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¿Quiénes tienen el poder realmente?

Fuentes: Rebelión

A menudo, sectores de la población descontentos con el sistema cifran como principal causa de la actual problemática social a «los políticos». Un cuerpo de agentes especializados, votados una vez cada cuatro años, que bajo el actual régimen carecen de mecanismos al servicio del pueblo para controlar sus políticas y si es necesario «quitarlos» (revocarlos) […]

A menudo, sectores de la población descontentos con el sistema cifran como principal causa de la actual problemática social a «los políticos». Un cuerpo de agentes especializados, votados una vez cada cuatro años, que bajo el actual régimen carecen de mecanismos al servicio del pueblo para controlar sus políticas y si es necesario «quitarlos» (revocarlos) antes de que cumplan su mandato. No son, por ley, meros portavoces del sentir y decisión colectiva de la mayoría social como dicen ser, pues no existe un régimen participativo de asambleas populares donde la gente pueda decidir la política que harán y llevarán a las instituciones, sino que reciben un mandato que les da plenas libertades para hacer y deshacer a voluntad, y votar como les plazca en el parlamento.

Queda en manos pues, de su compromiso político y de su voluntad democrática, así como de los intereses de clase y programa que realmente defiendan, el que, no conformándose con lo que dicta una ley hecha por ricos para ricos, pongan su voto parlamentario al servicio y voluntad del pueblo; un político que realmente esté con el pueblo podría y debería someterse a poder ser revocados por la base militante de su partido (entregando su acta de concejal o parlamentario y siendo sustituidos por el 2º de lista) o por la ciudadanía que le ha votado (si está convenientemente congregada en un movimiento asambleario democrático y organizado).

Por desgracia, una mayoría de los actuales parlamentarios y cargos institucionales pertenecen a partidos contrarios a dicha filosofía. Estos partidos, como PP y PSOE, son partidarios de un orden de cosas en que el poder formal recae en una minoría, que puede llegar a rápidos y fáciles entendimientos con los poderes económicos. Son estos poderes económicos los que garantizan la reelección de estos partidos, ya que sin el dinero y capital que les prestan, con que les financian, difícilmente podrían desarrollar las agresivas campañas publicitarias en tiempos de pre-elecciones, que les hacen ser conocidos. No contarían con medios de prensa, televisivos y radiofónicos privados que hablarían de ellos a todas horas, ni podrían llegar a copar medios públicos al no conocerlos casi nadie; salvo que militaran de manera incansable durante años en los barrios y calles de ciudades y pueblos.

Constituye, pues, un error común cifrar a «los políticos» como la única causa del problema. Nosotros iremos más allá, y diremos que quienes tienen el poder y promueven las actuales políticas, culpables de esta situación, son los poderes económicos. Porque quien paga manda. Banqueros y empresarios pagan a grandes partidos para saturar los medios y calles de su cartelería y propaganda, para que una legislatura tras otra sean fácilmente reelegidos. Sin la financiación de los poderes económicos no podrían perpetuarse gobiernos que desarrollan políticas a favor del capital y en contra de los trabajadores. No se estarían desarrollando las actuales políticas ni se habría hecho la reforma laboral; no se habría abaratado el despido ni destruido, a paso tan acelerado, tanto empleo, ni creado en su lugar precario, eventual, etc. No se estarían realizando recortes en sanidad, educación y otros servicios y empresas públicas, ni privatizaciones; no podrían deslocalizar empresas y echar a media o toda la plantilla; y aquellas fábricas, tierras y servicios que necesita el pueblo para beneficiarse de ellos y poder prosperar no tendrían por qué estar acaparados en manos de unos cuántos, la banca podría ser un servicio social para facilitar la adquisición de derechos de la vivienda, en lugar de ser usada para esclavizar a familias y enriquecerse, etc.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.