviendo sus propias crisis debido al regreso a un Chile nuevo, que poco tiene que ver con el país que dejaron años atrás. No todos los padres retornados están en condiciones psicológicas, sociales y económicas para atender a sus hijos e hijas, pues viven sus propios problemas de adaptación. Los hijos e hijas comienzan a sentirse solos e incomprendidos.

En Alemania los hijos e hijas crecieron imaginando Chile a través de vivas fantasías. Chile un país dictatorial y cruel, pero también con una idílica naturaleza, cultura y convivencia familiar (Jedlicki 2014). Una entrevistada, Dominique conceptualiza la nostalgia vivida durante el exilio como un «romanticismo de cordillera» (3). Desde el punto de vista social, las expectativas relacionadas con este imaginario no se cumplieron con el regreso. La familia extendida no coincide con el imaginario infantil creado durante el exilio. Los entrevistados se encuentran con familiares que eran abiertamente pinochetistas o de derecha, y que se molestan por la forma de vestirse, de hablar y comportarse de los niños y adolescentes recién llegados. Se les exige a los entrevistados comportarse y hablar como «chilenos». Esta exigencia, directa o a veces sutil y encubierta es considerada dolorosa por la mayoría de los entrevistados. Todavía en plena dictadura, muchos padres retornados le exigen a sus hijos ocultar su estadía en Alemania y negar que estuvieron en el exilio, por temor a represalias, especialmente los hijos e hijas que vivieron en la RDA. A otros entrevistados se les exige dejar de hablar alemán, «porque son chilenos» y a comportarse como tales. Muchos entrevistados recuerdan haber sufrido burlas de parte de familiares y compañeros de colegio por su modo de hablar y de vestirse. Esta situación lleva a tensiones y conflictos dentro de la familia; y muchos hijos e hijas optan por alejarse de la familia extendida chilena y refugiarse en el amor hacia su madre y padre, únicos testigos de su estadía en el exilio y de su infancia en Alemania. Otros entrevistados mantienen hoy contacto con su familia extendida, pero reconocen no sentir vínculos emocionales muy fuertes o significativos.

De modo que tras el regreso no es posible reactivar automáticamente las relaciones familiares extendidas, y la construcción de una gestión de vida familiar extendida no siempre resulta posible; todo esto a pesar de los esfuerzos por mantener los lazos afectivos con la familia chilena durante el exilio. Por lo tanto, el vínculo sanguíneo familiar por sí mismo no lleva a una reintegración y establecimientos de vínculos afectivos per se. Las partes familiares realizaron su gestión de vida separados, alejados; y tras el regreso no se pudo compensar esta ausencia de manera automática. La gestión de vida individual y familiar de toda la composición familiar no pudieron ser unidas sólo por estar basadas en «lazos sanguíneos».

Tras el regreso aumentan los problemas de identidad y la dificultad para adaptarse en la vida cotidiana chilena. Prácticamente todos los entrevistados usan la misma palabra para expresar este sentimiento: El sentirse «raros» o «extraterrestres» en relación a su familia chilena. Tras algún período de fallidos intentos por adaptarse a Chile, muchos deciden regresar a Alemania, y optan por un quiebre radical con la familia chilena. Otros permanecen en Chile, pero sólo logran una adaptación relativa tras mucho esfuerzo. Una integración satisfactoria, desde el punto de vista subjetivo, no se logra cumplir en la mayoría de los entrevistados. Casi todos siempre tienen en mente la posibilidad de emigrar de Chile, o emprender una nueva vida en otro lugar.

Muchos hijos e hijas de exiliados chilenos en Alemania llevan heridas profundas y difíciles de describir por ellos mismos. 18 entrevistados llevan años de tratamiento psicológico. Sus diagnósticos son diversos: Depresión, síndrome de ansiedad, síndrome de Ulises entre otros. Algunos son tratados con psicotrópicos para combatir estados de depresión, en otros se constata un consumo regular a intensivo de marihuana. Un tercio de los entrevistados sufre o sufrió una enfermedad autoinmune, que adquirieron de niños o adolescentes tras el regreso a Chile. Un claro reflejo de las dificultades por adaptarse a una vida normal en Chile. Esta situación coincide con los estudios del PIDEE en los años 80 en Chile, donde se pudo constatar que existían hijos e hijas de retornados chilenos que sufrían de enfermedades psicosomáticas y depresión infantil y adolescente (Baeza 1989). Dominique, quien falleció debido al Lupus, una enfermedad autoinmune me explica su experiencia llorando:

«Es un sentimiento de sobrevivencia. Hice de todo, traté hacer de todo para adaptarme (…) Intenté todo lo posible (…) En algún momento sentí que ya no me iba a adaptar, sufro un quiebre emocional, y comienza mi enfermedad. Porque te sientes sola en la familia, incomprendida, extraterrestre.»

Dominique no logra activar el sentido de una gestión de vida funcional en Chile tras el regreso. Fallece en marzo de 2018 en Santiago debido a las consecuencias del destierro. En el presente artículo quiero recordarla (4).

Experiencias similares, sin consecuencias tan nefastas sufren o sufrieron muchos entrevistados. Reflexionan a menudo cómo habría sido su vida sin exilio, cómo habría sido vivir una identidad chilena si no hubiese habido un golpe de Estado, cómo habría sido una infancia en Chile, junto a todos los miembros familiares. Su lenguaje y pensamiento es de tipo condicional, y esto se aprecia al revisar el uso del lenguaje de los entrevistados al momento de la entrevista. Sin embargo, también hay otros entrevistados que entienden su «rareza» como un factor positivo. Se definen como personas cosmopolitas e independientes. La experiencia de haber creado una familia «adoptiva» en el exilio los lleva a una definición de familia no-tradicional. Casi todos los entrevistados ejercen actividades solidarias, culturales y políticas a través de sus profesiones y oficios. Alejandra lo explica de la siguiente manera:

«Creo que todos nosotros, sin importar donde estemos, en nuestros trabajos y profesiones (…) somos sujetos pensantes, críticos, y educamos hijos valiosos, multiculturales, que serán un aporte para la sociedad (…). Aprendimos a ser siempre solidarios, de ayudar, de hacer un aporte, sin importar donde estemos.»

A pesar de las experiencias dolorosas del destierro y la negación del derecho de vivir, crecer y educarse junto a la familia chilena, los entrevistados no niegan la experiencia vivida; es reconocido y se asume plenamente por todos los entrevistados. La identidad cosmopolita de los hijos e hijas de exiliados traspasa los límites de las fronteras y de los lazos sanguíneos.

En perspectiva

Los estudios recientes sobre gestión de vida se han basado en modelos estables y demarcados. Se han invisibilizado los desafíos relacionados con cambios extremos productos de la migración y el exilio. El estudio aquí presentado se basa en los testimonios de hijos e hijas de exiliados chilenos que vivieron entre 10 y 15 años en Alemania (RFA y RDA), donde pasaron toda su infancia. El estudio logra demostrar, que los niños desarrollan durante el exilio capacidades que han sido subestimadas; pues apoyaron activamente la gestión de vida familiar durante el exilio, colaborando así con la formación de una nueva vida familiar en el destierro. Asimismo, por su capacidad de crear lazos con familias «de repuesto» al «adoptar» activamente adultos alemanes y latinoamericanos, contribuyeron en la creación de una familia extendida en el exilio, más allá de los lazos sanguíneos. Se puede agregar, que la inserción en la vida cotidiana alemana fue facilitado por el apoyo incondicional de los grupos de solidaridad por Chile en dichos países. Hasta hoy los contactos y el afecto continúa. El apoyo recibido es recordado positivamente por los hijos e hijas del exilio, lo que también explica la importancia de una política actual de una «cultura de bienvenida» en el manejo de refugiados en Europa. Demuestra los efectos positivos para las familias refugiadas a largo plazo.

1.     Este articulo fue publicado por la revista alemana «Zeitpolitisches Magazin», Julio 2018. La traducción es obra de la autora. Leonor Quinteros Ochoa, Socióloga Mg. en Teoría Social, Universidad Arturo Prat, Iquique, Chile. La autora vivió su infancia en la RFA, desde 1977 a 1985 en la ciudad de Tubinga. Su padre fue liberado de la prisión perpétua gracias a la acción solidaria del filósofo alemán Ernst Bloch.
2.     El estudio se realizó en una estadía de seis meses en el Instituto de la Juventud en Múnich en 2017 (DJI) bajo guía de la Dr. Karin Jurczyk. El estudio se basa en 19 entrevistas retrospectivas de hijos e hijas de exiliados chilenos, que nacieron en Alemania occidental y oriental, o que llegaron antes de los 10 años de edad a esos países tras el golpe de estado de 1973. Hoy viven en Alemania o en Chile, respectivamente. Las entrevistas se realizaron tanto en Chile como en Alemania y se analizó su contenido bajo la perspectiva teórica «Doing Family» (Jurczyk/Lange/Thiessen 2014).
3.     Dominique fue gestora de la fundación del grupo de hijas e hijos del exilio, un foro de hijos e hijas de exiliados chilenos, quienes hoy se constituyeron como ONG hace algunos meses atrás. (https://www.facebook.com/groups/1463165160415970/).

Bibliografía

Baeza, Noemí (1989): Exilio y retorno. Itinerario de un desafío. In: «Persona, Estado, Poder, estudios sobre salud mental en Chile, 1973-1989». Equipo de denuncia investigación y tratamiento al torturado y su núcleo familiar DITT del comité de Defensa del pueblo (CODEPU).
Espinosa y Sanhueza (2014): La construcción de identidad en hijos/as de exiliados/as políticos/as chilenos/as. In Revista Psicología UVM Vol. 4, Núm. 8. Viña del Mar, Chile.
Gaillard, Anne Marie (1997): Exils et retours. Itinéraires chiliens. Paris: L’Harmattan CIEMI.
Jedlicki, Fanny (2014): Los hijos del retorno chileno: presos de la memoria familiar del exilio, ausentes de la historia. Coloquio internacional Memoria histórica, democracia y derechos humanos. Universidad de Concepción, Chile.
Jurczyk, Karin/Lange, Andreas/Thiessen, Barbara (Hrsg.) (2014): Doing Family. Warum Familienleben heute nicht mehr selbstverständlich ist. Weinheim: Beltz Juventa.
Maureira, Gloria (2015): Retorno: La memoria en la piel in El arte de narrar en la construcción de memoria, niñas, niños y jóvenes en el exilio. Santiago de Chile: Edit. Verdejo, Maureira, Fundación PIDEE.
Maurin, Jost (2005): Flüchtlinge als politsiches Instrument – Chilenische Emigranten in der DDR 1973-1989. In: Totalitarismus und Demokratie. Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 345-374.
Norambuena, Carmen (2008): El exilio chileno: río profundo de la cultura iberoamericana. In Cuadernos del CISH, no. 23-24, p. 163-195 (Universidad Nacional de la Plata).
Pinto Luna, Candelaria del Carmen (2013): Los hijos de los exiliados vuelven a Chile: Dilemas y desafíos para la integración memoria e identidad. Tesis presentada para obtención de grado de magister, Universidad Nacional de la Plata, Argentina. www.memoria.fahce.unlp.edu.ar.
Rebolledo, Loreto (2005): El impacto del exilio en la familia chilena in Familia y Vida Privada. Transformaciones, tensiones, resistencias y nuevos sentidos? FLACSO Chile.
Schimpf-Herken, Ilse (1993): Exil zwischen Solidarität und Bevormundung. In: Lateinamerika Nachrichten, Nr. 233.
Voß, G. Günter / Weihrich, Margit (Hg.): Tagaus tagein. Neue Beiträge zur Soziologie alltäglicher Lebensführung. München und Mering: Rainer Hampp Verlag.

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