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Una nueva versión del holandés errante

Fuentes: Gara

Su nombre, Karst Tates, y de él dice su antiguo casero que «era un tipo tranquilo y agradable». Se había quedado sin empleo y debía de abandonar su vivienda al no poder afrontar el pago del alquiler. No queriendo errar sin destino por el mundo, -no son tiempos para el romanticismo-, montó en su coche […]


Su nombre, Karst Tates, y de él dice su antiguo casero que «era un tipo tranquilo y agradable». Se había quedado sin empleo y debía de abandonar su vivienda al no poder afrontar el pago del alquiler. No queriendo errar sin destino por el mundo, -no son tiempos para el romanticismo-, montó en su coche y lo dirigió contra la familia real holandesa. Erró, aquí sí, el objetivo y se llevó por delante a varios de los que vitoreaban a los insignes monarcas elegidos por Dios.

Alguna prensa holandesa dice que el hecho ha supuesto «el fin de una ilusión nacional». Quizás una nación montada sobre ilusiones, es decir, sustentada sobre falsos principios sobrenaturales no sea digna de seguir existiendo.

Que a un individuo que se queda en paro y al raso por la política económica desarrollada por su gobierno, el derroche de las cabalgatas reales de celebración con príncipes y princesas incluidos, le indigne y exaspere hasta la cólera, a decir verdad, no puede resultarnos tan extraño. Cuando uno no tiene nada que perder existe la tentación de pasar a la acción. La toma de conciencia a cerca de una vida depreciada y sin futuro, en el caso de Karst Tates, le ha llevado a considerar los fastos y el despilfarro del Día de la Reina como algo indigno de la situación por la que pasan millones de personas. La visión de las tiaras de brillantes, esmeraldas y rubíes que lucían las componentes de la monarquía con un patrimonio estimado en más de 725.000 millones de las antiguas pesetas, parece que, lejos de deslumbrar, despertó en Karst Tates una cierta animadversión hacia tanto glamour.

Imagino que en el coro de las condenaciones por el intento de magnicidio destacará, de manera especial, el lamento del PNV. En el ómnibus portador de la familia real, objetivo del atentado, ocupaba asiento la princesa heredera Máxima Zorreguieta, consorte del príncipe Willem Alexander e hija de Jorge Zorreguieta, ex ministro de la Dictadura Argentina y actual presidente de la fundación vasco-argentina Juan de Garay, centro que recibe subvenciones del Gobierno Vasco y cuyo asesor general es Pedro Eugenio Aramburu, hijo del autoproclamado Presidente de Argentina entre 1955 y 1958 después de un golpe militar y que en 1970 un comando de activistas montoneros puso fin a su vida.

Qué cosas tiene la historia, queridos. Qué pasado y presente el de nuestros jauntxos, los partidarios del Señor y la Leyes Viejas. Resultan curiosos los compañeros de cama que produce el anticomunismo en la defensa de la propiedad santificada por el Señor.

Karst Tates había sigo guardia de seguridad, lo que viene a ser defensor de la propiedad de otros. Una vez expropiado de su miserable forma de vida; en el paro y en la intemperie, prefirió perderla junto con la de los que hacía responsables de su miseria. Erró en su intento. Ahora algunos dirán que se encontraba enajenado y buscarán para ello algo oscuro en su pasado. Una pista: defendiendo la propiedad de otros acabó siendo desposeído por los poseedores. Desesperado, intentó que su vida cobrase algún sentido en el último momento.