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La cultura y las ciencias sociales en los tiempos del colapso

Fuentes: Rebelión

En 1933 el dramaturgo Hanns Johst presentó la pieza “Schlageter” que enaltece el patriotismo del soldado y saboteador alemán Albert Leo Schlageter. Se presentó para el cumpleaños de Hitler convirtiéndose en una de las favoritas de los nacionalsocialistas. La obra pasó a lo posterioridad al hacer famosa una frase que después fue atribuida a los jerarcas nazis: “cuando oigo hablar de cultura… le quito el seguro a mi pistola».

El sentimiento entre odio y temor que representa la cultura para los nazis sigue siendo una determinante para los movimientos de extrema derecha que han emergido con fuerza llegando a los gobiernos en distintas partes del mundo.

La esfera de la cultura es vista con sospechas, más bien con convencimientos, de que son el nido de la serpiente de sus enemigos ideológicos. Un espacio que prepara la rebeldía contra lo establecido, que permite dar cabida laboral para “anarquistas y comunistas” que están en contra de la patria y la familia, como norte del pensamiento ultraconservador que sirve como marco del imaginario básico para los nuevos movimientos fascistas.

Son ampliamente conocidas las persecuciones de los regímenes fascistas en contra de artistas y pensadores durante la Segunda Guerra Mundial o en las posteriores dictaduras militares que asolaron a diferentes países consecutivamente al conflicto armado. La quema de libros fue una acción determinante para demostrar al mundo la absoluta convicción de que la cultura no sería tolerada, que sería reemplazada por un desarrollo propio que tuviera como centro la propaganda que contribuye a la cohesión social bajo el prisma del engrandecimiento de la nación.

A la cultura bajo sospecha han unido sus discriminaciones y recriminaciones contra las ciencias sociales donde ven ideologías que incuban manifestaciones humanistas cuestionadoras de las certezas que presentan como hechos inamovibles. Ven a las relaciones humanas como enfrentamiento de voluntades individuales y todo lo que tiene que ver con lo comunitario un atentado contra las libertades de las personas: “la esencia del comunismo internacional”.

Si se comparan el estado de las ciencias naturales, los recursos que acaparan, con las ciencias sociales, vemos una tendencia histórica que mantuvo a éstas últimas en un estado de precariedad.

Las sociedades occidentales comenzaron a normalizar a través de la prensa corporativa, los postulados de los nuevos fascismos. Se pasó desde que ciertas ideas no podían ser toleradas en los gobiernos liberales y sus sistemas democráticos a una aceptación paulatina de que tenían cabida en el debate público.

De esta forma, empezamos a ver cada vez de forma más rutinaria medidas en contra de las ciencias sociales y la cultura, que pasan, inexorablemente, por reducciones de los presupuestos en estas áreas cuando los partidos de ultraderecha se hacen con los gobiernos.

Veamos algunos ejemplos que ilustran la proposición: en marzo de 2026 la Junta de Gobernadores de Florida en Estados Unidos, determinó eliminar de la malla curricular de educación general básica la sociología de las universidades públicas, pasando a ser cursos optativos.

La medida es un ensayo de graves implicaciones para dar a entender que se pueden ir eliminando diferentes aspectos de las ciencias sociales, sin que exista un perjuicio relevante en la formación superior de los estadounidenses. Si el experimento es exitoso (probablemente lo será al ser difícil o imposible establecer criterios objetivos de formación profesional sin la materia en cuestión, se busca generar personas incapaces de una comprensión general de la sociedad, eliminado el pensamiento crítico); será la punta de lanza para nuevos recortes en áreas como la filosofía, la historia o la psicología.

Por supuesto, lo que está detrás de esto es la creación de personas de niveles educativos altos sin espíritu crítico o capaces de cuestionar los fundamentos de injusticia de sus sociedades, fácilmente engañables o manipulables.

En el ámbito de la cultura, encontramos recortes presupuestarios permanentes en diferentes países del mundo, pero bajo el mismo prisma de la utilización de los recursos para fines contrarios al enaltecimiento de la condición humana.

En la Europa culta – en guerra larvada o encubierta contra Rusia desde el 2022 bajo su proxi ucraniano-, se esperan disminuciones en el área superiores al 9% en varios programas que cuestionan la continuidad de empleos ligados a bibliotecas, instituciones teatrales, patrimonio o diversidad artística. Es una forma de ir sustrayendo al Estado de la actividad e ir privatizando. Países claves del continente están promoviendo esta tendencia como Alemania, Francia y Reino Unido, los mismos que bajo sus liderazgos plantean el rearme con el objetivo de la guerra contra Rusia en sociedades que van hacia el colapso.

En la Argentina de Milei, para el 2026 se esperan recortes profundos en las áreas de cultura, educación y ciencia afectando salarios y becas. Se espera una reducción del 10% del presupuesto en estas áreas.

En Chile, en los poco más de dos meses que lleva en el gobierno José Antonio Kast, vemos movimientos similares. El presidente encendió las alarmas del mundo científico y cultural con opiniones que causaron escozor: “a veces 100 millones, 500 millones, para una investigación que termina en un libro precioso, empastado, en la biblioteca. ¿Cuántos trabajos generó? Ninguno, salvo el de las personas que le dedicaron mucho tiempo al estudio. Puede ser un gran estudio, pero no se tradujo en trabajo concreto para las personas”.

Es difícil que Kast tenga en su mente los trabajos científicos ligados a la ingeniería u otros que aporten o nutran el acervo corporativo, más bien, sus dardos están dirigidos hacia las ciencias sociales y la cultura, donde no puede comprender su utilidad.

Entre las disminuciones presupuestarias generales que ofrece Kast del 3%, sobresalió la iniciativa del ministro de Cultura, Francisco Undurraga, que mostrándose proactivo, indicó que en su cartera se llegará a un recorte del 10%.

Las similitudes con el gobierno de Milei son evidentes, estando en consonancia con una visión antihumana de la sociedad, el utilitarismo como premisa general de administración: todo lo que no tenga un beneficio obvio, que no se pueda vender o comer, no sirve y debe ser desechado.

La privatización de la cultura llevará a la elitización progresiva de ésta, dejando a una cantidad significativa de personas sumidas en la desocupación. Los programas de cultura popular deberán ser erradicados de los territorios al disminuir los presupuestos generales, ya que los ediles no podrán recortar en salud, educación o seguridad. Se promueve un mundo de técnicos o proletarios que no cuestionan, sino que obedecen.

Su mirada nos habla de sociedades que van rumbo al colapso con crisis permanentes que destruyen la democracia liberal, para la cual no hay respuestas institucionales más que el sacrificio físico, cultural o económico de partes relevantes de la población.

Se eliminan las formas de sustento de quienes son adversarios ideológicos de la ultraderecha, que deberán acomodarse a la nueva realidad de la cultura de élite o cambiar de actividad para subsistir.

Lo mismo pasa en la educación superior con lo referido a las ciencias sociales, las que se verán afectadas por los recortes generales en sus presupuestos. Las universidades públicas deberán escoger qué preservar.

Hoy como en los años de la obra “Schlageter” vemos que al poder de la ultraderecha le sigue haciendo sentido la frase: “cuando oigo hablar de cultura… le quito el seguro a mi pistola».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.