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Los marxistas ante la crisis capitalista: la hegemonía

Fuentes: Rebelión

Mantener una posición propiamente marxista no ha sido nunca fácil. Las desviaciones izquierdistas y derechistas han sido una constante a lo largo de la historia. Pese a siglo y medio de estudio ,experiencias y experimentos socialistas, parece no ser tiempo suficiente para haber desarrollado una línea que nos lleve a una postura marxista, pues está […]

Mantener una posición propiamente marxista no ha sido nunca fácil. Las desviaciones izquierdistas y derechistas han sido una constante a lo largo de la historia.

Pese a siglo y medio de estudio ,experiencias y experimentos socialistas, parece no ser tiempo suficiente para haber desarrollado una línea que nos lleve a una postura marxista, pues está ausente de parte del Movimiento Comunista Español.

Podemos encontrar desde aquellos que de forma sincera piensan que habría que hacer cuanto fuese necesario para que no gobierne el PP a aquellos que renuncian a las instituciones o tienen una visión limitada de la conquista de la hegemonía, la revolución y la construcción del socialismo. Ninguno mantiene una posición marxista.

Vayamos por partes: es necesaria una formación marxista que haga de los/as comunistas de España militantes con conciencia crítica, que les aparte del seguidismo y les convierta en militantes de la revolución, en militantes capaces de hacer el análisis correcto para poder situar las reivindicaciones y formas de lucha adecuadas.

Sin embargo, y pese a que los distintos Partidos Comunistas y sus Juventudes desarrollen distintos planes de formación, coincidan más o menos, lo cierto es que no se estudia en profundidad a Marx, y eso hace que aquellos que se reclaman del comunismo y del marxismo-leninismo no mantengan, en la mayoría de las cuestiones, posturas marxistas ni leninistas. La formación es fiel reflejo, en unos casos más, en otros menos, de la situación de los Partidos Comunistas.

La crisis que vive el capitalismo español es, objetivamente, un momento histórico. Sólo en contextos como el actual la crisis del sistema de dominación entra en quiebra, ante lo cual el Bloque Dominante necesitará una nueva recomposición que le permita alcanzar un pacto social. Lo contrario es la destrucción de las fuerzas trabajadoras: la muerte de la clase obrera -como ya sucediera en la II Guerra Mundial-.

Sólo en momentos como el actual, pues, es posible la revolución: como durante la Transición, cuando el sistema de dominación mutó de dictadura franquista a democracia burguesa parlamentaria, o cuando se instauró la II República. Tanto en 1931 como en la actualidad, las clases sociales subordinadas fueron y son incapaces de sobrevivir en el sistema establecido, mientras que en 1973 la Dictadura como forma de dominación oligárquico-burguesa había agotado sus límites históricos; al tiempo que en esos tres momentos el Bloque Dominante es incapaz de seguir viviendo, dominando, como lo hacía: es necesario configurar un nuevo sistema, una nueva forma de vida. Cuál es una cuestión que depende de la correlación de fuerzas entre las clases socialmente enfrentadas, así como de las alianzas que estas puedan establecer.

Se abrió, pues, en 2007, un momento revolucionario, que de momento no tiene fecha final cercana: durará hasta que se salga de la crisis y la burguesía pueda ofrecer un proyecto a la clase obrera que apacigüe la lucha de clases, o hasta que esta sea capaz de romper con la ideología dominante, se constituya en clase para sí y conquiste y destruya el poder burgués para construir el poder popular. Ninguno de los dos caminos va a ser corto, pero ambos van a exigir un enorme sacrificio a la clase obrera y los sectores populares.

La cuestión entonces es qué hacer, la formulación que ya se planteara Lenin y que exige que los marxistas nos planteemos cada cierto tiempo para hacer lo adecuado.

Quienes somos comunistas aspiramos a la construcción del socialismo, esto es, a la Dictadura del Proletariado, al gobierno de la clase obrera, qué hacer para conseguirlo es la pregunta que nos debemos hacer.

Naturalmente, lo primero es ser conscientes de qué y quiénes somos: somos la minoría de la Rusia de 1917, la España de 1936, la Cuba de 1959, el Chile de 1970 y la Venezuela de 1998, por situar algunas de las fechas fundamentales para el proletariado mundial; y la vanguardia, al mismo tiempo, de esas fechas.

¿Cuál es, pues, el elemento qué permitió a los marxistas ser mayoría? En primer lugar un contexto adecuado: de crisis de legitimidad del sistema -recopilando: como ocurrió con la crisis de los zares, la crisis de la dictadura de Primo de Rivera, la crisis del sistema de dominación cubano, la crisis económica chilena y/o venezolana-; y en segundo lugar una táctica y una estrategia para romper la hegemonía del Bloque Dominante y permitir a la clase obrera acabar con su situación de subordinación ideológica para conformar el proyecto histórico necesario en ese momento para su emancipación.

Algunas notas para caminar hacia la Revolución Española serían, puesto que tenemos el contexto adecuado, engrosar las filas del PCE, pues es el Partido que engloba a la mayoría de comunistas de España, y consecuentemente el mayor elemento intelectual y práctico capaz de generar la teoría y el trabajo necesarios para que la clase obrera sepa y pueda dirigir el Bloque Popular hasta la victoria; romper con posturas sectarias: si los comunistas no somos capaces de construir un Partido Comunista marxista en el PCE tendremos que replantearnos qué estamos haciendo, pues no tiene sentido militar en otro Partido más pequeño por nuestra incapacidad para ser hegemónicos dentro del mayor Partido Comunista -sabiendo que, como paso siempre a lo largo de la Historia, en todo Partido Comunista hay tendencias derechistas e izquierdistas, que pueden ser hegemónicas, como de hecho lo ha sido el eurocomunismo en el PCE hasta la actualidad-; trabajar en los sindicatos mayoritarios, puesto que para el conjunto de la clase obrera siguen siendo un referente -lo cual no significa ceñirse a ellos-, y, como con la cuestión del Partido, no montar chiringuitos: si los comunistas no somos capaces de influir en la línea de CCOO de nada sirve montar otra cosa, al margen o incluyendo a sindicalistas de este o aquel sindicato, puesto que somos incapaces de conectar con la clase obrera, y esta no nos reconocerá como vanguardia por el mero hecho de montar la organización; en suma: se trata de no dar por superado nada que la clase no dé por superado, trabajando junto a ella y con ella siempre en la perspectiva de la construcción del Socialismo. En España el PCE y su proyecto, IU, son el referente de la izquierda en el imaginario popular: esa es, pues, la base de la organización así como la subjetividad de quienes se acercan a ambas organizaciones.

Naturalmente, es necesario adaptar el PCE e IU a las necesidades del siglo XXI: con una sociedad, con una clase obrera, diametralmente distinta a la del siglo XIX y, en España, inclusive a la de los años ochenta del siglo XX, es necesario reconfigurar la política.

Así pues, tanto el PCE como IU deben adaptarse a los nuevos tiempos: trabajar los nuevos medios de comunicación; dejar de tratar al electorado como consumidor-votante; ser capaces de responder y dirigir la espontaneidad de una sociedad mucho más alfabetizada de la que hubo nunca y que, desde 2008, camina a pasos agigantados hacia una enorme politización -o al menos participación política aunque no adquiera una forma de partido-: es, por lo tanto, necesaria la dirección del PCE, que sume a los mejores cuadros y sea capaz de tomar la iniciativa política e influir determinantemente en una IU que aglutine el descontento popular, teniendo que constituirse, en la práctica -en solitario o en alianzas como en Galiza-, como el Frente Único del Proletariado.

Lo contrario, organizarse en proyectos a la izquierda del PCE, esto es, a la izquierda de la clase obrera, es caer en el campo del izquierdismo, en el campo del puritanismo y de la charlatanería; y organizarse a la izquierda del PCE y señalar que este o IU es el obstáculo para que surja de verdad una izquierda revolucionaria es no asumir el propio fracaso histórico, la incapacidad para construir una organización útil a la clase obrera; es, por lo tanto, situarse al margen de la organización que puede influir sobre las masas para orientarlas al socialismo y caer, objetivamente, en el campo de la contrarrevolución.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.