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Barcelona, 21 de febrero, Librería Caníbal (Nàpols, 314, Barcelona)

Presentación de «Resistencias y militancias en Estados Unidos» (La oveja roja) de Luis Martín Cabrera

Fuentes: Rebelión

Bona tarda, molt bona tarda. Salut i fraternitat. Gracias por la invitación, gracias por su presencia queridos amigos y amigas. Viernes, 19:45, cansancio semanal… Tiene mucho, mucho mérito. Gracias también a los amigos de «La oveja roja» -que es más roja aún con esta publicación- por organizar el encuentro Es un honor compartir mesa con […]

Bona tarda, molt bona tarda. Salut i fraternitat.

Gracias por la invitación, gracias por su presencia queridos amigos y amigas. Viernes, 19:45, cansancio semanal… Tiene mucho, mucho mérito.

Gracias también a los amigos de «La oveja roja» -que es más roja aún con esta publicación- por organizar el encuentro

Es un honor compartir mesa con Clara Valverde y Luis, dos de las personas que más quiero y respeto. No sólo por su reconocida obra teórica sino también por su destacada (e ininterrumpida) arista de activistas en pie de lucha, resistencia y dignidad. Nada humano que sea sensato les es ajeno.

Por lo que acabo de decirles, he intentado esforzarme, he querido incrementar, agudizar, exagerar incluso, mi mirada crítica para que esta presentación no se convierta en una apología sino de Sócrates, que tampoco estaría mal (¡Grecia, Grecia, Grecia!), sí de Luis Martín Cabrera. Saben de mi amistad con Luis. Compartimos rebelión y asuntos muy afines desde hace bastantes años. Un compañero, un camarada, un maestro.

Pero verán que en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, voy a ser bastante platónico: por encima de nuestra amistad, debe ubicarse la verdad. Y la verdad, recuerden, es tal la diga Agamenón o la diga su porquero, con escepticismo más que razonable sobre la veracidad de la propia afirmación desde la razonable perspectiva de este último. Cuando se piensa desde abajo, hay que pensar así. No es tan obvio, desde cualquiera punto de vista, que verdad sea el valor de verdad de «La verdad es la verdad, la diga A o la diga B»; no digo tampoco que sea falsedad el valor ajustado. ¡Menudo trabaluengas! Lo dejo. ¡Qué lío lógico-semántico que me estoy haciendo! La lógica binaria, por no hablar de la dialéctica ni de la lógica multivalorada, nunca han sido lo mío.

Me han dado 15 minutos que intentaré cumplir con la mayor exactitud. Como un reloj en la clandestinidad. Son veinte mis observaciones, medio minuto por cada una de ellas restando conclusiones y el preámbulo. Prometo no superar la velocidad de la luz. Pero no podré ser como la prudente tortuga a la que sigue Aquiles con paso ligero y la falsa y arrogante creencia de que su victoria garantizada. Ya veremos, ya será.

Mis razones para una conclusión que ustedes podrán extraer sin ninguna dificultad, la recomendación más que convencida de la conveniencia y necesidad de la lectura de este magnifico libro, son las siguientes:

1. La portada: una de las más adecuadas que he visto hace tiempo. Un honor para el autor y para los lectores. Muchas felicidades al diseñador y también a la editorial, a «La oveja roja».

2. El titulo: Insurgencias invisibles. Resistencias y militancias en Estados Unidos. Como la noche más hermosa, como el poema más buscado y amado, como la devoción más devota. Magnífico: el nombre no es, no suele ser, el nombre de la cosa, pero este ente libro tiene y debe tener ese nombre. Su nombre.

3. El contenido: habla del corazón de la bestia. Guevarismo del mejor, ese es el punto, uno de los nudos básicos. Manuel Sacristán, este año se cumplen 30 años de su fallecimiento y 90 de su nacimiento, lo repitió centenares de veces, incluso en sus últimas conferencias: hay que atacar, resistir y combatir en la periferia del sistema-mundo pero es esencial también la lucha en el centro, en el alma desalmada del poder de poderes. En el corazón de sus tinieblas.

4. Soy un poco viejo, tengo casi 61 años. Me quedan, si tengo suerte, unos 20 años de buena lectura. Esforzándome un poco: unos 600, 650 libros. Tengo que ir con mucho ojo, seleccionando bien. Con este libro que presentamos he dado en la diana. Debía, debe estar en mi lista.

4.1. Por cierto: hablando de estos temas: no dejen de leer el texto de O. Sacks, su reflexión sobre la muerte, que corre estos días por la red.

5. Acabo de leer otro libro de los que, no son tantos, solemos decir: para toda la vida, nos acompañarán siempre. Hablo de Amor y Capital, una biografía de los Marx desde la mirada de Jenny, de Tussy, de Jennyschen, de Laura, de Freddy incluso, editada por El Viejo Topo. El que hoy presentamos está también entre ellos: un libro para toda la vida, un clásico seguro -probabilidad = 1- en su ámbito y en su perspectiva insumisa.

6. Hay libros que uno lee sabiendo, casi desde el primer momento, que los va a releer. Con más calma, tomando más notas, sacando más provecho, exprimiendo más su jugo, un jugo que nunca podremos agotar. Este libro de LMC es uno de ellos: un libro para leer y releer, para la mesita de noche de las personas, de los ciudadanas y ciudadanos que han, que hemos construido lazos con el 15M y con movimientos afines.

7. Tres entrevistas abonan Insumisos. El que les habla lleva ejerciendo de preguntón unos 25 años. Algunas de las conversaciones, perdonen este ataque febril de inmodestia, no han estado mal del todo. En cualquier caso, nada que pueda compararse a las incluidas en el libro de Luis. Pura maestría la suya. Si quieren aprender cómo hacer entrevistas con sustancia e interés, tomen apuntes, miran cómo lo hace él. Yo he tomado notas. Estoy seguro que las próximas me saldrán mejor.

8. Esencial en mi opinión es la perspectiva, la consciencia crítica, la ideología en el buen sentido del concepto, la consciencia de clase, en si y para sí (y para otros y otras), desde la que está escrito el libro. Basta leer la presentación -a mi me ha recordado el «Génesis posmoderno» que escribió Paco Fernández Buey hace ya unos años en su libro sobre la globalización- para darse cuenta de ello. Por si faltara algo, esta consciencia de clase no es dura y masculina, sino una sólida, afable, feminizada y humanizada consciencia de clase. De esas clases, que los de arriba, llaman como nos cantó Raimon hace años, meras clases subalternas. Y no: son gent que va alçant-se desde el fon dels segles, gente que continúa alzándose desde hace siglos, muchos siglos. Desde siempre.

8.1. Conjeturo casi sin riesgo a equivocarme: si detrás e incluso delante de Das Kapital estuvo Jenny Marx (sin ella, hubiera sido imposible el gran clásico de la tradición), detrás de estas Insurgencias debe haber alguna Jenny Martín Cabrera… Pero, esta vez, son los nuestros otros tiempos, con apellido propio, y con nombre que, inevitablemente, debe empezar por C. Mi hipótesis: Carol+Cata.

9. Se nos regala en el libro críticas epistemológicas que a mi personalmente me parecen más que oportunas e importantes. Decir es decir. Pensar es pensar. Conjeturar es conjeturar. Teorizar es teorizar. Todo eso está muy bien. Pero cambiar el mundo, transformarlo, como el joven Marx nos dijera, en compañía del jovencísimo Engels, es algo más difícil, mucho más difícil. Es comprometerse en luchas, en manifestaciones, en organizaciones, es ir al lado de otros y de otras, es hacer huelgas y asuntos mayores, es jugársela y, además, en ocasiones, sin mucho respaldo o refugio exterior. A la brava, sin paraguas. Eso tiene riesgos, lo saben todos ustedes. Mi compañera, que está entre ustedes, lo hizo, lo hace. Consecuencia: fue despedida hace años de Telefónica. Sin piedad, sin que les temblara el pulso. ¡Las rojas a la p. calle! Su abuelo también plantó cara: fue asesinado pocos días después del intento de golpe militar en 1936. Su otro abuelo, combatiente en el V Regimiento, tuvo que exiliarse y ganarse la vida como minero en el sur de Francia. Las derechas siempre han sido así de agradables, cariñosas y humanas con las gentes de abajo… ¿He dicho han sido? ¡En que estaría yo pensando! Estoy nervioso, discúlpenme: son.

10. ¿De qué se nos habla en el libro? De algo tan necesario como el aire que exigimos trece minutos por minutos, como supo contar un indignado ingeniero del verso apellidado Celaya. Tan necesario como eso. De gritos en el cielo que en la tierra son actos. Pueden llamarle dignidad si quieren. USA, según parece, no es un país para viejos; este libro, en cambio, es un territorio de y para rebeldes.

11. Hay por supuesto punta polémica. En tiempos de vuelta de clásico, hablo por supuesto del compañero de Jenny Marx, la posición de LMC es clara y distinta: más cerca de Rodolfo Walsh y su marxismo empírico que de marxismos académicos, formalizados y sofisticados, sin que, por supuesto, se desprecie ningún saber ni ninguna exigencia de rigor.

12. Luis, él mismo lo señala, habla además desde las bases del ADN del bosque insugente. No desde la perspectiva del duro corazón de las tinieblas sino desde las bases que dan vida a la resistencia. No está al lado y apoyando, está dentro y luchando. Luis no sabe más que los oprimidos, no da lecciones. No va de profesor ni de sabiendo ni de dirigente. Sabe como y con los oprimidos y aprende, todos aprendemos, con ellos, es decir, de nosotros mismos. De nuevo las tesis sobre Feuerbach, la de los educados y los educadores esta vez.

13. Esta que sigue es una proposición breve, como un recuerdo, un in memoriam et ad honorem: Pedro Lemebel estaría orgulloso y feliz con este libro. Se habla de él en el libro, por supuesto.

14. Insurgencias va también de inversiones. No bancarias, no se asusten. Por el sendero de Marx. Si el clásico invirtió la forma dialéctica de Hegel (sin que yo esté muy puesto y entienda bien este gran y complejo proyecto lo confieso), LMC invierte radicalmente, como debe ser, la mirada cómplice y a veces fuertemente colaboradora de la antropología política y cultural, gran parte de ella made in USA. The Minerva Research Iniciative, un programa diseñado por el ex Secretario de Defensa norteamericano Robert M. Gates en 2008, sería un ejemplo de ello. Les da con su propia medicina, en expresión que creo suya.

15. Hay un nudo, más académico si quieren, que también es justo resaltar. Luis escribe como los ángeles (debe ser porque trabaja en California). Al leerlo he pensando en aquella claridad y distinción de la que hablaba hace muchos siglos el autor del Discurso y de La Geometrie (nada que ver con Luis políticamente si hacemos caso de su moral provisional y de lo que sabemos de su vida). Hay un intento explícito de ser claro, de no caer en oscuridades insondables. ¡Estamos ante un libro de crítica literaria, fuertemente político… y se entiende, los legos podemos entenderlo sin que se nos quemen quince circuitos neuronales en el intento!

16. En algunos momentos, cosa también infrecuente, hay una reivindicación del género «Panfletos» y, claro, yo que soy, que sigo siendo, un lector maravillado de un gran panfleto que ha cambiado el mundo y lo sigue cambiando, hablo del Manifiesto Comunista de Marx y del pequeño-gran Engels (¿recuerdan?, «todo lo sólido se desvanece en el aire»), lector de MC, decía, y seguidor absoluto de otros panfletos, de los Panfletos con Materiales, unos libros que escribió un amigo y compañero del alma y resistencias del padre de Clara Valverde, les estoy hablando de Manuel Sacristán y de José María Valverde, no tengo por menos que agradecer la valentía y coraje de Luis también en este punto. ¡Vindicando lo que también debemos vindicar! Es género de resistencia y puede ser, lo es en este caso, magnífico, excelente, literaria, política y filosóficamente hablando.

17. Por si faltara algo, al final de la presentación de Insurgencias, hay un recuerdo a una de las personas que yo más he admirado y admiro, a Miguel Enríquez, un médico revolucionario, como el otro, como el inmortal internacionalista asesinado a los 37 años. Recuerdo las palabras que nos recuerda Luis, acaso más esenciales que nunca: la política, en el sentido profundo del término, es todo aquello que no se inclina ante lo imposible, ante lo que parece imposible. Sí se puede, sí se puede.

18. Está también la composición triádica de la obra. Tres capítulos, tres apartados cada uno de ellos. Yo no entiendo bien -a Newton le pasaba lo mismo- el misterio de la Santísima Trinidad, pero debo confesar que este misterio, el misterio trinitario LMC, funciona mejor que bien. Como una sinfonía mozartiana, como el concierto para clarinete. Pausado, lento a veces, pero alegre, vivaz, cañero la mayor parte de las ocasiones. Una buena composición para tiempos que empiezan a ser, que tienen que ser, buenos para la lírica… e incluso para la épica y la poliética en serio.

19. Voy acabado. Esta relación de motivos, absolutamente injusta por su parcialidad (como las mil y una noches, me quedan 982 razones más) tiene que acabar forzosamente con una referencia al autor. El profesor Martín Cabrera no es sólo un gran intelectual, en el mejor sentido de la palabra que existe (digamos, un Paco Fernández Buey o un José María Valverde), no sólo es un activista incansable siempre con buenas elecciones críticas y temáticas, no sólo es también un excelente compañero, sino que tiene una intuición poliética que está en él, que surge de su alma sin esfuerzo, como si fuera una emanación necesaria de un Sein no zum Tode, de un ser no para la muerte que diría el nacional-socialista Heidegger, sino de un ser para la vida bien vivida, para la ecuanimidad, la justicia y la libertad de todos, no de unos cuantos que hacen y deshacen. Con palabras de don Antonio Machado: Luis es, en el buen sentido de la palabra, una persona buena que desdeña, que sabe desdeñar, las romanzas de los tenores huecos.

20. ¿Y las críticas? Una, no se me ocurren más: al título del libro le falta un ordinal. Si hablamos de El Capital, libro primero o segundo o tercero, aquí debería hablarse de Insurgencias, libro I, anunciando nuevas insurgencias. Seguro que La oveja, que es roja, corrige este pequeño error. Por eso dicen que los rojos están dispuestos a revisarlo todo. Alfonso, el editor, tiene mucho para ello.

Conclusión, final y agradecimiento por su paciencia: Hay libros interesantes y eso está muy bien; hay libros críticos y profundos, y eso está mejor aún; existen libros eruditos que nos enseñan a todos desde una perspectiva insumisa y eso es magnifico e infrecuente. Y luego hay libros, muy pocos, sin los que no seríamos lo que somos y aspiramos a ser. Estos últimos son los imprescindibles. ¿Adivinan dónde yo ubicaría, donde debemos ubicar este libro de «Insurgencias invisibles»? Lo han adivinado: entre los imprescindibles.

Acabo con dos poemas. Uno del libro, de la para mi desconocida hasta ahora June Jordan: «Somos las que estábamos esperando». We are the ones were waiting for. Suena a U-2, por el waiting for, pero les aseguro que no tiene nada que ver.

El segundo estaba cantado… aunque nunca ha sido cantado que yo sepa.

 

Gracias, compañero, gracias

por el ejemplo. Gracias por que me dices

que el hombre -el ser humano- es noble.

Nada importa que tan pocos lo sean:

Uno, uno tan sólo basta

como testigo irrefutable

de toda la nobleza humana.

 

Y no es uno sólo, no es Luis tan sólo. Somos millones, más de los que ellos dicen y piensan.…

Por cierto, ahora que lo pienso: ¿no les prometí que no escribiría una apología de Luis y del libro? Me da que me ha salido algo muy parecido. ¡Vaya lapsus freudiano-insurgente! Sea como fuere, ¿no es de justicia obrar insumisamente cuando hablamos de resistencias, de luchas solidarias y de grandes amigos e intelectuales?

Gracias por su paciente escucha. Y hasta la victoria insumisa siempre. Mil gracias Luis, un magnífico regalo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.