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2008: Chile ante el inquietante boom del cobre

Fuentes: IPS

Según las proyecciones mundiales, el precio del cobre, principal producto de exportación de Chile, seguirá alto en 2008 gracias a la gran demanda china. Chile es el principal productor y exportador de cobre del mundo, con 35,2 por ciento de participación en el mercado, y tiene las mayores reservas del planeta. Según datos de la […]

Según las proyecciones mundiales, el precio del cobre, principal producto de exportación de Chile, seguirá alto en 2008 gracias a la gran demanda china.

Chile es el principal productor y exportador de cobre del mundo, con 35,2 por ciento de participación en el mercado, y tiene las mayores reservas del planeta.

Según datos de la gubernamental Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), en 2006 el país produjo 5.360,8 toneladas de concentrados de cobre, casi cinco veces más que su más cercano competidor, Estados Unidos, que totalizó 1.226 toneladas. Les siguió Perú, con 1.048,9 unidades.

El Estado chileno sólo controla 30 por ciento de esa producción a través de la Corporación Nacional del Cobre (Codelco). El 70 por ciento restante está en manos de privados.

En 1966, el gobierno del presidente democristiano Eduardo Frei Montalva (1964-1970) «chilenizó» el cobre mediante la compra de 51 por ciento de la propiedad de los yacimientos explotados por empresas extranjeras.

En 1971, durante el mandato del derrocado presidente socialista Salvador Allende (1970-1973), se nacionalizó la gran minería del cobre expropiando las mineras privadas.

Pero en la dictadura del fallecido general Augusto Pinochet (1973-1990) se aprobaron normas que promovieron el regreso de las empresas privadas al negocio, aunque la Constitución señala que «el Estado tiene el dominio absoluto, inalienable, exclusivo e imprescriptible sobre todas las minas».

Esto se logró creando «concesiones mineras», que en la práctica actúan como propiedades privadas. Esta fórmula atrajo numerosas inversiones extranjeras, la gran mayoría tras el arribo de la democracia en 1990. Para algunos, esa legislación es inconstitucional y significa la «desnacionalización» del cobre. El debate en torno a estos tópicos ha tomado fuerza gracias a los altos precios internacionales que desde 2003 alcanzó el metal rojo, destinado mayoritariamente a aplicaciones de conducción eléctrica.

Según un informe de Cochilco, «al 28 de diciembre de 2007, el cobre alcanzó un precio promedio anual de 323,327 centavos de dólar la libra en la Bolsa de Metales de Londres».

Este monto «supera en 5,9 por ciento al del año 2006, pasando a ser el mayor valor nominal de la historia y el tercero en términos reales, tras 1966 y 1969 (361,9 y 325,1 centavos de dólar la libra, respectivamente)».

«Algunas de las más importantes empresas e instituciones mundiales que hacen proyecciones del precio del cobre, señalan que en 2008 éste va a estar entre 360 y 280 centavos de dólar la libra, con un promedio aproximado de 325, parecido al de 2007», afirmó a IPS Gustavo Lagos, director del Centro de Minería de la Universidad Católica.

«En 2009, el (precio) promedio estaría bajo 300 (centavos de dólar la libra) y en el 2010 estamos hablando de 270», acotó Lagos. Pese a la tendencia decreciente, las perspectivas son inmejorables si se tiene en cuenta que en 2003 la libra se transaba a 70 centavos de dólar.

«En el siglo XX nunca hubo un boom del cobre tan extendido. Este auge de muy altos precios, por sobre los tres dólares la libra, estaría durando por lo menos tres años, 2006, 2007 y 2008, algo impensado», remarcó el ingeniero en minas.

Para Lagos, el actual periodo se puede explicar por la confluencia de dos fenómenos mundiales.

Por un lado, la «inesperada mayor demanda de ‘commodities’ (productos básicos) por parte de China», entre los que se destaca el cobre, utilizado en obras de infraestructura y, por otro, la incapacidad de la industria de proveer en el corto plazo los volúmenes que había prometido, debido a la subinversión», registrada a partir de 1998.

«El precio de largo plazo del cobre va a seguir siendo elevado, sobre los 130 (centavos de dólar), si es que no se crea una sobreproducción mundial como la que crearon las mineras trasnacionales en Chile entre 1995 y 2000», señaló a IPS el economista Orlando Caputo, director del Centro de Estudios de Trasnacionalización, Economía y Sociedad.

Caputo ha dedicado toda su vida a la academia, exceptuando el periodo en que se desempeñó como gerente general de Codelco, designado por Allende (1970-1973).

Al igual que algunos parlamentarios de la coalición de centroizquierda que gobierna Chile desde 1990 y trabajadores subcontratados de Codelco, que protagonizaron una gran huelga a mediados de 2007, Caputo cree que es necesario «renacionalizar» el cobre para financiar el mejoramiento de los salarios, el aumento del gasto social y la diversificación de la economía.

En septiembre, la Cámara de Diputados rechazó un proyecto de acuerdo que solicitaba a la presidenta Michelle Bachelet avanzar en esa senda.

Gustavo Lagos, por el contrario, cree que «el futuro del cobre en Chile puede ser esplendoroso, importante o francamente negativo o irrelevante, dependiendo de cómo lo hagamos como país. Nuestro desarrollo no depende de las compañías extranjeras, ni del imperialismo, ni de los fantasmas, depende de si lo hacemos bien».

Esto, a su juicio, implica mantener las tasas impositivas para asegurar la inversión privada en los próximos años, atraer más talento a la minería, derribar las barreras de entrada para que ingresen las trasnacionales al negocio de la innovación minera y mejorar la gestión de Codelco para aumentar su competitividad «porque hay señales de que podría no serlo en el futuro».

Debido a los altos precios, la participación del sector minero en el producto interno bruto (PIB) pasó de 8,3 por ciento en 2003 a 23 por ciento en 2006, medido a precios corrientes.

En 2006, Codelco aportó 9.215 millones de dólares al fisco chileno, lo que representa más del 20 por ciento del total de ingresos. Este año, el Estado recibirá 16.000 millones de dólares por concepto de excedentes de Codelco e impuestos de las mineras privadas.

Pero en 2007, la minera estatal se vio enfrentada a una serie de conflictos laborales protagonizados por los trabajadores subcontratados, quienes demandan salarios y beneficios iguales a los de los contratados que hacen su misma labor.

El último foco de tensión estalló a fines de año, cuando la gubernamental Dirección del Trabajo ordenó a Codelco contratar como empleados de planta a casi 5.000 contratistas en situación irregular. Esto llevó a la cuprífera a recurrir a la justicia para dirimir la diferencia de criterios.

El jueves 4, los trabajadores protagonizaron una jornada de protestas en reclamo de que se cumpla el dictamen de la Dirección del Trabajo. Doscientos manifestantes fueron detenidos.

Mientras Lagos cree que la modalidad de emplear obreros subcontratados es uno de los factores que explica la disminución de la productividad de Codelco, Caputo asegura que la demanda de esos trabajadores es justa, por los bajos sueldos que perciben y las exigencias físicas propias del trabajo en las minas.

Además, asegura que «adentro de Codelco hay un motín por el botín. Ex trabajadores de Codelco ahora son dueños de empresas contratistas, en las que también participan dirigentes políticos».

La Cuenta Pública 2007 del Ministerio de Minería asegura que el desarrollo de la minería se ha traducido en mejoras sustanciales en materia de reducción de la pobreza. «Las regiones mineras de Tarapacá, Antofagasta y Atacama muestran niveles de pobreza por debajo del promedio nacional» de 13,7 por ciento de la población, señala.

«La minería ha generado más y mejores empleos, desarrollo de infraestructura física, oportunidades para empresas proveedoras de insumos y servicios e incorporación de nuevas tecnologías, entre otros beneficios», añade.

Entre las propuestas planteadas por sectores políticos y sociales para aprovechar el boom, está mejorar la educación, invertir en bienes de capital público (principalmente para la salud), apoyar a las pequeñas y medianas empresas y destinar recursos a las regiones.

En mayo, Bachelet anunció que en 2008 se invertirían en educación más de 600 millones de dólares adicionales provenientes de los excedentes del cobre, pero la política gubernamental contracíclica está basada principalmente en el ahorro en fondos en el extranjero. Caputo critica el hecho de que las mineras privadas tuvieron en 2006 utilidades cercanas a los 20.000 millones de dólares, lo que equivale, según sus cálculos, a 17 por ciento del PIB chileno, a 75 por ciento del presupuesto estatal y a más de dos veces los presupuestos conjuntos globales de los ministerios de Salud y Educación.

A su juicio tampoco es suficiente el impuesto específico a la minería aprobado en 2005, que este año recaudará cerca de 670 millones de dólares, los que serán destinados a la innovación.

«En Chile no hay una estrategia de desarrollo del Estado. Esa palabra está prohibida. Todo se lo deja al mercado. Sólo se habla de mejorar los factores productivos, como el capital humano, y de generar las condiciones para que haya mayor productividad. Pero eso no basta», indicó Caputo.

Según Lagos, tanto los conflictos laborales como las turbulencias internacionales derivadas de la crisis del sector hipotecario estadounidense podrían afectar durante 2008 los valores del metal.