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Irán-EEUU

Petroleros en llamas y «futuros estados fallidos»

Fuentes: Rebelión

Si Estados Unidos no hubiera metido las manazas en el mundo islámico es muy probable que Europa no hubiera conocido ni el terrorismo del ISIS ni éxodos bíblicos.

Se decía que El Líbano (antiguamente Fenicia) era la Suiza de Europa debido al gran desarrollo político, económico y cultural del que gozó durante décadas. Con la guerra de los Seis Días (1967), Israel se apodera del 85% del territorio de Palestina y se desestabiliza la región cayendo, uno a uno, todos los países árabes que rechazaron esa colonización sionista que contó con «el apoyo tácito» de Gran Bretaña, la ONU y EEUU.

Irak es atacada con el falso argumento de que «posee armas de destrucción masiva», las bombas llueven sobre Bagdad matando a decenas de miles de civiles, muchos de los cuales quedaron carbonizados en los frágiles refugios de sus viviendas. Sadam Husein, «el enemigo de Occidente» (Israel) es ahorcado entre carcajadas de mercenarios estadounidenses, el 30 de diciembre de 2006. Su régimen laico se derrumba y de sus cenizas surge el ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria). EEUU se limpia las manos, el terror cae sobre Europa.

Israel celebra con cohetes la victoria.

Libia, que durante décadas figuró como el país con mejor calidad de vida de África, se convierte, de repente, en otro gran enemigo de Occidente y EEUU, potencias que solían hacer multimillonarios negocios con Trípoli. Los aliados asesinan a Muamar el Gadafi (el 20 de octubre de 2011), y ponen en su lugar a sus marionetas. Ahora ese país es un infierno, un enjambre sin ley donde las tribus trafican con esclavos, violan a hombres y mujeres, torturan a los inmigrantes, las mafias se dedican al comercio humano y tratan a las mujeres como si fueran animales, los DDHH se entierran en la basura. Adiós los días en que los obreros y técnicos del mundo árabe (y de otros territorios del planeta) querían ir a trabajar a Libia, pues era el país que mejor les pagaba y trataba.

Luego estalla la primavera árabe en Siria (otro vecino incómodo de Israel). Tras ocho años de guerra, de los 18,2 millones de habitantes que tenía ese país, 6,2 millones son desplazados internos y 5,7 millones son refugiados que viven en países vecinos. Se puede decir que ya tenemos otro «Estado fallido» para blindar al pequeño David, armado hasta los dientes con armas nucleares, «in saecula saeculorum». El conflicto sirio jamás se hubiera producido (o alcanzado los niveles que alcanzó) sin la penetración del ISIS en el territorio tras la caída del régimen iraquí, que hacía de «cemento» en la región.

La operación de limpieza no ha hecho más que empezar. Ahora Tel Aviv y EEUU, con la complicidad de Europa (España ayudó al bloqueo de Irán con una fragata), han puesto el punto de mira en el régimen de los ayatolás. «El régimen islámico, Delenda est» (debe ser destruido). Hay varias razones de peso: no se pliega a las demandas USA, denuncia los abusos de Israel y defiende el derecho a la creación de un Estado Palestino. (No me gusta ningún gobierno religioso, pero aquí no es el momento de tocar ese asunto).

Había que crear otro «casus belli». Ya lo tenemos. La semana pasada dos petroleros son atacados en aguas internacionales del Golfo de Omán y, sin ninguna prueba convincente ni contrastable, EEUU acusa del sabotaje a la guardia revolucionaria iraní.

El secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, ha instado a Irán a que reconozca ese acto terrorista en el golfo de Omán, lugar por donde pasa un quinto del petróleo que circula por el mundo. Como evidencia «borrosa y dudosa» la Casa Blanca ha publicado un video confuso que demuestra la «implicación» de los terroristas iraníes.

Teherán ha negado su participación en los hechos y acusa a EEUU de estar preparando una trampa «para ganarse a la opinión pública occidental» y lograr luz verde para emprender acciones bélicas «contra el enemigo más incómodo de Israel».

Tras el ataque, cuya autoría está por determinar, los barcos iraníes rescataron a los 40 tripulantes de los dos petroleros: a saber, el «Kokuka Courageous» que tiene un boquete en uno de los lados y pertenece a una compañía japonesa, y el noruego «Front Altair» que se incendió y ha quedado para el desguace.

Para sorpresa de todos y todas, ha salido en defensa de Estados Unidos el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed Bin Salmán, conocido como el carnicero de Riad, aseverando que los buques cisterna fueron atacados por Irán para bloquear la ruta del petróleo y «perjudicar a Occidente».

Pero el episodio más esperpéntico, que no me canso de repetir, es la chapuza de Estados Unidos en la Guerra de Afganistán (1979-1992). Las tropas soviéticas apoyan al Gobierno socialista y laico de Kabul. La CIA arma a los muyahidines islámicos y entrena a Osama Bin Laden para derrotar «al diablo rojo». Tras la desintegración de la URSS, se inicia la retirada de las tropas soviéticas de ese país. Es derrocado el Gobierno «pro soviético» y los muyahidines (taliban) y EEUU celebran la victoria.

Luego se instala el Estado Islámico en Afganistán. Su gobernante de facto, Osama Bin Laden -que odia a EEUU por tener tropas estacionadas en Arabia Saudí, donde nació Mahoma y están los principales lugares santos del Islam- ordena los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York (11-S), el Pentágono y la Casa Blanca. Al Qaeda (La Base), que es dirigida por Osama Bin Laden hasta su muerte, da a luz al ISIS tras la guerra de Irak, y así se envuelve el mundo en una pavorosa llama de terror que, siempre que está a punto de apagarse, viene el 666 del Imperio para echarla gasolina, lo que provoca ira y odio en Europa (racismo en diferentes grados) hacia los que huyen de una tragedia bíblica que inició, alimentó, «aunque luego se le escapó de las garras» el Águila Bicéfala, sinónimo de delirio y esquizofrenia voladora.

Blog del autor: http://m.nilo-homerico.es/reciente-publicacion/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.