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Taller sindical La Clase: «Trabajadores al poder»

Fuentes: Rebelión

El Taller sindical La Clase publicó con gran éxito el «Manual de acción sindical: Experiencias y prácticas actuales de la clase trabajadora» (Ediciones Pueblo en Lucha), dedicado a Rodrigo Cisterna -obrero forestal asesinado en medio de una huelga que fue reprimida violentamente por las Fuerzas Especiales de Carabineros bajo el primer gobierno de Michelle Bachelet-, […]

El Taller sindical La Clase publicó con gran éxito el «Manual de acción sindical: Experiencias y prácticas actuales de la clase trabajadora» (Ediciones Pueblo en Lucha), dedicado a Rodrigo Cisterna -obrero forestal asesinado en medio de una huelga que fue reprimida violentamente por las Fuerzas Especiales de Carabineros bajo el primer gobierno de Michelle Bachelet-, y a Juan Pablo Jiménez -dirigente sindical asesinado en la empresa Azeta, durante el gobierno de Sebastián Piñera-. Formado por jóvenes trabajadores y profesionales ligados al ámbito laboral, «La Clase» busca aportar a la reconstrucción del movimiento sindical, como parte del movimiento popular, tomando las herramientas de la educación popular para «autoformarnos como clase trabajadora», retomando la tradición obrera que dio origen al sindicalismo en Chile.

«Comenzamos el Taller sindical La Clase en marzo de 2013, realizando escuelas de formación a trabajadores sindicalizados, con el objetivo de desarrollar conciencia de clase y generar la necesidad de la organización. Debido al auge que ha tenido el movimiento social y popular en el último tiempo, consideramos que los trabajadores son vitales para transformar radicalmente el modelo que estamos viviendo», dice Santiago, uno de los dirigentes del taller. Para los jóvenes de «La Clase», desde 2006 viene aumentando la sindicalización, huelgas, y radicalidad de algunos de estos procesos. Su trabajo gira en torno a la formación y educación. Consideran que durante mucho tiempo se impuso el «sindicalismo amarillo y reformista»: «Hoy prácticamente es un brazo del gobierno. La Central Autónoma de Trabajadores (CAT) tuvo muy buenas relaciones con el gobierno de Piñera, intentando distinguirse de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), que tiene pésimas prácticas, y una crisis interna donde ni siquiera se sabe cuántos socios posee. Existe una gran deslegitimación respecto de las políticas de la CUT. Por eso consideramos que es un deber volver a tomar las banderas del sindicalismo clasista, con una perspectiva transformadora, y no que busque políticas de consenso o acuerdos con el empresariado», agrega Santiago.

Por su parte, Francisco, explica que el manual es el resultado de un proceso de recopilación de experiencias de algunos sindicatos, mediante entrevistas a distintos dirigentes, buscando rescatar ciertas prácticas que tuvieran efectividad en un conflicto laboral, y que potenciaran el sentido clasista: «Aunque reconocemos que gran parte de las luchas sindicales son economicistas, el hecho de generar un paro de brazos caídos con un contenido más político, busca que se rompa el esquema donde el sindicato descansa solo en el dirigente. Claramente las bases tienen que generar un proceso de politización y concientización. La idea del Manual es romper esos criterios economicistas, organizarse y luchar por mejoras salariales pero con una perspectiva de clase», dice. Lo lanzaron a fines del año pasado. «Fue una grata sorpresa, pues tuvo un alto nivel de convocatoria», agrega. Se lanzó en la sede de la Confederación Nacional de Sindicatos, Federaciones y Asociaciones de Trabajadores del Sector Privado (CEPCH), en Santiago, a pasos de La Moneda, y en otras sedes sindicales en las ciudades de Concepción, La Serena y Temuco. «Realizamos foros con distintos temas del sindicalismo actual y la necesidad de la organización. Hoy estamos vendiendo el manual en distintos puntos de Santiago y regiones, con la idea de que sirva como un insumo para los sindicatos y también para que el taller, en un proceso de recopilación constante de nuevas experiencias, pueda sacar otros materiales. Seguimos realizando talleres de formación y coordinaciones con organizaciones del ámbito laboral, sindicales y políticas. En base a ellos nos nutrimos de experiencias para visualizar los nuevos procesos que vive el mundo del trabajo», dice Francisco. «El fin del subcontrato, por ejemplo, es una demanda que se está instalando con fuerza en términos políticos e incluso judiciales. Hemos visto experiencias donde trabajadores se han logrado organizar y poner en jaque al empresariado. Frente a la inoperancia de la CUT, UNT, CAT y otros sectores del mundo del trabajo, se han logrado organizar, aun de forma incipiente, pero son experiencias que sirven para abordar los conflictos propios del mundo del trabajo», agrega.

MANUAL DE ACCIÓN SINDICAL

El Manual de acción sindical se define como «un resultado e insumo que esperamos sirva para las nuevas camadas de trabajadores y trabajadoras que han decidido no seguir agachando la cabeza y se han sumado a la lucha popular que se viene masificando en el país». Para estos jóvenes militantes de la acción sindical, «en la actualidad nos enfrentamos a un Estado hecho a la medida del empresariado; ellos instalaron el plan laboral y nos prohibieron la participación en las negociaciones con otros sindicatos, obligándonos a mirar sólo dentro de lo que acontecía en ‘nuestra’ empresa. Así se fue desmantelando cualquier posibilidad de formar parte de las decisiones políticas a nivel nacional. Hoy pretenden obligarnos a cumplir una ley laboral que sólo los beneficia a ellos, donde la organización la quieren llenar de burocracias institucionales, con normas que a final de cuentas terminan favoreciendo a una minoría empresarial y que desprotegen a la gran mayoría del pueblo pobre y trabajador». Se señala que antes de la dictadura, los trabajadores organizados llegaron a ser más de 855 mil, alrededor del 33% de la fuerza de trabajo ocupada. En plena dictadura, en el año 1985, bajan a no más de 360 mil afiliados, un 9,7%. «Sin embargo, y dada la naturaleza combativa de la clase trabajadora, la que históricamente ha reconocido en el sindicato un espacio de lucha, apenas tuvimos oportunidad de retomar nuestro rol histórico, comenzamos a asociarnos y a expandir nuestras actividades sindicales en conflicto contra esos pocos que nos mantienen en la miseria. Así llegamos a los 507 mil afiliados en 1989 (11,4%), pero lamentablemente muchas de estas organizaciones creyeron que con la llegada de la ‘democracia’ cambiarían las cosas, y así al ritmo concertacionista nos dijeron que era tiempo de cooperar y que la lucha sindical de corte clasista era cosa del pasado», señala el Manual de acción sindical.

También constata que, desde 2007 hasta 2012, hay un aumento de trabajadores sindicalizados: 940 mil, es decir, un 12,2% de la fuerza de trabajo ocupada. Para «La Clase», se está retornando incipientemente el valor a la organización del pueblo a través del sindicalismo, «el cual debe buscar mejorar nuestras condiciones de vida para iniciar un camino de liberación. Sin embargo, hay que reconocer que es un germen que debemos alimentar, más aún si observamos a la actual CUT en alianza con la Nueva Mayoría (ex Concertación) poniendo paños fríos al conflicto laboral, y hasta muchas veces reprimiendo manifestaciones de los trabajadores y del pueblo. Hoy existen tres centrales: CUT, CAT y UNT, sin que ninguna tenga una posición clasista», agregan. Advierten que para ir avanzando en un sindicalismo clasista es vital que las bases de trabajadores estén articuladas y tengan conciencia: «Los sillones de La Moneda, que dejaron los militares, son ocupados por los representantes de la clase burguesa, la que domina el mercado, sin la violencia explícita de los fusiles de guerra, pero con la tiranía silenciosa del crédito, las AFPs y los bancos… Nos diferenciamos de quienes dicen que el conflicto de clase es cosa del pasado y que buscan establecer desinterés y temor a la ‘política’ en el seno del pueblo. Las movilizaciones en contra de la dictadura y el impulso del movimiento de trabajadores permitió que durante los primeros años concertacionistas llegáramos, en 1991, a ser 701 mil los sindicalizados (15,1%), pero lentamente esto comenzaría a disminuir año a año desde 1992, para llegar en 1999 a solo 580 mil afiliados (10,7%). La Concertación perpetuó lo elaborado por la dictadura y a medida que avanzaba el neoliberalismo, situación que les acomodaba, nosotros fuimos disminuyendo en fuerza organizativa. Resulta paradójico darnos cuenta que la CUT haya firmado en reiteradas ocasiones ‘Acuerdos Marco’ con los empresarios, ofreciéndoles tranquilidad y cooperación; uno de estos acuerdos se llamó ‘Chile: una oportunidad histórica‘, en donde la propiedad privada era lo principal y los trabajadores ‘cooperarían y protegerían la empresa y los empleos’. Dicha situación trajo que en los años 90 se agudizara el nivel de persecución a los luchadores sociales. Los ‘Acuerdos Marco’ tampoco significaron mejoras en las condiciones laborales. Fue una constante hasta el año 2006, el año del quiebre y del comienzo de un reconocimiento de clase. Ese año el gobierno de Bachelet promulgó la ley de subcontratación, con la que se legitimó una nueva forma de precarización. Pese a ello, sectores de trabajadores no dudaron en luchar por mejoras en las condiciones laborales bajo todas las formas posibles: cortando calles, paralizando faenas productivas, etc. Esto hizo que sus patrones no pudieran soportar la fuerza de la movilización y cedieran ante las demandas. Así ocurrió el 2007 con una huelga general de trabajadores contratistas de Codelco; también en la región de Los Lagos con la ‘huelga del salmón’, y la huelga en la forestal Arauco, en la región del Bío Bío, en donde la empresa, aliada con las fuerzas represoras de Carabineros, asesinó al joven luchador Rodrigo Cisterna, ejemplo de entrega y lucha en el renacer del movimiento sindical», señalan.

CLASISMO O REFORMISMO

Los jóvenes del taller sindical destacan que hay trabajadores «que se han dado cuenta de que los malos pasares tienen un culpable». Para ellos, un caso emblemático es el de los portuarios: «Los portuarios de todo Chile paralizaron, pero no por mejoras particulares, por el contrario, solo los trabajadores del puerto de Mejillones estaban en una lucha específica, pero prácticamente todos los puertos del país se paralizaron por la solidaridad de clase, comprendieron que todos unidos serían un gigante imposible de parar. Si bien, esta solidaridad y conciencia es incipiente, no se puede desconocer como un avance», dice Santiago. «El manual es la primera sistematización que hacemos y tenemos perspectivas, junto a otras organizaciones, de elaborar otros insumos que sirvan para ir evaluando las prácticas del sindicalismo. Consideramos que hay experiencias nuevas y es necesario sistematizarlas. Nos estamos coordinando con organizaciones como la Conferencia Intersindical de Trabajadores, la Corriente Político Sindical, y otras. Hemos discutido sobre la existencia de ese germen de sindicalismo clasista. En marzo, realizamos el Segundo Encuentro de Trabajadores y Trabajadoras, en la Editorial de la USACH, con el lema: ‘¿Cuál es la perspectiva de un sindicalismo clasista hoy?’. Nuestra postura es que en Chile aún no existe un sindicalismo clasista desarrollado, sino algunos gérmenes que los podemos ver en dos líneas. A nivel discursivo o ideológico se ha vuelto a hablar del tema, de la necesidad de hacer transformaciones radicales y profundas, de corte socialista. Se ha instalado embrionariamente el discurso clasista. Por otro lado, consideramos que existen algunas prácticas clasistas, que se han vuelto a retomar, tenemos el ejemplo del paro portuario de marzo y abril de 2013, donde se logró, después de mucho tiempo, un paro nacional por rama en apoyo solidario a los portuarios de Mejillones. Esa solidaridad de clase es un componente claro de lo que es el clasismo. También tiene sus bemoles: en la Unión Portuaria de Chile hay pugnas internas y disputas. Pero vemos con buenos ojos lo sucedido. También, el ejercicio de la acción directa. Desde 2006 y 2007, los trabajadores han vuelto a ejercer ‘violencia política’ en sus protestas y movilizaciones. Hace décadas que no se veía. Pensamos que al poner en jaque la legalidad del plan laboral están en la práctica ejerciendo gérmenes de un sindicalismo clasista, que es cada vez más necesario. ¿Cuándo podremos hablar de una corriente clasista? Cuando el discurso sindicalista esté adecuado con sus prácticas. Reconocemos que existen algunas prácticas combativas, pero muchas veces los trabajadores son dirigidos quienes no tienen un discurso-práctica clasista, y viceversa», agrega Santiago.

Según datos recopilados en el Manual de acción sindical, existen hoy niveles bajos de sindicalización: 13,9%. Para «La Clase» esta situación no es casual: «Nos encontramos frente a una planificación productiva que tiene sustento en la ley: Empresas fragmentadas, con trabajadores subcontratados y con altos niveles de rotación. Cuesta formar lazos y sindicalizarse de forma legal. Abunda el contrato a honorarios, el cual desregula la relación laboral, puesto que no se les aplica el código laboral. Sin embargo, y pese a todo esto, la historia nos demuestra que la ley no es el límite ni el tope para transformar la realidad», dicen.

Francisco explica que el manual tiene un aspecto didáctico: «Abarca desde la formación de un sindicato, la reacción del empresariado o patrón, también el quehacer del sindicato. Nos detuvimos en eso porque también creemos que está impuesto desde la legalidad. Los trabajadores tienen la responsabilidad como sujetos políticos de generar la vida del sindicato, que vaya más allá de los términos económicos, generar espacios de formación, lazos de solidaridad, lazos territoriales. Eso también está en el manual, con experiencias prácticas que hemos recopilado. Por otro lado, se trata la negociación colectiva, explicando sus procedimientos, en términos legales. Toda la burocracia que hay detrás, que no juega muy a favor de los trabajadores. Y también cómo frente a esto se pueden establecer tácticas para lograr mejores resultados en una negociación. Se hablan de las etapas de la negociación reglada, donde los trabajadores pueden incidir, mediante qué forma se puede hacer. Se recogen experiencias, procesos exitosos y también aprendiendo de otros que no llegaron a buen término o fueron fracasos. Posteriormente, tratamos la huelga, también como un procedimiento legal, pero reconociendo que dentro de las prácticas sindicales actuales, hay un rebalse del marco legal. Otro acápite habla sobre la huelga ilegal. Tratamos de conceptualizarla como una forma de manifestación de los trabajadores, que es innata por el sistema de relaciones actuales de trabajo, y por último, una conclusión con los principales desafíos que observamos en el mundo del trabajo y que tiene que ver con que hay una carencia aún de una organización de trabajadores fuerte. Creemos que dicha organización tiene que tener lineamientos clasistas y visualizarse como una organización donde los trabajadores puedan formarse y ser críticos. Reconocemos la existencia de ciertos gérmenes o embriones clasistas. Sobre éstos hay que empezar a construir. Construir los caminos necesarios para representar verdaderamente los intereses de los trabajadores, que actualmente no están en la CUT, que se ha convertido en un aparato corporativo del gobierno. En ese sentido, la conclusión viene a ser el puntapié de lo que nosotros reconocemos como necesario en el momento actual».

Los jóvenes de «La Clase» señalan que seguirán realizado múltiples actividades político-sociales y asesorando legalmente a trabajadores y sindicatos: «Hemos trabajado con el Sindicato de la Universidad Santo Tomás, sindicato que dentro de sus reivindicaciones logró que la empresa reconociera que tienen derecho y un horario para formarse. Trabajamos con las bases, no solo con los dirigentes. Hemos trabajado con la CEPCH; con el Sindicato a Honorarios de Pudahuel, ayudando a su constitución; apoyando una huelga de solidaridad de los funcionarios municipales; también con sindicatos de colegios particulares subvencionados. Contribuyendo a formar sindicatos y preparar sus procesos de negociación colectiva. Asesoramos negociaciones de trabajadores y sindicatos. Sabemos de bastantes intentos de articulación, pero creemos que no sirven de nada si se quedan solo a nivel de los dirigentes y no representan a las bases», concluye Santiago.

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