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Santiago Alba Rico y Alma Allende, ¿qué?

Fuentes: Rebelión

El 24 de febrero del 2011 amanecisteis con una pregunta temprana: «¿Qué pasa con Libia? Y una reflexión: «Del mundo árabe a América latina. Decíais que «no hay en los levantamientos populares árabes ni asomo de socialismo, pero tampoco de islamismo ni -lo más importante- de seducción eurocéntrica: se trata al mismo tiempo de una […]

El 24 de febrero del 2011 amanecisteis con una pregunta temprana: «¿Qué pasa con Libia? Y una reflexión: «Del mundo árabe a América latina.

Decíais que «no hay en los levantamientos populares árabes ni asomo de socialismo, pero tampoco de islamismo ni -lo más importante- de seducción eurocéntrica: se trata al mismo tiempo de una revuelta económica y de una revolución democrática, nacionalista y anticolonial, lo que abre de pronto, cuarenta años después de su derrota, una inesperada oportunidad para las izquierdas socialistas y panarabistas de la región«.

Pasó ya el invierno y floreció la primavera, ha pasado un mes largo de guerra y tiros y hoy me gustaría una reflexión vuestra sobre la afirmación que entonces dejasteis escrita al lector, porque sobre el tema hay bastante barullo y polvo.

Escribíais: «Habrá que oponerse a cualquier injerencia occidental, pero no creo, sinceramente, que la OTAN vaya a invadir Libia; lo que sí nos parece es que esta amenaza, apenas apuntada, tiene el efecto de enredar y emborronar el campo antiimperialista, y esto hasta el punto de hacernos olvidar algo que sí deberíamos saber: quién es Gadafi. Olvidarlo puede producir al menos tres efectos terribles: romper los lazos con los movimientos populares árabes, dar legitimidad a las acusaciones contra Venezuela y Cuba y «represtigiar» el muy dañado discurso democrático imperialista. Todo un triunfo, sin duda, para los intereses imperialistas en la región

Olvidar que nuestros gobiernos son criminales de guerra es repetir el juicio militar de Nuremberg, justicia en una guerra o intervención militar no es que los vencedores juzguen y condenen a los criminales vencidos, sino que se condene a los criminales de guerra, que normalmente se hallan en mayor cuantía entre los vencedores que entre los vencidos. USA, Europa, la OTAN , nuestros gobiernos… exportaron de nuevo guerra fuera para salvaguardar sus intereses económicos en casa. Y su rapiña lo venden a necios como ayuda humanitaria.

Sosteníais: «No es la OTAN quien está bombardeando a los libios sino Gadafi. «Fusil contra fusil» es la canción de la revolución; «misil contra civil» es algo que no podemos aceptar y que, aún antes de hacernos preguntas, debemos condenar con toda energía e indignación. Pero hagámonos también las preguntas. Porque si nos hacemos preguntas, las respuestas que tenemos -por pocas que sean- demuestran además de qué lado deben estar en estos momentos los revolucionarios del mundo. Ojalá caiga Gadafi -hoy mejor que mañana- y América Latina comprenda que lo que ocurre en estos momentos en el mundo árabe tiene que ver, no con los planes maquiavélicos de la UE y EEUU (que sin duda maniobran en la sombra), sino con los procesos abiertos en Nuestra América, la de todos, la del ALBA y la dignidad, desde principios de los años 90, siguiendo la estela de la Cuba de 1958. La oportunidad es grande y puede ser la última para revertir definitivamente la actual relación de fuerzas y aislar a las potencias imperialistas en un nuevo marco global. No caigamos en una trampa tan fácil. No despreciemos a los árabes

Clamabais: ¡Ojalá caiga Gadafi! Un mes después, vista la intervención de guerra y muerte, los campos de concentración de agua, desprecio y cosa con los que Europa acoge a los africanos, que huyen de la guerra y la muerte, me uno a vuestro deseo con un ojalá caigan nuestros gobiernos, por criminales. Trágico aquel 11 de marzo del 2004, jueves, en Madrid en el que murieron 191 personas. El juicio, que comenzó el 15 de febrero, concluyó en la Audiencia Nacional el 2 de julio de 2007, tras 57 sesiones, después de cuatro meses y medio y señalando con el dedo índice a 28 personas. ¿Para cuándo el juicio de condena y cárcel para los criminales, que nos gobiernan?

Si el fukushima nos ha revelado de nuevo la mentira, la falsedad y el desprecio humano de la energía nuclear y sus apóstoles, Libia nos muestra la corrupción y la criminalidad de nuestros gobiernos. Derribarlos se ha convertido en deber humano si no quiere convertirse en sospecha colaboracionista por nuestra parte.

Santiago Alba Rico y Alma Allende, de vosotros esperamos una nueva y sabia reflexión, nuevas preguntas y, quizá, algún humano retracto.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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