Ayer comenzaron a descargar en la refinería de La Habana el millón de barriles de petróleo clase Ural que Rusia envió hace ya un mes como ayuda de urgencia al gobierno de Cuba, que se había quedado sin combustible para suministrar a los aviones de las líneas aéreas que llevan turistas a la isla.
Una verdadera crisis desde que Estados Unidos en un acto ilegal de piratería secuestró en aguas internacionales, a fines del año pasado, un tanquero venezolano que llevaba un millón de barriles de petróleo a Cuba. La fraternidad entre Cuba y Venezuela era lo que mantenía funcionando la red eléctrica de Cuba que desde la arbitraria captura del tanquero venezolano se encontró desabastecida. En esas circunstancias Rusia tuvo que enviar, de urgencia, varios barcos petroleros para asegurar el abastecimiento a Cuba.
Los petroleros rusos zarparon hace un mes y como abierto desafio enarbolaron la bandera rusa y esta vez Trump no se atrevió a interceptarlos. Se dice que los petroleros rusos estaban escoltados por submarinos nucleares rusos con órdenes de hundir cualquier barco estadounidense que interfiriera. Un petrolero ruso con 100.000 toneladas de petróleo a bordo llegó a Cuba en medio del bloqueo estadounidense a la isla, según informaron medios rusos el 30 de marzo.
“El petrolero ruso Anatoly Kolodkin, que transportaba 100.000 toneladas de crudo como ayuda humanitaria, ha llegado a Cuba”, informó el Ministerio de Transportes de Rusia.
El buque se encuentra actualmente a la espera de ser descargado en el puerto de Matanzas.
Cuba sufre una crisis energética desde que el presidente estadounidense Donald Trump ordenara a sus fuerzas atacar Venezuela y secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa en enero.
Tras el ataque, Washington tomó el control del petróleo venezolano, bloqueando los envíos de combustible y petróleo desde Caracas a La Habana.
El lunes el portavoz presidencial ruso Dmitry Peskov afirmó que Moscú no puede permanecer indiferente ante los problemas energéticos de Cuba.
“Seguiremos trabajando”, declaró al comentar la llegada del petrolero ruso.
“La desesperada situación en la que se encuentran ahora los cubanos no puede dejarnos indiferentes. Por lo tanto, seguiremos trabajando en este tema”, subrayó el portavoz del Kremlin.
El domingo Trump dio señales de que daba marcha atrás en el bloqueo de los envíos de petróleo a Cuba, afirmando que no tenía “ningún problema” con que ningún país enviara crudo a la isla.
A principios de este mes, Trump se jactó de haber debilitado a Cuba y de poder hacer “lo que quisiera” con ella.
El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que Estados Unidos había impuesto un embargo petrolero a la isla para promover un cambio de régimen.
“Basta con decir que el embargo está vinculado a un cambio político en la isla”, afirmó Rubio. “Ya no reciben subsidios, así que están en serios problemas, y los que están al mando no saben cómo solucionarlo, por lo que tienen que poner a gente nueva al mando”, añadió.
Antes de las declaraciones de Rubio, el viceprimer ministro cubano, Óscar Pérez-Oliva Fraga, declaró a NBC News que La Habana tomaría medidas para permitir la inversión extranjera en su economía estatal.
“Cuba está abierta a tener una relación comercial fluida con las empresas estadounidenses” y “también con los cubanos residentes en Estados Unidos y sus descendientes”, declaró Fraga.
Pero Rubio insistió en que el cambio no era suficiente para persuadir a Washington de abandonar su política de asfixia contra el país. “Lo que anunciaron ayer no es lo suficientemente drástico. No va a solucionar el problema. Así que tienen que tomar decisiones importantes”, afirmó.
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