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Entrevista a Henri Alleg, periodista político torturado en Argelia y autor del célebre libro "La question"

Los torturadores norteamericanos de Irak son alumnos de los franceses en Argelia

Fuentes: Rebelión

Desde 1950, Henri Alleg [Francia, 1921] trabaja como director del mítico periódico Alger Républicain, una de las principales voces de prensa que en Argelia apoyaban la lucha del pueblo por su independencia de Francia. Este periódico llega a ser el de mayor circulación en todo el norte de África (vendía hasta 1965 entre 80.000 y […]

Desde 1950, Henri Alleg [Francia, 1921] trabaja como director del mítico periódico Alger Républicain, una de las principales voces de prensa que en Argelia apoyaban la lucha del pueblo por su independencia de Francia. Este periódico llega a ser el de mayor circulación en todo el norte de África (vendía hasta 1965 entre 80.000 y 100.000 ejemplares, mientras el periódico del Frente de Liberación Nacional (FLN) Ech Chaab [El Pueblo] sólo llegaba a 15.000).

En septiembre de 1955 Alger Républicain es clausurado por las autoridades coloniales. En noviembre de 1956 Henri Alleg, militante del Partido Comunista Argelino, pasa a la clandestinidad. Había sido dictada una orden de arresto contra él. El 12 de junio de 1957 es capturado por los paracaidistas franceses del general Massu, temible cuerpo militar de los colonialistas. Es salvajemente torturado en El Biar, campo de tortura en las afueras de Argel. Henri resiste a los métodos más salvajes, incluso a la «tortura científica» del pentotal. Luego es trasladado al campo de concentración de Lodi. Desde este campo, Henri Alleg hace llegar a Francia sus denuncias sobre las torturas a las que fue sometido. Lo escribe a fines de 1957 y, casi hoja por hoja, las va sacando clandestinamente desde la cárcel hasta que se publica en París en marzo de 1958.

Su alegato, apoyado por Jean-Paul Sartre y Gabriel Marcel -entre otros importantes intelectuales que firman un manifiesto de repercusión mundial-, conmueve a la sociedad francesa. Se conoce con el título de La question. Jean-Paul Sartre le escribe el prólogo, donde el filósofo traza un paralelo de la tortura francesa en Argelia con las torturas nazis de la GESTAPO.

La «question» era el nombre que le daban a la tortura los paracaidistas franceses, magistralmente retratados en la película La batalla de Argel del director Pontecorvo. Entre los métodos que ellos utilizaron también estaban el arrojar prisioneros vivos (con los pies en cemento) desde los helicópteros y la desaparición de personas. Lo mismo que se utilizó años después en Vietnam y en la mayor parte de América Latina.

El libro La question [publicado en Argentina con el título La tortura. Buenos Aires, Editorial El Yunque, agosto de 1974], ha sido traducido a numerosos idiomas. Ha dado origen incluso a películas documentales y de ficción. Entre otros films, el director Jean-Pierre Lledo ha filmado en Le rêve algérien [El sueño argelino, 2003, Francia, Bélgica y Argelia] el regreso de Henri Alleg a Argelia, el encuentro con sus antiguos compañeros de militancia, de periodismo y de prisión, y la visita al lugar donde fue torturado.

Breve, pero contundente, La question constituye sin duda uno de los libros más importantes de la literatura política mundial. Puede compararse con Reportaje al pie de la horca de Julius Fucik, ese otro gran revolucionario torturado que combatió contra el nazismo. En ambos casos, como en muchísimos testimonios de sobrevivientes a la tortura militar en Argentina, Chile, Brasil, Perú, Guatemala, Vietnam, Palestina o Irak, el relato está exento de ribetes melodramáticos. Simplemente se ponen palabras y se narra aquello innombrable: la bestialidad inaudita a la que puede llegar el ser humano cuando forma parte del engranaje represor del capitalismo, el colonialismo y el imperialismo. No sólo en el bando nazi, como muestran las películas de Hollywood… sino también en lo que durante demasiado tiempo se conoció como «Mundo libre» u «Occidente cristiano». Entre los torturadores nazis de la GESTAPO, los torturadores franceses en Argelia, los torturadores norteamericanos en Vietnam e Irak y los torturadores argentinos de la ESMA [Escuela Superior de Mecánica de la Armada] no hay diferencia alguna. Una misma degradación humana -producto del capitalismo y su dominación social-, compartida por «maestros» europeos y «alumnos» americanos, los envuelve a todos en la misma mugre e inmundicia.

Durante los últimos tiempos, en notable coincidencia con las torturas norteamericanas en las prisiones de Irak, Francia sufre una nueva conmoción. El general Paul Aussaresses, el coronel Bernard y otros genocidas franceses de la guerra colonial salieron a la luz pública a reivindicar los métodos de la tortura en Argelia. La justicia burguesa les inicia causas judiciales. ¡Pero no por lo que hicieron sino por la apología verbal de la violencia!. Su crimen no es, a los ojos de la burguesía francesa, haber torturado y asesinado a cientos de miles de argelinos… sino decirlo en público. Henri Alleg salió a contestarles. Su voz expresa el punto de vista de las víctimas, de todos los torturados y torturadas que a pesar de la barbarie que padecieron han mantenido en alto los mejores valores de la especie humana. Especialmente la dignidad, aquella que jamás tuvieron sus torturadores.

Cuando en La question se toma noticia de las tremendas torturas a las que fue sometido Henri Alleg y cómo él logró resistir y sobrevivir, los lectores se imaginan que el autor debe ser un hombre altísimo y con cuerpo de atleta olímpico. No obstante, al conocerlo, sucede algo análogo a lo que le ocurrió a Gramsci. Sus compañeros de prisión cuentan que cuando Gramsci llegó a la cárcel fascista, nadie le creía. Le preguntaron su nombre. Él respondió: «Soy Antonio Gramsci». Ellos le contestaron: «Usted no puede ser Gramsci. Es demasiado pequeño. Antonio Gramsci tiene que ser un gigante». Casi las mismas palabras pueden repetirse para el caso de Henri Alleg.

Al conversar con él aflora al primer plano la nobleza, la coherencia y el humanismo de aquello que el Che Guevara sintetizó con palabras inequívocas como «los sueños honestos de los comunistas del mundo». Del comunismo entendido, no sólo como un proyecto político de revolución mundial, sino también como una nueva ética y una nueva manera de vivir según los principios. Exactamente lo contrario de la doble moral, el doble discurso y el cinismo de aquellos señores, jerárquicos, elitistas y alejados del pueblo, que durante tanto tiempo mancharon la bandera roja de la revolución con el triste gris de la burocracia, la geopolítica y la mediocridad, mientras hoy se adaptan al capitalismo sin pena ni gloria.

Henri Alleg es hoy una de las grandes figuras, ya legendarias, de la lucha revolucionaria mundial. Su obra periodística y ensayística es prolífica. Además de La question, escribió: Prisioneros de Guerra (1961); Cuba victoriosa (1963), Étoile Rouge et Croissant Vert: L’Orient Soviétique (1983); S.O.S. América (1985); La URSS y los judíos (1989); Requiem por el Tío Sam (1991); El siglo del Dragón (1994); Le Grand Bond en Arrière (1997) y Retour sur «La Question» (2001). Además, fue coautor de La gran aventura de Argel Républicain (1987) y dirigió la redacción de la obra en tres volúmenes sobre La guerra de Argelia (1981).

Con 83 años y más de medio siglo de militancia en la espalda, Henri Alleg sigue desparramando optimismo y esperanza. A pesar de lo que sufrió y de los siete años de su vida que pasó en prisión (entre Argelia y Francia), se ríe con ganas, cuenta anécdotas y hasta hace chistes mientras relata las cosas más horrendas que hicieron los militares colonialistas en Argelia. Aunque constituye una personalidad histórica, este experimentado escritor y periodista político no abandona nunca la sencillez. Sigue siendo, después de tantos años y tantas peripecias, un humilde militante de nuestra causa, la revolución socialista mundial.

(En esta entrevista también participó el compañero Luciano Álzaga, a quien mucho le agradecemos)

P: Las fotografías de las torturas realizadas por los norteamericanos en Abu Ghraib a los prisioneros de Irak recorrieron el mundo. No es la primera vez. Otro escándalo similar ocurre en la base estadounidense de Guantánamo. ¿Los torturadores franceses de Argelia fueron maestros de los torturadores norteamericanos?

Henri Alleg: Los colonialistas franceses han sido verdaderamente profesores de tortura tanto en América Latina como en África del sur. Allí fueron reclutados con el acuerdo de las autoridades francesas para servir de «maestros» en la represión, particularmente en los interrogatorios de tortura. Efectivamente, lo que sucede en Irak es una versión de lo que había sucedido en Argelia y en otros países, no sólo en aquellos donde se desarrollaba una guerra sino también en todos los que estaban bajo dominación colonial. Evidentemente, durante las guerras coloniales, tanto en Vietnam como en Argelia, los torturadores franceses han sido los profesores de interrogatorios y tortura de los oficiales norteamericanos. Esta enseñanza la realizaron en los mismos Estados Unidos, particularmente en Fort Bragg, así como también en América Latina. Recientemente, en el periódico francés Le Monde, se ha hablado de la participación de oficiales franceses en el Plan Cóndor implementado por las dictaduras militares del cono sur latinoamericano. Estos antiguos oficiales franceses habían actuado en la guerra de Argelia. Participaron del Plan Cóndor con la bendición y autorización, naturalmente, del gobierno francés.

P: Tanto en las torturas de los oficiales franceses como en las de los norteamericanos se repite el caso de la violación y las humillaciones sexuales…

Henri Alleg: Exacto. Un caso particular y peculiar de la tortura tiene que ver con las humillaciones de carácter sexual. Durante la guerra de Argelia nunca uno ha hablado de eso. A tal punto que ni yo ni mis compañeros habíamos hablado de las violaciones sexuales. Los oficiales franceses, los militares colonialistas, nunca habían hablado de eso. Del lado argelino también había un silencio total a partir de la cultura de tradición islámica. Por eso los argelinos se mantuvieron en silencio en relación con esto. En la tradición argelina, y árabe más en general, se piensa que una mujer violada está humillada y ensuciada. No solamente ella, como persona individual, sino que se piensa que toda la familia está humillada. Una de estas mujeres argelinas, amiga mía, fue violada. Tiene ahora 72 años. Me ha dicho que cuando ella cayó en prisión -tenía entonces 17 años- y le contó a su madre que también estaba en prisión el hecho de la violación, su propia madre le replicó que no le cuente a nadie más que había sido violada. Ni al padre, ni a los hermanos ni a nadie. Nadie de la familia ni de fuera de la familia. ¿Qué podía pasar? Pues que la niña fuera echada de la familia y así podría perder absolutamente todo. Ese fue el caso de todas o casi todas las prisioneras argelinas en poder de los colonialistas franceses.

Muy recientemente, hubo mujeres de más de 70 años con un coraje magnífico que han revelado que ellas fueron violadas. Un oficial colonialista del ejército francés ha revelado en el periódico Le Monde que todas las mujeres capturadas y hecho prisioneras por los militares franceses, a escala de un 90% (noventa por ciento), fueron sistemáticamente violadas.

P: En la retórica imperialista de George W.Bush y en los grandes monopolios de la comunicación que lo defienden suele repetirse hasta el cansancio la palabra «terrorista» para designar a cualquier disidente radical. Ni siquiera en la campaña presidencial de EEUU por la reelección dejó de pronunciarse ese término. En su opinión ¿quiénes son hoy en día los terroristas?

Henri Alleg: Sobre este tema yo pienso que hay que hacer una diferenciación clara al interior del conjunto de personas que utilizan la acción violenta. Los que se levantan para luchar por la liberación de un país con los medios pobres y las pocas armas que cuentan no son lo mismo que los que tienen todo el poder militar del mundo. Ya en tiempos de los alemanes, durante la segunda guerra mundial, los nazis caracterizaron invariablemente a sus opositores como «terroristas». Pero todos aquellos que combaten a los nazis no son «terroristas», son combatientes por la libertad.

Un ejemplo interesante sobre este problema es el siguiente. En Argelia existía un dirigente nacionalista argelino que es un héroe de la guerra anticolonialista. Él fue asesinado por los militares en su celda de la prisión. Como tantas otras veces, su asesinato fue hecho pasar por «suicidio». Se trata de Ben M’hidi. El oficial francés que dirigió su ejecución le había dicho a este héroe de la resistencia: «Usted es un terrorista. Usted pone bombas a través de las canastas que llevan las mujeres de Argelia». Él le respondió al oficial francés: «Si ustedes me dan sus aviones bombarderos y el NAPALM yo les doy mis canastas…».

Entonces, lo que ellos -los poderosos- denominan «terrorismo» es frecuentemente el último medio de un pueblo para resistir. ¡Los auténticos terroristas son ellos, los militares colonialistas!

Ahora bien, ciertas acciones que algunas veces no son controladas pueden no ser positivas, como por ejemplo hacer explotar bombas en cualquier lugar. Cuando mueren civiles en estas acciones no pensadas, la acción es claramente negativa. Los dirigentes políticos de una acción de resistencia no pueden promover ni admitir estas acciones. Esa fue, precisamente, la posición de los comunistas argelinos, quienes rechazaban estas acciones.

P: El general Acdel Vilas, uno de los genocidas argentinos que en la provincia de Tucumán estuvo a cargo del «Operativo Independencia» dirigido a aniquilar el frente rural del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), escribió un libro de campaña que en su momento no fue publicado. Vilas dice en ese texto que sus maestros en contra-insurgencia fueron militares franceses. Cita expresamente el libro Subversión y revolución del coronel Roger Trinquier. [Acdel Edgardo Vilas: Diario de campaña. Tucumán: De enero a diciembre 1975. S/editorial, s/fecha]. La misma información que brinda Vilas es formulada por otro conocido genocida argentino, el general Osiris Villegas [Temas para leer y meditar. Bs.As., Theoría, 1993]. Más recientemente, vuelve a aparecer esa confirmación, ahora por boca del general Alcides López Aufranc, en un documental de la periodista francesa Marie-Monique Robin titulado «Escuadrones de la muerte. La escuela francesa» [Les escadrons de la mort: L’école francaise, 2003], estrenado hace muy poco tiempo en Argentina. Dado que usted opina que la decisión de exportar esta doctrina, sus métodos de tortura y sus especialistas en interrogatorios, fue una decisión de Estado, ¿quiénes fueron concretamente los responsables en Francia?

Henri Alleg: Quisiera hacer una aclaración previa. Yo creo que la tortura no comienza con la guerra. Siempre, antes de la guerra, en nuestro periódico Alger Républicain [Argel republicana] mucha gente que fue arrestada por la policía, ya sean nacionalistas o comunistas, todos fueron torturados. En Vietnam pasó lo mismo. Cuando en Argelia hablamos de eso, de la tortura, nuestro periódico fue intervenido y cerrado. El compañero que en nuestro periódico escribió sobre la tortura fue arrestado y condenado a prisión. Su nombre es Khalfa Woualem. Por denunciar y escribir sobre la tortura fue condenado a dos años de prisión.

Entonces, la tortura es un arma del colonialismo aún antes de que comience la insurrección. Hasta que comienza la guerra, en el tiempo previo, la tortura tiene una dimensión artesanal. Durante la guerra colonial o contrarrevolucionaria la tortura adquiere una dimensión industrial.

Esta situación de no respeto de los derechos humanos, antes y durante la guerra, que fue promovida a escala industrial durante la guerra, ha sido el hecho común de todos los gobiernos de Francia. Tanto del gobierno socialista de Guy Mollet, como los gobiernos de derecha que sucedieron a los socialistas, así como también el gobierno del general De Gaulle. Incluso un gobierno que se ha llamado «de izquierda» ha cubierto y ha mantenido el silencio, ha dado su aprobación a todas estas acciones de tortura y a su exportación a América Latina. No se puede hacer una diferencia muy clara entre los que han dirigido la guerra de Argelia, sean de «izquierda» o de derecha. Sin ninguna duda, ¡todos fueron responsables!

P: En el relato de La question usted describe el método represivo de la desaparición de los prisioneros argelinos a manos de los militares franceses. Más tarde, ese método se exportó y aplicó masivamente en Argentina. También en Chile, en Guatemala, en Perú y otros países de América Latina. ¿Cuándo es la primera vez que se aplica la técnica represiva de la desaparición? ¿Es en Argelia? ¿Quizás en Indochina?

Henri Alleg: Yo no creo que en Indochina la desaparición haya sido muy nombrada ni que haya habido muchos casos de desapariciones. Pero en Argelia sí ya son decenas de miles las personas que han desaparecido. Por ejemplo, una cosa muy interesante es la siguiente. En Argel, la capital de Argelia, se encontraba el secretario general de la Policía que se llama Paul Teitgen. Este funcionario, antes de ir a Argelia, había sido un militante de la resistencia en la época de la guerra contra Alemania. Él había sido arrestado y torturado por los nazis. Había sido deportado al campo de concentración de Buchenwald. Años más tarde, fue enviado a Argelia. Cuando llega, él no conoce nada de ese país. Yo lo conozco a él personalmente. Él era un hombre, como quien dice, «no político». Su tarea no era hacer política. Era un patriota francés, un antifascista. Cuando él llega a Argelia su rol consistía en aplicar el reglamento en lo que concierne a los arrestos. Es decir que cuando una persona era arrestada por la policía o por los paracaidistas existía el deber de señalar, de informar los nombres, las condiciones del arresto, etc. Antes de que transcurriera un mes, existía la obligación de informar lo que había sucedido con el prisionero. O la persona había sido liberada -algo muy raro, por cierto-, o había sido deportada a un campo o había permanecido en la cárcel. Después de tres meses, o dos meses y medio, solamente por la ciudad de Argel, Teitgen corroboró que dentro del grupo de personas hechas prisioneras… ¡faltaban 3.026 nombres!. Entonces él preguntó: «Pues bien, ¿qué pasó? Me dan una explicación». No hubo explicación… Teitgen comprendió que estos desaparecidos habían sido ejecutados. Muchos fueron abatidos, ejecutados y fusilados, bajo el pretexto de «una tentativa de fuga». Dentro de esta cifra existían tales tentativas de fuga, pero esos casos fueron contabilizados como muertos. Los 3.026 desaparecidos corresponden, no a toda la guerra de Argelia ni a todo el país, sino tan sólo al período de dos meses y medio y sólo a la ciudad de Argel. Teitgen entregó su renuncia y dijo, muy valientemente, lo siguiente: «Yo no puedo admitir la tortura, no puedo admitir lo mismo que nos hicieron a mí y a nuestro pueblo los torturadores de la GESTAPO nazi». Él renunció.

P: En la guerra de Argelia fueron asesinados casi un millón de argelinos. ¿Existían campos de concentración como en Argentina o a los prisioneros los mataban directamente?

Henri Alleg: Existían campos de concentración. En ellos estuvieron prisioneras -en total- alrededor de 30.000 personas. Había varios tipos de campos de concentración. Había algunos, por ejemplo, campos muy duros, destinados a quienes fueron hecho prisioneros con armas en la mano. Eran los campos PAM (prisioneros con armas en la mano). Allí había muertos, torturados, desaparecidos. Pero también había otros tipos de campos, un segundo ejemplo, donde la tortura también se practicó. Existía también un tercer tipo de campos. Aquellos que funcionaban como «vitrinas», preparados para recibir las comisiones, para mostrar que «los prisioneros comen y duermen bien», «no gritan», etc. Yo estuve en El Biar, uno de los sitios «duros» de represión y tortura, y luego estuve un mes en el campo Lodi, un campo «vitrina», porque en mi caso existió una presión internacional tremenda. Pero incluso en los campos «vitrina» los paracaidistas fueron autorizados a ingresar y a tomar cualquier tipo de prisioneros, torturarlos, si su nombre había aparecido en algún lugar. No existieron muchos campos «vitrina».

P: ¿Existieron pueblos y aldeas que hayan funcionado como campos?

Henri Alleg: Hubo pueblos enteros cerrados, exactamente como en Vietnam, porque se consideró que el pueblo entero participaba de la lucha. No era exactamente un campo porque había desplazamiento de población. A los habitantes de estos pueblos, quienes en su totalidad eran hecho prisioneros, los desplazaban hacia otros pueblos. En esos pueblos existía la prohibición para todo el mundo de salir del lugar donde estaban prisioneros. En algunos casos existieron regiones enteras consideradas como «zonas prohibidas». En el norte de Argelia una tercera parte del territorio fue considerado «zona prohibida». Los militares franceses han tenido el derecho de ingresar al pueblo y disparar contra cualquier persona que se mueva sin dar ninguna explicación. Hubo un general que declaró que estas «zonas prohibidas» fueron muy buenas, excelentes, porque «todo lo que se mueve allí adentro es malo».

P: ¿Cuál era el objetivo de la tortura? ¿Qué perseguían los militares colonialistas, los paracaidistas franceses, con el método de la tortura y la desaparición?

Henri Alleg: Durante aquellos años, en Argelia se desarrolla una guerra popular. Esto quiere decir que no hay muchas unidades combatientes con uniforme. El enemigo, para los paracaidistas franceses, son los patriotas. El enemigo, en consecuencia, es todo el mundo. Por eso ellos, los militares franceses, han tenido muy poca información -en el sentido policial del término «información»- sobre el enemigo, es decir, sobre los patriotas. ¿Qué hacen entonces los militares? Pues van de noche a un barrio donde hay patriotas, en el caso de Argelia ese barrio es árabe, y entonces toman prisioneros al azar. Capturan 100 ó 150 personas, tanto hombres como mujeres. Lo hacen de noche. La gente está semidesnuda. Y llevan a todos a una casa de tortura que tiene varios pisos. Allí empiezan a golpear a cada persona. Dan golpes, golpes y más golpes. Inmediatamente después de la tortura a un prisionero traen a otro. Uno detrás del otro. Entonces, en este caso, los militares torturan sin saber nada. No es como torturar a un militante. Los militares llegaron a una buena conclusión: la inmensa mayoría de la población había sido conquistada por las ideas de la insurrección, por el proyecto revolucionario de los patriotas. ¿Cómo hacer si ellos, los militares, no saben nada y todo el mundo apoya la insurrección?. Entonces empiezan diciendo al prisionero o prisionera: «Tú no haces nada. Pero seguro que tú aportas dinero». Golpes, golpes y más golpes. Y continúan: «¿A quién le das la plata? Dinos quien está encima tuyo». El objetivo de la tortura es reconstruir el organigrama de los revolucionarios. Entonces, luego de la tortura, ellos toman al prisionero o la prisionera y encapuchados los llevan al barrio. Allí le dicen: «Denuncia a la persona a quien tú le entregas el dinero». Una vez que logran capturar a la persona que recolecta el dinero, lo llevan y lo torturan. Le dicen: «Tú eres alguien sin importancia. Tú haces pocas cosas». Entonces lo golpean y lo vuelven a golpear. Luego le preguntan: «¿A quién entregas tú el dinero que recolectas?». Así van reconstruyendo hasta llegar al recolector más importante del barrio. Entonces lo torturan hasta dar directamente con el Frente de Liberación Nacional, el FLN, es decir, con la organización de la lucha armada. Así fue el proceso. El primer objetivo, entonces, de la tortura era obtener información para reconstruir el organigrama, subiendo la cadena hasta alcanzar a los mandos guerrilleros. El segundo objetivo era implantar el terror. Repito: ¡los auténticos terroristas son ellos, los militares! En las épocas de guerra popular todo el mundo sabe que si caes prisionero seguro que te torturan. Y si te torturan tú puedes morir. Eso lo sabía todo el mundo. Realmente el terror estaba implementado para ser disuasivo.

P: ¿Esa tortura generalizada no provocó, en el caso de Argelia, el efecto contrario?

Henri Alleg: Exactamente, se logró lo contrario. Aquel que estaba indeciso, que no estaba convencido de ingresar en la lucha armada, cuando los militares colonialistas asesinan a su hermano o a su padre, entonces sí toma la decisión y entra, ingresa en la organización y asume la lucha armada. Por los mismos métodos militares de represión y tortura se terminó alimentando y fortalecido a las fuerzas de liberación.

P: ¿Qué rol jugaron los marxistas en la lucha anticolonialista de Argelia? ¿Ese papel fue la continuidad de la resistencia antinazi?

Henri Alleg: En primer lugar hay que aclarar que la resistencia antinazi en Argelia no tuvo la fuerza que había tenido en Francia. Porque allí no había fuerzas de ocupación alemanas o italianas en el propio territorio argelino. Solamente había comisiones alemanas o italianas al servicio del gobierno fantoche de Vichy. En Argelia hubo comunistas de origen europeo y fueron cazados. Cuando yo era joven, ya militaba en la juventud comunista. En aquellos años había tratado de hacer propaganda. Pero nunca existió el grado de resistencia como en Francia. Por ejemplo, no hubo nunca ataques contra trenes o contra soldados alemanes.

En cuanto a los nacionalistas que ingresaron en la lucha por la independencia de Argelia, el movimiento nacional fue muy vacilante. Hubo gente buena, bienintencionada y honesta contra el colonialismo francés. Pero esta gente no entendió, realmente, que la lucha contra el nazismo y a favor de la resistencia francesa fue también su propia lucha. Es decir que muchos pensaron que los enemigos son los franceses y los alemanes son los enemigos de los franceses. Tuvieron la idea de que los alemanes no son nuestros amigos pero tampoco nuestros enemigos. Hubo otros nacionalistas como Ahmed Messali Hadj quien rechazó caminar con los alemanes y con el gobierno de Vichy. Este tipo de nacionalista expresó: «No quiero que se diga que soy un fascista».

En segundo lugar, en cuanto al papel de los comunistas en Argelia, conviene recordar que su población era muy variada, muy heterogénea, bastante plural. Había musulmanes, europeos, judíos, etc. La orientación del Partido Comunista era que no importa el origen étnico o la religión de la que se proviene, lo importante es que todos y todas pueden contribuir a hacer una Argelia pluralista, donde cada uno pueda vivir bien y sin problemas, independientemente de su origen. Los comunistas afirmábamos que sólo con una Argelia libre, independiente del colonialismo, era posible que ese sueño se pudiera concretar. Todas las restricciones coloniales eran terribles en Argelia. No solamente la tortura, también el analfabetismo, el desempleo, fueron liquidados junto con el colonialismo. La idea era que ese cambio tenía que conducir a una Argelia libre y no convertir ese país en una provincia francesa.

P: ¿Los marxistas participaron de la lucha armada en Argelia?

Henri Alleg: Los marxistas, los comunistas, entraron y formaron parte de la lucha armada desde que tuvieron la oportunidad y la posibilidad porque la situación fue muy diferente de un lugar al otro. Por ejemplo, en el Este de Argelia, donde el Partido Comunista ha tenido fuerza, la lucha de liberación armada empezó muy temprano. Los comunistas estuvieron en esa lucha desde el primer día. Pero hubo muchos otros lugares donde hubo un retardo en comenzar. En consecuencia la lucha en estos lugares ha adoptado una forma más pacífica. Pero los colonialistas franceses liquidaron rápidamente estas diferencias regionales. Después de dos años y medio todo el país de Argelia pasó a estar igual y a participar igualmente en la lucha armada.

P: ¿Cómo era la relación entre los dirigentes nacionalistas de Argelia y los comunistas?

Henri Alleg: Una de las cosas que durante mucho tiempo no se habló y que recién han comenzado a discutirse en los últimos tiempos es la actitud de algunos dirigentes nacionalistas del FLN -no todos- que eran anticomunistas y muy sectarios con respecto a los compañeros comunistas. Por ejemplo, había algunos compañeros miembros del comité central del PC, uno de ellos fue un formidable y magnífico combatiente, muy famoso, que se había formado en las Brigadas Internacionales en España y tenía muchas acciones de guerra en su haber, y cuando él y otro compañero arribaron al maqui, en las montañas de Argelia, fueron ejecutados. Los dos fueron ejecutados por los dirigentes nacionalistas del FLN porque no quisieron firmar un papel diciendo que «los comunistas son traidores, los comunistas no son verdaderos argelinos». Los nacionalistas quisieron obligarlos diciéndoles: «O firman o los matamos». Ellos dos respondieron que no querían firmar eso contra el Partido Comunista y entonces fueron degollados por los nacionalistas. Les cortaron la garganta. Estos dirigentes nacionalistas del FLN, muy sectarios, tenían políticamente miedo del desarrollo de la influencia del Partido Comunista durante la lucha.

P: Usted conoció personalmente al Che Guevara. ¿Cómo fueron esos encuentros y en qué circunstancias se produjeron?

Henri Alleg: El Che Guevara había viajado a Argel. Allí lo conocí. Si no me acuerdo mal fue en 1963. Él se quedó bastante tiempo, varias semanas. Argel, en esos días, se convirtió en una especie de punto de encuentro de todos los países y representantes de movimientos africanos que combatían por la independencia. Por eso era un lugar de pasaje, donde se buscaba informaciones. Era lógico que Ernesto Guevara se quedara un tiempo allí. Al Che le debe haber interesado esto porque estaba pensando y buscando en qué parte de África se podía crear un buen maqui antiimperialista, es decir, un buen lugar donde comenzar la lucha armada. En esta época mucha gente visitó Argelia. Por ejemplo, Carlos Bellibello, un famoso economista y analista político de Angola, cuando nos encontramos hace un par de días nos dimos un gran abrazo y él me dijo, después de tantos años: «Henri, nosotros nos habíamos visto en Argelia…». Efectivamente, él había estado en nuestro periódico. Lo mismo sucedió con Agostinho Neto y también con compañeros de África del sur. Todos los que resistían pasaban por Argel. Es en este contexto en que yo lo encontré al Che Guevara. Nos vimos varias veces. La primera vez lo vi junto con un periodista argelino en el hotel. Otra vez lo encontré en la embajada de Cuba en Argel. Lo vi una tercera vez, pero no me acuerdo ahora donde fue, y la cuarta vez el Che vino a la redacción de nuestro periódico. Yo tengo varias fotografías con él en la redacción del periódico Argel Republicana. Recuerdo que cuando nos encontramos y conversamos con el Che, nosotros hablamos con él con mucha simpatía. Lo mismo le sucedió a muchos jóvenes que trabajaban conmigo en el consejo de redacción del periódico. Ellos y yo teníamos una gran simpatía personal por el Che Guevara.

P: ¿Cómo veía el Che Guevara lo que sucedía entonces en Argelia?

Henri Alleg: Este era un período muy complicado para los compañeros extranjeros que estaban en Argelia porque ellos estaban realmente sorprendidos ante la actitud de los dirigentes del FLN, quienes expresaban que: «¡Cuba es magnífica!». El Che, obviamente, veía esto con gran simpatía. No es casual que él pronunciara su famoso discurso de Argel en aquel lugar. Pero el Che Guevara no dejaba de tener sus propias opiniones. Algunas aseveraciones y puntos de vista ideológicos de los dirigentes del FLN estaban en contradicción con el pensamiento marxista del Che. Algunos de ellos, por ejemplo Ahmed Ben Bella -quien era nacionalista-, decían a propósito de los campesinos que «La única clase revolucionaria en Argelia está constituida por el campesinado». En cambio, no opinaba lo mismo de los obreros y trabajadores. Ben Bella decía que había que poner atención para no caer en el «peligro del obrerismo». Estas eran ideas de Frantz Fanon, quien había sugerido que la clase obrera del norte era «enfant chérie du colonialisme» (niño querido del colonialismo), es decir, que eran funcionales al colonialismo. Evidentemente esto no concordaba con lo que pensaba el Che Guevara, quien compartía y había formulado una vieja concepción leninista según la cual el campesino no ve más lejos que el acto de posesión de un pedacito de tierra.

P: ¿Cuál fue el papel de la mujer en la lucha anticolonialista en Argelia?

Henri Alleg: La situación de las mujeres en Argelia hacía que la idea de que las mujeres tomaran las armas y entraran en la lucha armada parecía imposible. Nadie podía pensar algo así. Pero en la tradición de la lucha anticolonialista de Argelia, durante el siglo XIX, existieron mujeres que empuñaron los fusiles contra los colonialistas franceses. Más tarde, en el siglo XX, durante la guerra de liberación anticolonial, estos tabúes ancestrales que pesaban contra las mujeres cayeron. Por ejemplo, se necesitaban enfermeras. Además, hubo pocas pero existieron mujeres con una educación que fueron a la escuela e incluso entraron en acción en los combates. Ellas jugaron un rol activo en el combate contra los colonialistas. Mujeres que desempeñaron un importante papel en las acciones armadas en la ciudad. Yo las he conocido. Hubo necesidad de acciones dentro de las ciudades, acciones de inteligencia. Además fue necesario cargar las bombas en las canastas de las mujeres. Para comprender la acción de las mujeres este aspecto es quizás es más espectacular, pero no es el fundamental. Hay otros más importantes. Los hombres fueron arrestados y encerrados en campos de concentración y en prisiones. Estaban bajo un control mucho más duro que las mujeres. Entonces, en varios casos, las mujeres tuvieron que tomar el lugar de los hombres: en el trabajo, con los niños, para salir de la casa, etc. Muchos hombres no querían que las mujeres salieran. Ellos hubieran preferido que las mujeres se quedaran en la casa… ¡Pero si el hombre no está, sí o sí es la mujer la que tiene que salir! Por ejemplo, me acuerdo de una anécdota. Una vez yo estaba en la misma celda en la cárcel con un compañero comunista, un líder sindical muy conocido, muy amado, pero que tenía costumbres musulmanas. Un día hubo una visita para él en la cárcel. Luego de ir a la visita este compañero regresa a la celda y yo le digo: «Tú has visto un fantasma. ¿Qué te sucede?». Estaba blanco. Entonces él me dice: «Fue mi mujer». Para él era algo increíble que su mujer haya ido sola… ¡a la administración colonial!…, ¡al comisario de policía!…, para pedir… ¡a los franceses!… el permiso para encontrar a su esposo. Para él fue una sorpresa. No sólo ella se había hecho cargo de la casa sino que además hizo todo lo necesario en la administración colonial francesa para encontrarlo y verlo a él, para encontrar a su esposo prisionero. Ese fue el caso para muchos otros. Esto se repitió, sin duda, durante la lucha anticolonialista.

P: ¿Qué sucedió después de la independencia de Argelia con la situación de las mujeres?

Henri Alleg: Una vez que se logra la independencia del dominio colonial se creyó que todo lo que se había conquistado durante la guerra de liberación respecto de la emancipación de la mujer se podría conservar. Pero inmediatamente después se retomó el control por parte de las fuerzas reaccionarias. Una anécdota al respecto es la siguiente. El edificio de nuestro periódico, Argel Republicana, tenía un balconcito. Justo enfrente del nuestro había otro balconcito que pertenecía al ministerio de la agricultura. El 8 de marzo de 1963 en Argel hubo una manifestación inmensa de mujeres reclamando por sus propios derechos, así como también por la independencia, la lucha de liberación del pueblo argelino, etc. Era una manifestación de mujeres con velo y de mujeres sin velo. Todas mezcladas. También con los tradicionales gritos árabes. Yo estaba en el balcón del periódico junto con otros compañeros comunistas, jovencitos, mirando esta manifestación de mujeres. Los compañeros veían movilizarse a sus mujeres, a sus madres, a sus hermanas, etc. Estos compañeros jóvenes, comunistas, estaban con mucho entusiasmo. Tenían una alegría tremenda. Pero enfrente nuestro, en el otro balconcito donde estaban los funcionarios del ministerio de agricultura, ellos tenían un rostro absolutamente descontento. Miraban todo eso como algo feo, como algo malo. ¡Ellas habían ido tres kilómetros adelante de sus maridos y esposos! Tres días después me encontré con una amiga, ella no era comunista, pero había participado de esta manifestación. Pues bien, resulta que ella había sido convocada a la comisaría de policía y allí le dijeron: «Te hemos visto gritando «¡los maridos a la cocina!». Lo que hicieron estos policías era algo estúpido, pero expresa algo…

P: ¿Qué es lo que expresa?

Henri Alleg: Yo creo que los hombres reaccionarios, después de la independencia, pararon el movimiento. Sobre todo existe un código de la familia que ha mantenido las cosas como antes, incluso las cosas más estúpidas. En particular, por ejemplo, aquello de que las mujeres que quieren un pasaporte no pueden obtenerlo sin el acuerdo del marido, del padre o del hermano varón. Si ella se quiere separar y divorciarse del esposo, sucede lo mismo. Para la herencia económica ocurre algo análogo: si existe un hijo varón tiene el derecho, si hay una hija mujer no tiene el derecho. Eso fue muy criticado. En Argelia hay muchas mujeres progresistas, por supuesto, hay mujeres diputadas, hay mujeres ministras, pero el fondo reaccionario no cambió, no fue liquidado por la independencia. Continúa la autoridad masculina, incluso peor que en las sociedad de Túnez o Marruecos. Las mujeres se vieron muy frustradas porque se produjo este movimiento hacia adelante y luego hubo un retroceso, una reacción.

P: ¿Qué sucede con la relación de los argelinos religiosos con los no religiosos, en particular con los marxistas?

Henri Alleg: Pienso que eso no era contradictorio. Por un lado existía la voluntad de los dirigentes del FLN, de aquellos más sectarios que han llevado el movimiento hacia la reacción, y por otro lado, pero al mismo tiempo, se encontraban las ideas de las masas populares que han tenido varias ideas preconcebidas (entre otras el machismo). Pero de manera general, si se toma colmo referencia la orientación general del movimiento nucleado en torno al FLN, allí nunca se han tenido ideas islámicas cerradas e intolerantes, que llamaran a matar a los no musulmanes. Nunca pasó eso. Al contrario. Los más sencillos y humildes de la población han tenido una grandísima tolerancia religiosa. De manera más general, eso ha predominado en la tradición de Argelia. Sin idealización. Nunca hubo en Argelia progroms contra los judíos. Por ejemplo, el gran líder Abd el-Kader, el gran líder contra la colonización francesa, ha tenido un ministro de relaciones exteriores judío. ¡Fue en 1830!. En Europa, por esa misma época, no sucedía eso…

P: Dado que usted es marxista, ¿cómo vivió el tema de la religión?

Henri Alleg: A pesar de lo que sucedió después en Argelia con las masacres islámicas, intolerantes y completamente reaccionarias, hay algunas anécdotas que lo ejemplifican bien claro. Por ejemplo, recuerdo una que sucedió en otra prisión -distinta a la que mencioné antes-. En esta cárcel había 100 ó 120 campesinos, todos encerrados en el mismo pabellón carcelario. Dentro de ellos había unos 10 europeos. Los diez eran comunistas. Los prisioneros árabes argelinos estaban muy sorprendidos de ver europeos en el grupo de prisioneros. Se sorprendieron porque eran campesinos. En las ciudades era un poquito diferente, había una mezcla de árabes con europeos, pero en el campo no. En las ciudades, aunque los argelinos tuvieran ideas un poquito racistas, sabían perfectamente que los europeos podían luchar junto con ellos. Pero los campesinos no lo sabían. Entonces en la cárcel los campesinos argelinos preguntaron: «Pero ¿quiénes son ellos? ¿Quiénes son estos europeos?». Estaban totalmente sofocados al ver a europeos que, como ellos, también sufrían la prisión. ¡No lo podían creer!. Entonces un día, uno de los viejos campesinos argelinos que estaba en esta prisión, pidió un traductor entre los presos para traducir en perfecto árabe y en perfecto francés lo que él quería expresar. ¿Y qué comunicó este campesino argelino? Pues les dijo a los comunistas que, a pesar de ser europeos, estaban prisioneros como él, lo siguiente: «¡Ustedes, crean o no crean en Dios, lo quieran o no, van a ir al Paraíso y van a ir adelante nuestro! ¡Sí, ustedes van a ir al Paraíso antes que nosotros!». [grandes risas de Henri Alleg]. Esto fue una clara muestra de tolerancia y de simpatía con la lucha de sus compañeros, los comunistas.

P: ¿Cómo fue que aquella tolerancia dio paso al fanatismo religioso?

Henri Alleg: Sí, realmente hay una diferencia dramática entre aquella época y lo que sucedió muchos años después, cuando en Argelia aumentó la intolerancia, se produjeron masacres, y hubo matanzas de monjes religiosos. Antes nadie los había tocado, pero en la guerra reciente terminaron degollados, con la garganta cortada. Esto fue un golpe tremendo para los propios argelinos. Ellos mismos, los argelinos, dijeron: «Estos asesinos están ensuciando nuestra cultura y nuestras tradiciones».

P: Tanto en la actual guerra de Irak como antes en la de Argelia, las potencias colonialistas utilizan como pretexto el fantasma del Islam como sinónimo de fundamentalismo. ¿Cuándo surge el fundamentalismo en Argelia?

Henri Alleg: El fundamentalismo musulmán apareció en Argelia en 1992, hace poco más de una década. No tiene entonces nada que ver con el desarrollo del proceso durante treinta años después de la independencia de Argelia como algunos han querido hacer creer. ¿Cómo explicar esta ola actual del fundamentalismo y sobre todo esta integración de jóvenes que han dado su vida por el fundamentalismo? La primera, la más importante razón, es la situación económica y política del país que ha creado las condiciones para el desarrollo del fundamentalismo islámico. La lucha por la independencia provocó un entusiasmo general, una esperanza tremenda. En Argelia la cuestión de las clases sociales fue una cuestión sencilla. Existían los muy pero muy ricos, que eran todos europeos con algunos feudales aliados de los europeos, y del otro lado, la inmensa mayoría de los argelinos con diferencias de clase que eran mínimas entre ellos. La aspiración a la liberación nacional significó también la aspiración a la emancipación social. Se quería cambiar las cosas, crear una Argelia nueva: ¡una Argelia socialista!. La palabra «socialista» apareció de una manera espontánea en la boca de todo el mundo en esos años. ¡El proyecto era de una Argelia socialista!. Todo el mundo hablaba de una Argelia socialista. Pero el movimiento fue dirigido por una pequeña burguesía que poco a poco se fue enriqueciendo hasta llegar a ser millonarios. Todo eso provocó una decepción inmensa de los más pobres, sobre todo de los jóvenes. Los que más sufrieron fueron ellos, los jóvenes. Actualmente, y desde los años ’90, el desempleo alcanza una cifra que oscila entre el 30 y el 40 % de los jóvenes. En el interior de Argelia, en el campo, el desempleo alcanza el 60%. Existe una voluntad de fugarse y salir de esta situación. Además, existe un hecho social en Argelia. Si a un jovencito le gusta una chica, no pueden vivir juntos. Eso no existe en esta sociedad. Porque tiene que dar plata al padre, buscar una vivienda y todo eso. Como estas condiciones no existen, los jóvenes tienen un stress muy fuerte. Incluso los jóvenes no pueden tener mujeres. Eso genera un gran malestar. En octubre de 1988 hubo una manifestación en Argel, la capital de Argelia, en una fecha de cambio. Era el tiempo del dirigente Chadli Bendjedid quien ha dado la orden de tirar sobre la manifestación. Hubo en ese momento -esto está confirmado- al menos 500 muertos en Argel. La mayoría fueron jóvenes. La manifestación no tenía grandes objetivos políticos, ni reivindicaciones muy delimitadas. Querían pan, querían trabajo y hubo una masacre. Eso tuvo una repercusión tremenda en Argel y en todo el país. Precisamente a partir de este hecho los islamistas han empezado a prosperar y desarrollarse con una lógica de argumentación muy sencilla: «El socialismo ha sido quebrado, es una porquería. Luego, si la opción no es el socialismo, tiene que ser el liberalismo. ¿Qué nos ha dado el liberalismo? Pues nada. Ahora lo tienes enfrente de ti. Han matado a los jóvenes, los han fusilado. Entonces el problema viene de la gente que dirige Argelia, que imita el Occidente y lo adopta como modelo. Nos hacen olvidar que somos musulmanes. La única solución es abandonar todas estas ideas y concentrarse sobre el regreso al Islam…». Esa es la lógica que permite comprender lo que está pasando en Argelia.

P: ¿Los fundamentalistas islámicos se han desarrollado en forma aislada o cuentan con apoyo externo?

Henri Alleg: Existió este terreno de frustración, de reprobación, de disgusto con respecto al poder político, y toda esta situación ha facilitado el trabajo de los islamistas y el desarrollo del islamismo. Pero al mismo tiempo los islamistas han contado con apoyos, especialmente fuera de Argelia. Algo interesante a destacar es que en Argelia hubo muchos extranjeros, representantes de empresas o cooperantes y hubo franceses, italianos y yugoslavos asesinados. Gente de muchas nacionalidades. Lo sorprendente es que nunca hubo un solo norteamericano asesinado… En Inglaterra los ingleses han dado, paulatinamente, la autorización a los islámicos (por ejemplo para abrir oficinas), quienes anteriormente estaban prohibidos en ese país, así como también habían estado prohibidos en Argelia. Uno de estos grupos ha sido el Frente Islámico de Salvación (FIS). Incluso, hasta en los mismos Estados Unidos hubo una oficina legalizada de los islámicos. El Departamento de Estado norteamericano ha tenido una posición bastante proclive respecto a ellos. No fue un apoyo sistemático en todos los lugares pero sí los han apoyado en función de sus propios intereses. Por ejemplo, el rey de Marruecos ha combatido a los islámicos mientras Estados Unidos los apoyaba. Al principio, en Turquía, el gobierno turco combatió a los islámicos y los EEUU los han apoyado. En el caso de Argelia ha habido un apoyo de los norteamericanos a los islámicos porque el gobierno de EEUU no tenía confianza en la estabilidad y la fiabilidad del poder político argelino. ¡Hay muchos indicios de que el Departamento de Estado ha apoyado a los islámicos!. Dentro de los primeros que cometieron atentados del FIS (Frente Islámico de Salvación), por ejemplo horribles masacres de mujeres embarazadas que estaban con niños y otras cosas horrendas del mismo estilo, se encuentran individuos que provenían de Afganistán, donde antes habían trabajado al servicio de quienes los habían reclutado: los norteamericanos. La CIA los había reclutado en la lucha contra los soviéticos. Luego de la lucha con los soviéticos, fueron exportados por la CIA desde Afganistán a Argelia. En Argelia la gente los llamaba simplemente «los afganos».

P: A partir de la experiencia política que usted aprendió a lo largo de tantos años de lucha por la revolución, ¿qué le gustaría decirle a los jóvenes que hoy comienzan a participar en la resistencia contra el capitalismo y el imperialismo?

Henri Alleg: Pienso y creo que de toda esta experiencia se podrían extraer al menos dos «lecciones», por llamarlas de algún modo. Para los jóvenes pero también para lo no tan jóvenes. En primer lugar, no creer que todo lo que fue ganado se ganó para siempre. Esa es una gran lección, de alcance muy general. Desde el principio de mi militancia, desde el momento en que empecé a luchar contra el fascismo, para mí fue algo obvio que el fascismo sería derrotado. Era evidente que los países que en ese momento fueron ocupados por los alemanes, por el nazismo, serían liberados. Para mí era algo obvio que la Unión Soviética saldría victoriosa, que nuevas fuerzas se agruparían junto a ella, que el comunismo ganaría terreno. Y eso sucedió, efectivamente, un poco después. En Francia, al momento de la liberación, una tercera parte del Parlamento llegó a ser comunista. Había ministros comunistas en el gobierno. El «espíritu de esta época» indicaba que no pasarían muchos años para que Francia se volviera un país socialista. A propósito de esto, recuerdo una anécdota. Una discusión con E. F., secretario del PCF, miembro de la dirección del periódico L’Humanité. Él tenia 10 años mas que yo. Era un hombre muy simpático. Al final de una sesión de la Escuela del Partido, le pregunté: «¿Cuánto tiempo tendremos que esperar para que Francia sea un país socialista?». Él me contestó: «Escucha, eres joven, eres impaciente, no creo que eso vaya a ocurrir muy rápidamente. No creo que Francia sea socialista antes de 10 años…». ¡Eso fue hace 40 años! La segunda lección es que jamás hay que desanimarse ni descorazonarse. La vida es corta, pero todo impulsa a los seres humanos a combatir por su liberación, a luchar por un futuro mejor. Yo creo en nuestra victoria. La mayoría de los pueblos del mundo se convencerá de que no hay otra vía para lograr esta liberación y este futuro mejor que la del socialismo. Eso es lo que quisiera decir a los jóvenes, pero también a los no tan jóvenes.

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