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Revoltijo global e irracionalidad ideológica

Fuentes: Rebelión

Ahora resulta que creer en la ciencia, usar mascarilla contra el COVID-19 y oponerse a portar armas libremente implica ser comunista.

Una candidata a asambleísta por la provincia del Azuay se ha declarado proagua y provida. Es decir, votará a favor de la defensa del agua en la próxima consulta en Cuenca, pero si llega a la Asamblea Nacional se opondrá radicalmente a la despenalización del aborto. Dice formar parte de una agrupación de centro, pero se candidatiza por un partido de derecha.

En una entrevista radial a Isidro Romero, el Neanderthal alfa de la campaña, una periodista mujer le pregunta molesta –porque no ha dejado de interrumpirla– qué opina sobre los femicidios. El candidato da vueltas, le responde que si llega a Carondelet le dará empleo por ser mujer y no dice nada más. Más bien se desvía hacia el tema de la corrupción y afirma, muy suelto de lengua, que si hubiera estado a cargo del orden público durante el paro de octubre no habría dudado en meterles bala a todos. A pesar del sesgo evidentemente machista y violento de su discurso, hay colectivos pro-defensa de los derechos de las mujeres que hacen campaña con Isidro Romero.

Ruptura 25, un movimiento que nació a la vida pública denunciando los vicios de la vieja política nacional, nos dejó en herencia un aparato represivo fortalecido, un halo de corrupción en el manejo de los acuerdos con los asambleístas y un velo de complicidad en el pago de los bonos de la deuda externa. Sutilmente, los envejecidos militantes de la innovación política terminaron engrosando las filas de quienes jodieron al país. Para muestra un botón: la violencia, la intransigencia y la torpeza con que manejaron el paro de Octubre son dignos de un manual de la típica política mañosa con la que siempre ha operado el poder.

En la campaña electoral, innumerables candidatos hablan de la necesidad de proteger la vida entregando armas a la población, para asegurar su autodefensa. Al parecer, no se han enterado de lo que acaba de ocurrir en los Estados Unidos, un país donde la libre portación de armas puede terminar legitimando el crimen político a favor de los grupos de ultraderecha. No solo eso: en los Estados Unidos, el fundamentalismo propiciado por Trump ha derivado en una absoluta irracionalidad ideológica. Ahora resulta que creer en la ciencia, usar mascarilla contra el COVID-19 y oponerse a portar armas libremente implica ser comunista. Y Joe Biden es un socialista únicamente por defender la constitución.

El revoltijo ideológico se ha instalado para deleite de los demagogos. Es la obra maestra del populismo mesiánico. Basta una verborrea bien montada para justificar las contradicciones políticas más absurdas. Los trumpistas echan mano de un discurso cristiano para propiciar el odio, la violencia y el racismo; en medio de la peor ola de femicidios que ha vivido el Ecuador, los socialcristianos proponen armar a los potenciales perpetradores; los grupos provida, al igual que los terraplanistas o los supremacistas gringos, niegan olímpicamente las evidencias científicas y los datos; los gobiernos progresistas de la región favorecieron a las transnacionales camuflados bajo una retórica antimperialista.

La confusión que reina en el proceso electoral no ha sido descifrada ni siquiera por los tiktokeros. Los debates entre candidatos sirven únicamente para aumentar el embrollo. Cualquier mezcolanza política o ideológica puede alzarse con la victoria en las próximas elecciones. Es el signo de los tiempos.