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Petro el diplomático

Fuentes: Rebelión

«La diplomacia es el arte de enviar a la gente al infierno de tal manera que ellos soliciten direcciones»
Winston Churchill

Y sucedió la tan esperada reunión entre Trump y Petro, el pasado 3 de febrero en la Casa Blanca. La algazara de algunos seguidores del mesías macondiano, no dudó en elevar su presencia en Washington como un desafío al imperio y una señal de liderazgo mundial que fue capaz de sentar al “César” norteamericano para conversar entre iguales y sin imposiciones. Nada más falso que esto. Ficción, deseo y algo de ingenuas justificaciones poco le contribuyen a la realidad del análisis del acontecimiento.

Para los petristas, el acto fue una lucha al estilo de David ante Goliat, sin honda pero con una agenda que contenía datos, entre ellos el obsequio de una lista de nombres para extradición a suelo norteamericano de los ahora llamados narco terroristas que asolan el territorio colombiano y que muy obedientemente, el Gobierno del Cambio, ha enviado sin ningún rubor a comparecer ante la justicia yanqui. La soberanía jurídica no vale para los analistas del cambio, lo importante es haber salido ileso, sin amenaza de bombardeo y de vuelta a la Casa de Nariño.

Para la derecha más recalcitrante, la reunión representa una derrota transitoria. Todos esperaban la foto de Petro con los grilletes en manos y pies, escoltado por hombres del cuerpo de seguridad federal altamente armados, ingresando al mandatario colombiano a una camioneta negra de vidrios polarizados rumbo a una cárcel norteamericana. Anhelaban ver a Petro vestido de naranja, cabello recién rasurado y preso. Desearon tener un gobierno por encargo en manos de la orientación de la Casa Blanca, tal como sucede en Venezuela.

Nada de eso pasó y tuvieron que reconocer el éxito del encuentro, sobre todo porque no fue como pensaron que sucedería dentro de sus cálculos, en especial porque llevan cuatro años azuzando al gobierno norteamericano a la intervención en los asuntos colombianos.

Petro también se sorprendió de los resultados, sobre todo porque siempre estuvo latente que algo impredecible sucedería. Ello explica porque visitó a la familia a manera de despedida, dejando una imagen cercana capaz de soportar ante  un desenlace cruento, se acostó temprano y llegó a tiempo a la cita, cosa que nunca acostumbra en sus actividades como jefe de Estado. Ante las incertidumbres, al que madruga, la certeza de pasar al otro día le ayuda.

La sacó barata, como dicen en el argot popular, no fue cuestión de suerte, sino de alineación de una subordinación acordada previamente por una fuerte relación que el santismo supo crear al interior de la política bilateral y que hoy rinde frutos, en momentos críticos de la región y el país con la Casa Blanca. Desmarcarse de Venezuela, ignorar a Cuba, reintegrar el plan contrainsurgente continental desde suelo colombiano, encarrilarse con la política antidrogas para avanzar en la ampliación de la ofensiva militar en el continente, apaciguar las tensiones con Ecuador para no incidir en conflictos con los aliados de EEUU, etc, son los temas que acompañaron la nueva subordinación del progresismo supuestamente antiimperialista.

Alineación de intereses

¿Por qué el cambio de actitud de los dos presidentes en la cita de la Casa Blanca? Los asuntos de estados no se limita a las personalidades y actitudes de los presidentes, detrás y delante de ellos hay toda una estructura de poder que comúnmente llamamos el establecimiento, que piensa, opera, ordena y ejecuta como un todo orgánico que sujeta los actores en la toma de decisiones. Petro y Trump están limitados pese a sus modos de ser a una lógica coyuntural que sobre pasa sus conductas.

Están alineados los intereses porque los unen las debilidades internas de sus gobiernos y el  recurso de la política exterior sirve como el vehículo para protagonizar con un liderazgo omnisciente e imponente ante el vacío de conducción mundial y regional acerca de los asuntos más significativos del momento.

Rusia ha tomado la delantera en el conflicto ucraniano durante el invierno, Europa no cree en la solución de Trump y prefieren buscar un acercamiento directo con el Kremlin para evitar seguir el curso de la guerra en su contra. Groenlandia prendió las alarmas de la expansión norteamericana en su carrera por los recursos minerales, en especial las tierras raras, amenazando nuevamente la estabilidad de Europa.

Medio Oriente está ardiendo a fuego lento a riesgo de encenderse definitivamente con un posible escalamiento en Irán y la incidencia norteamericana ha entrado también en un serio desgaste. Venezuela sigue sin resolverse y no todo está tan atado a la Casa Blanca como se creía. Cuba pese al arreciamiento de las medidas de bloqueo, en especial a la crisis de abastecimiento energético por escasez de petróleo, ha sido apoyada por China y Rusia para recibir ayuda, en claro desafío a Trump.

Petro ha quedado limitado después de la agresión a Venezuela y ha pasado a ejercer un liderazgo apaciguador y conciliador. Su antimperialismo quedó atado a la amenaza de correr con la misma suerte de Maduro y ser procesado en EEUU por su vinculación en la “Lista Clinton” y por el tratamiento de narco guerrillero que promueve Washignton. Los instrumentos como la CELAC y las cumbres de jefes de Estado de la región se debilitaron ante la dualidad que posiciones que representaba respaldar el gobierno bolivariano. Los escenarios esenciales de la política autónoma en América Latina están en crisis y poco sirve para unificar visiones con independencia de los yanquis.

El petróleo venezolano en manos yanquis ha partido la región: bloquea a Cuba profundamente, arrinconó a los supuestos aliados progresistas mexicanos, debilitó a Petro, neutralizó los supuestos discursos independentistas y se reinstaló una nueva política de dependencia hacia EEUU, bajo la amenaza de agredir, invadir, asaltar y someter a quien se les cruce en sus intereses, léase control absoluto de las reservas y todo su aparataje económico.

Coinciden las “Americas great again” en  la agenda de una derecha regional liberal demo republicana, autodenominada progresistas,  que lee el mundo como un equilibrio de mercados capaces de alinearse ante emergencias y crisis, con una política neoliberal corporativa, trasnacional y pragmática, que requiere recuperar los escenarios hegemónicos esenciales ante el surgimiento de nuevos competidores que disputan con mayores ventajas los espacios de incidencia de la dinámica internacional. Crisis son las alineaciones, alineaciones son por las crisis: esa es la esencia de la política exterior norteamericana actual  y así incide y coincide con la crisis corporativa del establecimiento colombiano.

La nueva diplomacia

Con los acontecimientos del 3 de enero en Venezuela, queda claro que se ha iniciado un nuevo momento de la diplomacia del continente, basada en criterios de delación, colaboración y subordinación alineada a los intereses norteamericanos.

La nueva diplomacia de los gobiernos progresistas está concentrada en reducir al mínimo los impactos de la agresividad de la Casa Blanca en materia comercial y energética. Al reducir las ayudas económicas y la participación de las agencias de cooperación en los planes de sociales convenidos con el gobierno norteamericano, Trump ha sometido los países dependientes de sus recursos a una serie de presiones para aclimatar la subordinación de manera escalonada y gradual a su agenda de intereses.

Una política exterior defensiva, basada en concesiones y reducida a los planes operativos norteamericanos, ha hecho de los gobiernos progresistas un correlativo funcional capaz de neutralizar su propio campo de fuerzas y alianzas para permitir el afianzamiento de los intereses imperialistas.

La nueva diplomacia progresista ha limitado su diálogo a una “coexistencia  pacífica” con EEUU, so pena de desideologizar las disputas históricas del continente con relación a su proceso de dominación y sometimiento, matiza la relación como un “entendimiento inteligente” que consiste en no incomodar al dominador con querellas y exigencias estratégicas propias y en reducir las dinámicas del relacionamiento al colaboracionismo a cambio de una paz inestable y poco duradera.

El antimperialismo tal como lo conocemos, está llegando a su fin, asfixiado por la sumisión y la traición de la nueva tradición de políticos que surgidos en la escuela del progresismo, han considerado que es mejor clausurar la época de las revoluciones y declararlas como parte del museo de la historia y entrar en la novedosa onda del cambio de época y de principios. Esto explica por qué la indiferencia con Cuba y Venezuela, sus destinos y sus luchas.

Contrainsurgencia continental

El plan de aplacamiento y clausura al proceso revolucionario se conjuga con la articulación de la política contrainsurgente que ha adquirido un despliegue continental. Cercado el Caribe por la presencia de las flotas norteamericanas, expandidas las fuerzas militares y activas para las situaciones que se requieran, el proyecto expansivo y de control ha empezado a operar sin ningún tipo de resistencia.

Contrario a ello, ahora Colombia ha vuelto al redil  y ha manifestado su disposición para colaborar en la guerra contra el narco terrorismo dentro y fuera de su territorio para perseguir la delincuencia nacional y trasnacional. Un tipo de guerra extraterritorial parece estar cocinándose desde la Casa Blanca, en especial para resolver la situación venezolana en el mediano plazo.

Pasamos de la Paz Total a la guerra quirúrgica extraterritorial. El Gobierno del Cambio desvió sus objetivos programáticos, para ahora ponerse al frente de la política servil al imperialismo y sus intereses. Pasamos de la solución política negociada a la solución diplomática subordinada a la Casa Blanca.

La transición acordada

Tras los resultados de la reunión de Trump y Petro, no es descartable que las movidas del Consejo Nacional Electoral (CNE) para negar la participación en la consulta del Frente por la Vida del próximo 8 de marzo, esté dentro de los acuerdos de una transición acordada con la Casa Blanca para darle paso a fuerzas políticas más cercanas a los intereses norteamericanos.

Es sabido que Iván Cepeda no es el candidato predilecto de Petro y que sus acercamientos al santismo han sido desde siempre un condicionante para la gobernabilidad interna. Roy por su parte ha sido la pieza clave que ha estado en todos los frentes esperando su momento que ya empieza a llegar.

La Casa Blanca lee que no tiene opciones en la ultraderecha colombiana, sus candidatos no reúnen los requisitos para conducir sus intereses pese a lo serviles que se muestran en el escenario. La inestabilidad en manos de la ultraderecha es un lujo que no se pueden dar en estos momentos y una opción de centro está lejos de ser tenida en cuenta en el panorama.

El santismo ha hecho la tarea, ha sabido esperar y ahora que logró intervenir en la agenda internacional con éxito tras la asesoría y papel decisivo en la reunión de Trump y Petro, le queda un camino favorable para disputar la refundación del progresismo y quitarle el centro de gravedad y atracción electoral al proyecto del Pacto Histórico. 

Hoy el país está virando entre dos ideas del progresismo: el continuismo de Iván Cepeda o la renovación con Roy Barreras. La derecha liberal demo republicana está intentando capturar el valor de uso del progresismo y sus vacíos ideológicos y programáticos para llenarlos de contenido de su modelo mixto de Estado corporativo modernizado, para poner a andar los rieles de las locomotoras de la economía, en el marco del proceso de transición hegemónica.

Sea verde o no, el capitalismo que se intenta poner en marcha en Colombia, nada de esto afecta los negocios con los yanquis y por eso en cuestión de ganancias, lo que menos  cueste y genere ventajas para los “socios históricos” del país, será una determinante en esa relación desigual y subordinada que hoy alinea con sus intereses. Todo parece indicar que en América Latina los gringos lograron inocular la traición en el progresismo como parte de su “pacto histórico”. Como señala el refrán: “piensa mal y acertarás”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.