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Derechos para los amos, obligaciones para los esclavos

Fuentes: Rebelión - Imagen: "Batalla de San Domingo", Revolución Haitiana, de January Suchodolski (1797–1875)

A lo largo de la historia del imperialismo, siempre hubo un entendido tácito de que solo los amos y los poderosos tenían derecho a usar la fuerza. Si los esclavos o colonizados se rebelaban se los criminalizaba como peligrosos salvajes o terroristas…

Para mediados del siglo XIX, las teorías pseudocientíficas, mezcla de darwinismo con dogmas cristianos (el «Destino manifiesto», entre otros dogmas) habían logrado justificar el racismo, el colonialismo y el imperialismo europeo en base a una supuesta superioridad racial que, curiosamente, no incluía la compasión por las “razas inferiores” sino su odio neurótico y la explotación de otros seres humanos como conveniente necesidad. Nunca existió el derecho basado en la igualdad de las naciones, de los pueblos, excepto en las bonitas palabras de la ONU. Otra vez, como en las leyes civiles de cada nación, todos somos iguales ante la ley, pero no ante la justicia.

A lo largo de la historia del imperialismo, siempre hubo un entendido tácito de que solo los amos y los poderosos tenían derecho a usar la fuerza, aunque regaran el mundo con cientos de millones de muertos, como de hecho lo hicieron.

Cada vez que el esclavo o el colonizado se rebelaban tomando armas o amenazando con hacerlo, se los criminalizó como peligrosos salvajes o terroristas, como fue el caso de los indígenas americanos, los esclavos haitianos, los africanos y los latinoamericanos independentistas, los vietnamitas, los palestinos o los cubanos―los cubanos de Cuba, los palestinos de América.

Arresto de Patrice Lumumba, líder de la lucha de liberación del Congo. El 17 de enero de 1961 fue transferido, maniatado, amordazado y sangrando por las golpizas sufridas, a la provincia de Katanga, bajo control belga. Esa noche, Lumumba y sus companeros fueron fusilados en presencia de autoridades militares congoleñas y sus asesores belgas y de la CIA.

A lo largo de la historia del imperialismo, siempre hubo un entendido tácito de que solo los amos y los poderosos tenían derecho a usar la fuerza, aunque regaran el mundo con cientos de millones de muertos como de hecho lo hicieron. Cada vez que el esclavo o el colonizado se rebelaban tomando armas o amenazando con hacerlo, se los criminalizó como peligrosos salvajes o terroristas, como fue el caso de los indígenas americanos, los revolucionarios haitianos, los africanos, los latinoamericanos, los vietnamitas o los palestinos más recientemente.

El odio nunca es recomendable. Sin embargo, es un abuso de la hipocresía equiparar el odio del amo con el odio del esclavo. El amo propietario odia a sus esclavos por lo que son; el esclavo rebelde odia a sus amos por lo que hacen.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.