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Pequeña ofrenda de amor en el Día del Guerrillero Heroico

Fuentes: FARC-EP Segunda Marquetalia

Hace once años habíamos escrito una nota en la que evocábamos el nombre del inolvidable Roque Dalton, aludiendo a su infausta muerte a manos de ese vil y abominable personaje de nombre Joaquín Villalobos. Revisando viejos documentos en los que ha quedado registrada nuestra huella histórica, nos hemos tropezado con aquel texto de 2011 que hoy retomamos para, a partir del recuerdo del mencionado mártir guerrillero de la América Nuestra, hacer honor a todas y todos quienes se han decidido a seguir la senda de la lucha insurgente armada o desarmada en pos de un mundo mejor, el mundo de la paz con justicia social, libertad y decoro para la humanidad.

Cualquier otro nombre de entre los millares y millares de combatientes que por una u otra motivación, de una u otra manera, han caído haciendo parte de las filas guerrilleras o de las de militantes que batallan políticamente por los intereses de los pobres, por la sola razón de su entrega a una causa altruista, tendría el peso épico y el valor moral para servir de pedestal para homenajear a cada partisana o partisano sacrificado, sobre todo en el Día del Guerrillero Heroico, en el día que ha sido dedicado por los revolucionarios y revolucionarias de la América Nuestra, especialmente, para recordar la gesta y partida de San Ernesto de la Higuera, nuestro Che. Pero qué valía superior y ternura alcanza, creo, tal ofrenda de amor y compromiso, si se alza frente a la estrella de este y de cada otro héroe y heroína del pueblo, tomando las manos de luz de un poeta insurgente, abanderado de la vida y de la irreverencia creadora de los rebeldes, como lo son las de Roque montado en su unicornio azul.

Por Guevara y Marulanda, por Fidel y por Shafik, por Celia Sánchez y por Tania, por Haydee y Abel Santamaría, por Camilo Torres y Manuel Pérez, por Vilma Espín y Lucero Palmera, por Otto René Castillo y Nora Paiz Cárcamo, por Jaime Bateman y Oscar William Calvo, por Carlos Pizarro y Ernesto Rojas, por Farabundo Martí y por Sandino, por el Mono Jojoy y por Mariana Páez; como por los nombres y memoria de tantos y tantas camaradas que han entregado y siguen entregando sus vidas por la causa del socialismo o sencillamente por alcanzar la tierra y el pan para los desposeídos. Por los sueños de Roque Dalton y Guevara, como de todos los nombrados y ausentes, que aun no hayan sido, pero que inexorablemente serán, sumando luz con su propio fuego y el fuego que desde la eternidad siguen encendiendo en los corazones de cada partisano y partisana, que en cada rincón del mundo persevera sembrando semillas de libertad, van estas palabras de reconocimiento, pletóricas de orgullo y devoción.

No será en vano, entonces, que mencionemos sus nombres, porque son ellos, para quienes les amamos, y así lo habíamos consagrado para Dalton, adagio, moraleja y proverbio de la necesaria y justa rebelión del oprimido, signo de camaradería…, eterno paradigma de lucha que, a pesar de quienes les odian, desconocen u ocultan, no solamente seguirán viniendo «desde la oscura tierra» sino desde cada rincón donde el anhelo de la emancipación se mantenga vivo, abonándose, aun con «su silencio». Y sus cenizas, jamás desaparecerían con el viento, porque, «condenados» están, a resucitar para quedarse a la izquierda de los hombres, exigiéndoles que apresuren el paso por los siglos de los siglos. Con estas motivaciones nos es impensable, entonces, dejar de alentar a la liberación y a la toma del poder político para los oprimidos, tal como lo hacía la Segunda Declaración de La Habana; nos es impensable no seguir mirando a través del prisma del Mensaje a la Tricontinental.

Sabemos por todas esas enseñanzas que nuestros adversarios tendrán «las peores armas de la represión y la calumnia» contra nosotros. Pensamos, ineluctablemente, que «Las condiciones subjetivas de cada país, es decir, el factor conciencia, organización, dirección, pueden acelerar o retrasar la revolución según su mayor o menor grado de desarrollo, pero tarde o temprano, en cada época histórica, cuando las condiciones objetivas maduran, la conciencia se adquiere, la organización se logra, la dirección surge y la revolución se produce». Nada ni nadie nos convencerá? de lo contrario; sobre todo, porque nuestra mayor persuasión es que «El deber de todo revolucionario es hacer la revolución». Y si ese es el deber, pues haremos lo que corresponda, que no es precisamente «sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo…»

Dispuestos en todo caso, a dar la vida por nuestra causa, y convencidos de que si morimos como los de Cuba, los de Playa Girón…, los de Marquetalia, Palestina…, o los de cualquier latitud del mundo, lo haremos por nuestra única, verdadera e irrenunciable independencia. Con nuestro Che Guevara permaneceremos diciendo que «no se trata de desearle éxitos al agredido; hay que correr su misma suerte; acompañarlo a la victoria o a la muerte». Y con Roque Dalton, con optimismo y eterno compromiso de internacionalismo y solidaridad insobornables, podríamos manifestar a muchos: Habéis despreciado mi amor/ Os reísteis de su pequeño regalo ruboroso/ Sin querer entender los laberintos de mi ternura/ Ahora es la hora de mi turno/ El turno del ofendido por años de silencios/ A pesar de los gritos/ Callad/ Callad/ Oíd.

Con Bolívar y Manuel, con la ternura de los pueblos de nuestro lado, hoy como FARC-EP (Segunda Marquetalia), en el camino de la unidad con el conjunto del movimiento guerrillero y popular en general, levantamos la voz para reiterar convencimiento en la justeza de nuestra lucha y compromiso de perseverar hasta la victoria.

¡Hemos jurado vencer y venceremos!

Fraternalmente, UNIDADES JORGE BRICEÑO, MARTÍN CABALLERO, (Frentes 19, 41 y 59),

JORGE ARTEL, DANILO GARCÍA Y RESISTENCIA AFRO CHOCÓ INSURGENTE