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Vainas cuánticas entre la A y la Z

Fuentes: Rebelión - Imagen: Figura sentada, cultura Djenné, Mali.

Estas vainas cuánticas provienen de aquello que en la Universidad de Tombuctú, actual República de Malí, por allá por el siglo XIII, llamaron al-khīmiya o sea alquimia.

Soy
Soy lo que dejaron
Soy toda la sobra de lo que te robaron
Un pueblo escondido en la cima.

Latinoamérica, de Rafael Ignacio Arcaute, Eduardo Cabra y René Pérez

            En tiempos de malos Gobiernos y pandemia, cosas parecidas

Nada que ustedes no sepan o no hayan leído al ojo y de pasada, después perdieron de vista y dejaron para el olvido colonial esa información. No mutó cuánticamente a formación de conocimientos. ¡Cosas de la vida! Soltaba un químico del humor llamado blanco. ¿Y el humor negro? ¿Qué es? ¿Antipático? Ahí ocurre un cambio cuántico, porque hay un cambio de valores cuantificables en la química de la materia física y en la química de la materia social. Y en el humor pedregoso de aquellas madrugadas de las cuales provienen días complicados. ¿Y qué más da? Mi gente se persigna, en el umbral de la aventura cotidiana, y sale buscar su Madre de Dios con el optimismo corrompido por la desconfianza en estos gobernantes de a centavo. ¡Por sus pésimos indicadores sociales y económicos los conoceréis! ¿Sí o sí?

            Cheveridad en su salsa, diría un cúmbila  de la Trinitaria, ciudad de Guayaquil, República del Ecuador. Esto del cambio cuántico está relacionado con el famoso salto cuántico de por acá, Ecuador. Abriendo el abanico de la química popular: es una transición electrónica o sea un electrón salta de una órbita atómica a otra, absorbiendo o liberando energía. Eso allá en la intimidad de la materia física, pero en la materia social se llama: restauración conservadora. O neoliberalismo feroz y despiadado. Y liberan las siete plagas latinoamericanas y algunas más, por si acaso queden sobrevivientes. Hay sospechas de la causa de esta última plaga (y no es la del Covid-19). Piensa muy mal y estarás a una uña de acertar, decía la sabiduría de quienes tenían ojos en la nuca. Y recuerdos en la piel.

            Estas vainas cuánticas provienen de aquello que en la Universidad de Tombuctú, actual República de Malí, por allá por el siglo XIII, llamaron por llamar al-khīmiya o sea alquimia. Cosa de negros, es decir de nigromantes, ahí les dejo los dados de las dudas. Esto de al-kīmiya significaba originariamente “ciencia de Egipto”, por kēme (en copto) que significaba ‘Egipto’. Esta palabra a su vez proviene del egipcio antiguo kmt, con la cual se designaba al país y al color ‘negro’. O sea el territorio negro. O merienda científica de negros. Justamente aquí: ¡paso! (Si quieren más información acérquense a Atenea negra, de Martin Bernal). En esa Universidad la tuvieron clarísima: la historia de la humanidad, entre otros asuntos nobles y deplorables, es la historia de la lucha de clases sociales y también del invento de las razas. Carlitos de Tréveris encontró el documento o lo supo al día siguiente de alguna revuelta de los sans-culottes. Y es cierto porque los únicos con conciencia de clase son los billonarios gringos. Los alquimistas de Tombuctú también y la buscaron por el lado de la ciencia para modificar algún metal con poco valor de uso en uno de valor cambio, para que cualquiera tuviera su buen día en cada mañana de Oloddumare.

            ¿Qué a dónde quiero llegar? Al punto exacto para descifrar las vainas cuánticas de este periodo de restauración (ultra) conservadora y el probable retorno del progresismo. (Aromas a Oxum, please). O copiado de algún papiro de los barbudos alemanes: “estamos en el punto cardinal de la lucha de contrarios”. ¡Ah, el progresismo! Otra vaina rara, rarísima, alquimia de todas las izquierdas que en las Américas son combinadas con las derechas menos innobles. ¿Resultado? ¡Falló el salto cuántico! Y ese fallo entronizó el lawfare y el “arroz con mango” (imagen de la cubanía barrial). Para los menos informados: escuadrones de otras muertes con hashtag para disimular. Y volvimos a esas décadas pérdidas de “aquí es bueno no el que ayuda sino aquel (o aquella) que no jode”. Así de re-mal andamos.

            Ahora ya saben los químicos de estas universidades, la química tiene una abuela negra y respetabilísima: al-khīmiya. Alquimia. La exploración a la materia física con todo lo que se pueda saber, entender y explicar a la hora puntual de la necesidad. Leyes físico-químicas, con sus aplicaciones en la cotidianidad, y un chininín de filosofía para no contramatarnos como quisieran el Anaranjado de la Casa Láctea y sus compinches de más al sur.

            El hermano Muhammad Ali explicó que el “golpe que no ves venir ese es el que te tumba”. Y si lo viste venir y no acomodaste la guardia, entonces, déjame decirte: eres ñángara. O sea inútil. O sea inservible. Y la restauración conservadora jamás ocultó sus malas mañas con adornos y avisos clasificados. En fin. La alquimia explica, con tuntuneos cuánticos, el estado de ánimo de las masas y sus depredadores. Así sabrán que la materia no se crea ni se destruye apenas se transforma. Es una de las leyes constitucionales de la alquimia. Apretemos la síntesis al mínimo común necesario para que estas líneas no sean peleonas, impopulares y dilatadas. ¡Démosle al bombo!

Acidez: malestar de ciertos grupos sociales cuando escuchan algunos apellidos, por ejemplo, Morales, Chávez o Correa. Ei bicarbonato de sodio ayuda, pero la desazón es más intensa.

Bicarbonato (de sodio): sustancia bienhechora para apaciguar las amarguras de aquellos que creen que unas pocas reformas traerán al cuco anunciado en un librito de muchas lecturas. Si quieren sustituyan ‘fantasma’ por ‘cuco’ y con ese hervor entenderán.

Cuanto (un): cantidad de energía bruta liberada durante estos meses de plaga cifrada como Covid-19. Si se cuantifican las tonterías energéticas liberadas se podría construir la bomba “I”. ¿La bomba “I”? Sí, Intúrgida, diría Culebra Ramírez, un antiguo lingüista de La Polverita[1]

Dureza permanente: no me refiero a la del agua, sino a la cara de algunos encorbatados de los Gobiernos post progresistas. ¡Ah, los nombres! Por sus dichos determinarán la caretucada. Nítido sale retrato.

Ecuación de masa y energía: ¿cuánta energía tienen las masas de jodidos y los grupos jodedores en las Américas? Sencillo, hagan el cálculo: E=m·c2. No olviden la recomendación del ekobio Alberto Einstein: “toda masa es una masa de energía (en reposo aún)”.

Entropía: palabra favorita de algunos economistas de parla rara, confusa, difusa y obtusa. Aquí se las bajamos sencilla y al pie: se habla del desorden del sistema. Y mirando con atención así es: dS= dQ/T. Confirmado. El cambio de la entropía (dS) corresponde al sofoco acalorado de la gente (dQ) dividido por su temperatura social (T). El Covid-19 evitó el (des)ordenamiento popular y prolongado de este sistema atroz. De hecho, había suficiente energía libre para modificar radicalmente al sistema.

Fermentación: reacción química de colectivos e individuos, inducida por ciertos bichos encumbrados y hegemónicos. De otra manera, una química activa de la conciencia popular en el exacto momento octubrino de quiebre de la razón dominante. Damas y caballleros, se fermentan las condiciones aunque estén de cogollo. Son las paradojas que ya previó Carlitos M.

Grados de libertad: Un tal Boltzman se preocupó de la temperatura absoluta y la energía. Allá en la Termodinámica de la materia física, pero en la apoflfl[2] social la ruta es por el desahogo emancipador de la gente, por eso cada cual toma los grados de libertad que necesita para lo que sea, hijueputear al Gobierno, maldecir su historia pequeñita o calentar calles. Al final también es termodinámica social.

Hemoglobina: si una rodilla policial es albarrada en la nuca y aquel líquido rojo no circula, ocurren tragedias en Mineapolis, en Bogotá y en otras ciudades, a pesar de los deseperados pedidos: I can’t breathe!. ¡No puedo respirar!Después preguntan por qué las banderas de las rebeldías suelen ser rojas o rojinegras.

Isotónica: se dice cuando la presión popular (u osmótica) es igual en cualquier país de la restauración conservadora. Bolivia, Ecuador, Colombia.

Jabón: esun cachumbambé compuesto por descontento social (en química es el sodio) y rabia popular (o potasio) que mejora las cualidades de rebeldía de nuestros paises. Equivale a mejorar la potencia higiénica del agua en estos malos tiempos del Covid-19.

Kelvín: su símbolo es K, usado en la Termodinámica. Un grado Kelvin (0K) corresponde a un grado en la escala Celsius de temperatura. (“¡A mí eso qué coño me importa!”, dirán). Calma, pueblo, que aquí estamos nosotros: el cero Kelvin es el cero absoluto de la mayoría de los Gobiernos de las Américas. O sea -273 0C, la quietud absoluta de la materia física y no se diga social. Deseo escondido por los Gobiernos pot progresistas.

Litio (el): ¿Sabrán los bolivianos que es por el Litio y no por Evo? ¿Sabrá la gente boliviana que si forman el cartel del Litio medirían con la misma vara a los países del Norte? Y al fin se cumpliría la profesía del centenario Mario Benedetti: “el Sur también existe”.

Masa: en química está clarísimo: cantidad de materia medida de un objeto. ¿Y en política? Está la elogiada y su opuesta, por ejemplo, consciente (inconsciente), movilizada (desmovilizada), masas populares (¿¡!?).    

Negro de humo: ¿de qué? ¿Será mejor que ‘de miércoles’? ¿Será algún futbolista que se hace humo con el balón? O es aquel pigmento oscuro, formado de carbono, resultado de la combustión incompleta de un compuesto orgánico. Por estos días, en Ecuador un chorro de dinero se hizo humo. Y no fue negro en todos los sentidos.

Ñeque: es como el pH, puede ser ácido o álcali. Fuerte o débil. Según la realidad bravea resistencia o gana en resiliencia. Al final es una propiedad química del cimarronismo histórico.

Oro: “la sed de oro nos dejará sin agua”, graffiti en alguna ciudad argentina, mexicana, colombiana o ecuatoriana. No sé, pero es verdad verdadera. La frase. Su símbolo es Au. ¡Auuuuuuu! Aullido de sedientos. El número de la pureza del oro es 24, es el preferido por quienes andan torcidos y se enderezan con áurea finura. Por la explotación del oro no hay química entre las mineras y las comunidades negras e indígenas.

Presión crítica: ¡ay, como se parecen la materia física y la materia política! En química es la presión más baja para que un gas se licúe en su temperatura crítica. En la materia política es la presión hipercrítica realizada por grupos sociales con mucha guita, incluyan también aquella embajada, para licuar cadidaturas en Bolivia o en Ecuador.

Química: en el estudio de la materia todo muy bien. El guinguiringongo está en la materia social y política con sus razas químicamente supremas y sus clases sociales químicamente angurrientas. En unas Américas químicamente jodidas. Por ahí se percibe una actividad química, popular y prolongada.

Radicales libres: en la República de la Química se forman radicales libre cuando rompen la doble atadura con el gobierno molecular y se declaran en activa rebeldía. ¡Tremendo embale! Libres por rebeldes y por rebeldes acimarronaos. En las repúblicas americanas: no todos los radicales son libres, pero todo libre es radical. ¿Copiaron el dato? Chévere.

Sal: una vaina en tensión equilibrada por la sociedad casa Adentro de cationes (elementos electropositivos) y aniones (elementos elctronegativos). Barrio adentro estar salado es cosa brava es algo así como la restauración conservadora combinada con neoliberalismo y si algo faltaba con malísimos Gobiernos. O sea, ¡estamos salados!

Teoría cuántica: es un cambembe matemático para explicar con sandungueo teórico y fórmulas matemáticas la radiación emitida por los cuerpos calientes. Incluyan a los humanos (y humanas) apasionados. En las Américas, de norte a sur y de estas semanas, es la mecánica cuántica política para explicar el desmadre total causado por Gobiernos de quantos. ¡Dios, cuánto han jodido a la gente!

Ultravioleta: rápida y al tono: la radiación ultravioleta (igualita a la claridad) se produce por transiciones electrónicas entre los niveles energéticos (órbitas) de los átomos. Después de joder la capa de ozono aumentó la plusvalía de los fabricantes de bloqueadores solares, gafas oscuras, charlatanes seudocientíficos y expertos en bronceado. Tiene razón el hermano Carlos Valencia[3] (Bumba): “el apocalipsis es un baratillo”.

Vacío: espacio que contiene un gas por debajo de la presión atmosférica, cuyo valor es de 1 atm o 760 mm de Hg. Hay el vacío perfecto porque no contiene ninguna materia (cerebral). ¿En qué Gobierno de nuestros países americanos están pesando, ah?

Wolframio: en otros lugares le llaman tungsteno y aún no está entre las tierras raras. ¡Dios no quiera! Barrido de memoria: en la R. D. del Congo hay una guerra eterna por el coltan de los celulares. A Evo lo tumbaron por el litio. Y el problema no es Nicolás Madura sino el petróleo, el agua dulce y se presume que también hay coltan; en Venezuela.

Xileno: o también llamado dimetilbenceno. O dime-cómo-hacemos-para-que-retornen-los buenos. Quizás ellos (o ellas) no sean tanto, pero son preferibles. Mil veces.

Yodo: su símbolo es ‘I’. La falta de yodo es terrible en la vida personal y en la vida política de nuestros países. Esa bendita I nos alerta que ‘inteligencia’ e ‘idiotez’ empiezan con esa letra.   

Zenón (el Abuelo): muy poco tiene que ver con esta Química y más con aquella del cimarronismo epistémico, si no escuchen: “sembrando (pensamiento crítico, JME) es como se vuelve a ser donde no habiamos sido”[4].

NOTA:

Para las referencias químicas se consultaron diferentes libros de las ciencias químicas, pero las ideas son nuestras.


[1] Así se llamaba al actual Estadio Andrés Folke Anderson, de la ciudad de Esmeraldas.

[2] Vaina, en yoruba.

[3] Es un ex futbolista profesional con trastornos mentales.

[4] Pensar sembrando/sembrar pensando con el Abuelo Zenón, Juan García Salazar y Catherine Walsh, Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador y Ediciones Abya Yala, 2017, p. 38.

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