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Solipismo tecnológico en el cibercapitalismo

Fuentes: Rebelión

Antes incluso de que la ubicua inteligencia artificial (IA) estuviese presente en nuestra existencia, la máquina ha controlado las vidas de los humanos. Pero desde la llegada de la era digital, cambió la sociedad, pasando desde lo expansivo a lo ensimismado.

Las tecnologías anteriores a la digitalización como la radio y la televisión habían tenido éxito en dirigir la sociedad, recuérdese la importancia de la radiodifusión para convencer a los estadounidenses en servir en el ejército en la Primera Guerra Mundial, o, como la televisión impuso el consumo como modelo de vida de la cultura occidental.

Sin embargo, es en nuestros tiempos donde la sugestión se ha convertido en verdadero control al manejar los datos individuales sobre los gustos y emociones. La máquina a través de los algoritmos identifica y estimula nuestra necesidad de autorreconocimiento. Conocidas tus aficiones y preferencias, se entrega una gratificación permanente que lleva a la atomización en el consumo particularizado. Las redes sociales sirven como aglutinador de los gustos de pequeñas comunidades cerradas que por sí mismas no son capaces de oposición al reinado de la máquina.

El capitalismo como controlador de las sociedades en casi todos los países, busca manejar la vida individual a través del trabajo. El desarrollo de los humanos con su necesidad de inclusión en el mercado para la supervivencia obliga a la sumisión en el capital a sus leyes y mecanismos. Sin embargo, es en nuestra era donde el cibercapitalismo o capitalismo digital logra la mayor capacidad de control individual manipulando a la sociedad a través de los sujetos que la componen.

Preferimos el concepto de cibercapitalismo en vez de poscapitalismo, que da la impresión de que éste se superó en vez de mutar; bajo la premisa de Slavoj Žižek y Frederic Jameson de “que es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo”.

Para poder controlar políticamente a la sociedad se requiere estimular el deseo de las personas hacia puntos que masifican conceptos y pulsiones, que sean aparentemente colectivos de una gran masa, la misma es la que se encuentra fragmentada, le hacen pensar que existe una comunión de ideas, pero solamente son piezas de un rompecabezas parcial que no tiene una figura única sino más bien retazos de muchas.

El solipsismo, -entendiendo que es la propia mente lo único que existe con total certeza-, se solidifica entonces como lo buscado para el poder controlador exitoso del capitalismo que se impone como idea única posible, como el ideal societario, es por eso por lo que la premisa sobre la imposibilidad de superar el capitalismo se vuelve una realidad monolítica, inmutable e inamovible.

Paralelamente, al solipsismo producido por la tecnología, se requiere que los gobiernos estimulen las condiciones societarias de fragmentación que implican un mayor control del ambiente político. La condición de mansedumbre es buscada por los regímenes de diferentes signos políticos que ven en el capitalismo la única forma de vida, esta condición fue exacerbada por la imposición del neoliberalismo aceptado por partidos políticos desde la extrema derecha hasta la izquierda reformista.

El manejo de las emociones y las pulsiones en el cibercapitalismo lleva a que los individuos apoyen a los sectores que prometen control de forma abierta, a quienes explicitan políticas públicas que destruyen lo comunitario y que van en contra de los intereses de la mayoría.

Cuando llegan al poder estos grupos propician programas de gobierno que obstaculizan lo común, reforzando las ideas de meritocracia por sobre las consideraciones de formación de agrupaciones mayores que logren cambios significativos de la máquina capitalista. Subvierten los espacios públicos aumentando la condición de solipsismo en deseos individuales en contraposición a los esfuerzos por constituir ideas de rebelión contra lo establecido.

El consumo como aislamiento y control

El mall se transforma en el punto de encuentro donde conviven las personas como individuos aislados que buscan satisfacción de sus pulsiones particulares, pero donde se mantienen abandonados del otro, convergen en un punto material de consumo de objetos, pero no de ideas comunes en una felicidad aparente que causa ansiedad.

La estimulación y mantención del ethos social fragmentario se da como resultado de la voluntad política de control. Sin embargo, la izquierda reformista se ve envuelta en este círculo vicioso por falta de una comprensión cabal de los fenómenos, por su debilidad ideológica; mientras, la ultraderecha estimula las condiciones de fragmentación a sabiendas de los resultados. Remarcan que la libertad individual está por sobre cualquier otro valor de la sociedad, la realidad se convierte en el aplastamiento de lo colectivo en un plano donde el sujeto puede prevalecer sin contrapeso.

Las personas sometidas a estas estrategias solamente se interesan por las propuestas que los beneficien como individuos, sin importarles el bien común o proyectos que logren entregar sentido político a lo social. Naciones de individuos aislados sin un fin común donde el control se ejerce en dos formas principales: primero, el algoritmo da placer de auto confirmación como estado exacerbado de aislamiento; segundo, el poder policial y la violencia para quienes tienen actitudes que superan el marco del control social establecido por el primer punto, ya sean estos delincuentes comunes o partes de colectivos que buscan la ruptura con la máquina del solipsismo.

El éxito de los partidos de la ultraderecha se da al promover las dos formas de control básico, prometiendo mano dura contra los recalcitrantes tanto como la gratificación del deseo individual. La desinformación se vuelve clave a la hora de convencer a los votantes a quienes les interesa consumir noticias que los entretengan y satisfagan sus deseos por sobre la comprensión global de las propuestas políticas.

Geopolítica del cibercapitalismo

A nivel de relaciones internacionales, la pérdida de soberanía al entregarla al hegemón o a las corporaciones globales, es sostenida como una realpolitik: para estos ser cercano y amigo de quien te controla es una forma inteligente de comportamiento, se esmeran por ser el mejor alumno y el más rastrero en su fidelidad.

Estas ideas que se manifiestan implícita y explícitamente por la ultraderecha se ven reflejadas en la realidad geopolítica. Donald Trump, realizó una primera intervención exitosa en las elecciones en Argentina, donde anunció cooperación económica siempre y cuando ganasen los candidatos de Javier Milei.

La fórmula ha sido repetida en distintos países latinoamericanos como en Honduras, Costa Rica, Perú, y últimamente en Colombia, en una combinación de gratificación del deseo en conjunto con las amenazas de la violencia, en un tándem que solidifica la imposibilidad de cambios a la alternativa totalizadora del cibercapitalismo.

El fracaso de Trump en Irán en conjunto con la doctrina Monroe reformulada, deja a los países latinoamericanos como prioritarios para la explotación del cibercapitalismo. Los pueblos para ganar su destino deben entender los mecanismos de control a que son sometidos, pero también deben exigir que los partidos políticos que buscan representarlos asuman las condiciones de cómo sus propuestas pueden contribuir a la fragmentación y al sálvese quien pueda frente a la máquina del sometimiento.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.