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Intentan convertir Cuba en la isla de Epstein

Fuentes: Rebelión

Desde 1959 la revolución cubana ha sido considerada como un peligro de primer orden para los Estados Unidos. No es que se trate de una nación con grandes recursos naturales o una población numerosa que amenace físicamente a su vecino, si no que la fuerza de las ideas desarrollada bajo una voluntad férrea de soberanía la hace un ejemplo inaguantable para el hegemón mundial.

Para la nueva doctrina Monroe con el corolario Trump, el control y sometimiento de los países latinoamericanos son prioridad, pero lo es aún más, el destruir el enclave caribeño que ha resistido todos los embates desde casi 70 años.

La revolución cubana con el liderazgo histórico de Fidel Castro comenzó como una reacción a los abusos perpetrados por la dictadura de Fulgencio Batista. La isla había sido convertida en un lupanar donde la mafia estadounidense tenía su base de operaciones.

Para un pueblo orgulloso como el cubano los abusos policiales de la dictadura eran tan intolerables como el ser un lugar para el disfrute de la corrupta élite de los EE.UU.

El diseño estratégico para retomar el control absoluto del hemisferio occidental por parte del régimen de Trump se enfocó en el gobierno chavista: eliminando de la ecuación a Venezuela, proveedora de petróleo a Cuba, según sus cálculos, se podría destruir dos objetivos por el precio de uno.

Al bloqueo económico a Cuba que lleva en rigor más de seis décadas, ha seguido el anuncio de que serían impuesto aranceles a cualquier país que suministre hidrocarburos a la isla. En los hechos, esta medida se convierte en una declaración de guerra y en una violación a los derechos humanos de todo un pueblo, intentando imponer la guerra civil, el hambre y la barbarie.

El bloqueo contra Venezuela y Cuba ha sido diseñado para mantener a los pueblos en un estado de debilidad permanente, tener a las economías afectadas para crear el descontento popular contra los gobiernos. El fracaso de estas medidas coercitivas se debe a la voluntad de independencia que mantiene la población.

Las sanciones a Irak tras la primera guerra del Golfo causaron -según un estudio de UNICEF de 1999-, 500.000 niños muertos por enfermedades fácilmente curables.

Los gobiernos de los países sometidos a estas medidas solamente pueden sobrevivir aumentando el control policial sobre la población. Es en este momento que la maquinaria mediática corporativa sirve en bandeja a los políticos reaccionarios el argumento de la dictadura.

En sí, el bloqueo es un estado de guerra permanente; el cinismo de occidente queda de manifiesto al comprobar que Volodimir Zelensky en Ucrania suspendió las elecciones junto a las garantías democráticas aduciendo la invasión rusa, pero en este caso la prensa corporativa no cuestiona si no que se solidariza.

Rusia ha alzado la voz para cuestionar las medidas de guerra contra la isla. La construcción de las relaciones entre Rusia y Cuba datan de hace décadas, desde la existencia de un enemigo común hasta la construcción de una cercanía cultural basada en la costumbre de histórica resistencia frente a los ataques de occidente.

El 27 de enero se conmemoró el 82° aniversario del fin del sitio de Leningrado por parte del régimen nazi que costó más de un millón de vidas soviéticas. La liberación es una muestra de determinación sin igual en la historia como lo es la resistencia cubana frente al ilegal bloqueo estadounidense.

Los latinoamericanos deben en gran parte los avances sociales en sus naciones a la existencia de la revolución cubana tanto como los europeos se lo deben a la existencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el estado de bienestar fue construido, en gran medida, por el ejemplo de la URSS, era la amenaza constante de que maltratar a la clase trabajadora era lanzarlos a las manos del comunismo soviético.

Fidel fue el Lenin latinoamericano, ambos líderes han sido sometidos por occidente a una permanente labor de desaparición intelectual. En nuestra América se busca crear la imagen de Fidel Castro como el epítome del dictador, labor a que contribuye no solo la derecha con su media corporativa, si no que decisivamente, los personeros del socialismo neoliberal.

La dignidad de Cuba con su obstinada resistencia es un ejemplo que el imperio considera nefasto ya que la solidaridad de la revolución ha estado presente en muchas naciones: son los médicos cubanos los primeros en llegar cuando ha ocurrido un terremoto; los galenos de la isla fueron a colaborar a Italia cuando la pandemia de coronavirus diezmaba a los ancianos; Cuba participó en la descolonización de diferentes países africanos; Cuba ofrece cupos para estudiar medicina de alto nivel becando a distintos jóvenes pobres de Latinoamérica.

Estas acciones muestran la voluntad de un pequeño país por ser parte de un humanismo sin fronteras siguiendo los altos principios del internacionalismo los que predica con el ejemplo.

Por su parte, los EE.UU. intenta estrangular el faro de la solidaridad imponiendo la restricción de enviar a sus nacionales a estudiar medicina en Cuba, mientras retiran el financiamiento de los organismos internacionales que intentan morigerar los males exportados por el imperialismo.

En un intento por borrar a la izquierda como factor político regional se intenta acabar con Cuba como símbolo de la lucha latinoamericana por la emancipación en sintonía con lo que pasa en los diferentes países donde se busca estigmatizar a los “zurdos de mierda” (ver columna de Fernando Buen Abad en Rebelion.org 31/01 Satanización de los Zurdos). Las agencias de seguridad estadounidenses enseñan que el combate contra el marxismo es hasta el último comunista.

En la culminación de la imposición de la posverdad los líderes de la ultraderecha se reúnen en Bruselas, Bélgica, en la VII Cumbre Transatlántica por la Libertad de Expresión. Los dueños de los principales medios periodísticos corporativos, campeones de la desinformación y la manipulación, intentan dictar cátedra sobre libertad de expresión en una acción que supera a cualquier distopía imaginada por Orwell.

El líder indiscutido de la ultraderecha internacional, Donald Trump, sigue soñando con construir su propia isla de Epstein en la digna Cuba, capital de la solidaridad mundial. Los documentos publicados muestran cómo la élite estadounidense está corrompida en un símil de la decadencia de la antigua Roma donde sus dictadores imperiales regían los destinos de los pueblos mientras participaban en bacanales sexuales.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.