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El desmarque de la vicepresidenta Márquez y el Estado colombiano

Fuentes: Rebelión

El 25 de mayo de 2026, a escasos días de la llamada primera vuelta electoral para elegir presidente, Colombia amaneció conmocionada por el ultimo golpe con explosivos con cerca de 20 muertos civiles indefensos (llamados en la parafernalia militar estadounidense “víctimas colaterales“) y que, según la gran prensa colombiana, son parte de una serie de ataques preelectorales https://www.elcolombiano.com/colombia/escalada-guerrillera-colombia-31-ataques-72h-violencia-aumento-MO35914448, seguidos por la reacción pública y la obvia respuesta de los diferentes grupos políticos partícipes en la contienda electoral culpándose unos a otros de ser los beneficiarios de tan escabroso resultado.

En un país periférico y dependiente como Colombia, donde los conceptos de imperialismo, fascismo y contrainsurgencia están unidos y pegados por el fibrinógeno y las proteínas de la sangre de millones de SUS victimas, durante más de 70 años y NO son conceptos teóricos de ningún debate académico en el centro del norte global, donde esta trilogía conceptual hecha dolor, tradicionalmente ha usado el Terror del Estado como herramienta de dominación y explotación, lo primero que viene a la mente, con sobrada razón, es que las fuerzas políticas actuales en Colombia, que tercamente bajo la orientación del innombrable Uribe Vélez, como las cobijadas bajo las candidaturas de Paloma Valencia y el tigre de la Espriella, quienes continúan reivindicando tal herramienta, y como lo enseña la experiencia de la lucha de resistencia en contra de la contrainsurgencia estatal, estén detrás de la practica tradicional de aterrorizar comunidades desafectas para que se abstengan de votar por su contradictor o voten por los animales de sus carteles electorales, y más cuando las encuestas no los favorecen.

Sin embargo, la declaración publica de la vicepresidenta de Colombia Francia Márquez, oriunda de esa tan atormentada como critica encrucijada colombiana, desmarcándose del presidente, del Gobierno y llamando la atención del ministro de Defensa (Ver https://hoydiariodelmagdalena.com.co/1279138/el-estado-esta-perdiendo-el-control-vicepresidenta/ ) introduce un matiz nuevo surgido de la realidad real de la situación.

Nada más ni menos que una separación entre el Gobierno progresista del cual forma parte en su cúpula y la teoría del Estado en la era de la inestabilidad geopolítica actual, el colapso de la globalización neoliberal y la confrontación entre potencias imperialistas (atómicas) que ha puesto nuevamente en evidencia la gran contradicción (tanto tiempo callada u ocultada) entre la relación social ilusoria del liberalismo vs. el aparato de clases desentrañado por los fundadores de la filosofía de la praxis.

El llamado Estado de Colombia, sigue intacto con su explotación y dominación, su coerción a sangre y fuego apoyado por su consenso constitucional hegemónico, aunque golpeado de momento por una fuerza (armada) cuya caracterización objetiva va más allá de la simpleza contrainsurgente y legalista de la sigla GAO residual, o el mote de “grupo narcoterrorista” surgido del fracaso de programa de Gobierno de la Paz Total, que ha sabido escoger con claro criterio político en el momento en que se discute a nivel nacional la necesidad de una tercera fuerza política en la polarización petrismo vs. uribismo en el agitado periodo antes de las elecciones presidenciales, para salir con su accionar proponiendo ante el publico colombiano dos interrogantes bien profundos:

Uno, de si son UN TERCERO en discordia que momentáneamente ha quitado el control al Estado de un amplio territorio, como lo señala el desmarque de la vicepresidenta Márquez. Y dos, si al perpetuarse la contradicción entre el petrismo y el uribismo en el próximo Gobierno que elijan los colombianos (bien sean elegidos presidentes los escogidos por Uribe Vélez, Abelardo o Paloma, o resulte elegido el candidato del Pacto Histórico Iván Cepeda) y se continúan las dificultades que seguramente generarán los intereses geopolíticos de la potencia imperialista hegemónica en la región latinoamericana y caribeña, así como las dificultades en el interior del país y sus fronteras calientes, no se estaría abriendo ahora sí, el tan anunciado remoquete de “Estado fallido” con el que durante tanto tiempo han catalogado a la victimizada Colombia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.