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Saldremos de la pandemia, pero ¿todos juntos?

Fuentes: Rebelión

“Nunca los explotadores pudieron ser o sentirse hermanos de los explotados”. Eva Perón

Nos dicen y repiten que de esta pandemia saldremos todos juntos. Y para eso tenemos que ser solidarios. Y es verdad, solo que hay un detalle que desbarata las buenas intenciones de la propuesta…si es que existen. La clase dominante tiene puestos sus intereses en otras cuestiones, como siempre. Lo único que le importa a los superricos y a las grandes empresas es su riqueza y mientras todos los demás estamos preocupados por nuestra salud y la salud de todos, ellos tratan de aprovechar la situación para acumular más ganancias. Por eso los grandes empresarios, no solo en España sino en casi todo el mundo, se muestran ansiosos por terminar cuanto antes con la cuarentena y reanudar el trabajo. Los medios de comunicación de su propiedad o afines y los políticos de la derecha, que son sus voceros, acosan a los gobiernos para que pongan fin al confinamiento a pesar del peligro aún existente del covid-19.

Es que, como decía Eva Perón en muchos de sus discursos, “no puede haber amor donde hay explotadores y explotados”. No tenía Evita una formación política desde lo intelectual, pero si una clara conciencia de clase que le permitía identificar a los amigos y muy especialmente a los enemigos.

Isabel Diaz Ayuso, presidente de la comunidad de Madrid, para pasar a la siguiente fase en Madrid, que nos acerque a la “normalidad”, no se reunió con médicos o científicos, sino con empresarios. Y despreció, como si tal cosa, la opinión de la exdirectora de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, Yolanda Fuentes. Dijo la doctora Fuentes que “no es recomendable cambiar de fase” en estos momentos. Y que no hay ningún informe científico que lo aconseje. La doctora  Fuentes renunció.

También los empresarios en Argentina y en Chile, por ejemplo, se encargan de presionar para reanudar la actividad laboral, sin reparar en la salud de los trabajadores.

Y el fútbol que es utilizado habitualmente como el gran anestesiante del pueblo, además de ser una fuente generadora de dinero para el poder económico, apresura la reanudación de los partidos aunque sea sin público y sin reparar en la salud de los protagonistas. Un despropósito por donde se mire.

 ¿Es posible pensar que las empresas más poderosas del mundo se unan a las clases populares para superar esta crisis? Según leo en un artículo de Miguel Urban en Rebelión, las filiales españolas de Neflix pagaron 3.146 euros en concepto de impuesto de sociedades, en su primer ejercicio fiscal en España por todo el año 2019. La cifra es insólita, indignante y cierta. También, seguramente, legal, e injusta. “Llevan operando en nuestro país desde 2015, pero nunca antes habían tributado”, revela Urban.

Hay otros ejemplos de esa naturaleza, muchos otros, todos legales, que permiten el robo al pueblo sin consecuencias. Y nos dan la oportunidad de pensar en quienes hacen las leyes y para qué.

Al comienzo de esta pandemia, el presidente de los empresarios españoles, Antonio Garamendi, se apresuró a declarar públicamente que no había que modificar para nada la reforma laboral impuesta por el PP y que era la continuación de la aplicada por el PSOE., tan perjudicial para los derechos de la clase trabajadora.

Lo que han hecho los empresarios –rápidamente- a uno y otro lado del Atlántico es despedir trabajadores.

Algunos gobiernos, como el de España y el de Argentina, insinúan cobrar un impuesto de emergencia a las grandes fortunas y las grandes empresas, para de ese modo ayudar a los pequeños comerciantes y los trabajadores que sí están seriamente afectados por la situación.

Los neofascistas de Vox se adelantaron y apelaron inmediatamente a las acusaciones que usan una y otra vez: comunistas, bolivarianos, Cuba, Venezuela, etc., que aunque resultan ridículos y absurdos tendrán su eficacia seguramente en mucha gente.

El PP, con la soberbia beligerante de la marquesa Cayetana Álvarez de Toledo y la obediencia a la causa de Pablo Casado, se apartó del virus, de la pandemia y de lo que sea, para combatir al gobierno y no dejarle ese espacio electoral a Vox.

En Argentina los empresarios, los macristas y los medios afines emplean curiosamente las mismas acusaciones al gobierno de Alberto Fernández, que ha tenido aciertos en la respuesta a la pandemia, aunque también poca firmeza para la defensa de los trabajadores. Al menos no la misma que demuestra para pagar la deuda ilegal que dejó el neoliberalismo de Macri.

Por eso cuando escuchamos a cada rato que debemos ser solidarios para que todos juntos salgamos de esta crisis que provoca el corona virus, es lógico y comprensible que nos preguntemos, ¿todos juntos? ¿En serio? Más todavía si escuchamos a Evita: “Ninguna oligarquía pudo darse con ningún pueblo el abrazo sincero de la fraternidad”.

Es el momento para replantearnos la necesidad de construir una sociedad diferente. Una sociedad anticapitalista. Dentro del capitalismo ya sabemos lo que ocurre y ocurrirá.

El poder económico no pierde tiempo, ya prepara el nuevo y gigantesco despojo. Habrá seguramente otra concentración de empresas porque habrá muchas pequeñas y medianas que no podrán soportar la nueva situación económica. Los gobiernos se volverán a endeudar para sobrevivir y eso significará mayor austeridad para las clases populares.

Es muy necesario que masivamente entendamos que el capitalismo es un sistema incompatible con los derechos humanos esenciales y que en cada crisis incrementa su actitud depredadora.

 No es el capitalismo algo natural como nos quieren hacer ver. O el fin de la historia, o algo imposible de cambiar.

Otra sociedad realmente democrática, más justa y humana es posible.