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Vivir y morir por una causa noble

Fuentes: Rebelión

Cada vez más personas y colectivos se levantan para denunciar los abusos de ‘la guerra’ contra los jóvenes ecuatorianos pobres: Madres de jóvenes arrestados y maltratados, otros grupos denuncian irrespeto a los derechos humanos, el obispo de Esmeraldas denuncia la muerte de un joven apresado, responsables barriales reconocen decenas de desaparecidos, ausencia de informaciones sobre los lugares de detención, la muerte de 13 personas el primer día de las operaciones conjuntas de la policía y el ejército. ¿Y los demás días?

Nos matamos entre nosotros. Esto vale para los policías y los militares como para los grupos delincuenciales. “Un reino divido entre sí no puede subsistir”, decía Jesús. Y en su tiempo el profeta Isaías: “¿Para qué van a gastar en lo que no es pan y dar su salario por cosas que no alimentan?” Todo esto es una invitación para preguntarnos: ¿En qué me gasto la vida?

No faltan las personas y los grupos que nos dan ejemplo de vida entregada hasta la muerte por una causa justa, noble, grandiosa. Acabamos de enterarnos de la muerte de la senadora colombiana Piedad Córdoba que pasó su vida defendiendo los derechos humanos, trabajó incansablemente por la paz entre las guerrillas y el gobierno, defendió la dignidad de sus compatriotas negros… Chico Méndez en Brasil fue asesinado por defender la Amazonía, en Estados Unidos el pastor Martin Luther King por los derechos de los negros, Nelson Mandela en África del Sur por el fin de la colonización en su país, Mahatma Gandhi por la independencia de India, monseñor Oscar Romero por defender a los pobres de su país asesinados por el ejército salvadoreño, Ernesto Che Guevara por la liberación de Cuba, varios países de África, Bolivia, América Latina… No faltan colectivos internacionales que se dedican, hasta el don de la vida, por las causas de la paz, la salud, la educación, el agua, la ecología, la defensa de pueblos indígenas…

Por eso pregunto: ¿Por qué tantos jóvenes se dedican a apoyar el tráfico de droga, el sicariato, el robo, la extracción cuando se sabe que es una apuesta para la muerte, muchas muertes? Muertes de los consumidores con tantos daños para sus familiares, muertes de personas inocentes por la espiral de la violencia, muertes en las bandas que se enfrentan por más territorio, muertes ahora de tantos jóvenes en manos de la policía y el ejército… mientras los verdaderos responsables viven tranquilos en urbanizaciones privadas y exclusivas o en residencias de lujo de Estados Unidos. “Sabemos bien que la guerra contra las drogas es poco más que un pretexto para mantener el dominio imperial estadounidense, pero quienes pagan el precio son los pobres, especialmente los jóvenes.” ¿Hasta cuándo permitiremos tales masacres?… hasta que desterremos el sistema neoliberal que nos gobierna y que, por inconsciencia, ignorancia, indiferencia y complicidad mantenemos vigente en nuestro país.

Monseñor Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil, recientemente expuso en el cierre del XXVIII Congreso Interamericano de Educación su punto de vista sobre la situación actual de violencia en nuestro país.

“Cuando hablo de ese tema, vienen a mi mente todos los cientos de miles de niños que se encuentran en estas zonas sin estudio, sin trabajo, sin salud… ¿Qué van a hacer? Desde luego, no quiero justificar de ninguna manera, pero son condiciones que explican sus actuaciones… La violencia es un síntoma de algo más profundo… Comienza por la falta de educación, salud, vivienda y trabajo. Este es el caldo de cultivo donde fácilmente los grupos organizados hacen presa fácil a niños y jóvenes para convertirlos en sicarios y extorsionadores. Son problemas estructurales que vienen de décadas atrás, pueblos completamente abandonados y eso nos parte el alma. Quizá la principal causa, la más desafiante, es la pobreza.”

“Estamos llamados a vivir en un ambiente donde puedan encontrarse como seres humanos, como compañeros, amigos y porque no, como hermanos… Como Iglesia hacemos nuestra parte, pero sabemos que no es suficiente… ¿Qué pasa con los miles y millones de personas abandonados a su suerte?”

“Yo creo que debemos sensibilizarnos con hechos concretos, expresiones reales, de tal manera que no se quede en un sentimentalismo, una quimera, un sueño lejano porque al final las personas seguirán muriendo de hambre y nada haremos… Invito a las autoridades a ir a las causas de los problemas… Exhorto al Estado a invertir en salud, educación, vivienda y trabajo, para que las personas tengan los medios dignos para vivir como seres humanos y no busquen otras salidas. Invitamos a las entidades estatales y la sociedad civil aunir fuerzas, voluntades y corazones, para que las personas puedan recuperar la paz.”

El compromiso está claro: Es el de ‘las entidades estatales y el de la sociedad civil’, sabiendo que las unas, entidades estatales, son como ‘la cabeza’ y la otra, ‘la sociedad civil’ o sea todos nosotros, somos como ‘los pies’. En un cuerpo humano, la cabeza va adónde van los pies. Recordemos: ‘La cabeza piensa según el lugar donde pisan los pies’. Eso significa que nosotras y nosotros, como ciudadanos, tenemos la mayor responsabilidad: Conducir la cabeza adónde tiene que ir todo el cuerpo. Para lograr esto tenemos que estar organizados y capacitados. Si no tenemos información acorde a la realidad, somos como ciegos sin rumbo. Si no nos capacitamos para desvelar las causas de nuestras desgracias, siendo aquellas en la mayoría de los casos estructurales, seguiremos como borregos que nos llevan sin que nos demos cuenta, a la ‘casa de la esclavitud’ o a la ‘jaula dorada’ del capitalismo feroz.

Nosotras y nosotros, conscientes, unidos, organizados y valientes, somos los actores del destino que nos merecemos, o sea, una vida digna, fraterna y equitativa. Tenemos a nuestra disposición suficientes talentos, sabidurías y oportunidades para lograrlo. Por eso nos dice el libro bíblico del Deuteronomio: “Puse delante de ti la vida o la muerte, la bendición o la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivan tú y tu descendencia”.

Pedro Pierre: Sacerdote diocesano francés, acompaña las Comunidades Eclesiales de Base (CEB ) urbanas y campesinas de Ecuador, país adonde llegó en 1976.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.