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Valparaíso frente al peor maremoto de su historia

Fuentes: Politika

Valparaíso es una ciudad fénix. Sacudidas telúricas, tempestades, incendios, este mítico puerto de Chili, levanta la cabeza con dignidad desde hace siglos. Pero esta vez, la amenaza podría serle fatal. Colorido encuentro con el pintor Gonzalo Ilabaca, personaje ilustre de la ciudad, para evocar la batalla que los Porteños libran contra un maremoto de hierro […]

Valparaíso es una ciudad fénix. Sacudidas telúricas, tempestades, incendios, este mítico puerto de Chili, levanta la cabeza con dignidad desde hace siglos. Pero esta vez, la amenaza podría serle fatal. Colorido encuentro con el pintor Gonzalo Ilabaca, personaje ilustre de la ciudad, para evocar la batalla que los Porteños libran contra un maremoto de hierro y hormigón.

Junio 2014, la ciudad puesta en poesía por Pablo Neruda es presa de un incendio a la escala Pacífico. Una Patagonia de llamas destruye 3 000 viviendas. Una catástrofe en cualquier sitio. Una picada de mosquito para este puerto legendario que ha sabido sacar de sus heridas un encanto único. «Cuando descubrí Valparaíso, me sentí chileno por la primera vez porque pude leer allí la geografía del país, cuenta Gonzalo Ilabaca, pintor que como muchos un día ancló en Valparaíso. Aquí todo está desgastado por el tiempo. Aquí la vida es peligrosa. El Porteño se adapta a la vida como sus casa a la geografía. La geografía de la ciudad es promiscuidad. El Porteño no esconde nada, expone sus virtudes como sus defectos.»

Valpo Ciudad cantada mil veces, ciudad filada, fotografiada, retratada, ciudad maldita, pero también ciudad decorada del título de Patrimonio de la humanidad. Difícil definir lo que hace única a la Perla del Pacífico, explicar por qué este circo de 45 cerros se tatúa en los recuerdos como pocos.

Gonzalo Ilabaca, que vive en una colorida casa en el cerro Playa Ancha, se dejó adoptar: «Aquí, aquellos que como yo perdieron todo contacto con la naturaleza, pueden leer la vida. Esta compleja geografía hace del Porteño un autogestionario, creativo, improvisador. En este anfiteatro sentimos todos la pertenencia a una misma ciudad y es lo que nos enraíza. El Patrimonio de la humanidad en Valparaíso es en realidad la Humanidad de su patrimonio.»

Mucho tiempo olvidada, despreciada, mal amada por numerosos chilenos y sobre todo por los santiaguinos de la capital que se encuentra a 1:30 hrs. de ruta, el puerto de mala reputación es hoy en día presa de la envidia de aquellos que ayer le escupían la cara.

Los burócratas del siglo XXI no quieren ver más edificios arrugados ni perros errantes. Hay que terminar con los fantasmas de los bares de marineros en los que las jóvenes generaciones contemplan el horizonte de todas las ebriedades.

En Chile, como en otros sitios, la época es la de los Grandes proyectos inútiles a impuestos (GPII). Y es una muralla de contenedores que los promotores cuentan ofrecerle a la Humanidad. Un océano de acero, de playas en hormigón, una Cordillera de grúas.

Aunque el Pacífico es inmenso, pronto será invisible. Ocultado por el proyecto T2, de nombre tan poético como una tapa de alcantarilla. Una obra planificada desde el año 2013 en estilo Pinochet, hipócritamente, implacablemente, en las alcobas que abrigan las pornográficas emociones del poder y del dinero. Hoy día la ola se levanta en el horizonte. Se acerca como el fin de un mundo.

Valparaíso en bicicleta

Frente a la sombra que crece, el Porteño no busca refugio en el corazón de los cerros. Se reúne y se agrupa para hacerle frente. Una asociación ciudadana, Mar para Valparaíso, nació y lanza SOS para evitarle a la ciudad el naufragio anunciado. Los vecinos y los amigos se movilizan. Los amigos de los amigos también. «Defender la memoria de Valparaíso es defender nuestra propia dignidad. Es defender nuestra aspiración a devenir, algún día, leyenda, como decía el poeta Teillier», afirma Ilabaca, el mago de los colores.

Como en todos los GPII del planeta, los promotores cantan mañanas mejores. Pero las floridas palabras de los djihadistas del hormigón armado se marchitarán. Y sus promesas pronto serán grises como la miseria. Nada nuevo desde Homero. Quién escucha el canto de las sirenas está perdido para siempre. Hay que llamarse Ulises para desbaratar sus trucos, Loro Coirón o Gonzalo Ilabaca: «Esta expansión del puerto que nos imponen va contra nuestra dignidad. Nuestro deber es hacer que este anfiteatro vaya al mar, lo enlace. Queremos un puerto y una ciudad unidos en la armonía de su geografía y de su historia. Abrir la ruta costera para que la ciudad llegue hasta el mar y que el puerto sea benéfico para los cerros. Hay que poner a los habitantes en el centro de todo.»

El tiempo apremia. El asedio de la novia del Pacífico está planificado para comenzar el 1º de enero de 2016. La nostalgia de la ciudad-puerto ya está a la agonía. «En Valparaíso, hay tres tipos de nostalgia; la nostalgia del pasado, la nostalgia del futuro, de lo que podría advenir, y la nostalgia de lo que no advendrá jamás. Proteger estas dos últimas nostalgias, es fabricar belleza y embellecer nuestro futuro», explica Gonzalo Ilabaca.

Una ambición velada por la bandera negra de los piratas del T2 que le roban un mito al patrimonio de la Humanidad con la complicidad de una epidemia de indiferencia.

«Un terremoto dura 2 minutos y causa grandes pérdidas. Pero esta ola va a durar 30 años, es decir para siempre. Será una ola eterna, una maldición, una maldición de cuento de brujas. ¿Por qué estos escritores – el gobierno de Chile -son tan duros con Valparaíso? Es lo que nos indigna.»

Es un grito de guerra el que lanza Gonzalo Ilabaca para movilizar a los enamorados de Valparaíso, los hijos e hijas del viento, de la luna, de la libertad, de la poesía, los nerudianos en el corazón del Pacífico. Aquellos que construyen un mundo de colores, que rehúsan vivir en un sarcófago al pie de una pirámide de contenedores.

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