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Ortodoxos, heterodoxos y socialistas científicos

Fuentes: Rebelión

El capitalismo no cierra. No hay forma en que el capitalismo funcione bien, que no tenga crisis periódicas, ni que pueda constituir una sociedad justa e igualitaria. Los economistas ortodoxos en realidad no son economistas. Han abandonado la fundamentación de sus posiciones reemplazándolas por postulados, y en el mejor de los casos por estadísticas; es […]

El capitalismo no cierra. No hay forma en que el capitalismo funcione bien, que no tenga crisis periódicas, ni que pueda constituir una sociedad justa e igualitaria.

Los economistas ortodoxos en realidad no son economistas. Han abandonado la fundamentación de sus posiciones reemplazándolas por postulados, y en el mejor de los casos por estadísticas; es sabido que hay muchas formas de hacer estadísticas, y que incluso se pueden realizar a conveniencia de cada sector económico. En los hechos la economía ortodoxa se reduce a ser un vocero de las necesidades del capital concentrado internacional. Ese es su único contenido. Defiende esos intereses con una teoría que no tiene ningún fundamento, son simples postulados a la medida de la conveniencia de los grandes capitales.

Los economistas heterodoxos intentan defender los intereses de la población en su conjunto. Pero intentan hacerlo dentro de los límites del capitalismo. Para ellos son fronteras que no se pueden traspasar. En el último gobierno se referían al plan económico heterodoxo como «crecimiento con inclusión social», lo que en líneas generales representa el objetivo de todas las variantes heterodoxas. Ellos sí tienen una teoría fundamentada, aunque muy discutible. Sostienen que el estado debe intervenir en la economía para regularla en favor de la población en general. Omiten el hecho de que el Estado es el aparato de dominación de la clase capitalista, hoy en día principalmente del capital concentrado. Lo cual revela lo utópico de su postura. Un gobierno puede lograr cierta independencia en el corto o mediano plazo, pero en el largo plazo siempre el gran capital termina imponiendo su política, porque los gobiernos heterodoxos dejan intacto lo principal del poder económico concentrado.

El marxismo, es decir, el socialismo científico, ha demostrado que el capital sólo puede ser, como el esclavismo y el feudalismo, un modo de producción coyuntural y episódico, en términos históricos.

Como sucedió en el gobierno anterior, una política económica heterodoxa puede hacer crecer la producción al mismo tiempo que mejora las condiciones de vida de la población. Pero no puede sustentarlo en el tiempo. Esto sólo se puede conseguir si se expropia al capital concentrado, acción que sólo se puede llevar a cabo con la revolución social, en el marco de una auténtica revolución democrática de todo el pueblo.

Los heterodoxos le dicen muchas verdades a la población, esto constituye un avance extraordinario en relación a la ortodoxia, pero no pueden completar el cuadro porque reivindican la conciliación de clases, lo cual implica inexorablemente un sometimiento al capitalismo, en cualquiera de sus formas. No hablan de la lucha de clases ni del origen de la ganancia que es la extracción de plusvalía con la explotación de los obreros.

A pesar de todo, buena parte de la población ha despertado a la actividad política gracias, en parte, a la acción gubernamental heterodoxa del último gobierno. Ha sido ayudada a comprender muchos aspectos fundamentales de la realidad social, como algunos aspectos de la política del capital concentrado, etc., e intenta avanzar hacia el pleno «crecimiento con inclusión social» pero no sabe cómo hacerlo. El socialismo científico plantea que para lograr la expropiación del capital se necesita en primer lugar la elevación de la conciencia de la inmensa mayoría de la población, y ése es un objetivo permanente de toda su acción política.

El problema no está resuelto por los heterodoxos porque tienen una política en última instancia utópica, y se manejan dentro de los límites de la democracia burguesa. El socialismo científico plantea la única solución posible, pero necesita ir impulsando todos los pasos intermedios que se requieren para lograr la necesaria toma de conciencia de su necesidad en la población.

Los heterodoxos y los socialistas científicos tienen en cierto modo un enemigo común: el capital concentrado. Pero los heterodoxos confían en poder controlarlo, porque defienden el capitalismo en general, sólo que con «inclusión social y crecimiento». De cualquier manera hay muchas situaciones en las que la unidad de acción frente a la ofensiva del gran capital es obligatoria.

Lo más importante es que gran parte de la población se ha incorporado a la lucha política con el objetivo de un «crecimiento con inclusión social». Aunque con estrategias diferentes, ese es un punto común entre heterodoxos y socialistas científicos. Años de lucha social que tuvieron su punto más alto en 2001-2002 han producido el epifenómeno de que el último gobierno intentara, con sus limitaciones, ese crecimiento. La masa de la población que lucha por este objetivo es un movimiento progresivo, y por esa razón el socialismo científico tiene que acompañarla, ayudando a llevar a cabo las mejores reformas posibles. En ese camino inevitablemente se revelará que dentro de los límites del capitalismo es imposible lograr el objetivo. Si la lucha es consecuente se tomará conciencia de la necesidad de adoptar la verdadera estrategia que lo hace posible. El problema es qué hacer, cuáles son las tareas concretas que ayudarán a esa toma de conciencia.

Pero ninguna de las dos alternativas es posible de llevar a cabo sin una gran revolución democrática de todo el pueblo. Y en ese marco solamente son realizables sin son impulsadas por la decisión completamente democrática de la gran mayoría del pueblo. En particular la expropiación del capital sería directamente imposible.

La discusión se centra entonces en los pasos concretos que hay que dar para que se produzca una verdadera revolución democrática. Eso es lo fundamental en este momento. Y logrado esto la heterodoxia y el socialismo científico deberán debatir para lograr para su estrategia la voluntad de la mayoría de la población. Y aceptar esa decisión, aunque no sea la propia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.