El trivium y el quadrivium, fueron las matrices clásicas de la organización del saber en la tradición medieval, estructuraron la formación intelectual de occidente y ofrecieron una pedagogía integral para comprender el mundo, el lenguaje, el orden social y el horizonte humano. En el presente el trivium y el quadrivium, sirven para hacer una interpretación crítica de la vida política en la que justamente quienes siguen la herencia colonial y se creen dueños de la verdad y de los otros como si fueran sus esclavos, son responsables de crear contextos de violencias e impunidades, desigualdad y fragilidad democrática. Más que evocarlos, los términos, sirven como lente analítica para diagnosticar las deformaciones del debate público, las asimetrías del poder y la pérdida de proyectos colectivos.
El trívium, compuesto por gramática, retórica y dialéctica, constituía la base de la formación ciudadana, en tanto dotaba a los sujetos de herramientas para comprender el lenguaje, argumentar y deliberar. La crisis política hoy es una crisis de estas tres dimensiones. La gramática como estructura lingüística y de orden del sentido, está profundamente erosionada. El lenguaje político ha sido capturado por estrategias de simplificación, manipulación semántica y producción de enemigos. La trampa del plebiscito por la paz marcó la gramática con el espíritu nazi-fascista de las ultraderechas, que resignificaron e invalidaron estratégicamente conceptos como paz, derechos, género y producir miedo moral. Distorsionaron el lenguaje para conducir emociones y llevar a votar a amplios sectores sociales, sin comprensión del contenido del acuerdo (Uribe llamó a salir votar emberracados, antes había llamado a los congresistas vinculados al paramilitarismo a votar antes que los metieran presos). La degradación continuó con la circulación digital de falsedades y engaños y los grandes medios se encargaron de distribuir engaño, distorsión y odio. Desde entonces las redes sociales amplifican la desinformación con un instalado ecosistema donde la verdad es secundaria frente a la viralidad. El lenguaje dejó de describir y contar la realidad para convertirse en un dispositivo de guerra simbólica.
La retórica, segunda del trivium, también ha sufrido una mutación profunda. En la tradición clásica buscaba persuadir a través de argumentos verosímiles y apelaciones éticas, pero hoy se encuentra dominada por la emoción extrema de la política. Las campañas electorales de las élites hegemónicas, partidos tradicionales, camaleones, oportunistas, astutos y traidores, son vacías, son de afiches y palabras huecas, venden miedo, indignación y resentimiento como motores de movilización y con discursos de seguridad y fuerza bruta amenazan, reciclan narrativas de guerra incluso en escenarios de posacuerdo, reactivando imaginarios contrainsurgentes para estigmatizar la movilización social.
La dialéctica, tercer componente del trivium, implicaba debatir para aproximarse a la verdad. Su crisis actual muestra que no hay sobre qué deliberar, las campañas muestran los dientes, los odios y la ignorancia, no tienen programa, ni ética, ni política, ni principios, ni propuestas, ni análisis sobre economía, derecho, soberanía, paz, diplomacia, ni derechos, son frases, memes, injurias, supuestos, calumnias e infamias para impulsar la polarización que impide pensar, como estrategia para convertir al contradictor en enemigo moral, siguiendo la herencia de la violencia partidista y la impunidad de sus élites, que repitieron su actuar en el conflicto armado y se reciclaron en clanes, que hoy llevan esa herencia colonial al congreso y a las cortes, centrados en anécdotas, prejuicios, ánimo de daño a la sociedad entera y obstáculos para construir los consensos mínimos sobre reformas necesarias. La democracia subsiste formalmente, pero la dialéctica que la nutre se encuentra gravemente lesionada.
El trivium permite leer la crisis del lenguaje y la deliberación y el quadrivium -aritmética, geometría, música y astronomía- ofrece claves para interpretar la degradación estructural del poder hegemónico y su odio por la gente común y su poder popular. La aritmética política revela ecuaciones sociales profundamente desiguales y una concentración de la riqueza abominable. Leídos en conjunto, el trivium y el quadrivium revelan que las ultraderechas buscan sostener no sólo una crisis política institucional sino civilizatoria, han llevado el lenguaje público al colapso manipulando la persuasión, imposibilitado la deliberación y reforzado las bases de una aritmética injusta, una geometría excluyente, una música social fracturada por el tono del odio y una astronomía sin horizonte común. Recuperar el espíritu de estas artes de trívium y quadrivium despojadas de su espíritu colonial, implicaría reeducar en la política, sanar el lenguaje, reconstruir la argumentación, redistribuir la riqueza, reordenar el territorio, volver a la verdad y a la justicia recta e imparcial, recomponer la convivencia e imaginar futuros colectivos. Solo así la paz y el sueño de bienestar colectivo dejaría de ser consigna y podría convertirse en proporción justa entre palabra, poder y vida social.
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