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Los sacrificados en el altar de la patria

Fuentes: Rebelión

Comenzaré recordando la frase de Dios a través del profeta Isaías: “Te tengo grabado en la palma de mis manos”. Dios nos tiene grabado a todos -o como dice el papa Francisco: “Todos, todos y todos”- en la palma de sus manos y en  el interior de su corazón… Digo eso porque, en nuestros días, hay demasiada maldad en nuestra patria.

Para resolver los problemas de la delincuencia, la violencia callejera, los asesinatos, el tráfico de drogas o el fin de los grupos narco-terroristas, unos piden la pena de muerte, otros el libre porte de armas, otros el regreso de ‘salvadores’ como Pinochet o León Febrés Cordero, otros la intervención del ejército norteamericano. Estas actitudes me pareces bastantes perversas y cobardes. Esconden el fracaso de estas personas que no han podido o no han colaborado a construir un Ecuador de justicia y fraternidad. Tienen poca dignidad personal y poco orgullo nacional porque creen que aquí nadie, como persona o como grupo, sea capaz de ayudarnos a todos a ser un Ecuador mejor, equitativo y en paz.

Después de unas dos semanas de intervención de las fuerzas armadas y policiales con derecho a matar, uno de los resultados es el arresto de unos 1.500 jóvenes. ¿Por qué no están perseguidos y castigados los verdaderos traficantes de drogas -los de ‘cuello blanco’- que se encuentran tranquilos y felices en otros países, en algunos ministerios de los dos últimos gobiernos, en las instituciones judiciales o en la misma policía y ejército? Por otra parte el maltratado a jóvenes apresados es evidente: En Esmeraldas uno falleció, tal como lo denuncia valientemente el obispo de la ciudad.

Es cierto que hay que combatir y detener la actual situación de tráfico de drogas, violencia mortal, sicariatos, robos, extorsión… Es cierto también que los autores de tales delitos deben ser castigados; por eso están las leyes existentes y los decretos presidenciales. Pero falta subsanar lo más importante que resumiré en 2 aspectos: el desempleo y el quemeimportismo.

Comencemos por el desempleo. ¿Por qué tantos jóvenes desde dos décadas o más se dedican cada vez más al tráfico de drogas? Simplemente porque no encuentran más alternativa. No tienen oportunidades de trabajo, muchos viven en casas indecentes, comen mal, no tienen acceso a una atención sanitaria y educativa satisfactoria… Se sienten juzgados y condenados porque los últimos gobiernos desatienden estas responsabilidades suyas y porque la mayoría de los ciudadanos nos reclamamos la vigencia de sus derechos básicos. Más bien apoyamos y hemos votado por un sistema económico y político que destruye estos derechos por concentrar más privilegios y riquezas en una minoría de personas que nos mienten, nos engañan y terminan matando a nuestra juventud. Somos cómplices y encubridores de la delincuencia de nuestros jóvenes, porque no trabajamos a la vigencia de los derechos elementales que les corresponden, como es el empleo el primero de ellos.

Pasemos al quemeimportismo. ¿Quién de nosotros, cuando niño o adolescente, no hemos realizado alguna travesura o, digamos, tal vez alguna fechoría más grave? ¿Cómo se han portado nuestros padres? Han tenido 2 actitudes. Por una parte, nos han dado el merecido castigo para que nuestro cuerpo se acuerde que tiene que haber respeto a un orden convivial. Por otra parte, siendo padres y madres, y dejando pasar algo de tiempo, nos han vuelto a aconsejar, nos han abrazado y han continuado de amarnos. Para un padre y una madre no hay hijos malos, sino sólo hijos y siempre hijos.

Cuando los problemas son nacionales como en este momento, está de por medio “la madre patria”, que debe tener estas mismas actitudes de nuestros padres: la corrección, la educación y el abrazo. La ‘madre patria’ somos todos nosotros junto a nuestras autoridades. ¿Por qué hoy es la patria, -o sea, todos nosotros-, sólo la que corrige y castiga sin piedad, hasta matar a veces? ¿Por qué hoy es la patria, -o sea, todos nosotros-, tan poco educadora y testimonio ejemplar? ¿Por qué hoy la paria, -o sea, todos nosotros-, se ha olvidado tanto de amar y abrazar a jóvenes que tanto lo necesitan? ¡Cuánto quemeimportismo entre nosotros y nosotras! ¡Qué perdida de humanidad en nuestras relaciones! ¡Qué poca inteligencia para entender que Ecuador somos una sola familia! ¡Qué pobre corazón el nuestro cuando descuidamos los mejor de una nación: nuestros hijos menores, adolescentes y jóvenes! ¡Qué tan bajo en la animalidad hemos caído! ¡Qué poca fe cristiana es la nuestra, traicionando así el rostro amoroso de Dios como padre y madre!

El futuro lo preparamos nosotros hoy, los amasamos nosotros hoy, los sembramos nosotros hoy, junto a nuestros niños, adolescentes y jóvenes: ¿Acaso no son ellos los frutos de nuestras entrañas? Ecuador es en este momento un país fallido, porques estamos fallando nosotros los adultos. Y ¡feliz año! seguimos diciendo a diestra y siniestra. Somos unos hipócritas y cobardes si dejamos a nuestros jóvenes siendo maltratados, humillados, muertos, sin consejos ni abrazos. ¿Qué más que desesperación pueden sentir en su desgracia? Esa es la conmoción nacional que deberíamos sentir en estos momentos. ¿Cuándo vamos a perder el miedo a ser verdaderamente humanos, es decir, a ser nuevamente hermanos, hijos e hijas todos y todas de la única patria ecuatoriana? ¿A quiénes se está ‘sacrificando’ actualmente en el altar de la patria: los jóvenes presos de las drogas? ¿Y por qué no a los cobardes, los qumeimportistas, los hipócritas, los cómplices, los encubridores, los altos responsables? ¿No tendríamos que ‘sacrificarnos’ todos y todas un poco más sobre el suelo patrio? O bien ¿es que Dios va a desaparecer el tatuaje de nuestros nombres que tiene grabado en la palma de sus manos y al interior de su corazón?

Nota: Carta de un amigo brasileño. “Asustan las noticias que llegan aquí desde Ecuador: un país incapaz de controlar a las milicias narcotraficantes. Sabemos bien que la «guerra contra las drogas» es poco más que un pretexto para mantener el dominio imperial estadounidense, pero quienes pagan el precio son los pobres, especialmente los jóvenes. Sientan nuestra solidaridad como una mano que se junta para darles un poco de fuerza.”

Pedro Pierre: Sacerdote diocesano francés, acompaña las Comunidades Eclesiales de Base (CEB ) urbanas y campesinas de Ecuador, país adonde llegó en 1976.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.