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2013

Fuentes: Rebelión

No ha de ser que el 13 marque una ruta siniestra para el año que se inicia. Digamos que la suma de 6 que da los enteros es un buen augurio para los 12 meses del ciclo que iniciamos. El 13 es el de los militaristas adictos a la guerra, el de quienes defienden el […]

No ha de ser que el 13 marque una ruta siniestra para el año que se inicia. Digamos que la suma de 6 que da los enteros es un buen augurio para los 12 meses del ciclo que iniciamos.

El 13 es el de los militaristas adictos a la guerra, el de quienes defienden el sistema ganadero latifundista feroz y atacan cualquier reforma progresista que favorezca a los campesinos y los grupos más débiles de la socidad. El 13 es el de la «pax santista» de diálogos simulados y masacre de rebeldes en tregua unilateral, como lo presenciamos recientemente, incluida su celebración exclusiva por la oligarquía.

2013 como 6 debe ser un tramo sustancial para la paz con justicia social, con derechos democráticos y garantías sociales y políticas.

Pretender una paz express no es lo más conveniente para la solución del prolongado conflicto social y armado. Un fenómeno tan prolongado requiere de tiempos y métodos adecuados para ir resolviendo cada uno de los campos problemáticos de la violencia nacional. Los seis puntos de la agenda son un marco de referencia correcto; las reglas de procedimiento deben ser implementadas en términos pertinentes y los apoyos internacionales deben concurrir a la reconciliación sin que nadie pretenda ventajas sobre la parte con menos capacidad de maniobra.

Varios meses son necesarios para sentar las bases de una paz duradera como viene ocurriendo. Sin embargo, no conviene presionar de manera indebida las conversaciones a partir de necesidades políticas y electorales de los grupos gobernantes en la actualidad. El sistema consociacional del señor Santos bien puede cumplir su tarea en el cometido de atemperar las facciones de la elite dominante respecto del proyecto para superar la violencia política.

2013 subirá la agitación partidista y electoral con nombres, candidatos y lemas, pero la Mesa de conversaciones de La Habana, debe marchar en su función, al margen de las contingencias de cualquier orden; la paz es una política de Estado que compromete la voluntad general de la sociedad.

El 14 de enero se reinician los diálogos y sus avances requieren una mayor participación popular. La paz debe ser una conquista de las masas populares. Las grandes multitudes nacionales deben expresarse en todos los momentos y niveles para dar mayor contenido político a los avances parciales del gobierno con los grupos insurgentes. En tal objetivo, los medios centrales de comunicación son cruciales. Ojala se den acuerdos al respecto en el menor tiempo posible.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons , respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.